Tximeleta

Dicen que una mariposa en Brasil, batiendo sus alas, puede provocar un tornado en el Golfo de Guinea. Es posible, no lo sé.

Lo que sí sé con certeza es que una muchacha en Bilbao, levantando su cartel, puede provocar la felicidad de muchos abogados y abogadas de España.

Txapelduna, no te conozco, pero gracias en nombre de muchos. Gracias. Esa portada en “El Correo” ha llenado de felicidad a más gente de la que imaginas.

Sólo tenías que batir tus alas. Eskerrik asko, Tximeleta.

Comparezco y digo

«Jamás pedí a nadie que haga, lo que yo me puedo hacer.» (Pedro Crespo. “El Alcalde de Zalamea”. Pedro Calderón de la Barca)

A la profesión de abogado le corresponde el deber de representar a todos aquellos que están infrarrepresentados en la sociedad. Es trabajo de los abogados comparecer en representación de sus clientes y tratar en su nombre negocios, relaciones (incluso familiares), procedimientos administrativos y, por supuesto, procesos judiciales.

Corresponde a la abogacía convertir en real el artículo 14 de la Constitución y permitir que, ante una corporación, la administración o un tribunal de justicia, el más humilde de los ciudadanos pueda enfrentarse en pie de igualdad contra la mayor de las corporaciones; corresponde también a la profesión de abogado el seguir representando a cualquier persona, por humilde que esta sea, ante cualquier clase de tribunal, incluidos los más altos tribunales nacionales e internacionales.

Comprenderán que en esto de representar intereses ajenos los abogados y abogadas son auténticos especialistas, de forma que uno no entiende muy bien por qué hay quien se empeña en que ellos no se expresen por sí mismos sino a través de una oscura “cadena de mando” que no puedo evitar que me recuerde a los tiempos del servicios militar y al régimen disciplinario del ejército.

Miren, lo voy a decir con toda la claridad de que soy capaz: cuando yo puedo estar presente no necesito que nadie me represente. Cuando yo puedo hablar en mi nombre no necesito que nadie venga a hacerlo por mí; no, no necesito que nadie diga por mí lo que yo sé decir por mí mismo. Dejen de darme la lata con que me representan conforme a no sé qué decreto, costumbre o tradición alcanforada. A mí me represento yo mismo y para hablar de mí, de mi profesión y de los problemas que en ella percibo, no necesito que nadie venga a ofrecerme sus servicios ni su voz vicaria.

Yo, como Pedro Crespo, no quiero que nadie haga por mí lo que yo mismo me sé hacer, así que dejen de darme y de darnos la tabarra con representaciones o cadenas de mando. Dejen que la gente hable y, si algunos abogados o abogadas deciden tomar en sus manos su futuro y no dejar que otros se lo administren, respeten su decisión, porque son abogados y, en esta profesión, nadie es mejor que nadie ni está en condiciones de dar lecciones y mucho menos imponer tutelas.

Así pues, déjenlo ya, son abogados y abogadas, son profesionales y saben muy bien lo que hacen; dejen de decirles cómo y de qué manera han de llevar a delante el trabajo de representarse a sí mismos. Son expertos en eso.

La molesta abogacía

Los abogados a los que admiro no salen en las páginas salmón de la prensa económica. Los abogados a los que admiro no miden su éxito profesional en dinero. Los abogados y abogadas a los que admiro son los que saben que una de las obligaciones éticas de nuestra profesión es representar a las minorías, a los desfavorecidos, a las personas humildes, incluso a aquellos a quienes la sociedad desearía que no tuviesen quien hablase por ellos y mucho menos en defensa de ellos.

Los abogados a los que admiro hacen esas cosas que convierten a nuestra profesión en épica: litigan contra el estado en nombre de un particular, defienden los intereses de un consumidor contra todo un sistema de abusos bancarios y lo hacen caer… (¿alguien imagina a un gran despacho defendiendo a un inmigrante con hipoteca y llevando su caso hasta las últimas instancias europeas para hacer caer todo un sistema de abuso bancario?)

La abogacía a la que admiro es la compuesta de abogados y abogadas con despachos pequeños, a veces unipersonales; una forma de ejercicio profesional que ocupa al 85% de los abogados de España y contra la que se han ido dirigiendo de forma constante las reformas legislativas de los sucesivos gobiernos, buscando sustituirla por una abogacía-negocio aparentemente moderna pero en realidad contraria a cualquier principio ético que gobierne el ejercicio profesional de un abogado.

Hace años decidí escribirme a mí mismo un decálogo de cómo desearía yo que fuese el ejercicio profesional y el primer párrafo que escribí fue:

El ejercicio de la abogacia tiene como objetivo primero y primordial la defensa de los derechos ajenos. Una visión puramente empresarial del ejercicio profesional es incompatible con nuestra forma de entender la profesión.

Claro que, a renglón seguido, escribí también:

Quienes ejercen la abogacía tienen derecho a una retribución adecuada por sus servicios y esto es aplicable a la prestación de servicios en el Turno de Oficio.

Han pasado los años y pienso igual. Los abogados tenemos el deber ético de representar a los débiles frente a los poderosos, a los menos frente a los más, a los individuos frente al estado… y molestamos claro. Una abogacía amansada, docil y sometida es lo que desean quienes ven su superioridad económica o social amenazada por estos molestos abogados que se empeñan en defender la causa de los débiles frente a los fuertes, la de los que menos tienen frente a los que más tienen y a los ciudadanos frente al estado.

Y pienso que la abogacía es, por naturaleza, molesta para muchos, necesariamente molesta y también creo firmemente que, si no lo fuese, probablemente no sería abogacía o, al menos, no sería esa la abogacía por la que merece la pena vivir.

José el de la Manuela

Hoy he conocido a «Joselito el de la Manuela»; ha aparecido vendiendo su CD con sus últimas creaciones y hablando de Porrina, Juan Vallejo, Agujetas… y diciéndome que a él el camarón le gusta en tortilla. Es de Jerez y no he tenido más remedio que comprarle el CD. ¿Qué puede hacer uno ante un gitano legítimo que le cita a Cleopatra como antepasada suya? Se ha templado por fandangos caracoleros y, como quedaba poca clientela en el bar, se ha quedado hablando con nosotros. ¿Qué quieren que les diga? Hombres como José son una especie en extinción y a mí el cuerpo lo que me pide es protegerlos, España gitana, España Cañí. El CD probablemente ni se oirá, pero eso es lo que menos importa. Lo que importa es que aún quedan personajes como José, farsantes, sí, pobres sí, pero con toda la dignidad que cabe en el mundo. Denme gente así y quédense ustedes con políticos y demás fauna.

#flamenco #gitano #auténtico

Desvergüenzas y turno de oficio

‪Mañana Catalá anunciará por enésima vez que va a subir a los abogados de oficio del Territorio Común (sólo 5 Comunidades Autónomas de 17) un 30%. Dado que no se actualiza esa cifra desde 1996 y que el IPC ha subido un 59% desde entonces, lo que Catalá nos está diciendo es que a los abogados de esas cinco comunidades nos va a dejar en niveles retributivos no de 1996 sino de 1992.

Y os seguro que algún corresponsable de ese entuerto le aplaudirá‬ y tratará de convencernos de que la subida se debe a él/ella, olvidando los 22 años que llevan rascándose todo lo rascable.

Afortunadamente pueden engañar a la opinión pública pero no a unos abogados que están un 300% (sí, diez veces treinta) por debajo de compañeros de otras regiones.

Espero no tener que presenciar ni denunciar una desvergüenza semejante.

Marmitako

En la casa de comidas donde habitualmente alivio mi hambre meridiana, hoy, me han puesto por delante este plato al que han publicitado en la pizarra con el exótico nombre de «marmitako».

No me parece mal; el euskera, además de ser idioma cristiano, es flexivo como antes lo fue el latín y aún antes y en mayor grado el indoeuropeo. El sufijo -ko nos indica que la palabra «marmita» está en caso genitivo, por lo que, gracias a este morfema gramatical, podemos traducir el nombre de nuestro plato como «de la marmita».

Que a un plato de bonito se le llame simplemente “de la marmita” es algo tan poco descriptivo como llamar a un arroz a base de pescado roqueo «caldero», pero que entronca perfectamente con la costumbre común en España de bautizar a los guisos con el nombre del receptáculo donde se preparan. Así son legión las “ollas” y “cazuelas” e incluso esta ibérica afición a la metonimia hace que, el plato totémico nacional por excelencia, la «paella», también reciba su nombre del contenedor donde se prepara.

Finalmente, si algún vasco riguroso opusiese o proclamase la superioridad del marmitako confeccionado en el Golfo de Vizcaya por estar hecho con auténtico «bonito del norte», tendré que responderle que, lo que ellos llaman «bonito del norte» («Thunnus alalunga»), vive también en el Mediterráneo donde se cría fresco y sabroso desde que mis antepasados bautizaron hace milenios a esta familia y orden de pescados como «Scombridos, scombriformes» y, si alguna duda alberga mi euskériko interlocutor, puede venir por aquí, que le llevaré a la bocana del puerto de Cartagena y desde allí le mostraré la milenaria silueta de la antigua «Isla Scombraria» (Escombreras) capital y origen de cuantos peces sabrosos en el mundo hay.

Bueno, hoy también venía quemando el guiso, pero vamos a meterle mano ya al «marmitako» o les acabaré recitando hasta el «Gernikako arbola».

Elecciones, mentiras y turno de oficio.

Entramos en año electoral: para mayo de 2019 habrá elecciones municipales, europeas y con seguridad virtualmente total también elecciones generales. Comienza, pues, el tiempo de las promesas, de las maniobras presupuestarias y de las mentiras, herramientas que parecen inevitablemente unidas a nuestra clase política. Pero ¿cómo afectan estas promesas y estas mentiras al turno de oficio? Si me lo permiten déjenme antes explicarles cómo se presta la asistencia jurídica gratuita en España y quién la paga. Vamos a ello.

La asistencia jurídica gratuita en España se presta a través de dos vías:

A. La primera vía es la asistencia jurídica propiamente dicha que se presta a través del trabajo de los abogados del turno de oficio.

B. La segunda vía es la tramitación de las solicitudes de los ciudadanos que desean asistencia jurídica gratuita y esa se presta a través de los colegios que pagan y mantienen los abogados.

Obsérvese que, por lo que respecta a esta segunda vía, los abogados mantienen con sus cuotas obligatorias una red de 83 Colegios de Abogados en España cuyo primer y principal trabajo es atender a los ciudadanos y ciudadanas que solicitan justicia gratuita. Los colegios de abogados contribuyen con sus locales (pagados por los abogados), sus trabajadores (pagados por los abogados), sus medios materiales (fotocopiadoras, ordenadores, impresoras, escáneres…) y hasta jurídicos (el SOJ) a la prestación de un servicio que debiera prestar el estado. Aparentemente un muy mal negocio para los abogados, ¿no?. Pues ¿por qué demonios tendrían los abogados que pagar con sus cuotas obligatorias (si no te colegias no eres abogado) este servicio que ha de prestar el Estado o la Comunidad Autónoma?

La injusticia es manifiesta y para paliarla el estado (o la CA en su caso) establecieron un sistema de compensación a los colegios para compensar los medios que los abogados pagaban. Para que lo entiendan les pondré el ejemplo de la Comunidad Valenciana.

En la Comunidad Valenciana la consejería de justicia, además de pagar a los abogados por su trabajo en el turno de oficio entregaba a los colegios un 8,5% de la cantidad pagada a los letrados para compensar el gasto que los colegios (en realidad los abogados a través de sus cuotas) hacían en turno de oficio. Así fue funcionando la cosa hasta que la Consejería de Justicia de la Comunidad Valenciana decidió no pagar ese 8,5% sino una cantidad fija por expediente tramitado, decidió no pagar o discutir el pago de determinados expedientes y el final fue que los colegios recibieron unos 300.000 euros menos de lo que recibían con aquel 8,5%. Naturalmente la falta de esos 300.000 euros provocó desequilibrios económicos en los colegios de forma que, por ejemplo en el Colegio de Alcoi, ahora cada colegiado soporta 111 euros más de lo que soportaba con anterioridad porque la realidad es que, le quites a los abogados o les quites a los colegios, el resultado es que siempre le quitas a los abogados que son quienes, o no cobran decentemente sus servicios o tienen que pagar a su colegio para mantener un servicio público.

La consejería de justicia de la Comunidad Valenciana anunció que subiría un 20% el turno de oficio hasta alcanzar los niveles de 2005 (en España y en Turno de Oficio viajar al pasado es “avanzar”) con esto pretendió darse un baño de masas pero lo que provocó fue una iracunda reacción de los decanos que vieron el anuncio como una tomadura de pelo, pues, al retirarles 300.000€ de sus presupuestos se enfrentan a la posibilidad de tener que subir las cuotas a los colegiados para que estos —siempre estos— acaben pagando los platos rotos de los juegos malabares de la consejería.

Creo que con este ejemplo ya podemos entender como funciona la asistencia jurídica gratuita en España, un sistema que falle por donde falle siempre tiene un único pagano: el abogado o abogada.

Muchas más cosas pueden contarse del ejemplo valenciano como el deseo de introducir en el turno de oficio a estudiantes de derecho (sí, sí, pueden verlo en la foto del final del post) o que el mismo partido que redujo un 40% el turno de oficio ahora se apunte a denunciar las devergüenzas ajenas y pedir dimisiones. Parece que con el turno de oficio todo vale y que, si se trata de usarlo como arma política, los políticos no parecen sentir el menor pudor en decir cualquier cosa pensando que la población no tiene memoria.

Y si este es el ejemplo valenciano ¿qué pasa en el resto de España?

Pues en las Comunidades que dependen del ministro de justicia pasa otro tanto, como es año electoral es año de promesas y se anuncian con aparato y estrépito de logros geniales miserables subidas presupuestarias. Veámoslo.

Catalá lleva anunciando varios meses la subida de un 32% en turno de oficio en zona ministerio, lo que calla es que desde 1996 ni siquiera se ha actualizado la retribución de los abogados del turno de oficio conforme al IPC anual.

Desde 1996 a 2018 el IPC ha subido un 59%. Dicho de otro modo 100 euros del año 1996 serían, este 2018, 159 euros si se hubiese ido actualizando el IPC desde el lejano 1996. Con la subida de Catalá (130€) en vez de alcanzar las retribuciones de 1996 (159% en euros constantes) tendremos menos poder adquisitivo que en 1996.

Si los decanos valencianos respondieron virulentamente —y con razón— al regreso al pasado (2005) de la Consejería de Justicia ¿qué le dirán al ministro que, con su subida del 30%, aun no ha sido capaz ni de regresar a 1996?

Conozco el paño, lamentablemente conozco el paño, mucho me temo que los decanos con el ministro van a ser mucho más pacíficos y dóciles, me gustaría equivocarme pero creo que no me equivoco; pronto vamos a poder comprobarlo.

El día 18 de mayo, en menos de una semana, el ministro de justicia ha sido invitado a asistir al pleno del Consejo General de la Abogacía Española, un órgano extremadamente proclive a ovacionar al ministro. Allí, no lo duden, anunciará su “fabulosa” subida del 32% y allí, espero equivocarme, alguien tendrá la barra de felicitarle y felicitarse por su gestión. Espero que en ese pleno de reuniones secretas los decanos valencianos muestren con el ministro la misma ira que con la Consejería. Y cuando digo valencianos digo los decanos de toda España porque el «avance» ministerial de más de 22 años hacia el pasado no merece sino la más enérgica reprobación.

38 millones de euros recaudó en 2017 el Gobierno en tasas judiciales, esas que —conforme al artículo 11 de la ley de tasas— están vinculadas al sistema de asistencia jurídica gratuita pero que en los años pasados jamás fueron a ella. Si el gobierno cumpliese con la letra de la ley que este mismo gobierno redactó, esos 38 millones debieran engrosar las cuentas del turno de oficio pero, ya verán ustedes, como ni un céntimo va a turno de oficio y nadie rechistará en ese pleno de reuniones secretas donde ningún abogado sabe lo que han dicho quienes reclaman vehementemente su condición de representantes de la abogacía.

Espero equivocarme pero sospecho que no voy a hacerlo, salvo que el coraje vuelva al lugar de donde nunca debió irse.

Así pues, este es año electoral, se anunciarán avances al pasado, se quitará de aquí para poner allá, pero no te engañes abogado, sea cual sea el resultado de estos triles políticos el final de la historia es que la cuenta siempre la pagas tú.

Podría poner en ejemplo de Andalucía, o de Madrid, o de muchos otros sitios donde los «avances» no son más que regresos al pasado, avances hacia atrás y ataques en retirada.

No hay nada que aplaudir, compañero, y sí mucho por lo que ponerse en pie y señalar a todos estos que creen que, porque este es año de elecciones, pueden engañarnos tratando de hacernos olvidar años de infamia, tratando de conformarnos con juegos de manos y palabras.

Por eso guárdate muy mucho de aplaudir antes de que la función termine a ningún político, ponte en pie y el 22 de mayo acude a la puerta de tus juzgados a gritarles que tú eres abogado y a ti no te engañan.

Yo estaré también allí porque #YoVoy22M