El último defensor de Masadá

El último defensor de Masadá

El jovencito que ven en la foto se llama Matusalén, tiene unos 2000 años de edad y pertenece a una especie de palmeras extinguida hace quinientos años: la palmera de Judea.

Como bien saben en Elche la palmera puede ser la base de todo un sistema económico y la palmera de Judea era fundamental para la subsistencia de los cananeos en la época de Cristo; fue precisamente por ello por lo que los romanos se dedicaron a exterminarla minuciosamente a fin de sofocar las innumerables revueltas judías.

El último bastión judío en ser aniquilado, como todos ustedes saben, fue Masadá (¿por qué no repondrán esa maginifica serie de TV?), una fortaleza situada en una altísima meseta virtualmente inexpugnable para cuya toma, el ejército romano, hubo de construir una rampa de 100 metros de longitud que salvase un desnivel de otros 100 metros (para Jorge Campanillas un paseito en bici) por donde asaltar la fortaleza.

Tras siete meses de asedio los defensores de Masadá se suicidaron y los romanos tomaron la fortaleza cuando nada vivo quedaba allí.

¿Nada? No. Como en los viejos comics de Asterix un ser vivo judío todavía resistía al invasor: dentro de una jarra algún defensor de Masadá había guardado para el futuro unas semillas de Palmera de Judea.

En 1963 un arqueólogo —Yigael Yadin— encontró la jarra y archivó las semillas (¿cómo iban a sobrevivir 2000 años unas semillas?) hasta que, en 2005, Elaine Solowei, una botánica con más fe en la vida que Yigael, decidió plantar unas cuantas. Y, para sorpresa de todos, aquellas semillas de 2000 años, las últimas resistentes del asedio de Masadá, germinaron y de ellas nació la palmera que ven en la foto: un jovencito —era una palmera macho— al que llamaron, claro está, Matusalén.

El problema fue que Matusalén no tenía compañera y, como todo el mundo sabe, en el asunto de la reproducción un hombre solo no es capaz de hacer nada a derechas; pero, sucesivas excavaciones en Qumrán y otros lugares, trajeron a la luz nuevas semillas, varias de las cuales resultaron ser de hembras y el milagro se hizo: hoy la palmera de Judea vuelve a vivir tras haber resistido el asedio de Masadá durante más de 2000 años.

Sabemos de formas de vida capaces de viajar en meteoritos soportando las terribles condiciones del espacio exterior, conocemos pequeñas formas de vida, como los tardígrados, capaces de resistir condiciones inimaginables, y por eso, a mí, la noticia de estas semillas resistiendo milenios a un designio destructor me resulta muy inspiradora.

Tengo la intuición de que la vida es un fenómeno común en el universo y que, aunque las tremendas distancias existentes nos impidan contactar con formas de vida complejas, algún día nos encontraremos con algún tipo de forma de vida —por primitiva y simple que sea— en un entorno más o menos cercano. La ley de la evolución es implacable y sospecho que ningún ser vivo se habría adaptado a resistir viajes espaciales si tal entorno no le hubiese sido común en algún momento. Estas semillas de palmera, la última resistente de Masadá, nos cuentan con su vuelta a la vida que esta es mucho más resistente de lo que podemos llegar a pensar y que, cuando los seres humanos ya no existan, igual todavía Matusalén y sus compañeras siguen dando dátiles.

El combate de El Caney

El combate de El Caney

He visto que Pérez Reverte ha escrito esta semana un artículo sobre el combate de las Lomas de San Juan en la guerra hispano-norteamericana de 1898 pero he preferido no leerlo. No porque no me gusten los artículos de mi paisano sino porque yo, desde hace tiempo, he preferido guardar en mi memoria la descripción que, de una parte pequeña de dicho combate, hace un observador no español, un testigo presencial de los hechos, el Capitán Wester, agregado militar a la Legación Sueca y Noruega, observador privilegiado del combate ocurrido en El Caney y que lo narra de esta forma que ahora verán. Les ahorro sus comentarios estratégicos, las descripciones geográficas (les acompaño un plano de situación de las fuerzas en torno a Santiago aquel día) y paso a dejarle la pluma justo al principio de la acción. Lo que sigue son todas palabras de este observador neutral:

«El 1º de julio la división Lawton comienza su avance hacia El Caney; la confianza reina en el campo americano donde el único temor consiste en que el enemigo escape sin combatir; pero en El Caney, como se verá, están muy lejos de pensar así.

Las casas del pueblo han sido aspilleradas, se han abierto trincheras en un terreno pedregoso y el fuego de unas y otras es rasante sobre un espacio de entre 600 y 1.200 metros; en la punta nordeste de la posición, el fuerte de El Viso, guarnecido por una compañía, ocupa una colina desde la cual se dominan todos los aproches.

Los americanos se proponían envolver la posición española, para lo cual la Brigada Chaffee se dirigió desde el noroeste hasta El Viso, la de Ludlow, desde el suroeste hacia la desembocadura del camino que une El Caney con Santiago, mientras que una batería se colocó al este del pueblo y la Brigada Miles ocupa al sur Ducoureau, formando el ala izquierda.

Hacia las seis de la mañana comenzó el fuego de las trincheras españolas; de improviso se descubre sobre ellas una linea de sombreros de paja; inmediatamente el ruido de una descarga, seguido de la desaparición de los sombreros; esta operación se repite cada minuto, observándose una gran regularidad y acción de una voluntad firme, lo que no deja de producir una fuerte impresión en la linea de exploradores americanos. Las balas cruzan el aire, rasando el suelo, hiriendo y matando.

Poco tiempo después toda la Brigada Chafee se encontró desplegada, pero sin poder avanzar un paso y la de Ludlow también se vio detenida.

Mientras el fuego de la infantería aumenta progresivamente, la batería americana comienza a disparar. Como los españoles no cuentan en El Caney con un sólo cañón, el fuego puede hacerse con la misma tranquilidad que en un campo de maniobras: las piezas pueden hacer daño sin peligro alguno de recibirlo.

A los pocos momentos las granadas estallan por encima de las trincheras, alcanzaban las casas del pueblo y perforaban los muros de El Viso, proyectando los shrapnels su lluvia de plomo sobre la posición; mas, a pesar de todo, el fuego español se observa con igual continuidad e igual violencia.

Delante de El Viso se descubría un oficial paseándose tranquilamente a lo largo de las trincheras: fácil es comprender que el objeto de este peligroso viaje en medio de los proyectiles de que el campo está cruzado no es otro sino animar con el ejemplo a los bravos defensores: se le vio, de cuando en cuando, agitar su sombrero y se escuchaban aclamaciones. ¡Ah sí!, ¡Viva España!, ¡Viva el pueblo que cuenta con tales hombres!.

Las masas de infantería americana se echaban y apretaba contra el suelo hasta el punto de parecer clavadas a él, no pudiendo pensar en moverse a causa de las descargas que la pequeña fuerza española les enviaba a cada instante. Se hizo preciso pedir socorros y hacia la una avanzó Miles desde Doucoreau, entrando en linea a la derecha de Ludlow, y hacia las tres la cabeza de la brigada de reserva se desplegaba a la derecha de Chafee; pero en lo alto de las trincheras el chisporroteo de los Mausers se escuchaba siempre.

Por fin a las tres treinta y seis minutos la brigada de Chafee se lanza al ataque contra El Viso; pero queda al principio detenida al pie de la colina y no invade el fuerte sino después de un segundo y violento empuje. Los españoles ceden lentamente el terreno demostrando con su tenacidad en defenderse lo que muchos militares de autoridad no han querido nunca admitir: que una buena infantería puede sostenerse largo tiempo bajo el fuego rápido de las armas de repetición. ¡El último soldado americano cayó a apenas 22 pasos de las trincheras!.

Aunque la clave de la posición estaba conquistada, la faena continuaba. Yo seguí, con el corazón oprimido por la emoción, todas las peripecias de esta furiosa defensa y este brusco ataque.

(…)

Durante cerca de diez horas 500 bravos soldados resistieron unidos y como encadenados sin ceder un palmo de terreno a otros 6.500 provistos de una batería y les impidieron tomar parte en el principal combate contra las alturas del monte San Juan.»

Creo que, tras este relato, sabrán exactamente cómo se portó la pequeña tropa que defendía El Caney y el General que les mandaba. Ahora quizá sea bueno que sepan algunas cosas más:

Cuando los 6.500 americanos pudieron alcanzar la posición defendida por la pequeña fuerza española encontraron allí el cadáver del hombre que se paseaba sobre las trincheras ofreciendo el cuerpo al fuego enemigo y animando a sus tropas. Vara del Rey murió allí, al lado de sus hombres, cumpliendo con su deber.

El General fue enterrado por los norteamericanos con todos los honores militares para, posteriormente, repatriar su cadáver a España.

¿Cómo vieron esto los norteamericanos? Pues… Le dejo la pluma a un militar norteamericano que lo explicará mejor que yo o que Pérez Reverte. Veámoslo.

“…El valor de los españoles es magnífico. Mientras las granadas estallaban sobre la aldea o explotaban contra el fuerte de piedra, mientras la granizada de plomo barría las trincheras buscando cada aspillera, cada grieta, cada esquina, los soldados de ese incomparable Vara de Rey, tranquila y deliberadamente, continuaron durante horas alzándose en sus trincheras y arrojando descarga tras descarga contra los atacantes americanos. Su número decrecía y decrecía, sus trincheras estaban llenas de muertos y heridos, pero, con una determinación y un valor más allá de todo elogio, resistieron los ataques y, durante 8 horas, mantuvieron a raya a más de 10 veces su número, de unas tropas americanas tan valientes como nunca recorrieron un campo de batalla…”

Por eso no quiero que nadie me cuente este combate ni cómo cumplieron estos españoles con su deber porque, cada vez que me acuerdo, pienso en los miserables que se vacunan antes que aquellos que están en primera linea, me acuerdo de los ministros que piden esfuerzos y confinamientos mientras asisten a cenas de gala o hablan de que nos apretemos el cinturon con las babas oliendo a whisky.

Es porque tuve la suerte de leer los escritos del agregado sueco y noruego por lo que no quiero que nadie me cuente nada porque es inevitable que sienta poco después que se me revuelven las tripas.

¿Cómo murió Judas?

¿Cómo murió Judas?

Me preocupan quienes, dejando de lado su propia capacidad de razonar, se adhieren acríticamente a lo escrito en un papel, llámesele a este papel ley, contrato o incluso palabra de Dios.

Esta adhesión acrítica a la literalidad de lo escrito es causa de fundamentalismos que, si algunas veces pueden resultar graciosos como el Flanders de los Simpsons, la mayoría de las veces son fuente de todo tipo de desgracias cuando no de salvajes crímenes. Sea cual sea su fe, e incluso aunque su fe sea no tener fe, no dimitan nunca de su capacidar de juzgar críticamente lo que leen o lo que se les dice, ya sea esto un manual de instrucciones de Ikea, la Constitución Española, el Corán, la Torá o los Evangelios.

Aceptar que lo escrito en los Evangelios, por ejemplo, son verdades que han de interpretarse literalmente puede conducirles a callejones sin salida y, como estamos en Semana Santa y hoy se estaba fraguando hace 1988 años la traición que Judas cometería mañana, pongamos un ejemplo de esto que les digo y permítanme que les pregunte:

¿Cómo murió Judas?

Estoy seguro que la mayoría de ustedes me dirán que se ahorcó pero, si me lo permiten, repasemos lo que nos dicen los evangelios al respecto.

El Evangelio de Mateo narra la muerte de Judas de esta forma en su capítulo 27.

«Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,

4 diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? !!Allá tú!

5 Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.»

Esta versión, quizá la más popular, la de Judas el suicida desesperado, es contradicha por esa prolongación del Evangelio de Lucas que son los Hechos de los Apóstoles, el cual, en su capítulo 1, nos cuenta el suceso de forma bien diferente:

«Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron.

19 Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre».

Y ahora permítanme que les vuelva a preguntar: ¿Cómo murió Judas? ¿Se compró un campo o devolvió las monedas? ¿Se ahorcó o cayó de cabeza y reventó?

Relatos contradictorios como estos los hay en la Biblia a decenas y, si esto pasa en la llamada «Palabra de Dios» ¿Qué no pasará en los textos que escriben los hombres por mucho que estén publicados en el BOE o que se les rodee de un halo de sacralidad?

Sean cuales sean sus creencias no abdiquen de su capacidad de pensar y piensen que si su dios les creó inteligentes es porque, con toda seguridad, les quería así.

Es más fácil obedecer que tomar decisiones pero nadie nos dijo que vivir fuese fácil. Elijan la senda estrecha y piensen.

El carnaval y el creciente fértil

El carnaval y el creciente fértil

Hoy es 14 de Adar en el calendario hebreo y comienzan, por tanto, las fiestas de Purim.

Hace unos días les conté cómo la Semana Santa tenía antecedentes mesopotámicos, hoy debo contarles que el carnaval también tiene antecedentes mesopotámicos.

Los babilonios (y antes los acadios) celebraban el año nuevo a la llegada de la primavera y a ese primer mes que empezaba con la primera luna llena de la primavera le llamaron Nisán. La forma de celebrar su llegada era muy curiosa pues, además de cantar y beber, los hijos del creciente fértil se disfrazaban con la esperanza de que la mala suerte no les reconociese en el año que entraba y así pudiesen escapar de ella.

Esta celebración de alegría, bebida y disfraces llamada Nouruz aún se celebra en el creciente fértil y los judíos la celebran también bajo el nombre mesopotámico de “Purim”, pues “Purim” no es término hebreo sino babilónico.

Llama la atención que, aunque hayan pasado cinco mil años, esta sucesión de alegría (carnaval) y resurrección/renovación (semana santa/primavera) siga reproduciéndose en las culturas actuales que, aunque han olvidado ya su origen profundo, siguen sintiendo esas sensaciones que dieron razón de ser a estas fiestas.

Hoy es 14 de Adar, faltan dos semanas para la primavera y Nisán; comienzan las celebraciones del antiguo año nuevo.

La Semana Santa y Mesopotamia

La Semana Santa y Mesopotamia

Aunque muchas veces les cuento que todo empezó en Mesopotamia, algunos de ustedes —lectores descreídos— aún no acaban de admitirlo. Así que hoy, que ya se va oliendo a primavera, voy a dar una vuelta de tuerca más en mis argumentaciones y voy a demostrarles que la semana santa (sí, la semana santa) también la inventaron los habitantes de aquel lugar y, por supuesto, mucho antes del nacimiento de Cristo. Ahí es nada.

Lo primero en que tenemos que fijarnos es cuándo se celebra la semana santa. ¿Lo sabe usted? ¿No? Pues tranquilo que ahora mismo se lo explico.

Las fechas y festividades de la semana santa se fijan teniendo en cuenta el día en que se celebra el Domingo de Resurrección y ¿cómo se decide qué domingo es el Domingo de Resurrección? Pues… De la misma forma que acadios, babilonios, asirios y persas lo hacían: mirando a la luna.

Los meses no duran entre 28 y 31 días por casualidad, ni es casualidad que las semanas tengan siete días, esto es así porque en la vieja Mesopotamía los meses se computaban según el ciclo de la luna y, durante este, se distinguían cuatro momentos fundamentales, las lunas nuevas, las lunas llenas y las medias lunas de los cuartos creciente y menguante. Un ciclo de 28 días dividido en cuatro cuartos, según las fases de la luna, nos arrojan cuatro períodos de siete días (nuestras semanas) al cabo de cada una de las cuales hay una fase siginificativa del ciclo lunar (luna llena, nueva, creciente o menguante) que los mesopotámicos designaron con la palabra «Shabatu» una palabra que, traducida, significa “cesar”, “parar” o “barrer”. En esos días, necesariamente, había que dejar de trabajar pues, por razones astrológicas, no eran aptos para hacer nada.

El puebo judío, esclavizado en Babilonia del 597 al 538 AEC, hizo suya está costumbre del “Shabatu” y hasta hoy día el calendario hebreo conserva el importantísimo “Shabat” (rito básico de su fe pero copia reelaborada del viejo “shabatu”) así como el cómputo lunar de los meses.

Nosotros, ciudadanos occidentales, también celebramos el shabatu mesopotámico (nuestro Sábado, Saturday, Samedi…) y, aunque nuestros meses ya no son lunares, nuestras semanas siguen siendo esos períodos de siete días que los mesopotámicos establecieron.

¿Y por qué hay una semana santa?

Para los mesopotámicos la semana en que el año comenzaba era especial y la celebraban de formas que aún hoy día se celebran multitudinariamente en Iran, Turquía, Uzbequistán y en todas aquellas regiones que un día fueron parte de Persia: el «Nouruz» o año nuevo persa.

En el Nouruz las gentes se disfrazan para que la mala suerte no les reconozca en el año entrante, celebran fiestas, beben en abundancia, se hacen regalos y, en general, todo es motivo de fiesta y alegría. Esta celebración ha pervivido y aún en países dominados por el Islam se celebra de forma multitudinaria (si no me cree googlee «Nouruz») y, claro, como no, también por los judíos.

Vale, muy bien, pero ¿cuándo comienza el año en Mesopotamia?

Pues, cuando debe de ser: cuando todo renace, resucita y vuelve a la vida, con la primavera.

Aclaremos los conceptos: la primavera comienza cuando se produce el llamado “equinoccio de primavera” (cuando día y noche duran exactamente lo mismo) y, el primer mes del año mesopotámico, comienza con la primera luna llena de primavera. ¿Lo entiende? Es primero de año la primera luna llena de la primavera. Ahí comienza el año mesopotámico.

¿Y cuándo es domingo de resurrección?

Pues lo mismo: es Domingo de Resurrección el primer domingo después de la primera luna llena de la primavera. Si no me cree busque los decretos eclesiásticos que fijan la semana santa o compruebe usted como, este año, el equinoccio de primavera es el día 20 de marzo —Sábado— y que la primera luna llena tras él se produce el domingo 28 de marzo —Domingo de Ramos—, razón por la cual el domingo siguiente —primer domingo TRAS la primera luna llena de la primavera— es Domingo de Resurrección.

Y ¿cuándo es la pascua judía? Pues básicamente lo mismo: la primera luna llena de la primavera y esto es así simplemente porque es lo que el pueblo judío aprendió durante su cautiverio en Babilonia, asociándolo luego a la fiesta en que conmemoraban su salida de Egipto. De hecho, aunque los israelitas computan el año a partir del domingo 7 de octubre del año 3760 a. C., fecha equivalente al 1° del mes de Tishrei del año 1 (fecha del primer día de la creación) la Biblia Hebrea computa el año a partir del 1 del mes de Nisán (los nombrecitos de los meses son también mesopotámicos) que no es sino la primera luna llena de la primavera de cada año. Para la Biblia Hebrea los años comienzan el 1 de Nisán, es decir, con la primera luna llena de la primavera.

Bien, ahora que ya sabemos por qué la Pascua Judía, la Pascua Cristiana y el principio de año mesopotámico coinciden y ahora, estoy seguro, que ya sabrá usted por qué TODAS las semanas santas que usted haya vivido las ha celebrado mientras en el cielo una inmensa luna llena preside las celebraciones. No es casual, esto lo inventaron hace 5000 años en Mesopotamia (como todo) y nosotros no hacemos más que celebrar, de forma reelaborada, ese rito.

Los judíos, sin embargo, comienzan a celebrar el principio de año dos semanas antes de la luna de Nisán, es decir, los días 14 y 15 del mes de Adar (el último mes de su año mesopotámico) y lo hacen mediante una festividad llamada «Purim», donde reina la alegría. Lo malo es que esta festividad de «Purim» pues, también tiene significado mesopotámico y halla su fundamento en el controvertido “Libro de Ester”, el cual forma parte de las Biblias hebrea y cristiana.

Vaya por delante que ninguno de los nombres de los principales protagonistas del libro es hebreo, pues ni el malvadísimo Amán, ni Mordekay ni Ester son nombres judíos.

Ester no es un nombre judío, sino mesopotámico, y se corresponde con el de la diosa Istar (en las lenguas semíticad las vocales no se escriben de forma que Ester e Istar se escriben igual —STR—) al igual que el del otro protagonista del libro, el judío «Mordekay» o «Mardokeo», cuyas consonantes —MRDK— son las del supremo dios «Marduk». Curiosamente en el libro de Ester no aparece ni una sola vez la palabra Yahweh, Jehowah, o Dios y, se especula, con que el libro fuese no Yahwista sino más bien conforme con la importante comunidad de judíos adoradores de la diosa madre.

En fin que esta fiesta de Purim, que se celebra el 14 de Adar, tiene también su antecedente mesopotámico (como todo, obviamente) y es fiesta de alegría, de disfraces —recuerden Nouruz— de dar limosna, de repartir comida y de beber vino y licores.

Y en este punto (como conozco a muchos de mis lectores y sé que les gusta el pitraque) déjenme aclararles cuándo y hasta qué punto se puede consumir vino y licores.

El cuándo se responde pronto: hoy estamos a 11 de Adar, luego este Viernes será 14 de Adar, fecha de la celebración. Si quiere hacer el Mardokeo o Mordekay este fin de semana es su momento. Prepare regalos, comida y su hígado porque el punto exacto hasta el que puede beber se lo digo ahora.

El punto exacto también tiene su límite en el muy mesopotámico libro de Ester: puede consumirse vino hasta que en sus entendederas se confundan los nombres del malvado Amán y el bueno de Mordekay. Es decir que, o mucho me equivoco, o se puede coger una folloneta considerable.

Y… Hablando de vino, hoy me he gobernado para comer este vino manchego, «Canforrales», en el establecimiento del Callejón de Campos que regenta José, un contumaz manchego ejerciente. El vino es un varietal de Syrah que, como todo, también me conduce a Mesopotamia pues es esta uva la que se cultivaba allí en la época en la que el hijo de un carpintero de Nazaret celebró su última Pascua, bajo la luna llena de Nisán, poco antes de que fuese ajusticiado por los romanos.

Fue el principio de una nueva era y de un nuevo calendario: el nuestro.

En fin, a su salud, hoy la Mancha ha de devolverme sabores de hace dos mil años, casi los mismos que trece hombres saborearon una noche bajo la luna de Nisán.

Mujer Valiente

Mujer Valiente

Para la caballería de los Estados Unidos aquella fue solo «La Batalla de Rosebud» pero, para la Nación Cheyenne, aquella fue «La Batalla en que la Muchacha salvó a su Hermano».

Mujer Valiente (Brave woman) fue una india Cheyenne que se hizo famosa al cargar sola con su caballo en medio de la batalla para rescatar a su hermano herido. Su intrépida acción enardeció a sus compañeros de armas y la Nación Cheyenne derrotó aquel día al ejército de los Estados Unidos.

Mujer Valiente peleó poco después junto a su marido en la batalla de «Little Big Horn» donde los indios derrotaron al Séptimo de Caballería de los Estados Unidos cuando este pretendía masacrar a mujeres, viejos y niños indefensos; una batalla inmortalizada desde el falseado punto de vista estadounidonse en el film “Murieron con las botas puestas”.

La tradición oral de los Cheyennes, conocida recientemente, atribuye a Mujer Valiente el haber propinado el golpe que descabalgó al General Custer durante la batalla.

La que ven arriba es la foto de Mujer Valiente y, mirándola, trató de averiguar en su rostro cuánto hubo de padecer este ser humano para tener que verse obligada a enfrentarse al hombre blanco con tal desprecio de su vida.

Mujer Valiente murió en Montana en Mayo de 1879 a causa de la difteria que le había contagiado el hombre blanco.

Las respuestas son…

Las respuestas son…

Hoy he planteado dos encuestas en tuíter relacionadas con la festividad del 12 de octubre; la primera en relación a cuál era la bandera que arbolaban los barcos de Colón este día y la segunda sobre el origen de la dotación que las tripulaba. La participación ha sido grande y lo agradezco, el acierto ya, quizá, sea otra cosa.

1. La bandera de las carabelas

La verdad que no es fácil saber con exactitud cómo era la bandera que arbolaban las carabelas que llegaron a América el 12 de octubre de 1492 aunque el propio Colón, en su diario, las describe así:

«Sacó el Almirante la bandera real y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una Y: encima de cada letra su corona, una de un cabo de la cruz y otra de otro.»

Así pues los navíos arbolaban banderas «de la Cruz Verde» con una F y una Y. Cómo era la cruz (de qué tipo era) es algo que no nos dice y que, por ello, merecería la pena investigar. Algunos quieren que la cruz sea de Malta, (supongo que por darle un toque templario), otros la pintan como si fuese del tipo “de la Orden de Cristo” lo que parece absolutamente fuera de lugar pues era propia de los portugueses, en Estados Unidos, por su parte, es muy popular en el «Columbus Day» una especie de cruz florenzada, mientras que, en la iconografía española, abunda la cruz patada (cruz cuyos brazos se van estrechando según se acercan al centro).

¿De qué tipo era la cruz y por qué? Es un magnífico tema de investigación que, yo, desde luego, no he llevado a cabo y, por lo mismo, no puedo decirles cuál de todas estas banderas que les muestro es la exacta.

Aunque créanme, hoy que se me han llenado mis time lines en redes sociales de banderas de los más variados colores, mucho más importante que saber que la bandera del descubrimiento era una parecida a esta que les muestro, es reconsiderar el uso que hacemos los seres humanos de los símbolos y su significado.

Así pues, feliz día verdiblanco de la hispanidad y, a todos aquellos que se han acercado a la respuesta correcta (que no sé cuál es como ya he dicho) les espero con el café asiático y todo el Mediterráneo dispuesto. Un saludo.

2. La composición de las tripulaciones

Por lo que respecta a la pregunta sobre los marineros y las comunidades autónomas ninguna de las respuestas que he ofrecido como posibles es absolutamente exacta.

Sin ninguna duda tras los andaluces los vascos fueron los tripulantes más numerosos y, entre marineros y grumetes, superaban el número de 7 (recordemos que una carabela tenía entre 18 y 25 tripulantes aproximadamente). Llaman la atención los tres marineros que aporta la villa de Lequeitio, los dos de la actual Ea y los que simplemente se sabe de ellos que son «de Vizcaya».

Cantabria aporta al menos 3 marineros, los tres de Santoña, pero Castilla (en concreto Segovia) también pone —probablemente— 3 entre los cargos y burócratas que embarcaron con Colón.

No se conoce que en la expedición viajase ningún catalán, gallego, canario, extremeño, asturiano o balear, aunque no se puede descartar dado que hay un buen número de marineros cuyo origen se desconoce.

Como curiosidad añadir que, en la Santa María, viajaba Diego, un pintor murciano que supongo iría como «fotógrafo» del viaje y, en toda la flota, no menos de cinco criminales.

Por cierto: ningún marinero se llamaba «Rodrigo de Triana» aunque Colón sí lo menciona en su diario del día 11 como la perdona que, desde La Pinta, gritó tierra; de forma que, si quieren entretener la tarde del domingo, pueden dedicarla a averiguar el nombre auténtico del tal Rodrigo, un hombre con una vida, ya se lo adelanto, misteriosa y apasionante.

Así pues, cuando decimos que el descubrimiento fue una empresa española estamos diciendo también que fue una empresa en la que andaluces, vascos, cántabros, castellanos y hasta dos italianos (un genovés y un calabrés) y un portugués (de Tavira) cooperaron con un tal Cristóbal Colón, un sedicente genovés a quien jamás se le oyó hablar ni escribir en italiano a su hermano o familiares.

Quizá el misterio sobre la patria de Colón permita incluir a todas las patrias en la gesta.

El faraón Sneferu y las jóvenes remeras

El faraón Sneferu y las jóvenes remeras

Hoy, no sé por qué, me he acordado de Lola Flores y del lío que montó durante un programa de televisión en directo porque, mientras bailaba, se le había caído un pendiente y ella, sin pudor ninguno, paró la actuación y se puso a buscarlo por el escenario. El pendiente era valioso y «La Faraona» no estaba dispuesta a abandonarlo, estuviese presente la televisión o el «sursum corda».

Naturalmente acordarme de «La Faraona» y venir a mi memoria el antiguo Egipto ha sido todo uno.

Los textos antiguos nos hablan de fenómenos de naturaleza milagrosa con la naturalidad con que nosotros referiríamos una operación con rayos láser. No fue Jesucristo el primero en resucitar muertos, antes que él, por ejemplo, el profeta Elías había resucitado a una joven en un milagro que es tan idéntico al relatado por los evangelios siglos después que, incluso los más reputados autores católicos, han puesto en duda su autenticidad. El apócrifo de los «Hechos de Pedro» nos presenta a Simón el Mago levitando y volando frente a Nerón e incluso compitiendo en levitaciones con el mismísimo Pedro y ello por no mencionar al bueno de Moisés separando las aguas con su bastón y haciendo pasar «a pie enjuto» a todo el pueblo elegido por en medio de las aguas.

Bravo milagro es este de separar las aguas pero no tan bravo como para que no hubiese sido realizado antes y, muy probablemente, por la cabezonería de una antepasada de María Dolores Flores Ruíz, «La Faraona».

Cuenta un viejo papiro egipcio (Westcar Papyrus) que, estando aburrido una tarde el Faraón Sneferu, uno de sus magos, Djadjemankh, le sugirió que, para entretenerse, reuniese a 20 bellas jóvenes que ejercieran de remeras de su nave real y se dedicase a navegar con ellas por el lago.

La «ideica» del mago Djadjdemankh le gustó al Faraón quien mandó inmediatamente construir unos remos la mar de trendys y ergonómicos para las remeras y vestirlas con unas redes todo molonas sin duda diseñadas por algún sastre egipcio con inclinaciones fetichistas.

Estaba ya todo preparado para darle unas vueltas al faraón cuando a una de las remeras se le cayó una joya (un «colgante», quizá un pendiente) al lago. El tal pendiente representaba un pez y era tan valioso que la remera (sin duda tatarabuela de Lola Flores) dijo que allí no remaba nadie hasta que no apareciese la joya. El resto de las remeras, viendo la justicia de la reclamación de Lola, le dijeron al faraón que allí, o se encontraba la joya, o iba a tener que remar su señora madre faraónica, pero que ellas no.

Sneferu, que era un faraón poderoso pero que, a lo que se ve, estaba acojonado por el plante de las veinte vírgenes, acabó pidiendo ayuda a Djadjdemankh (juro que no vuelvo a escribir este nombre) y este, viendo que era más sencillo hacer un milagro que calmar a aquella horda, decidió abrir las aguas del lago y a pie enjuto buscar la joya perdida hasta dar con ella, restituirla a su dueña y que todo el mundo quedase contento.

Nihil novum sub solem, escribió el autor del Eclesiastés y, sin duda, tenía razón: ni Moisés fue el primero en separar las aguas ni Lola Flores la primera en montar un espectáculo para buscar un pendiente.

Loado sea Ra.

La Polka Frutera

La Polka Frutera

Cuando yo era un chaval casí no habían receptores de FM y toda la radio que se escuchaba era Onda Media. En los años 60 y 70 no era extraño que, sintonizando la radio, te saliese con toda potencia una emisora marroquí con música en árabe. Hoy me he acordado de eso porque he visto a un moro de mi calle cantiñeándose y me he acordado que a mi abuelo —el cual tenía un pésimo oído y cantaba muy malamente— le gustaba sintonizar las emisoras de Marruecos y escuchar canciones de los moros que a él le parecían prodigios artísticos.

De la música mora inmediatamente he saltado a la música canaria porque, en la segunda mitad de los años 70, había una emisora que se escuchaba potentísima en Cartagena, mucho mejor que cualquier emisora marroquí y con toda nitidez. Emitía por las noches desde Argelia (Argelia está casi enfrente de Cartagena) y se autodenominaba «La Voz de Canarias Libre».

No sé por qué razón a mis compañeros de colegio y a mí nos dio por escuchar esa emisora por las noches. Sus emisiones eran inolvidablemente delirantes. La voz de un hombre soltaba lacónicamente…

—Aquí La Voz de Canarias Libre, emisora del MPAIAC

E inmediatamente sonaba la sintonía, la inolvidable Polka Frutera de Los Sabandeños, que les dejo en el enlace de abajo.

Me aficioné al folcklore canario, aprendí a cantar y tocar isas, folías y demás suertes de la música canaria, pero siempre tuve en mi memoria esta polka y las enloquecidas emisiones de La Voz de Canarias Libre.

—Unos camaradas guanches han arrojado dos cócteles molotov en la sede del gobierno civil godo. Lamentablemente no han explotado.

Yo escuchaba aquellas barbaridades y pensaba que aquel sujeto estaba loco de atar.

—Agua de Solares para los peninsulares.

Luego supe que, allá por 1978, unos sicarios vinculados a los servicios secretos españoles le habían apuñalado tres veces en oscuras circunstancias. En 1977 terroristas del MPAIAC habían colocado una bomba en el aeropuerto de Gando que obligó a desviar el tráfico al aeropuerto de Los Rodeos. La densidad del tráfico generado por ello y las malas condiciones climatológicas propiciaron el mayor accidente aéreo de la historia de España con 583 personas fallecidas. El 23 de febrero de 1978 murió un Tedax tratando de desactivar una bomba del MPAIAC en la Universidad de La Laguna y en abril de ese mismo año ocurrió el suceso de las puñaladas. El Estado fue condenado a pagar a Antonio Cubillo —que así se llamaba el hombre— una indemnización, pero ya nunca nada volvió a ser igual y La Voz de Canarias Libre se apagó.

Así vivíamos la transición. Los servicios secretos no siempre estaban al lado del gobierno y en muchos casos estaban relacionados con gente del «búnker» inequívocamente golpista, había grupos terroristas allá donde mirases y a izquierda y derecha los problemas se aliñaban con dinamita y amonal. Aprendimos que si los atentados se cometían con munición de 9mm parabellum los autores eran probablemente etarras o del Grapo. Si la munición era 9 mm «largo» entonces los autores eran previsiblemente ultraderechistas. Cosas inútiles que aprendes pero no olvidas.

A pesar de todo salimos con bien de aquella y tenemos vida y democracia para poder contarla. Al menos para que yo pueda contarles a ustedes como me aficioné al folcklore canario y por qué me acuerdo de la letra y la música de esta inolvidable «Polka Frutera».

Libertad

Libertad

Se dice que los griegos inventaron la política y que su primera forma de gobierno fue la monarquía, un sistema en el que gobierna un solo líder pero que, pronto, comienza a no poder ejercer un poder omnímodo pues, sobre todo en tiempo de guerra, precisa de la ayuda de notables cuando no del apoyo de cualquier persona capaz de empuñar armas, apareciendo así asambleas. A la monarquía, decían, solía sucederle una oligarquía; es decir, el gobierno de unos pocos. Los abusos de esta oligarquía solían exasperar a su vez al pueblo que, llevado al límite, se rebelaba y buscaba un jefe que colocar al frente del gobierno desbancando a la oligarquía establecida y, a este tercer régimen, le llamaron «tiranía»; si bien es cierto que tal palabra no tenía para ellos el sentido peyorativo que ahora tiene, pues su traducción más exacta sería «jefe» o «patrón».

Todas estas formas de gobierno fueron conocidas por los sumerios y todas estas formas de degeneración de los sistemas de gobiernos fueron por ellos experimentadas y es de uno de estos «patrones» o «jefes» de quien me gustaría hablarles: Urukagina de Lagash, el primer legislador conocido.

Urukagina accedió al poder con toda probabilidad como «jefe» o «patrón» de una revuelta del pueblo exasperado y sus medidas legislativas dejan muy claro cuáles eran sus objetivos al llegar al cargo de sumo regidor de la ciudad-estado de Lagash, en Sumeria. Corría el año 2.380 antes de nuestra era.

Urukagina trató de reducir las diferencias entre las clases sociales, disminuyó los impuestos, trató de anular prerrogativas que se habían atribuido el monarca y su familia, redujo los abusos por parte de los funcionarios, prohibió la explotación de las capas sociales inferiores, condonó deudas, combatió la corrupción y expidió el primer código legal registrado por la historia. Aunque aún no se conoce su texto, se sabe por referencias y citas encontradas, que el Código de Urukagina concedía exención de impuestos a los huérfanos y viudas; obligaba a la ciudad a pagar los gastos de los funerales; decretaba que los ricos debían pagar con plata sus compras a los pobres y prohibía obligarlos a vender.

Fue durante el gobierno de Urukagina de Lagash que se dio libertad a un gran número de esclavos y es en uno de los documentos redactados para certificar uno de aquellos hechos donde, por primera vez en la historia de la humanidad, aparece escrito el concepto, la palabra, «Libertad» (Ama-Gi, véase la ilustración que encabeza el post). Bastaría con esto para que el recuerdo de Urukagina fuese imborrable; su política de defensa de los desfavorecidos podría ser un estímulo para gobernantes pero su fama se vio empañada por… las mujeres y la moral.

A pesar de que protegió a viudas y pobres Urukagina al parecer cometió el grave error de prohibir la poliandría. Sí, en aquella época las mujeres de Lagash parece que podían casarse con varios hombres sin problema, cosa que, al parecer, no le parecía bien a Urukagina. Sus leyes prohibiendo la poliandria han dado lugar a que, desde ópticas actuales, se considere a Urukagina el primer represor de los derechos de la mujer (no se tiene noticia de que hiciese lo mismo con los hombres) y que su figura, lejos de ser aplaudida, esté puesta en cuarentena.

No tengo nada que decir en este punto salvo que son ustedes quienes tienen la última palabra en este caso: ¿fue Urukagina un defensor de los desfavorecidos, un opresor de la mujer o ambas cosas al mismo tiempo? ¿Qué opinión les merecen las reformas de Urukagina?

Me encantará leer sus opiniones, porque, al final, cada uno puede sostener su propia opinión sobre Urukagina y eso no es más que una consecuencia directa de un concepto que los sumerios legaron al mundo durante su gobierno: Ama-Gi («Libertad»).