Deliciosamente nauseabundo

Deliciosamente nauseabundo

Hoy he visto que en mi tienda de cabecera tenían colocado en lugar visible este queso y le he preguntado a la muchacha.

—¿Ese queso está bueno?
—Está en promoción. Esta hecho por ahí, por la parte de San Javier, creo que en Mirador.
—¿Queso en San Javier? No sé, no sé… Anda, dame medio queso que lo cate y mañana te doy mi opinión cualificada…

Yo, como soy vernáculo, de siempre he preferido la cabra a la oveja, por ser más rebelde, más montaraz, menos borrega y más de la zona; también valoro que el cuajo sea vegetal y de cardo, pues es la costumbre de esta zona y a mí las cosas me gusta que sean armónicas histórica, geográfica y culturalmente hablando.

Queso crudo de oveja en el Mirador… Me he temido lo peor, pero todos mis temores se han disipado al desenvolverlo y percibir un inconfundible olor a pies que hacía años que no sentía. La última vez que sentí este repugnante olor fue hace muchos años cuando mi primo Javier se quitó las calcetas tras jugar un partido de fútbol.

Por Zeus, el olor era maravillosamente nauseabundo y en la boca, mantecoso y sápido, una gloria.

He tenido que guardarlo bajo siete llaves consciente de que puedo zamparme todo el medio queso comprado de una sentada.

Joder con los de El Mirador.

“Ruperto” le llaman al queso. Voy a pedir que me presenten al jefe de marketing…

Los nombrecicos que les ponen ahora a los quesos.

Incapaces de soñar

Incapaces de soñar

Nací el 25 de febrero de 1961. El 12 de abril de 1961 la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) lanzó al primer ser humano al espacio y el 25 de mayo de ese mismo año el presidente John F. Kennedy anunció que antes de que acabase la década los Estados Unidos colocarían un hombre en la luna y lo devolverían sano y salvo a la Tierra.

De todo esto han pasado 60 años. Cuando yo nací la nueva frontera era el espacio y la humanidad buscaba su lugar en ella.

¿Por qué habrían los soviéticos de colocar seres humanos en órbita o los norteamericanos llevarlos hasta la luna?

Sé que ustedes me responderán que, en medio de la guerra fría, dominar el espacio era un objetivo estratégico demasiado evidente y sin embargo… Yo prefiero quedarme con la explicación que dio John F. Kennedy en su histórico discurso del 25 de mayo de 1961. Ir a la luna era algo tan disparatado e innecesario que resultaba absolutamente necesario para un país que veía como, por meses, su gran rival, la URSS, les ganaba uno tras otro todos los envites: Kennedy dio a los norteamericanos un objetivo común. El coste económico del proyecto, hoy día, es todavía difícil de imaginar.

Kennedy, además, tuvo el acierto de señalar la nueva frontera, la nueva tierra de promisión, que, al menos y durante las dos décadas siguientes sería el espacio hasta que, insensiblemente, fuese substituida por el ciberespacio, la nueva frontera donde, más prosáicamente apegada a la superficie de nuestro planeta, nos jugamos en este momento los derechos fundamentales de los seres humanos.

Más de sesenta años después volveremos a hacer lo que la humanidad hizo cuando yo solo tenía 9 años.

Ahora, que tengo 60, me gustaría ver que en mi ciudad o en mi país fuésemos capaces de fijarnos un objetivo común tan lejano e imposible como el que se fijo Kennedy. Porque sé que tenemos conocimiento, recursos y capacidad para llevarlo a cabo, y porque estoy harto de escuchar discursos sietemesinos de líderes que son incapaces ni siquiera de soñar.

Human beings apps

Human beings apps

Las aplicaciones con las que se programa el funcionamiento humano se llaman ideas. Ya sea la fe en dios o en su inexistencia, o la creencia en las patrias o en la necesidad de servir a su rey y «señor natural» (Cervantes dixit) las ideas son eficacísimas herramientas que dirigen y condicionan el comportamiento humano hasta extremos aberrantes: morir o matar por Alá, por la Patria o por tu Rey.

¡Por Dios, por la Patria y el Rey! comenzaba el vibrante himno carlista («Oriamendi»), haciendo un resumen de ideas por las que luchar, matar y morir. Si tales ideas no hubiesen provocado en España un siglo de guerras civiles (tres guerras carlistas y la civil de 1936 que no era sino un colofón a toda esta barbarie) nos admiraríamos de la insensatez humana pero no es el caso. Desde los primeros imperios del creciente fértil hasta nuestros días la gente mata y muere por ideas, desde la España del Siglo de Oro («Al Rey la hacienda y la vida se ha de dar…») a las contemporáneas matanzas de musulmanes en Myanmar.

Solucionar la cuestión de quién está en posesión de la idea correcta, históricamente, se ha llevado a cabo a través de la herramienta más inesperada: la fuerza. Fuerza que se ha convertido en guerra abierta cuando el choque ideológico ha alcanzado los más altos niveles. Ciudadanos que no tendrían razón alguna para odiarse —«a mí ningún vietnamita me ha hecho nada malo» se dice que dijo Mohammed Alí (Cassius Clay) cuando se negó a servir al elército USA en la guerra de Vietnam— se matan con crueldad extrema cuando de solucionar sus diferencias ideológicas se trata.

No desprecies, pues, las ideas por extrañas que parezcaan: una idea ampliamente compartida es un poder difícilmente mensurable.

Los hombres que ven en la fotografía son Serge Krotoff (33) un parisino con antepasados rusos, Paul Briffaut (26) un vecino de Niza desmobilizado pero que conservó orgullosamente su uniforme, Robert Daffas (37) un parisino que mira a la cámara, Raymond Payras (22) nacido en Ceylán (sin gorra en la fotografía)…

Todos ellos pertenecían a la 33 Waffen Grenadier Division de las SS «Charlemagne» una división del ejército alemán compuesta por voluntarios franceses férreos anticomunistas. La foto se tomó el 8 de mayo de 1945 cuando la guerra había terminado para ellos y las tropas norteamericanas que les habían capturado les entregaron a las fuerzas de la «Francia Libre» que mandaba el General Leclerc.

Se cuenta que Leclerc les encaró y les llamó «traidores» subrayando que vestían un uniforme extrajero y que, en ese momento, desde el grupo de soldados uno le contestó: «Usted también viste un uniforme extranjero: el americano».

Y así era, el General Leclerc vestía el uniforme de las fuerzas armadas norteamericanas que fueron las que equiparon a los hombres de la División Leclerc, entre ellos los de «La 9», republicanos españoles que también vestían uniforme americano.

Se cuenta, aunque no está probado, que fue el propio Leclerc quien ordenó el inmediato fusilamiento de estos doce hombres. Lo que sí se sabe es que, de cuatro en cuatro, fueron pasando ante el pelotón de fusilamiento y que, de frente a sus compatriotas, murieron cantando La Marsellesa y dando vivas a Francia.

Inevitablemente, lector, tú tomarás partido desde tus creencias actuales y juzgarás como acertadas unas ideas y no las otras y juzgarás como plausibles unas conductas y no otras.

Para quienes formaron los dos bandos de esta historia no había duda alguna: sus ideas eran las acertadas y por esto se sentían legitimados para matar y dispuestos a morir.

Y todos lo hacían “por Francia”.

Bitcoin y el cambio climático

Bitcoin y el cambio climático

Se debate con ardor en las redes la cuestión de si Bitcoin —y en general las criptomonedas— suponen una amenaza para el clima del planeta debido a su consumo de energía, una pregunta que, para ser respondida debidamente, exige una explicación inicial que nos conducirá a los fundamentos mismos del universo que conocemos.

Este es el momento para que usted deje de leer y se dirija directamente al párrafo final si quiere conocer mi opinión sobre el tema aunque, en mi sentir, el viaje intelectual que iniciaremos en el párrafo siguiente es mucho más interesante que la pregunta y la respuesta mismas, así que, si tienen un ratito libre acompáñenme en el viaje.

Lo primero que hemos de saber es que no existe información sin energía. Todo proceso informacional exige una generosa inversión de energía y hemos de recordar que toda forma de vida sobre la tierra es un proceso informacional. Así pues, no hay información ni vida sin un importante derroche de energía.

Para entender lo anterior en su exacta medida podríamos definir el universo como una realidad compuesta básicamente de tres elementos: materia, energía e información. Tres elementos cuyas interacciones nos permitirían explicar algunos interesantes fenómenos.

Desde que Ludwig Boltzmann sentase lls pilares de la termodinámica sabemos que en los sistemas la información siempre disminuye o, dicho a la manera del Boltzmann, que la entropía siempre aumenta. Esta afirmación, absolutamente cierta, encuentra excepciones locales —como nuestro planeta— donde la información aumenta (observen cómo la vida se reproduce y tendrán el ejemplo más palpable) a costa de un generoso derroche de energía.

Cómo la energía puede desarrollar procesos informacionales en la materia fue una cuestión tratada por el químico Ilya Prigogine quien recibió el Premio Nobel por sus trabajos sobre las estructuras disipativas.

Las estructuras disipativas constituyen la aparición de estructuras coherentes, autoorganizadas en sistemas alejados del equilibrio. Así dicho suena un tanto raro pero déjenme que se lo ilustre con un par de ejemplos de la vida ordinaria.

Piense, por ejemplo, en un lavabo lleno de agua. Aparentemente no podemos distinguir ningún rasgo de autoorganización, de información, en el agua remansada pero, si usted quita el tapón del lavabo, la fuerza de la gravedad pondrá en movimiento el sistema y espontáneamente aparecerán en el agua las espirales que tan familiares nos resultan. El desequilibrio provocado ha generado espontáneamebte información. Lo mismo sucede cuando usted pone al fuego una olla llena de agua: el calor aplicado en una parte de la olla y no en el otro genera las clásicas corrientes de convección en el agua que apreciamos claramente cuando la olla borbollonea.

La Tierra recibe generosas aportaciones de energía del sol y sobre su superficie aparecen procesos informacionales como el clima o… la misma vida.

Créanme, no hay información sin consumo de energía por lo que pretender que exista la más mínima señal de vida sin ella es pretender un imposible.

Es por eso que la pregunta sobre cuánta energía consume bitcoin en términos absolutos está mal planteada: todo proceso informacional (y todo lo que usted valora en la vida es informacional) exige un generoso gasto de energía, de forma que, lo mejor que podemos hacer es preguntarnos sobre el origen de esa energía, su impacto sobre los demás procesos informacionales que componen la vida en nuestro planeta y compararla con otros procesos humanos.

Enmarcada así la pregunta vamos a tratar de dar algunas respuestas.

De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad de Cambridge, el consumo de energía de la minería de Bitcoin se estima que se sitúa en torno a los 120 TWh anuales. La minería del oro, por contra, se estima que consume 240,61 TWh anuales, mientras que la banca tradicional consume 263,72 TWh anuales.

Pero, mucho más importante que el consumo de energía es el origen de la misma y la huella que deja en nuestro ecosistema.

Un estudio realizado por la CCAF señala que el 39% de la energía utilizada en el minado de Bitcoin proviene de las energías renovables y que el 76% de los mineros de Bitcoin utilizan también energías renovables. Estos datos deben servir a los “hodlers” de Bitcoin a entender por qué la retirada China del negocio del minado puede ser muy positiva para Bitcoin: el argumento de que la minería del Bitcoin provenía de energía dependiente del carbón pierde fuerza y la faceta de Bitcoin como una criptomoneda limpia aumenta su vigor.

La minería de criptomonedas consume apenas un 0,58% de la energía mundial —sensiblemente menos que las consolas de videojuegos— y de ella el 40% es renovable.

La pregunta, pues, de si Bitcoin es una solución climáticamente aceptable, con estos datos que le doy queda a su buen juicio.

Pizza day

Pizza day

No suelo comer pizza ni pasta por razones dietéticas: evito cuidadosamente las harinas refinadas. Es por eso que, como todo lo que se come pocas veces, resulta una fiesta en las raras ocasiones que se consume y, como ayer era el «Pizza Day» me pareció que muy bien podría darme la fiesta con unos cuantos compañeros y compañeras de aventuras criptográficas.

El Pizza Day conmemora la fecha en que se llevó a cabo la primera transacción comercial con Bitcoin: el 22 de mayo de 2010 un programador llamado Laszlo Hanyecz se compró dos pizzas de Papa John por 10.000 Bitcoin. Al precio actual de Bitcoin estas serían las pizzas más caras del mundo pues alcanzarían el nada despreciable precio de más de 300.000.000 de euros.

El Siglo XXI, apenas transcurridas dos décadas, tiene ya sus tradiciones y sus celebraciones que, aunque resultan menos profundas y ancestrales que las que apreciamos en la vieja Europa, nos remiten apenas diez años atrás a los oscuros momentos del nacimiento de una nueva tecnología.

Yo, por si acaso, me coloqué mi camiseta conmemorativa del nacimiento de otra tecnología que marcó mi infancia: la astronáutica. Una camiseta que me fue remitida desde el corazón de Rusia por una mujer a quien le gustaba leer mis post sobre mujeres rusas y a quien no olvido.

Cuando vas cumpliendo años sucede que se te acumulan los recuerdos, lo cual, bien pensado, es muy bueno: siempre tienes algo que celebrar.

A diez años del #15M

El negocio de los bancos es prestar dinero y parte fundamental de ese negocio es recuperar el dinero que prestan cuando no se les paga. Para ello el estado pone a su disposición toda una organización llamada «Administración de Justicia» que los bancos utilizan intensivamente.

Para cobrar sus deudas los bancos pueden utilizar cualquiera de los juzgados existentes en cualquier partido judicial de España; gozan de procedimientos específicos para que las cosas les sean más rápidas —ejecuciones hipotecarias— y entre todos los españoles pagamos con nuestros impuestos este último eslabón negocial de las entidades bancarias.

En cambio un ciudadano no va a un juzgado más de una o dos veces en su vida y, si es para demandar al banco por su hipoteca, debe viajar a la capital de su provincia y ha de usar, no un procedimiento especial y rápido como el banco, sino uno llamado “procedimiento ordinario”. Los juzgados, de paso, mientras cargan implacablemente y desde el minuto cero un 30% para intereses gastos y costas al pobre ejecutado, discuten y reducen las costas que han de percibir los consumidores por las tropelías del banco. Igualdad de trato llaman a eso.

Todo esto no es culpa de los bancos, esto es culpa de los sucesivos gobiernos que hemos ido votando que lo han tolerado y lo han fomentado. Que el gobierno sea de izquierdas o de derechas, para los bancos y al menos en este aspecto, no supone diferencia alguna.

Gracias a esto los bancos ven, no solo cómo les pagamos entre todos los pufos cuando los cometen, sino que, además, se regocijan viendo cómo entre todos les pagamos la cuerda con que ahorcarán a quienes tengan la mala fortuna de quedarse sin empleo.

Ese es el campo de juego en el que la sociedad va a jugar la partida de la crisis y, mientras se pregunta a quién podrá votar que no haga lo mismo que han hecho todos, trata de pensar cómo se enfrentará a un futuro inquietante.

¿Es que es imposible que algo cambie alguna vez?

Este año se cumplen 10 del 15-M.

Tener o no tener. Colombia en el corazón.

Tener o no tener. Colombia en el corazón.

Yo sé que ustedes se preguntarán qué es lo que estoy haciendo en Sevilla con un sombrero “vueltiao” en la cabeza. Dénme ocasión, antes de que opinen nada, a que les responda.

Hace muy pocos días me llegó desde Colombia (un país hermano que —como saben— enfrenta una situación dramática) este “sombrero vueltiao”; una prenda hecha con un tejido vegetal exclusivo, de muy laborioso y especializado trenzado y que es, por sobre todas las demás cosas, el símbolo nacional de Colombia.

Pues bien, ese afecto que venía envuelto en el sombrero necesitaba un agradecimiento específico de mi parte y como, por razones de trabajo, había de desplazarme a Sevilla me determiné a llevar a Colombia no sólo en el corazón sino también en la cabeza y fotografiarme frente al Archivo General de Indias con él. ¿Por qué el Archivo General de Indias?, bueno… porque en ese lugar es donde aún hoy día lloran los originales de aquellas viejas Leyes de Indias que, dictadas para proteger a los indígenas, jamás se cumplieron desde entonces hasta hoy, condenando a un país rico y hermoso a vivir las dramáticas situaciones de desigualdad que están en la base de los disturbios que, tristemente, vive hoy día ese país hermano.

Yo tenía una deuda de afecto con mis amigos y compañeros de Colombia y, aunque sé que nunca podré pagársela cumplidamente, déjenme intentarlo hoy.

Escribo estas líneas en la más vieja taberna de Sevilla, una casa de comidas abierta ya en 1670, y que se encuentra a apenas unos cientos de metros del lugar donde estuvo la cárcel en que un Cervantes preso gestó la más inmortal de sus obras; esa obra que nos enseña que no existen más que dos razas en el mundo que son la del tener y la del no tener.

Los españoles lo sabemos bien. Los árabes que llegan en yate de lujo son protegidos por el estado y hasta son amigos de reyes eméritos, en cambio, los árabes que llegan en patera o lancha neumática son inmediatamente ingresados en centros de detención. No hay nada que les haga diferentes a unos de otros, simplemente pertenecen a razas diferentes, unos a la raza del tener y otros a la del no tener.

Dicen los evangelios que pobres siempre los habrá, lo que no dicen los evangelios es que siempre hayan de ser los mismos y en Colombia, como en otros muchos países, los indígenas han sido siempre unos de los integrantes habituales de la raza del no tener.

Por eso esta tarde yo tenía que tomarme una foto frente al Archivo General de Indias y por eso, ahora, estoy escribiendo estas lineas a unos pocos centenares de metros donde estuvo la prisión en que encerraron a Cervantes.

Elon y Vitalik: una fábula del siglo XXI

Elon y Vitalik: una fábula del siglo XXI

Probablemente conozcas a Elon Musk (50 años, Pretoria, Sudáfrica 1971) el mítico empresario cofundador de PayPal, SpaceX, Hyperloop, SolarCity, The Boring Company, Neuralink y OpenAI. Es director general de SpaceX, de Tesla Motors, presidente de SolarCity y copresidente de OpenAI.

Muy probablemente a quien quizá no conozcas es a Vitalik Buterin (27 años, Kolomma, Rusia) un programador y escritor ruso, conocido principalmente por ser el cofundador de Ethereum y de Bitcoin Magazine.

¿Por qué les menciono a ambos? Bueno, pues porque ayer se produjo un suceso que quizá pase a los anales de la historia de la nueva economía digital, les cuento.

Ambos personajes son firmes defensores de las criptomonedas (digámoslo así) aunque su aproximación a ese mundo se ha producido de formas muy diferentes.

Para Vitalik Buterin, un superdotado fanático gamer de World of Warcrafts, el hecho de que le cambiasen un aspecto de ese juego que él adoraba le llevó a reflexionar sobre los sistemas centralizados y descentralizados de forma que, en 2011, se apasionó com Bitcoin, uno de los mejores ejemplos de sistema que no puede ser controlado por ninguna autoridad central. Su capacidad y trabajo le llevaron a ser cofundador de la gran alternativa a Bitcoin, la programable y mucho más flexible Ethereum, una plataforma sobre la que se ha construido todo el mundo de las finanzas descentralizadas y la auténtica alternativa a las economías con dinero neolítico en las que ahora vivimos.

La aproximación de Elon Musk al mundo de las criptomonedas fue bien diferente pues su acercamiento se produjo como consecuencia de su actividad empresarial. Si para Vitalik el mundo del blockchain era una filosofía para Elon sólo parecía ser un negocio.

En estos últimos tiempos, a poco que hayan seguido las noticias de este criptomundo loco, habrán sabido que Elon Musk, ya afincado en los USA, compró para su fábrica de coches eléctricos Tesla una cantidad brutal de Bitcoins que le hicieron ganar muchísimo más que la fabricación de coches pero, sobre todo, le habrán oído hablar de «Dogecoin», una criptomoneda que no es sino un meme de un perro (el japonés Shiba Inu) y a quien sus propios creadores califican de broma, haciendo que una comunidad de “believers” compren ese truño digital y hagan subir sus precios sin fundamento. Muchos se han hecho millonarios con Dogecoin y muchos otros no han dejado de frotarse los ojos al ver como aparecía un nuevo fenómeno: el “pumpeo”. Bastaba con que comunidades de Reddit decidiesen empujar al alza la cotización de una acción (fue el caso de GameStop) para que estas fuesen “to the moon” produciendo ganancias brutales a los listos que estuvieron en la base de ese “pumpeo”.

Elon ha hecho algo muy parecido con la moneda meme “Dogecoin” y se ha convertido en el principal “pumpeador” de la criptobroma. Sin embargo legiones de personas siguen sus palabras como quien sigue un oráculo divino y una sola frase suya sirve para hacer subir Dogecoin a las nubes o hacerla caer, como recientemente, hasta un 30%.

Pues bien, hace unas semanas comenzó a correr por las redes el rumor de que Elon Musk podría hablar de otras monedas relacionadas con perros y así los “believers” y los especuladores —no es ilegítimo especular con conductas ajenas— comenzaron a comprar una caterva de criptomonedas relacionadas con perros: Shiba Inu, Akita Inu, Kishu Inu, Hokkaido Inu… a la espera de que Elon Musk hablase. Y Elon Musk habló y se produjo el milagro: la cotización de los criptoperros se disparó a la luna.

Pero, mientras Elon Musk brillaba desde Estados Unidos en programas “prime time” de la TV, Vitalik Buterin simplemente trabajaba en sus proyectos desde Zug, Suiza, su actual residencia.

Los creadores del criptomeme Shiba Inu, la pricipal de estas “Altdogcoins”, habían construido su moneza sobre Ethereum (la red fundada por Vitalik) y habían colocado el 50% de las criptos a su nombre pensando que, de esta forma, su acción ganaría “momentum” publicitario, o se produciría una escasez inducida que hiciese subir los precios o… Vaya usted a saber.

El “pumpeo” mediático de Elon Musk se produjo y los criptoperros comenzaron a subir como cohetes y, de no valer nada de nada, pasaron a multiplicar su casi insignificante valor de forma brutal.

Elon Musk había hecho ricos a muchos “believers” pero, sobre todo, había hecho inmensamente rico a Vitalik Buterin. El mundo de los believers, la especulación y el juego era feliz, pero Vitalik no tanto. Aunque inmensamente rico toda esta actividad estaba haciendo subir el precio del gas en su amado “Ethereum” (Shiba Inu estaba construido sobre su red), un proyecto que de chiste no tiene nada y que está destinado a señalar el camino en que la economía mundial saltará de la Edad del Hierro al siglo XXI.

Y entonces, es decir, hace solo 11 horas, saltó la noticia: Vitalik Buterin, el multimillonario en Shiba Inus, había donado todas sus criptomonedas a entidades caritativas o sin ánimo de lucro. Desde fundaciones de Software Libre a organizaciones de caridad recibieron una inesperada lluvia de millones y esto produjo un efecto que ninguno de los “believers” de Elon Musk pensaba: el precio de los criptoperros cayó en barrena.

Asisto estupefacto a este espectáculo: no entiendo la frivolidad de Elon Musk, no entiendo la fe casi religiosa que tienen en él sus believers, entiendo a los especuladores que tratan de hacer negocio con toda esta locura, pero, sobre todo, lo que me reconforta es el mensaje que ha mandado a todos Vitalik Buterin: miren, no quiero eso, no es el dinero mi objetivo, yo juego a la grande.

Quizá este oscuro episodio se olvide o quizá ni siquiera llegue a ser conocido, pero a mí me parece ilustrativo y didáctico —por eso lo escribo aquí— y, aunque ustedes me discutan si lo es o no lo es, lo que nadie podrá negarme es que hoy, muchas entidades sin ánimo de lucro y muchos pobres están muy contentos.

Deseos inconfesables

Deseos inconfesables

Mi amigo Pedro de Paz es poeta, y de los buenos. El tío escribe bien y lo mismo te urde una novela que te hilvana un serventesio y el jodío todo lo hace con arte. Pero yo no quería hablarles de eso.

Yo de lo que quería hablarles es de que, cada vez que lo veo, me acuerdo de uno de mis más inconfesables deseos: a mí me hubiese gustado ser guapo y estar muy bueno.

Pero no guapo de eso de decir, oye qué guapo, no, guapo de esos que cuando entran en el bar las mujeres se mandan whatsapps diciendo ¿has visto a ese cordero de dios que siembra el pecado en el mundo?

Guapo no de arreglarse o ponerse guapo, no, sino guapo como esos artistas de Hollywood que, hasta cuando se les descompone el vientre por la noche y van al retrete, están guapos los jodíos. Miren, hasta cuando Paul Newman se iba de vareta, estaba guapo el cabrón.

Pero no pudo ser, las hechuras no salieron buenas y, en vez de dedicarme a estar bueno, hube de dedicarme a la literatura. Ya saben, metáforas, sinécdoques, sinestesias… (abre los ojos, María, que quiero escuchar el mar…) Esas cosas con las que, los que vamos al retrete con muy mala cara, nos vamos apañando y nos sirven para ir tirando.

Yo tengo condición de poeta, pero no por facultades, inteligencia o vocación, sino porque no me queda otro remedio; y, como sé que ir al gimnasio tampoco va a cambiar mucho las cosas, pues estudio historia sumeria, termodinámica o blockchain, que, aunque no me van a mejorar los abdominales, me entretienen mucho más. Los abdominales, si eso, ya luego los cuido con algún potajico con su vino tinto acompañante.

Por eso, cada vez que veo las fotos de mi amigo Pedro de Paz me pregunto: ¿Qué necesidad tendría este hombre de hacerse poeta y encima de los buenos?

Hay gente que lo quiere todo, que son unos gomias y que, esto es lo peor, encima son mis amigos, los aprecio, los valoro, y no puedo cantarles las verdades del barquero.

Maldita sea.

La peor clienta de un abogado

He escrito mucho sobre mujeres duras y sufridas en la paz y en la guerra, sin embargo, hoy, escuchando la radio me he dado cuenta de que la estirpe de mujeres más duras que conozco reinó en la España de los años 40 y 50. Eran inevitablemente andaluzas y lo mismo trabajaban en un burdel donde regalaban servicios a los hombres con ojos verdes, verdes como la albahaca, que se llevaban por delante a quien hiciera falta si ellas juzgaban que les habían faltado a lo que no había que faltarles. Mujeres duras pero sentidas, habitualmente iban armadas y eran peligrosas. El metaverso femenino de Rafael de León parece imposible que pudiese prosperar en la beatísima España franquista pero lo hizo y con fuerza inaudita.

Estas mujeres solían cantar o trabajar en cafés de marineros («En Cái tiene La Bizcocha un café de marineros») si no es que trabajaban en sitios peores («Apoyá en el quicio de la mancebía…), despreciaban a los hombres («le habló primero a un tratante y luego fue de un marqués, que la llenó de brillantes de la cabeza a los pies») a los que abandonaban siempre por algún petimetre de ojos bonitos que las hacía perder la cabeza. No las movía el dinero, ellas eran, como dije, duras pero sentidas, y tenían una enfermiza inclinación romántica que las llevaba siempre a enamorarse de quien no debían y a meterse en unos líos de los que no eran capaces de salir más que apuñalando a alguien.

Estas mujeres, como abogado, son, sin duda, las peores clientes del mundo aunque, si me dan a elegir, la peor de todas es sin duda «Lola Puñales». Su historia es bastante estándar y la recoge el autor en la primera parte de la canción que dice así:

Entre la gente del bronce
que cantaba y que bebía
brillaba Lola Puñales.

Era una rosa morena
que a los hombres envolvia
igual que a los vendavales.

Vino primero Don Pedro, un marqués
enamorao y galán,
pero la Lola, con mucho saber,
lo desprecio por Don Juan.

Y asi la Puñales,
perdiendo y ganando,
trataba a los hombres
de mala manera,
hasta que una noche
la fueron matando
los ojos de un hombre
que dijo a su vera:

¿Quien ha encendido esa hoguera
en tus ojeras
de petenera
Lola Puñales?
y aunque no sufras dolores
prendes de amores
a los mejores
y mas cabales.

Sin saber cómo ni cuándo
tú te vas a enamorar,
con el fuego estas jugando
y te tienes que quemar;
y verás entraña mia
lo que son ducas mortales
cuando llores de agonía
y te den las claritas del día
sin dormir, Lola Puñales.

Hasta ahí todo normal, la Lola caantaba, bailaba, bebía y despreciaba marqueses y tratantes como la Zarzamora hasta que, claro, aparece el petimetre de ojitos bonitos y la muy zopenca da en enamorarse de él. Veamos como lo relata la canción:

Con fatiguitas de muerte
y dolores de agonía
lloraba Lola Puñales,
porque aquel hombre moreno
se llevo pa toda la vida
la rosa de sus rosales.

Mucho “te quiero” y “me muero” mujer
mucho “te juro por Dios”
y, si te vi no me acuerdo, después
de que en sus brazos cayo.

Corrió como loca
buscando la reja
en donde de otra
los besos bebía.

Y un grito de muerte
se oyo en la calleja
mientras que unos ojos
quedaban sin vida.

La Lola, como ven, no estaba para bromas. El ojitos bonitos le había tomado el pelo y eso la Puñales lo solventaba tirando de oficio. Nocturnidad, alevosía y puñalada en la femoral, cuatro litros de sangre sobre el empedrado y asunto resuelto.

Y ahora es cuando a usted le toca ser abogado o abogada de oficio de «La Puñales», prepara usted eximentes completas e incompletas, atenuantes, los celos, el arrebato, la obcecación… Y llega La Puñales, la pasan ante el juez y, según la canción larga lo que sigue:

«Vayan los jueces pasando
vayan firmando
que esta esperando
Lola Puñales.

(Chula la investigada)

Que no me importa la pena
ni ir a la trena
que estoy serena
y en mis cabales.

(A tomar por saco toda eximente o atenuante)

Lo maté yo a sangre fría
por hacer burla de mí
y otra vez lo mataria
si volviera a revivir.

(Y ahora a tomar por saco cualquier arrepentimiento ni zarandaja parecida, La Puñales, a lo que se vé se quedó a gusto y se refocila en su contumacia.)

Con que apunte el escribano (LAJ)
al causante de mis males,
por jurar cariño en vano

(Si al juez le faltaba un móvil ya se lo da ella)

sin siquiera temblarle la mano
lo mató Lola Puñales».

A estas alturas, usted, su abogado o abogada de oficio o está llorando sobre los formularios de solicitud de la justicia gratuita o está llamando a su mamá en busca de ayuda.

Sí, sin duda la Puñales es la peor cliente posible de un abogado. Afortunadamente aquella estirpe de mujeres se extinguió el siglo pasado, justo cuando la democracia y la libertad llegaron a nuestro país.

Sin embargo, a mí, las radios de madera y cretona de mi infancia me cantaron muchas veces historias de estas mujeres a las que yo, insensatamente, admiré… y, aunque ya no quedan, alguna vez en mi carrera profesional me he encontrado con alguna. Duras pero sentidas y de navaja en mano, quizá alguna vez escriba yo esa historia.

Les dejo con una interpretación moderna de «Lola Puñales» para que tengan una idea aproximada de cómo sonaba.