“Pelorus” Jack

“Pelorus” Jack

En la duermevela confusa de la siesta escucho lejanamente que la radio informa de un incidente entre unas orcas y un barco en aguas del Cabo de Palos y, en la bruma somnolienta de esta tarde de verano, me viene a la memoria la historia de Jack; “Pelorus” Jack.

La primera vez que se le vio fue en 1888 cuando la goleta “Brindle” enfilaba el canal llamado “Paso Francés”, un peligrosísimo pasaje que conecta el Estrecho de Cook con la Bahía de Tasmania, en Nueva Zelanda.

Cuando los tripulantes del Brindle vieron a Jack su primer pensamiento fue matarlo pero, afortunadamente, en aquella época las sartenes eran de hierro y la mujer del capitán experta en ordenar las ideas de los marineros. Haciendo uso de sus dotes persuasivas convenció a los marineros de que no hiciesen daño a Jack y este, para sorpresa de todos, acomodó su marcha al andar de la goleta y comenzó a marcarle el rumbo seguro en aquel peligroso estrecho.

Porque el Paso Francés era y es un lugar lleno de rocas y corrientes donde lo fácil es acabar perdiendo el barco, pero no entonces. No entonces porque Jack, desde 1888 en adelante, tomó el hábito de guiar a los barcos que se enfrentaban al paso del estrecho y lo hizo con tal seguridad que ningún barco guiado por Jack se perdió nunca. Los marineros, gente supersticiosa y con el miedo propio del ser humano en los lugares de peligro, comenzaron a negarse a atravesar el estrecho hasta que Jack no viniese y, solo cuando él aparecía, largaban velas para seguirle.

Pero idiotas hay en todas partes y en los barcos también. En 1904 y seguramente porque optaba al disputado premio de tío más imbécil del mundo, un pasajero del SS Penguin, mientras este seguía el rumbo que Jack le marcaba, decidió probar su puntería y disparar contra él.

Jack sobrevivió al disparo pero el incidente llegó hasta el Parlamento donde, por primera vez en la historia, se aprobó una disposición protegiendo la vida de “Pelorus” Jack. Se cree que Jack fue el primer animal específicamente protegido de la historia.

Jack no dejó por eso de guiar a los barcos por el estrecho, a todos, claro, menos al Penguin, que, quién sabe si por eso, acabó naufragando en 1909 en el mismo Estrecho de Cook.

Jack desempeñó su trabajo entre 1888 y 1912 en que fue visto por última vez.

La presencia de un ballenero noruego en aquellas aguas disparó los rumores de que Jack había sido arponeado pero no es probable que así fuera. Jack, el delfín, tenía ya la cabeza blanca y el cuerpo pálido, signos evidentes de vejez en el mundo de los delfines y lo más probable es que muriese de viejo.

La historia de Jack guiando a los barcos me vuelve a la memoria ahora que oigo que las orcas tienen raros comportamientos y pienso si, como a los tripulantes del Penguin, no nos estará llegando la hora de pagar las canalladas que hacemos a todos los Jack del mundo.

¿Quién gana las guerras?

¿Quién gana las guerras?

Las guerras no las gana quien aplasta a su enemigo, las guerras las gana el que consigue que su adversario no desée seguir luchando.

Napoleón lo aprendió en España, los Estados Unidos lo aprendieron en Vietnam.

Mi memoria infantil recuerda bien aquellos telediarios. En los primeros meses de 1968 las tropas de Vietnam del Norte, apoyadas por China y la URSS logísticamente y tácticamente por las guerrillas del Vietcong que operaban en pleno corazón de Vietnam del Sur, iniciaron una ofensiva espectacular: la “Ofensiva del Tet”.

Para sorpresa de todo el mundo en las televisiones se vio a elementos del Vietcong atacar la propia embajada norteamericana en Saigon, la capital del Vietnam del Sur. La población norteamericana alucinó con aquellas imágenes ¿No eran ellos una superpotencia y el Vietcong una manada de asiáticos hambrientos y mal armados? ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo era posible aquello?

El resultado militar de la ofensiva del Tet fue desastroso para Vietnam del Norte y su aliada guerrilla del Vietcong: todas sus ofensivas fueron rechazadas en medio de una horrible carnicería que les costó más de 100.000 bajas.

Pero el resultado psicológico fue funesto para los Estados Unidos. En medio del clima pacifista, hippie y flower-power de 1968 las imágenes de los telediarios revelaban a los norgeamericanos que los norvietnamitas no estaban derrotados como se les había dicho desde la Casa Blanca. Para la opinión pública estadounidense, bastante harta de la guerra, aquellas imágenes de la ofensiva del Tet fueron la gota que colmó el vaso y la voluntad de luchar de los Estados Unidos comenzó a esfumarse rápidamente.

Los norvietnamitas habían perdido la batalla desde el punto de vista militar pero los vencedores habían perdido toda voluntad de continuar la pelea.

Por eso he abierto el post diciendo que las guerras no las gana quien aplasta a su enemigo, sino que las guerras las gana el que consigue que su adversario no desée seguir luchando; y, en este caso, Vietnam del Norte había perdido la batalla pero ganado la guerra.

Poco después de la ofensiva del Tet se abrieron negociaciones, los estadounidenses salieron de Vietnam encargando al ejército de Vietnam del Sur que se defendiera por sí mismo y, poco después, la bandera roja norvietnamita ondeaba en Saigón.

Es casi un calco de lo ocurrido en Afghanistán a los rusos soviéticos y es casi un calco de lo ocurrido ahora, en el mismo Afghanistán, a los norteamericanos. Una guerra es una lucha atroz y sanguinaria de voluntades y pierde la voluntad más débil.

Desde el fin de la segunda guerra mundial y con la excepción de la incruenta, pero terrorífica, Guerra Fría las guerras, para las grandes potencias, han sido operaciones locales movidas por intereses geoestratégicos que muy pocas veces gozaban del necesario apoyo popular.

En la guerra de Vietnam los norteamericanos cometieron el “error” de dar un amplio margen de libertad a la prensa y pudieron comprobar cómo, fotografías como la de la niña Kim Phuc huyendo desnuda de un bombardeo de napalm o la foto del general Loan asesinando a sangre fría, mediante un disparo en la cabeza, al guerrillero del Vietcong Nguyem Van Lem, causaron más daño a la causa de los Estados Unidos que muchos miles de toneladas de bombas. Aquellas fotos hicieron más para derrotar a los Estados Unidos que todos los fusiles del Vietcong.

Cuando comenzó la primera guerra del Golfo esta lección estaba aprendida y la prensa estaba tan controlada que era virtualmente imposible que volviesen a tomarse fotos como las de Vietnam y, sin embargo, al final goteos de situaciones similares (siempre las hay en todas las guerras) van pasando factura a una sociedad que acaba no sabiendo por qué sus soldados mueren allí.

España ha gastado muchísimo dinero en operaciones militares internacionales en Afghanistán sin que ahora sepamos bien para qué dieron su vida los soldados que allí la dejaron (¿fue para capturar a Bin Laden?) y, tras décadas de guerra en la zona, ahora no sólo no se ha eliminado el absolutismo integrista en Afghanistán sino que este se ha fortalecido en Irak mientras en Irán los ayatolás siguen gobernando y el Isis sigue dando quebraderos de cabeza en otras zonas.

Cuando empiezas una guerra debieras medir, antes que el número de tus soldados, tus bombas y tus barcos, la voluntad de luchar de tu pueblo porque, cuando esta voluntad se agota, has de saber que la guerra está perdida. Quien no se rinde continuará la guerra incluso a pedradas, pero tú, aunque tengas decenas de portaaviones, si se te agota esa voluntad debes saber que acabarás perdiendo.

Nadie se ha ocupado de cultivar esa voluntad de luchar en el pueblo Afghano. Se armó a su ejército con material militar pero no se le dió la principal munición que precisan las armas: una buena causa por la que usarlas. Más importante que las armas o los missiles hubiese sido conseguir un importante grado de desarrollo económico en el país, una instrucción en valores compatibles con su cultura pero también incompatibles con las creencias más inaceptables de los talibanes.

Las armas no sirven de nada si no se quieren usar o si no tienes una buena causa para usarlas. Ahora, mientras se habla de derrotas en Afghanistán, recuerdo a mujeres como Ramazan Antar, una combatiente Peshmerga (kurda) que murió peleando en Siria contra el Isis hace unos meses y que es una imagen perfecta de esa voluntad de pelear de que les hablo.

Las guerrillas kurdas en su lucha contra el Estado Islámico cuentan con un formidable número de mujeres a quienes no importa mucho estar mejor o peor armadas porque tienen exactamente lo que hay que tener. Creo que ya escribí hace un año un post sobre ellas, así que mejor no me repetiré.

Personbyte

Medimos la capacidad de almacenamiento de información en cualquier soporte con toda naturalidad y así, decimos: ese disco tiene 18 Terabytes o ese USB puede almacenar 500 Gigabytes… Esta forma de expresarnos es para nosotros, desde hace unos 20 años, perfectamente natural y, sin embargo, hasta donde yo sé, nadie clasifica a las personas por su capacidad de almacenamiento de información. De hecho creo que no está calculado con precisión cual es la capacidad de almacenamiento de información de un ser humano, pero, para los fines que a mí me interesan da igual que dicha capacidad esté o no medida.

Por lo que a mí respecta la naturaleza es igualitaria y dota a todos los seres humanos de una igual o muy parecida capacidad de almacenamiento de información, así que llamaremos “personbyte” a la capacidad de información que una persona estándar puede almacenar.

De este modo un ser humano supondrá “1 personbyte” de capacidad de almacenamiento y dos seres humanos “2 personbytes”… y así sucesivamente.

Y ahora vamos al turrón o meollo de lo que me ocupa. Cada ser humano nacido en libertad necesita de ese personbyte para sobrevivir (la naturaleza no desperdicia recursos) de forma que, en estado de naturaleza, el hombre aprende a andar, cazar, recolectar, distinguir los frutos comestibles de los que no lo son, los animales que puede comer de los animales por los que puede ser comido, etc.

Al lado de nuestros antepasados nosotros somos unos perfectos zoquetes: ni sabemos encender fuego, ni sabemos encontrar agua, jamás hemos ayudado a parir a una mujer, somos incapaces de distinguir las setas comestibles de las venenosas, no sabemos seguir un rastro, no sabemos tender una trampa a un conejo… Somos unos perfectos inútiles, unos absolutos ignorantes, si nosotros estuviésemos en el lugar de nuestros antepasados la raza se habría extinguido y, sin embargo, algo bueno habremos hecho para llegar hasta aquí. Vamos a tratar de averiguarlo.

Los seres humanos que viven en estado de naturaleza tienen como primera necesidad sobrevivir y sus conocimientos se encaminan a ello. Todos tienen la misma capacidad de almacenamiento de información que nosotros (“1personbyte”), pero lo que ocurre es que la información almacenada en todos ellos es siempre la misma: cómo sobrevivir. Todos los “personbytes” replican la misma información o casi.

Es sólo cuando la cooperación, entendida como una estrategia evolutivamente estable, comienza operar cuando esa capacidad del grupo para almacenar información aumenta.

Los viejos de la tribu ya no pueden cazar pero el resto de la tribu los mantiene y la información almacenada en ellos ya no es estrictamente la necesaria para sobrevivir. Conservan memoria de hechos que la generación actual no tiene, comienzan a olvidar sucesos recientes pero recuerdan perfectamente viejas historias… Y ya no todos los seres humanos del grupo almacenan información por valor de un “personbyte”. Ahora la suma de uno más uno ya no es igual a uno, ahora la existencia de conocimientos distintos hace que la suma arroje un resultado superior a uno.

Otro tanto ocurre con el chamán o brujo de la tribu, excluido de las tareas diarias comienza a adquirir conocimientos distintos de los meramente necesarios para subsistir y de esta forma la calidad de la información almacenada por el grupo aumenta.

Este proceso se dispara con la llegada de la agricultura: el excedente permite que algunos miembros del grupo ya no trabajen en la pura subsistencia y dediquen su capacidad de almacenamiento de información, su “personbyte”, al almacenamiento de conocimientos distintos (alfarería, carpintería…).

Piense usted cuantos “personbytes” de información fueron necesarios para construir las pirámides de Egipto: personas que dedicaron su entera capacidad de información a la arquitectura, a la matemática, a la cantería, a la carpintería, a la construcción de los barcos que transportaban la piedra, al gobierno de esos barcos… Y así hasta un altísimo número de “personbytes”.

El progreso exige muchos personbytes. Usted, si quiere construir coches, va a necesitar de muchísimas personas porque los conocimientos necesarios para construir un coche no caben en 1, ni en 2 ni en 1000 personbytes. Desde que se mina el metal hasta que el coche sale de la cadena de montaje hacen falta miles y miles de personbytes de conocimientos. Y si esto es así en los coches, piensen en ese submarino que estamos construyendo en Cartagena: ¿cuántos personbytes hacen falta?

Las dimensiones de las empresas vienen determimadas por el conocimiento preciso para llevar adelante su objeto; las capacidades de los países vienen determinadas por la cantidad de personbytes de que disponen y son capaces de poner en marcha.

No importa tener 1.000.000.000 de personas con un “personbyte” de capacidad cada una; si no somos capaces de ocupar esos personbytes con información distinta y complementaria el grado de conocimiento de esa sociedad será 1. Pero si logramos poner a trabajar todos los personbytes de una sociedad llenándolos de la información precisa, es cierto que como individuos seremos seres incapaces de sobrevivir, pero como sociedad, como equipo, seremos imparables.

Un análisis informacional de las sociedades y una programación informacional de su futuro son claves para el éxito de las mismas aunque no sé si quienes nos gobiernan entienden bien el concepto.

Y ahora, mientras escribo esto, pienso en mis amigos profesores y entiendo sus frecuentes ataques de desesperación.

¿Hay trabajo para todos los abogados ejercientes?

Seguramente el post de ayer no estaría completo si, además de estudiar el lado de la oferta no estudiamos el lado de la demanda, esto es ¿cuánto trabajo genera la administración de justicia para los abogados?

Como veremos es extremadamente difícil dar una respuesta exacta con los datos en la mano de forma que, como pura aproximación, echaremos un vistazo a los datos que facilita el Consejo general del Poder Judicial (CGPJ) sobre la actividad de juzgados y tribunales para obtener alguna orientación.

Observemos en primer lugar la actividad de la jurisdicción civil en el año 2020

Fig.1 Resumen de la carga y resolución de asuntos en la jurisdicción civil

Los datos que he decidido tomar en cuenta de este resumen es exclusivamente el de sentencias dictadas pues en tales procedimiento podemos estar casi seguros que al menos han intervenido dos abogados por sentencia. Es verdad que hay casos de rebeldía, pero también de litisconsorcio activo y pasivo de forma que un cálculo prudente arrojaría que las 570.251 dictadas han generado 1.140.502 intervenciones letrada. Muy probablemente sean bastantes más pero a los efectos de este post seremos prudentes.

La jurisdicción penal, por su parte, ofrece los siguientes datos según el CGPJ

Fig.2 Resumen de la carga y resolución de asuntos en la jurisdicción penal

En este caso hemos excluido de la base de cálculo las sentencias dictadas en los juzgados de instrucción y hemos considerado la intervención de un único abogado. Es evidente que puede haber pluralidad de acusados pero, insisto, dado que no hay cifras a ese respecto he optado por la cifra más conservadora y, conforme a los criterios anteriores, podemos concluir en que los datos anteriores nos dan un mínimo razonable de 193.863 intervenciones de letrado.

La jurisdicción contencioso administrativa, por su parte, arroja unas cifras muy inferiores

Y prescindiremos de computar la jurisdicción social dado que a ella concurren también graduados sociales y, con los datos facilitados por el CGPJ, es imposible desagregar las cantidades. No obstante y por si alguien siente curiosidad estas son las cifras.

Pues bien, siguiendo el criterio conservador y de mínimos enunciado y sumando las intervenciones letradas computadas podemos concluir que en el año 2020 hubo un total de 1.456.447 actuaciones que, divididas entre los teóricos 154.296 letrados ejercientes que el CGPJ declara existentes en España, nos darían una media de 9,4 asuntos por abogado y año.

¿Son esos datos creíbles?

Podría comenzar justo aquí el post pero se me hace tarde y me parece que, mucho más interesante que lo que yo diga, es la percepción que me den los lectores. Temas como el turno de oficio, los falsos autónomos, la abogacía litigante real… Para poder tomar decisiones con acierto son necesarias buenas métricas y estas que ofrezco son las que tenemos.

Analícenlas (las tablas, no mis estimaciones) y díganme qué conclusiones sacan si es que sacan alguna.

¿Hay demasiados abogados en España?

Es la pregunta de todos los años: ¿hay demasiados abogados en España?. Cada vez que los profesionales de la abogacía experimentan dificultades una de las primera hipótesis que se formulan es la de que hay demasiados abogados en España; los gobiernos hacen leyes declaradamente para reducir el número de abogados en España y cuando se ofrecen datos sobre el número de profesionales suelen seleccionarse los resultados (cherry picking) a fin de abonar las tesis de quien realiza la afirmación.

Pero ¿qué hay de verdad en estas afirmaciones? ¿qué nos dicen los datos?.

Me he tomado la molestia de recopilar los datos que nos ofrecen diversas fuentes para confeccionar la siguiente tabla donde, en la columna 1 se contiene la relación de países considerada por la Comisión Europea para la Eficiencia de la Justicia (CEPEJ) y se anota en cada uno de ellos el número de abogados existente por cada cien mil habitantes (columna 2), el número de jueces existentes por cada cien mil habitantes (columna 2), el PIB del país expresado en miles de millones de dólares (columna 3) según el “World Factbook” elaborado por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA), el índice democrático (columna 4) que otorga la Unidad de Inteligencia de “The Economist” y el PIB per capita de ada país de acuerdo con el ya mencionado Factbook de la CIA.

Antes de ninguna otra consideración les dejo con la lista “en crudo”.

Fuentes: CEPEJ-CIA Factbook-Unidad de Inteligencia de “The Economist”-CIA Factbook.

Ordenada la lista según el número de abogados existente en cada país la primera sorpresa es que el número de abogados existente en cada uno de ellos no parece responder al resto de los parámetros considerados, ni el mayor o menor número de jueces, ni el PIB per cápita, ni el índice democrático de un país parecen guardar relación alguna con el número de abogados y así un país como Israel, con un PIB per cápita similar al español, más que dobla la media de abogados de España. Sí parece observarse una tasa similar de abogados en los países del Mediterráneo (Italia, Grecia, España…) pero también en países muy alejados como Islandia o el riquísimo Luxemburgo. Inglaterra, Gales y Escocia presentan una tasa muy similar de abogados a la que presentan todos los países anteriores.

Tampoco existe una correlación en la otra parte de la tabla pues, entre los países con menos abogados (por debajo de 100 abogados por cada cien mil habitantes) abundan los países pobres (Albania, Moldavia, Armenia…) pero también los hay riquísimos (Finlandia, Mónaco, Austria).

En la tabla sí aparecen otras correlaciones pero que, aparentemente, nada tienen que ver con el número de abogados o de jueces que haya en un país. La más evidente es la clara correlación existente entre PIB per cápita e Índice democrático, lo que sugiere que, o bien los países más ricos son más democráticos o que los países más democráticos son más ricos sin que correlación implique causalidad y sin que podamos formular más que conjeturas acerca de cuál es la causa o cuál la consecuencia.

Veamos la tabla anterior ordenada en sus 20 primeros países según el índice democrático atribuído a cada uno de ellos.

La tabla, ordenada según el PIB per cápita ofrece pocas variaciones y son pocos los países que entran o salen del “top 20” de los países considerados por el CEPEJ. Eso sí, si observamos la media de abogados por país existente en este “top 20” podemos constatar que la misma se situa en 212 y 231 abogados por cada cien mil habitantes lo que, ciertamente, está mucho más cerca de la media española de lo que puede parecer.

Una vez repasados los datos lo primero debemos recordar es que, en las sociedades democráticas, es el mercado el que regula nos niveles de oferta y demanda y que, cualquier afirmación del tipo “hay muchos (o pocos) abogados” es una afirmación tendente a modificar el mercado que debe reputarse, prima facies, como inadmisible salvo prueba en contrario.

En segundo lugar la disparidad de los datos es tal que nos lleva a pensar en que las métricas para el cómputo de los profesionales de la abogacía difieren notablemente de un país a otro e incluso nos lleva a pensar que en casos como el de España se están produciendo datos que no son homologables con las realidades de otros países.

Así pues, con los datos recopilados, no puede concluirse de ningún modo que en España hayan muchos (o pocos) abogados.

Con los datos existente sólo se pueden efectuar afirmaciones ingenuas del tipo de que en España hay un número de abogados similar a los de Inglaterra, Irlanda o Islandia, o tres veces más abogados que en Francia o la mitad menos que en Israel; pero lo que NUNCA puede afirmarse es que en España existan muchos o pocos abogados. A los profesionales de la abogacía siempre les parecerán “muchos” (son su competencia y preferirían menos) y a quien busque un abogado especialista es muy probable que le parezcan “pocos” (preferiría una mayor oferta y un menor precio) pero esto es normal y no es peligroso. Lo que sí es peligroso es que desde un ministerio o desde una gran firma de abogados se realice ese tipo de afirmación pues, no les quepa duda, lo que se pretende es modificar la asignación de oferta y demanda que ha realizado el mercado en beneficio de un interés particular.

Guárdate de aquellos a quienes oigas decir eso.

El barrio de las diosas

El barrio de las diosas

En el pequeño espacio que se ve en la fotografía los cartageneros han dado culto a tres diosas desde hace más de dos mil años. A ustedes puede parecerles algo de poca importancia, a mí me impresiona y me sume en cavilaciones.

En primer término pueden ver el templo de Isis, una deidad egipcia cuyo culto fue mayoritario en el siglo I de nuestra era. Diosa madre, grande en magia, estrella de los mares y protectora de los marineros no cuesta imaginar cómo su culto llegó hasta aquí desde el oriente en los barcos que llegaban desde allá.

A la izquierda, tras una especie de escalinata, se ve la única columna que queda del templo de Atargatis, otra diosa relacionada con el agua, de hecho Atargatis fue una diosa sirena, mitad mujer mitad pez. Fue otra diosa que llegó en barco.

A la derecha se ve la cúpula de la iglesia de la Virgen de la Caridad, la actual patrona de la ciudad, otra figura sacral que también llegó en barco.

Muchas oraciones de muchas personas de muchas fes y credos distintos aún vibran en este pequeño espacio de mi ciudad. ¿Hay algo especial en él que atrae a las diosas?

Esta es una de las muchas partes de que está hecha mi ciudad.

Humanidades y verdad material

Tengo 60 años y no me han contado sino que he vivido el franquismo y la transición. Ahora escucho opiniones sobre ellos más o menos documentadas y las siento todas inexactas.

Es normal: el mundo, la vida, no caben en un texto, en una foto o en unos videos o unos documentos sonoros.

Cualquier comunicación humanística es sólo la representación de un mundo pasado irrecuperablemente perdido y que ya nunca podremos comprender completamente.

La historia, la literatura y, en general, las humanidades en el fondo sólo estudian el lenguaje, pero no sólo el lenguaje escrito sino el de las artes visuales, la música o la arquitectura, para, a través de ellos, tratar de entender el mundo que otros seres humanos crearon.

No, a día de hoy ya nunca entenderemos plenamente un pasado del que sólo tomamos conocimiento a partir de lenguajes, expresivos pero limitados.

Es así como se recupera el pasado en los procedimientos judiciales y es por eso que sabemos que la verdad oficial está condenada a ser inevitablemente diferente de la verdad material, tanto más cuanto más complejo es el pasado que se juzga.

Naranjadas y aguardiente

Naranjadas y aguardiente

Recuerdo que mi padre recuerda que su padre desayunaba naranjas con aguardiente antes de ir a perseguir a los contrabandistas que, pagados por Juan March, alijaban en inaccesibles calas de la la acantilada costa de Cartagena. Zotares, la Parajola, los Boletes Grande y Chico, el Cigarrón, Cala Abierta y Cala Cerrada eran campo de juego para los hombres de ese señor que hoy da nombre a un poderoso banco español. Porque sí, la banca March comenzó así, con el contrabando, no sé si en la actualidad se dedicará a otra cosa.

Cuando oigo contar a mi padre estas historias inmediatamente me tiemplo por Córdoba y me salen los versos de ese cordobés universal que se llamó Luís de Góngora y Argote:

«Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno
y, en las mañanas de invierno,
naranjadas y aguardiente.
Y ríase la gente.»

Hoy, mientras compraba repuesto para prepararme un pisto, me he acordado —como es de razón— de mi padre y he pensado que a base de verduras solas no funciona el cuerpo humano de forma que, por mediación de mi padre y mi abuelo, he llegado de nuevo a Don Luís de Góngora y su poema y he recordado otra de sus estrofas, justamente la que dice:

«Coma en dorada vajilla
el príncipe, mil cuidados
como píldoras dorados,
que yo, en mi pobre mesilla,
quiero más una morcilla
que en el asador reviente.
Y ríase la gente.»

Y ha sido por eso que, sin perjuicio del superior criterio de mi amigo Aurelio, me he gobernado esta morcilla de cebolla, que me sabe a infancia y gloria, para que no ande el pisto solitario y murrio.

Y ríase la gente.

Divorcio a la babilónica

Divorcio a la babilónica

Al principio de este texto cuneiforme figura una lista de testigos que presenciarán el acto y, una vez nombrados, dice el texto:

«Ante los testigos arriba enumerados fue interrogado Aham-Nirshi:

—¿Es esta mujer su esposa?

Y él respondió:

Podéis empalarme en una estaca, podéis descuartizarme, pero no la quiero como esposa.

Eso fue lo que él dijo.

Entonces preguntaron a la esposa y ella respondió:

Amo a mi marido

Eso fue justamente lo que respondió.

Pero como él no estuvo de acuerdo, recogió el dobladillo del vestido de ella y lo cortó.

Los caballeros entonces le preguntaron:

Esta señorita vivía en la casa de tu padre y todo el vecindario conocía su estado civil. ¿Puede ella realmente apartarse de ti así?

¡Devuélvela al estado en el que vino a ti

Este texto mesopotámico recoge un acta de divorcio de la época y, en verdad, presenta unas cuantas cosas curiosas:

En primer lugar el juramento del demandante de divorcio “Empaladme en una estaca y descuartizadme pero no quiero seguir con ella”.

En segundo lugar la mansa —y yo creo que astuta— respuesta de ella “Lo amo”.

En tercer lugar el acto simbólico de cogerle el dobladillo del vestido a la señora, lo que indica que, si te querías divorciar, primero debías tomar clases de corte y confección y arrostrar el riesgo de que en el curso del arreglo a ella se le fuese el pie y tus piños se esparciesen por la sala.

Y lo cuarto la frase lapidaria de los testigos: “¡Devuélvela al estado que vino a ti!”, expresión que llevaba aparejada la obligación de indemnizar a la esposa en atención a que se suponía que una divorciada tendría más dificultades para contraer nuevo matrimonio.

Es curioso el poco derecho egipcio, sumerio, acadio, asirio o babilónico que estudiamos en historia del derecho donde, con mencionar a Hammurabbi ya parece estar todo hecho y, sin embargo, para cualquiera que tenga la curiosidad de leer la infinidad de contratos y actos jurídicos documentados en tablillas cuneiformes, ese período histórico no sólo es fascinante sino que, en muchos aspectos, nada tiene que envidiar al derecho romano que estudiamos nosotros.

Supongo que los jeroglíficos no se pudieron traducir hasta el siglo XIX y las tabletas cuneiformes hasta bastante después y eso ha hecho que la inercia académica las haya dejado al margen.

A nuestra imagen y semejanza

A nuestra imagen y semejanza

No fueron los dioses quienes hicieron a hombres y mujeres a su imagen y semejanza, por el contrario, fue la humanidad la que hizo a diosas y dioses a la suya.

La forma y los atributos de dioses y diosas han ido cambiando con las sucesivas civilizaciones y períodos históricos de la especie humana; analizar las características de estas diosas y dioses es, sin duda, una forma útil de analizar las características de los hombres y mujeres que los crearon.

Una de las características que me gustaría señalar hoy es la caracterización mayoritariamente femenina de las diosas de las primeras civilizaciones, dato este que, si se piensa un poco, es absolutamente natural.

La especie humana en los albores de la civilización desconocía muchas cosas aunque, si algo sabía con certeza, es cómo se generaba la vida y, para los seres humanos, la vida nacía siempre de una mujer. No es pues extraño que en su universo psicológico-simbólico vieran en una gran diosa madre el origen del universo y de todos los seres creados. ¿No era siempre una mujer quien daba la vida? ¿Quién, pues, sino una mujer podía ser la diosa primigenia?

Las estatuillas de diosas son hiperabundantes en esta época, las principales ciudades de estas antiguas edades (Catal Huyuk, Hacilar…) nos demuestran a través de vestigios arqueológicos la preeminencia de los cultos a deidades femeninas.

Incluso en el conocido poema épico de Gilgamesh la preeminencia de la diosa es todavía patente (estamos en el tercer milenio AEC) pues no sólo es una mujer (Innana) la diosa del cielo sino que es otra mujer (su hermana Ereshkigal) la diosa del infierno. En Egipto es Isis la que encarna este papel de diosa responsable de devolver la vida a Osiris y hacer posible la vida más allá de la vida terrena.

Las Innanas, Ishtar, Astarté, Ashera… forman una cadena ideológica de diosas que nos conectan con una época donde el papel de la mujer era muy diferente del que vino luego con Grecia y Roma.

En los más antiguos textos legales (disposiciones de Urukagina, rey de Lagash) aún se detectan vestigios de esta antigua situación. Urukagina, libertador de esclavos, protector de viudas y huérfanos sólo cometió un error al legislar: prohibió la poliandria, es decir, que las mujeres pudiesen casarse con muchos hombres a la vez. Esta prohibición trajo a Urukagina no pocos problemas.

¿Cómo se pasó de esta situación con un panteón lleno de diosas a un panteón lleno de dioses?

En mi sentir la hipotesis más plausible es la que señala al advenimiento de la agricultura como causa del cambio. Para un pastor el concepto de propiedad no existe, puede vagar por la tierra con sus rebaños o persiguiendo la caza sin que nadie le importune. Sin embargo la agricultura cambio esto como es fácil de entender. Si usted siembra una parcela de tierra usted no permitirá que los rebaños o las tribus pasen sobre sus sembrados, mucho menos dejará usted que recojan los frutos personas diferentes de usted. En usted ha aparecido el concepto de propiedad y esa propiedad la defenderá usted por la fuerza si es preciso.

La historia de Caín y Abel ilustra esta tensión entre agricultores y pastores y es bueno señalar que los dioses de los pastores y los de los agricultores difirieron. Desde que la agricultura se convirtió en la principal fuente de subsistencia humana era la propiedad y defensa de la tierra el valor superior. Los imperios se construyeron conquistando tierras y de esa cultura arranca el predmominio de los dioses sobre las diosas en los panteones: la diosa, dadora de vida, estaba en el origen de las cosas pero los dioses, señores de la muerte, empezaron a asaltar el panteón.

Para pueblos que vivían de la agresión no era extraño que sus dioses adoptasen la forma de un hacha o una cimitarra pero, en general, las culturas agrícolas fueron haciendo evolucionar su panteón hacia otro en el que los dioses que controlaban los fenómenos atmosféricos eran las deidades que más culto recibían.

Baal hacía llover y controlaba los rayos, otro tanto hacían Zeus y su trasunto romano Júpiter, incluso la lluvia era el semen con el que mls dioses fertilizaban la siempre femenina tierra y no hablaré de Yahweh porque eso da para un tratado.

Y visto esto ¿Qué podemos predecir que va a pasar en el cielo con los cambios tecnológicos habidos en el último siglo?

Parece evidente que la tierra empieza a importar muy poco como entenderá cualquiera que observe la llamada “España vaciada”, aunque a nuestro cro magnon neolítico le subleven unos cuantos metros como Gibraltar, y parece evidente que las deidades ligadas a ciclos agrícolas debieran ir perdiendo protagonismo. En nuestra cicilización es la cultura y el conocimiento las que determinan la preeminencia y el desarrollo, características estas que poseen por igual hombres y mujeres, dioses y diosas por lo que, una hipótesis plausible, es que la humanidad recupere cada vez más el viejo estatus de cooperación entre sexos de las más viejas culturas y no subsista el actual dominio del uno sobre el otro y los dejemos asexuados o tengamos que buscar algún nuevo sexo para los dioses/diosas.

Pero no voy a meterme en eso, supongo que ustedes me.disculparán.