Las respuestas son…

Las respuestas son…

Hoy he planteado dos encuestas en tuíter relacionadas con la festividad del 12 de octubre; la primera en relación a cuál era la bandera que arbolaban los barcos de Colón este día y la segunda sobre el origen de la dotación que las tripulaba. La participación ha sido grande y lo agradezco, el acierto ya, quizá, sea otra cosa.

1. La bandera de las carabelas

La verdad que no es fácil saber con exactitud cómo era la bandera que arbolaban las carabelas que llegaron a América el 12 de octubre de 1492 aunque el propio Colón, en su diario, las describe así:

«Sacó el Almirante la bandera real y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una Y: encima de cada letra su corona, una de un cabo de la cruz y otra de otro.»

Así pues los navíos arbolaban banderas «de la Cruz Verde» con una F y una Y. Cómo era la cruz (de qué tipo era) es algo que no nos dice y que, por ello, merecería la pena investigar. Algunos quieren que la cruz sea de Malta, (supongo que por darle un toque templario), otros la pintan como si fuese del tipo “de la Orden de Cristo” lo que parece absolutamente fuera de lugar pues era propia de los portugueses, en Estados Unidos, por su parte, es muy popular en el «Columbus Day» una especie de cruz florenzada, mientras que, en la iconografía española, abunda la cruz patada (cruz cuyos brazos se van estrechando según se acercan al centro).

¿De qué tipo era la cruz y por qué? Es un magnífico tema de investigación que, yo, desde luego, no he llevado a cabo y, por lo mismo, no puedo decirles cuál de todas estas banderas que les muestro es la exacta.

Aunque créanme, hoy que se me han llenado mis time lines en redes sociales de banderas de los más variados colores, mucho más importante que saber que la bandera del descubrimiento era una parecida a esta que les muestro, es reconsiderar el uso que hacemos los seres humanos de los símbolos y su significado.

Así pues, feliz día verdiblanco de la hispanidad y, a todos aquellos que se han acercado a la respuesta correcta (que no sé cuál es como ya he dicho) les espero con el café asiático y todo el Mediterráneo dispuesto. Un saludo.

2. La composición de las tripulaciones

Por lo que respecta a la pregunta sobre los marineros y las comunidades autónomas ninguna de las respuestas que he ofrecido como posibles es absolutamente exacta.

Sin ninguna duda tras los andaluces los vascos fueron los tripulantes más numerosos y, entre marineros y grumetes, superaban el número de 7 (recordemos que una carabela tenía entre 18 y 25 tripulantes aproximadamente). Llaman la atención los tres marineros que aporta la villa de Lequeitio, los dos de la actual Ea y los que simplemente se sabe de ellos que son «de Vizcaya».

Cantabria aporta al menos 3 marineros, los tres de Santoña, pero Castilla (en concreto Segovia) también pone —probablemente— 3 entre los cargos y burócratas que embarcaron con Colón.

No se conoce que en la expedición viajase ningún catalán, gallego, canario, extremeño, asturiano o balear, aunque no se puede descartar dado que hay un buen número de marineros cuyo origen se desconoce.

Como curiosidad añadir que, en la Santa María, viajaba Diego, un pintor murciano que supongo iría como «fotógrafo» del viaje y, en toda la flota, no menos de cinco criminales.

Por cierto: ningún marinero se llamaba «Rodrigo de Triana» aunque Colón sí lo menciona en su diario del día 11 como la perdona que, desde La Pinta, gritó tierra; de forma que, si quieren entretener la tarde del domingo, pueden dedicarla a averiguar el nombre auténtico del tal Rodrigo, un hombre con una vida, ya se lo adelanto, misteriosa y apasionante.

Así pues, cuando decimos que el descubrimiento fue una empresa española estamos diciendo también que fue una empresa en la que andaluces, vascos, cántabros, castellanos y hasta dos italianos (un genovés y un calabrés) y un portugués (de Tavira) cooperaron con un tal Cristóbal Colón, un sedicente genovés a quien jamás se le oyó hablar ni escribir en italiano a su hermano o familiares.

Quizá el misterio sobre la patria de Colón permita incluir a todas las patrias en la gesta.

El faraón Sneferu y las jóvenes remeras

El faraón Sneferu y las jóvenes remeras

Hoy, no sé por qué, me he acordado de Lola Flores y del lío que montó durante un programa de televisión en directo porque, mientras bailaba, se le había caído un pendiente y ella, sin pudor ninguno, paró la actuación y se puso a buscarlo por el escenario. El pendiente era valioso y «La Faraona» no estaba dispuesta a abandonarlo, estuviese presente la televisión o el «sursum corda».

Naturalmente acordarme de «La Faraona» y venir a mi memoria el antiguo Egipto ha sido todo uno.

Los textos antiguos nos hablan de fenómenos de naturaleza milagrosa con la naturalidad con que nosotros referiríamos una operación con rayos láser. No fue Jesucristo el primero en resucitar muertos, antes que él, por ejemplo, el profeta Elías había resucitado a una joven en un milagro que es tan idéntico al relatado por los evangelios siglos después que, incluso los más reputados autores católicos, han puesto en duda su autenticidad. El apócrifo de los «Hechos de Pedro» nos presenta a Simón el Mago levitando y volando frente a Nerón e incluso compitiendo en levitaciones con el mismísimo Pedro y ello por no mencionar al bueno de Moisés separando las aguas con su bastón y haciendo pasar «a pie enjuto» a todo el pueblo elegido por en medio de las aguas.

Bravo milagro es este de separar las aguas pero no tan bravo como para que no hubiese sido realizado antes y, muy probablemente, por la cabezonería de una antepasada de María Dolores Flores Ruíz, «La Faraona».

Cuenta un viejo papiro egipcio (Westcar Papyrus) que, estando aburrido una tarde el Faraón Sneferu, uno de sus magos, Djadjemankh, le sugirió que, para entretenerse, reuniese a 20 bellas jóvenes que ejercieran de remeras de su nave real y se dedicase a navegar con ellas por el lago.

La «ideica» del mago Djadjdemankh le gustó al Faraón quien mandó inmediatamente construir unos remos la mar de trendys y ergonómicos para las remeras y vestirlas con unas redes todo molonas sin duda diseñadas por algún sastre egipcio con inclinaciones fetichistas.

Estaba ya todo preparado para darle unas vueltas al faraón cuando a una de las remeras se le cayó una joya (un «colgante», quizá un pendiente) al lago. El tal pendiente representaba un pez y era tan valioso que la remera (sin duda tatarabuela de Lola Flores) dijo que allí no remaba nadie hasta que no apareciese la joya. El resto de las remeras, viendo la justicia de la reclamación de Lola, le dijeron al faraón que allí, o se encontraba la joya, o iba a tener que remar su señora madre faraónica, pero que ellas no.

Sneferu, que era un faraón poderoso pero que, a lo que se ve, estaba acojonado por el plante de las veinte vírgenes, acabó pidiendo ayuda a Djadjdemankh (juro que no vuelvo a escribir este nombre) y este, viendo que era más sencillo hacer un milagro que calmar a aquella horda, decidió abrir las aguas del lago y a pie enjuto buscar la joya perdida hasta dar con ella, restituirla a su dueña y que todo el mundo quedase contento.

Nihil novum sub solem, escribió el autor del Eclesiastés y, sin duda, tenía razón: ni Moisés fue el primero en separar las aguas ni Lola Flores la primera en montar un espectáculo para buscar un pendiente.

Loado sea Ra.

La Polka Frutera

La Polka Frutera

Cuando yo era un chaval casí no habían receptores de FM y toda la radio que se escuchaba era Onda Media. En los años 60 y 70 no era extraño que, sintonizando la radio, te saliese con toda potencia una emisora marroquí con música en árabe. Hoy me he acordado de eso porque he visto a un moro de mi calle cantiñeándose y me he acordado que a mi abuelo —el cual tenía un pésimo oído y cantaba muy malamente— le gustaba sintonizar las emisoras de Marruecos y escuchar canciones de los moros que a él le parecían prodigios artísticos.

De la música mora inmediatamente he saltado a la música canaria porque, en la segunda mitad de los años 70, había una emisora que se escuchaba potentísima en Cartagena, mucho mejor que cualquier emisora marroquí y con toda nitidez. Emitía por las noches desde Argelia (Argelia está casi enfrente de Cartagena) y se autodenominaba «La Voz de Canarias Libre».

No sé por qué razón a mis compañeros de colegio y a mí nos dio por escuchar esa emisora por las noches. Sus emisiones eran inolvidablemente delirantes. La voz de un hombre soltaba lacónicamente…

—Aquí La Voz de Canarias Libre, emisora del MPAIAC

E inmediatamente sonaba la sintonía, la inolvidable Polka Frutera de Los Sabandeños, que les dejo en el enlace de abajo.

Me aficioné al folcklore canario, aprendí a cantar y tocar isas, folías y demás suertes de la música canaria, pero siempre tuve en mi memoria esta polka y las enloquecidas emisiones de La Voz de Canarias Libre.

—Unos camaradas guanches han arrojado dos cócteles molotov en la sede del gobierno civil godo. Lamentablemente no han explotado.

Yo escuchaba aquellas barbaridades y pensaba que aquel sujeto estaba loco de atar.

—Agua de Solares para los peninsulares.

Luego supe que, allá por 1978, unos sicarios vinculados a los servicios secretos españoles le habían apuñalado tres veces en oscuras circunstancias. En 1977 terroristas del MPAIAC habían colocado una bomba en el aeropuerto de Gando que obligó a desviar el tráfico al aeropuerto de Los Rodeos. La densidad del tráfico generado por ello y las malas condiciones climatológicas propiciaron el mayor accidente aéreo de la historia de España con 583 personas fallecidas. El 23 de febrero de 1978 murió un Tedax tratando de desactivar una bomba del MPAIAC en la Universidad de La Laguna y en abril de ese mismo año ocurrió el suceso de las puñaladas. El Estado fue condenado a pagar a Antonio Cubillo —que así se llamaba el hombre— una indemnización, pero ya nunca nada volvió a ser igual y La Voz de Canarias Libre se apagó.

Así vivíamos la transición. Los servicios secretos no siempre estaban al lado del gobierno y en muchos casos estaban relacionados con gente del «búnker» inequívocamente golpista, había grupos terroristas allá donde mirases y a izquierda y derecha los problemas se aliñaban con dinamita y amonal. Aprendimos que si los atentados se cometían con munición de 9mm parabellum los autores eran probablemente etarras o del Grapo. Si la munición era 9 mm «largo» entonces los autores eran previsiblemente ultraderechistas. Cosas inútiles que aprendes pero no olvidas.

A pesar de todo salimos con bien de aquella y tenemos vida y democracia para poder contarla. Al menos para que yo pueda contarles a ustedes como me aficioné al folcklore canario y por qué me acuerdo de la letra y la música de esta inolvidable «Polka Frutera».

Libertad

Libertad

Se dice que los griegos inventaron la política y que su primera forma de gobierno fue la monarquía, un sistema en el que gobierna un solo líder pero que, pronto, comienza a no poder ejercer un poder omnímodo pues, sobre todo en tiempo de guerra, precisa de la ayuda de notables cuando no del apoyo de cualquier persona capaz de empuñar armas, apareciendo así asambleas. A la monarquía, decían, solía sucederle una oligarquía; es decir, el gobierno de unos pocos. Los abusos de esta oligarquía solían exasperar a su vez al pueblo que, llevado al límite, se rebelaba y buscaba un jefe que colocar al frente del gobierno desbancando a la oligarquía establecida y, a este tercer régimen, le llamaron «tiranía»; si bien es cierto que tal palabra no tenía para ellos el sentido peyorativo que ahora tiene, pues su traducción más exacta sería «jefe» o «patrón».

Todas estas formas de gobierno fueron conocidas por los sumerios y todas estas formas de degeneración de los sistemas de gobiernos fueron por ellos experimentadas y es de uno de estos «patrones» o «jefes» de quien me gustaría hablarles: Urukagina de Lagash, el primer legislador conocido.

Urukagina accedió al poder con toda probabilidad como «jefe» o «patrón» de una revuelta del pueblo exasperado y sus medidas legislativas dejan muy claro cuáles eran sus objetivos al llegar al cargo de sumo regidor de la ciudad-estado de Lagash, en Sumeria. Corría el año 2.380 antes de nuestra era.

Urukagina trató de reducir las diferencias entre las clases sociales, disminuyó los impuestos, trató de anular prerrogativas que se habían atribuido el monarca y su familia, redujo los abusos por parte de los funcionarios, prohibió la explotación de las capas sociales inferiores, condonó deudas, combatió la corrupción y expidió el primer código legal registrado por la historia. Aunque aún no se conoce su texto, se sabe por referencias y citas encontradas, que el Código de Urukagina concedía exención de impuestos a los huérfanos y viudas; obligaba a la ciudad a pagar los gastos de los funerales; decretaba que los ricos debían pagar con plata sus compras a los pobres y prohibía obligarlos a vender.

Fue durante el gobierno de Urukagina de Lagash que se dio libertad a un gran número de esclavos y es en uno de los documentos redactados para certificar uno de aquellos hechos donde, por primera vez en la historia de la humanidad, aparece escrito el concepto, la palabra, «Libertad» (Ama-Gi, véase la ilustración que encabeza el post). Bastaría con esto para que el recuerdo de Urukagina fuese imborrable; su política de defensa de los desfavorecidos podría ser un estímulo para gobernantes pero su fama se vio empañada por… las mujeres y la moral.

A pesar de que protegió a viudas y pobres Urukagina al parecer cometió el grave error de prohibir la poliandría. Sí, en aquella época las mujeres de Lagash parece que podían casarse con varios hombres sin problema, cosa que, al parecer, no le parecía bien a Urukagina. Sus leyes prohibiendo la poliandria han dado lugar a que, desde ópticas actuales, se considere a Urukagina el primer represor de los derechos de la mujer (no se tiene noticia de que hiciese lo mismo con los hombres) y que su figura, lejos de ser aplaudida, esté puesta en cuarentena.

No tengo nada que decir en este punto salvo que son ustedes quienes tienen la última palabra en este caso: ¿fue Urukagina un defensor de los desfavorecidos, un opresor de la mujer o ambas cosas al mismo tiempo? ¿Qué opinión les merecen las reformas de Urukagina?

Me encantará leer sus opiniones, porque, al final, cada uno puede sostener su propia opinión sobre Urukagina y eso no es más que una consecuencia directa de un concepto que los sumerios legaron al mundo durante su gobierno: Ama-Gi («Libertad»).

La Virgen, el obispo y el clérigo tarugo

Tengo una amiga que quiere darse a la filología y ayer, casualmente, la vi muy aplicada leyendo y anotando el “Cantar del Mío Cid». La escena me reconcilió con el mundo, «aún queda gente así», pensé, y traté de pegar la hebra a cuenta de Bellido Dolfos o del famoso «huebos» que tanto se repite en la obra.

Lo del «huebos» es expresión sobradamente conocida pero, por ser de abolengo forense, debo aquí explicarme antes de seguir con mi historia:

La palabra «huebos» o «uebos» es un arcaismo desusado que deriva de la palabra latina «opus» (aunque hay quien sostiene otras teorías) y se popularizó a cuenta de la expresión forense «mandat opus» que, indicando la necesidad incontrovertible de una conclusión lógica, acabó dando lugar en castellano al castizo «manda huebos». Hacer, pues, algo «por huebos» es tanto como hacerlo «por necesidad», algo que está muy lejos del barbarismo soez «por cojones».

¿Ven como es bueno estudiar filología?

Pues bien, en el poema de Mio Cid esto de los «huebos» resulta muy llamativo pero a mí, ayer, me pilló el cuerpo con achaques de Mester de Clerecía y lo que me apetecía —y no me dio tiempo a hacer— era cercar a mi contertulia con unas cuantas cuadernas vías o tetrastrofos monorrimos que dicen los que de esto entienden.

Afortunadamente, en esta nuestra edad de hierro, lo que no puedes contar en directo puedes contarlo por whatsapp, de forma que hoy me he pertrechado de paciencia y me he dispuesto a concluir vía whatsapp la conversación de ayer; así que, aprovechando la hora de la siesta, le he mandado la siguiente misiva electrónica a mi contertulia:

«Tú que eres mujer de fe y aspirante a filóloga no puedes pasar sin leer y meterte en la mollera estos versos famosos del primer poeta conocido en lengua castellana. Nadie jamás ha explicado los milagros de la Virgen más claramente ni con menos melindres.

La historia es simple, había en aquellos tiempos medievales un clérigo seco de mollera y carente de letras (seguramente un cimarrón de Las Merindades) que la única misa que había aprendido a decir era la de Santa María, lo cual, naturalmente, era una vergüenza para el Obispo u ordinario del lugar.

Pero dejemos contar la historia al poeta:

Era un simple clérigo, pobre de clerecía
dicié cutiano missa de la Sancta María;
non sabié decir otra, diciéla cada día,
más la sabié por uso que por sabiduría.

Fo est missacantano al bispo acusado,
que era idïota, mal clérigo provado;
«Salve Sancta Parens» sólo tenié usado,
non sabié otra missa el torpe embargado.

Fo durament movido el obispo a sanna,
dicié: «Nunqua de preste oí atal hazanna.»
Disso: «Diçit al fijo de la mala putanna
que venga ante mí, no lo pare por manna.»

(Esto de que el obispo te llame «fijo de la mala putanna» es sabido desde antiguo que no augura nada bueno, así que allá que acudió el clérigo con toda su necedad y cagadito de miedo, según nos cuenta el poeta)

Vino ante el obispo el preste peccador,
avié con el grand miedo perdida la color,
non podíe de vergüenza catar contra’l sennor,
nunqua fo el mesquino en tan mala sudor.

Díssoli el obispo: «Preste, dime la verdat,
si es tal como dizen la tu necïedat.»
Díssoli el buen omne, «Sennor, por caridat,
si disiesse que non, dizría falsedat».

Díssoli el obispo: «Quando non as cïencia
de cantar otra missa nin as sen nin potencia,
viédote que non cantes, métote en sentencia,
vivi como merezes por otra agudencia.»

(Viendo el clérigo que le habían quitado el cargo por ser un tonto confeso —él mismo reconoció ser tonto al obispo— volvió sus ojos a la única que podía ayudarle, la Reina del Cielo)

Fo el preste su vía triste e dessarrado,
avié muy grand vergüenza, el danno muy granado;
tornó en la Gloriosa, ploroso e quesado,
que li diesse consejo ca era aterrado.

La madre pïadosa que nunqua falleció
a qui de corazón a piedes li cadió,
el ruego del su clérigo luego gelo udió:
no lo metió por plazo, luego li acorrió.

(La Virgen, a lo que parece, se tomó muy mal que el Obispo le tocase a su clérigo tarugo, no se sabe si por caridad o porque la había dejado sin una misa diaria)

La Virgo glorïosa, madre sin dicïón,
apareció’l al obispo luego en visïon;
díxoli fuertes dichos, un brabiello sermón,
descubrióli en ello todo su corazón.

Díxoli brabamientre: «Don obispo Lozano,
¿contra mí por qué fust tan fuert e tan villano?
Yo nunqua te tollí valía de un grano,
e tú ásme tollido a mí un capellano.

El que a mí cantava la missa cada día,
tú tovist que facié yerro de eresía;
judguéstilo por bestia e por cosa radía,
tollisteli la orden de la capellanía.

Si tú no li mandares decir la missa mía
como solié decirla, grand querella avría,
e tú serás finado hasta el trenteno día,
¡Desend verás qué vale la sanna de María!»

(¡Ole las vírgenes con salero! La Madre de Dios se lo explica clarito y en román paladino: Obispo Lozano, o le devuelves ya el cargo a mi clérigo el zoquete o de aquí a treinta días te escabecho. Es normal que, en esa tesitura, el obispo sufriese una súbita descomposición intestinal)

Fo con estas menazas el bispo espantado,
mandó envïar luego por el preste vedado;
rogó’l que’l perdonasse lo que avié errado,
ca fo él en su pleito durament engannado.
Mandólo que cantasse como solié cantar,
fuesse de la Gloriosa siervo del su altar;
si algo li menguasse en vestir o calzar,
él gelo mandarié del suyo mismo dar.

(Y tras el ataque de caguetosis del obispo, como vemos, todo volvió a la normalidad, el clérigo borrico a decir sus misas a Santa María y así hasta que se murió con placidez envidiable)

Tornó el omne bueno en su capellanía,
sirvió a la Gloriosa, madre Sancta María;
finó en su oficio de fin qual yo querría,
fue la alma a gloria a la dulz cofradría.

Y fin de la historia. La caracterización de los perspnajes —clérigo burro, obispo hipócrita y Virgen macarra— es de lo mejor que se ha despachado nunca en lo tocante a milagros.

Escribió estos versos el primer poeta conocido en lengua castellana; se llamaba Gonzalo y su patria era Berceo. Y ahora espero que, conociendo la identidad del poeta (si es que no la sabían ya todos desde el principio), comprendan ustedes que el esfuerzo desarrollado para escribir este post debe ser recompensado en la forma que Gonzalo, hace más de 800 años, nos dejó dicha:

Quiero fer una prosa en román paladino,
En qual suele el pueblo fablar a su vecino,
Ca non so tan letrado por fer otro latino:
Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.

He dicho.

Los Vengadores

Los Vengadores

«Señora Peel, nos necesitan», era el mensaje con el que solían comenzar los episodios de «Los Vengadores».

Sí, ya sé que para ti los vengadores son una caterva de superhéroes de cómic que andan por ahí dando saltos y perigallos, pero para mí no: para mí «Los Vengadores» eran John Steed (un sujeto que representaba la melancolía británica por el imperio perdido con sus bombín, su paraguas y sus trajes de estilo eduardiano) y sobre todo Emma Peel, una joven que representaba toda la creatividad británica de los 60, con trajes de cuero y capaz de darle una patada en la boca a Kareem Abdul Jabbar sin descoyuntarse la bisectriz.

Emma Peel era el ídolo de los niños y el oscuro objeto de una turbia fascinación de los padres. En una década en que el kárate o las artes marciales no eran muy conocidas Emma Peel largaba unas patadas de campeonato y propinaba a sus adversarios unas palizas morrocotudas. Al revés que su pareja en la serie, ella no usaba gadgets que, escondidos en el paraguas o el bombín, parecían inventados por el doctor Bacterio. Ella iba a lo positivo: patada en los riñones y a otra cosa mariposa.

Su «catsuit» de cuero, los elementos Op-Art de sus diseños, su estética trabajada por los mejores diseñadores de moda de la época (incluso Pier Cardin trabajó para ella) hicieron época y marcaron una tendencia estilística. La temática futurista y de ciencia ficción de la serie mezclada con elementos clarísimamente retro (coches de la primera década del siglo XX) crearon una estética ciertamente inolvidable.

Pero, sobre todo, a mí lo que me gustaba eran las patadas que largaba Emma Peel.

Emma Peel (un juego de palabras con la expresión M. Appeal —Men Appeal—) estaba encarnada por la actriz Diana Rigg, quién no sólo interpretó a Emma Peel en Los Vengadores sino que, en 1969, interpretó a la Condesa Teresa de Vincenzo, esposa de James Bond en la película On Her Majesty’s Secret Service (007 al servicio de su Majestad) y Olenna Tyrell, la Reina de Espinas, en la serie Juego de Tronos de 2013 a 2017. En teatro interpretó el papel de Medea, en Londres y Nueva York por el que ganó en 1994 el Premio Tony como mejor actriz principal en una obra de teatro fue reconocida con la Orden del Imperio Británico.

Como siempre su carrera no fue fácil. Después de llevar tiempo trabajando en Los Vengadores descubrió que su salario era inferior al del cameraman y se plantó: o le mejoraban su sueldo o se largaba. Diana, a esas alturas, era insustituíble en la serie y la productora hubo de tragar. Aquella joven inglesa de movimientos felinos era ya demasiado popular en norte América.

Ayer, por mi amigo Manuel Sánchez-Guerrero Melgarejo me enteré que, la siempre joven en mi memoria, Diana Rigg había fallecido; y no pude evitar que me embargase una cierta melancolía. Diana Rigg era una parte recordada de mi infancia de viajes espaciales, cultura pop y ciencia ficción y formaba parte de esas cosas que uno cree que siempre estarán ahí.

Descanse en paz, creo que no la olvidaré; ni a ella ni, claro, a las patadas en la boca que les cascaba a los malos.

Niyireth

Niyireth

Dicen que los de Bilbao nacen donde quieren pero no es verdad, los que nacen donde quieren son los colombianos y por eso Niyireth había nacido en Bilbao, una zona rural en Tolima, Colombia. Hija de campesinos sabía todo cuanto había que saber de cuidar ganado y, vecina como era de una región bajo la influencia de las guerrillas de las FARC, había hecho de las armas y del miedo unos viejos conocidos.

Logró con esfuerzo ser profesora de primaria y, como muchas colombianas, también fue madre soltera. Sabía quién era el padre pero —cuestión de orgullo— jamás le pidió nada y, como «más cornás da el hambre», cuando se le acabò el contrato de profesora lió el hato y se vino a España donde dio todos los campanazos que un inmigrante ha de dar para salir adelante de forma que, en cuanto pudo, se alistò en el ejército español.

He escrito mucho sobre mujeres valientes, frecuentemente rusas y hoy, mientras venía para casa, he sentido que quizá era un buen día para escribir de una española.

Fue mientras estaba destinada en Fuerteventura cuando a Niyireth Pineda Marín, la bilbaína de Tolima, se le presentó la ocasión de marchar voluntaria a Afghanistán y fue allí donde, el 27 de junio de 2011, acabó dándolo todo por la patria cuando una bomba terminó con su vida y la del sargento Manuel Argudín.

Así que, amigo, cuando vayas a hacer algún comentario a propósito de españoles, españolas, extranjeros o extranjeras, recuerda que a ti la condición de español te la regalaron al nacer mientras que otras se la han ganado a pulmón y, sobre todo, no olvides nunca que, las soldados de España como Niyireth, nacen donde les da la gana, incluso en Bilbao, Tolima, Colombia.

Esta va por la memoria de Niyireth Pineda, una soldado de España.

Traduttori traditori

Traduttori traditori

Hoy mi amigo Aurelio me ha hablado de la «travesía del desierto» que nos espera con esto del coronavirus y no he podido evitar reflexionar sobre si alguna vez existió esa «travesía del desierto» o si también sería una de esas cosas que los traductores de la Biblia nos colaron.

Me explico.

Para ponerles en situación debemos recordar cómo era el mundo civilizado cien años antes de que Cristo naciese.

Por aquellos tiempos y debido a la actividad guerrera de Alejandro Magno el mundo civilizado sufría un fuerte proceso de helenización. En Egipto los faraones ya no eran egipcios sino griegos, pues un general de Alejandro (Ptolomeo I Sóter) se había erigido barandenführer del país de las pirámides fundando una dinastía que concluiría cuando Cleopatra se alió con Marco Antonio en vez de con Augusto.

Al otro lado de Canaán las cosas no eran diferentes: un tal Seleuco, otro griego, tras no pocas peripecias, se había hecho con el gobierno de las tierras que rodeaban al Tigris y el Eúfrates y había fundado el imperio Persa Seleúcida. Los cananeos habían quedado adscritos a la provincia de Egipto (Ptolomeo) pero por las cosas de las guerras y los líos los Persas (Seleúcidas) se habían acabando adueñando del cotarro. En medio del lío unos zagales bastante corajudos de Israel, los Macabeos, se las ingeniaron para conseguir la independencia del pueblo elegido y de la tierra prometida a Abraham.

Prescindiré de contarles el interesantísimo lío que se montó cuando los zagales estos —los Macabeos— llegaron al poder, porque, nunca mejor dicho, sería un «Rollo Macabeo» aunque, créanme, si son ustedes cristianos, deben saber que los «Rollos Macabeos» forman parte de la Biblia Cristiana, mas no así de la Biblia Hebrea, que, de este modo, se ahorró una buena cantidad de papel.

Pues bien, para el año 100 antes de Cristo los judíos ya estaban dispersos por el mundo desde hace tiempo y, como hablaban griego, en muchos lugares, desde tiempo antes, empiezaron a pensar que lo mejor sería traducir la Biblia Hebrea al griego porque el hebreo empezaba a resultar incomprensible para muchos.

Quiere la tradición que, por instrucciones del faraón griego Ptolomeo II Filadelfo (284-246 a. C.), 72 sabios judíos enviados por el Sumo Sacerdote de Jerusalén, trabajasen por separado en la traducción de los textos sagrados del pueblo judío. Según la misma leyenda, la comparación del trabajo de todos reveló que los sabios habían coincidido en su trabajo de forma milagrosa. Y, tras esto, se montó un cirio de proporciones milenarias que ha llegado hasta nuestros días, porque, para los cristianos, esta traducción al griego de la Biblia (la llamada «Septuaginta») ha sido, mal que bien, la referencia oficial del Antiguo Testamento, mientras que, para los judíos, cualquier texto no escrito en hebreo o en arameo no merecía formar parte de la Biblia. Es por eso que la Biblia Cristiana y la Biblia Hebrea no coinciden del todo, pero no es ese el peor problema.

El problema más grave es que la traducción de los míticos setenta sabios parece que no es demasiado buena y es, por eso, causa de importantes follones en campos muy sensibles para los creyentes. Quizá el más conocido sea el problema de “la virgen”.

La idea de que el Mesías nacería de una virgen tiene su origen en un fragmento del libro de Isaías que, conforme a su traducción en la Septuaginta, dice:

«Por tanto el mismo Señor os dará señal: He aquí que la VIRGEN concebirá, y parirá un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel»
(Isaías 7:14)

Lo malo es que en la versión hebrea (masorética) la palabra «virgen» no aparece por ningún lado y el texto dice:

«La JOVEN ha concebido ”(harah)”, y tendrá [en unos meses] un hijo»

Toma candela, Manuela.

Lo más curioso del libro de Isaías es que es uno de los que conservamos copias más antiguas y fidedignas pues, entre los llamados «Manuscritos del Mar Muerto» hallados en Qumrán, se encuentra, virtualmente completo, el Libro de Isaías y si miramos también esta versión, no, de virgen no dice nada.

Si es usted creyente no se me enfade, yo sólo le estoy contando algo muy comprobado desde el punto de vista filológico: el Libro de Isaías no habla de ninguna virgen. Si usted, creyente, quiere seguir creyendo en el dogma de la virginidad no se preocupe, hágalo, en todo caso ¿Quién sabe si el cambio que introdujo en la Biblia la traducción al griego no fue inspirado? La fe lo puede todo, así pues que nadie se enfade conmigo, crean o no crean según les apetezca, yo solo digo lo que dicen los expertos: que en la versión original que tenemos de Isaías la palabra «virgen» no aparece.

Menos conocido, pero ya reconocido en algunas ediciones modernas de la Biblia, es el error de traducción en la narración del cruce del Mar Rojo (Éxodo) donde la versión griega, la Septuaginta, nos dice que los judíos cruzaron el «Erythrà Thálassa», literalmente «Mar Rojo».

Pues bien, eso de que cruzaron el «Mar Rojo» es algo que no se dice en ningún sitio en la versión hebrea porque, en esta, lo que Moisés y los israelitas cruzan no es el Mar Rojo sino el «Yam Suph» (יַם-סוּף) expresión que, nos pongamos como nos pongamos, no significa Mar Rojo.

Los israelitas, como buen pueblo de tierra adentro, para las grandes extensiones de agua solo tenían una palabra: Yam, y con ella designaban lo mismo un lago, que un río, que incluso el mar. Cuando se referían al Mediterráneo le llamaban el Mar Grande, los demás mares (el Mar Muerto, por ejemplo) los lagos y los ríos eran simplemente «Yam». «Suph» significa «juncos» con lo que la traducción exacta (y la admitida hoy mayoritariamente por los expertos) es que Yam-Suph significa el «Lago de los Juncos» sin que nadie acierte a saber de dónde se sacaron los setenta de Alejandría lo de «Mar Rojo».

Ya, ya sé que todo esto resulta molesto, ¿Quién puede imaginar a Charlton Heston interpretando a Moisés y cruzando un charco con juncos en vez del profundo Mar Rojo? O ¿quién puede imaginar una Semana Santa sin vírgenes? Una semana santa sin vírgenes no es semana santa ni es nada, de forma que, diga lo que diga la versión original de Isaías o del Éxodo, puede usted seguir creyendo —si le apetece— que Moisés abrió las aguas del Mar Rojo y no las de una charca y que, se pongan como se pongan los textos masoréticos, la Virgen es virgen y a llorar al muro.

Podríamos seguir disfrutando de esta especie de «teléfono roto» entre religiones y hablar de Moisés, de la leyenda de su nacimiento y abandono en el río en una cesta, o incluso de su interesantísimo nombre egipcio «MSS», pero ya falta apenas un cuarto de hora para las once y es tiempo de ir a dormir.

Y ahora que lo pienso… no he dicho nada de los 40 años vagando en el desierto. Bueno, supongo que hay tiempo para eso, por hoy ya estuvo bien.

Una cesta en el río

Una cesta en el río

Sargón de Akkad fue el primer emperador de la historia y gobernó la tierra entre el Tigris y el Eúfrates hace unos cuarenta y tres siglos. Creemos saber cómo era su rostro pues, probablemente, es el que se ve en la fotografía pero, mucho más interesante, conocemos cómo fue su nacimiento porque, él mismo, se encargó de contárnoslo. Quizá la historia les suene porque —de otro líder— 18 siglos después, nos contaron una historia parecida.

Leamos cómo nos cuenta el emperador Sargón su nacimiento:

1. Sargón, el rey poderoso, rey de Akkad soy yo,

2. Mi madre era humilde; a mi padre no lo conocí;

3. El hermano de mi padre habitaba en la montaña.

4. Mi ciudad es Azupiranu, que está situada a orillas del Purattu [Éufrates],

5. Mi humilde madre me concibió y en secreto me dio a luz.

6. Me metió en una canasta de cañas, me cerró la entrada con betún,

7. Ella me arrojó sobre los ríos que no me desbordaron.

8. El río me llevó, me llevó a Akki, el regador.

9. Akki, el irrigador, en la bondad de su corazón me sacó,

10. Akki, el irrigador, como su propio hijo me crió;

11. Akki, el irrigador, como me designó su jardinero.

12. Cuando era jardinero, la diosa Ishtar me amaba,

13. Y durante cuatro años goberné el reino.

14. Los pueblos de cabeza negra que goberné, goberné;

15. Montañas poderosas con hachas de bronce destruí (?).

16. Subí a las montañas superiores;

17. Atravesé las montañas más bajas.

18. Asedié tres veces la tierra del mar;

19. Dilmun capturé (?).

20. Subí al gran Dur-ilu, yo. . . . . . . . .

21. . . . . . . . . .Me alteré. . . . . . . . . . . . . . .

22. Todo rey después de mí será exaltado,

23.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

24. Que gobierne, que gobierne a los pueblos de las cabezas negras;

25. Montañas poderosas con hachas de bronce destruya;

26. Que suba a las montañas superiores,

27. Que atraviese los montes inferiores;

28. La tierra del mar le dejó asediar tres veces;

29. Dilmun lo dejó capturar;

30. Al gran Dur-ilu, déjalo subir.

Aunque la tablilla de barro está incompleta y hay trozos ilegibles el parecido con alguna historia posterior es curioso ¿No les parece?

Olesya Soldatova

Olesya Soldatova

Hoy, hace exactamente un año, recibí un regalo inesperado, uno de esos regalos con los que construyes los recuerdos que son el material de que está hecha la vida de una persona.

Facebook me lo ha recordado puntualmente pero, como siempre me debato en la duda de abandonar las redes sociales en beneficio exclusivo de este blog, creo que voy a salvar en él el recuerdo, por si algún día me da la ventolera.

El post de Facebook dice así:

«He escrito bastantes posts sobre mujeres en Facebook y, una buena parte de ellos, sobre mujeres rusas. Hoy, luego les explico por qué, voy a tener que escribir sobre otra mujer rusa que probablemente ustedes no conozcan. Se llama Olesya Soldatova y sé que no tiene Facebook.

Esta mañana, mientras trabajaba en mi despacho, me ha llamado un compañero de Murcia y me ha dicho que si podía verme, que tenía un encargo para mí. Me he quedado estupefacto y cuando le he preguntado qué era me ha dicho que tenía que entregarme una cosa. He salido del despacho, me he encontrado con él, hemos entrado en una casa de comidas para no cumplir el encargo en medio de la calle e, inmediatamente, me ha dado una camiseta. Pero la camiseta no era una camiseta cualquiera.

La camiseta estaba comprada en la localidad rusa de Uliánovsk (en ruso: Ульяновск) a orillas de los ríos Volga y Sviyaga en Rusia,unos 893 km al este de Moscú, y representa un dibujo del Sputnik-1 con la fecha conmemorativa de su lanzamiento el 4 de octubre de 1957.

Me he quedado estupefacto ¿por qué traía eso para mí?.

El compañero me ha hablado entonces de una mujer rusa, Olesya, de que conocía mi afición a la historia de la astronáutica, de que le habían contado las historias que yo escribía en mi blog sobre la carrera espacial y, sobre todo, las historias de mujeres rusas que pongo en él de vez en cuando y que Olesya, al ver la camiseta, decidió comprarla y hacérmela llegar.

Creo que no puedo explicarles la sensación de ternura y alegría que me ha embargado, no daba crédito a mis ojos, así que inmediatamente me he puesto la camiseta y me he tomado la foto que ven.

Y ahora a lo que importa: Olesya, quiero que sepas que esta es de las que no se olvidan nunca, sé que no vas a leer este post pero que, igual que acabaste pudiendo llegar a los post anteriores, estoy seguro que antes o después leerás o te leerán este. Un día he de agradecerte esto, te lo prometo por el traje de cosmonauta de Valentina Tereskhova. Hoy me has hecho feliz. Muchísimas gracias Olesya.

спасибо большое, Олеся Солдатова !!!!!»