Don Nadie, las Doñas Nadies y las ayudas del gobierno.

Sánchez Castejón repite obsesivamente que no se va a dejar a «Nadie» atrás y, mientras escucho su letanía disfrazada de discurso, pienso en la abogada que me ha llamado esta mañana a las ocho: madre, con dos hijos a a los que ha de cuidar ella sola en exclusiva, con el despacho en su casa y que, a pulmón, ha tirado para adelante como sólo saben hacer las madres estos últimos y duros once años. Pienso también en mi amigo Manolo, abogado, casado y compartiendo despacho con una abogada y con tres hijos que comen como limas nuevas. Los niños son listos y estudian y el padre y la madre, desde 2008, van con lo justo para agonizar tratando de cubrir gastos… Y pienso en ellos y en muchos, muchos más.

Pues bien, hoy, Pedro Sánchez, mientras trataba de estirarse y componer un trampantojo de pose de estadista, afirmaba gravemente que nadie quedaría sin el auxilio del estado, que todos y todas recibirían ayuda y que «Nadie» iba a quedar atrás.

Y efectivamente han sido los «Nadies», los Don Nadie y las Doñas Nadies de España los que han quedado atrás; mas de 400 mil profesionales mutualistas entre los que se cuentan más de 200 mil abogados, abogadas, procuradores y procuradoras.

Sí, mi amigo Manolo, es uno de esos Don Nadie, su mujer una Doña Nadie, mi amiga madre con dos hijos menores a cambio, es otra Doña Nadie y así hasta 200 mil Don Nadies y Doñas Nadies. Y me llevan los diablos.

Bueno, sí pasan.

Me llevan los diablos porque 400 mil personas son demasiadas personas para dejarlas abandonadas como si nada, como si nadie; y, sin embargo, los Don Nadie y las Doñas Nadies nunca pasan por el cerebro del presidente.

Bueno, sí pasan.

Sí pasan, en cambio, para decretar que son profesión esencial y deben jugarse la vida llegado el caso sin darles protección de ninguna especie; para que los delegados del gobierno, nombrados por el preboste con positura de hombre de estado, se nieguen a lo que la ley permite y les impidan a estos Don Nadies prestar teleasistencia, exigiendo presencialidad cuando no les proveen de nada que mínimamente les proteja.

Para exigirles que se jueguen la vida los Don Nadie y las Doñas Nadies sí existen. Para ayudarles en alg entonces ya no existen: son menos que Nadie.

Me llevan los diablos. Sé que el presidente conoce la situación en que están los abogados y abogadas de España y sé que la decisión de marginarlos de cualquier ayuda no es imprudente, sino deliberada, y me llevan los diablos.

Presidente, escúcheme, quizá no sea usted capaz de entender esto, pero le aseguro que la abogacía va a seguir aquí cuando usted se vaya y le aseguro que jamás vamos a olvidar a las compañeras y compañeros cuyas vidas e ilusiones va a destrozar usted y su gobierno, le aseguro que no les vamos a olvidar, y tampoco le olvidaremos a usted y le recordaremos siempre.

Con oprobio.

PD. Va por todas las compañeras y compañeros que todos los días cumplen con su deber y sacan adelante a sus familias. Va, por todos esos que, a juicio de un gobierno, no merecen ayuda alguna y son nadie.

¿Por qué los mutualistas y los autónomos están malditos en España?

¿Por qué los mutualistas y los autónomos están malditos en España?

No sé qué pecado han podido cometer los trabajadores independientes en España para que se les maltrate así. Y no, no es que los autónomos ni los abogados ni los procuradores sean una especie maldita perseguida en el resto del mundo, no. En los países normales se cuida de los trabajadores independientes, en España, por desgracia, se les margina como apestados.

Es posible que ello se deba a que carecen de la fuerza que dan a los trabajadores los sindicatos y es posible también que por ser empresarios de un solo trabajador tampoco tengan la fuerza que da la patronal.

En suma que, cuando llegan tiempos de crisis son los últimos de la fila: los jodidos.

Recibo hoy un documento de un aís extranjero en el que, el colegio de abogados, informa a sus abogados de las ayudas que el Gobierno establece para ellos por la crisis del coronavirus Covid-16, entre ellas las siguientes:

«1. Los pagos del impuesto sobre la renta para los trabajadores independientes son aplazados.

Los pagos correspondientes a autoliquidaciones que venzan el 31 de julio de 2020 se diferirán hasta el 31 de enero de 2021. Esto es automático y no es necesario que lo solicite. No se aplicarán multas ni intereses por demora en el pago en el período de aplazamiento.

  1. Todas las empresas y trabajadores autónomos en dificultades financieras, incluso con obligaciones fiscales pendientes, pueden recibir apoyo, caso por caso y adecuado a las circunstancias y responsabilidades individuales.
  2. Tómese un “feriado hipotecario” de hasta tres meses. Comuníquese con su proveedor hipotecario para organizarlo. Discuta con su arrendador las obligaciones de alquiler de propiedades de las cámaras. Discuta con el arrendador de cámaras la posibilidad de posponer la totalidad o parte de sus pagos de alquiler de propiedades.

El Colegio de Abogados se ha puesto en contacto con los arrendadores para alentarlos a considerar tales solicitudes. Los arrendadores deberán informar a sus inquilinos de sus intenciones.

  1. Préstamo a través del programa de préstamos por interrupción comercial Coronavirus

Este plan temporal se lanzará en la semana del 23 de marzo de 2020 y estará disponible para pequeñas y medianas empresas. Se ha confirmado que esto incluye a los comerciantes autónomos independientes. Préstamos de hasta 5.671 € estarán disponibles, con los primeros 12 meses del préstamo sin intereses.

  1. Reciba una subvención de € 11.000 si puede usted optar al plan de Alivio de Tarifas para pequeñas empresas

Si el valor de su propiedad comercial (es decir, su valor de alquiler en el mercado abierto el 1 de abril de 2015, según el cálculo de la Agencia de Valoración) es de € 15,000 o menos, ya podrá optar a esta subvención. Esto podría aplicarse a unos pocos profesionales con una propiedad comercial. Su autoridad local se pondrá en contacto con usted para proporcionarle una subvención única de € 11,000; No es necesario que lo solicite.»

Como podéis comprobar hay países que cuidan a sus trabajadores independientes (autónomos) y luego… luego está el Gobierno de España que, a abogados y procuradores resume sus ayudas en una palabra: NADA.

Nota: esta es la Información que el «Bar Council» remitió a sus «barristers» de Londres el 25 de marzo de 2020.

Hay diferencias ¿Verdad?

¿Para qué hemos de estar preparados los abogados independientes?

¿Para qué hemos de estar preparados los abogados independientes?

Mi amigo Joludi me llama la atención sobre un artículo del MIT (Massachussets Institute of Technology) que trata de predecir cómo será nuestra vida desde ahora hasta que dispongamos de una vacuna contra el coronavirus Covid-19, algo que, según la mayoría de los expertos no ocurrirá hasta bien entrado el año 2021, como poco. Un año entero durará esta emergencia; así pues, mentalícese y váyase preparando.

Mientras leo el artículo tomo notas y trato de aplicar lo que leo a mi propia situación personal, reflexiones que comparto por si a alguien le resultasen de algún valor.

Estrategia de lucha previsible contra la pandemia

Para evitar que los sistemas sanitarios colapsen —dice el artículo— la  pandemia debe avanzar a un ritmo lento hasta  que  suficientes  personas  se  hayan  contagiado para así lograr o bien la  llamada «inmunidad  de  grupo» (suponiendo  que  la  inmunidad dure  años, algo que, desde luego, aún no sabemos) o bien hasta  que  se  descubra  una  vacuna, algo  que no sucederá, como pronto y si es que llega, hasta  2021.

¿Y qué sucederá entretanto?

Hasta tanto, mientras haya una sola persona en el mundo con el virus, los brotes se seguirán produciendo si no ponemos los controles precisos y eso significa medidas de alejamiento social. Pero ¿cuál es la estrategia adecuada de «alejamiento social»? Cito textualmente el artículo de que trae causa este post:

En un reciente informe, los investigadores del Imperial College de Londres (Reino Unido) propusieron una forma de actuación: imponer medidas de alejamiento social más extremas cada vez que los ingresos en las unidades de cuidados intensivos (UCI) empiezan a aumentar, y suavizarlas al reducirse la cantidad de las personas ingresadas.

El gráfico con el que lo explican es el siguiente:

La línea naranja representa a los ingresados en UCI. Cada vez que se eleva por encima de un umbral, por ejemplo, 100 a la semana, el país cerraría todas las escuelas y la mayoría de las universidades e impondría el confinamiento social. Cuando los ingresos vuelven a caer por debajo de 50, esas medidas se levantarían, pero las personas con síntomas o cuyos familiares tuvieran síntomas deberían seguir en sus hogares.

¿Qué se considera como “alejamiento social”? Los investigadores lo definen así: “Reducir el contacto fuera del hogar, en la escuela o en el lugar de trabajo en un 75 %”. Eso no significa que haya que salir con los amigos una vez a la semana en lugar de cuatro veces, sino que todos harían lo máximo posible para minimizar el contacto social, lo que, en general, reduciría el número de contactos en un 75 %.

Según este modelo, los investigadores concluyen que el alejamiento social y el cierre de escuelas deberían producirse aproximadamente dos tercios del tiempo, es decir, dos meses sí y uno no, hasta que haya una vacuna disponible, algo que no se espera, como mínimo hasta dentro de 18 meses.

El panorama es, pues, desalentador.

Y ¿no es posible estar más tiempo confinados y evitar así este ciclo de confinamientos hasta alcanzar la vacuna o la inmunidad grupal?

Al parecer no sería eficaz.

Según el modelo de estos investigadores, esa estrategia no lograría resolver el problema. Sin el alejamiento social de toda la población, el modelo predice que, incluso la mejor estrategia de mitigación, que significa aislamiento o cuarentena de los enfermos, de los ancianos y de los que han estado expuestos, además del cierre de escuelas, aún provocaría un aumento de las personas gravemente enfermas ocho veces mayor de lo que podría soportar el sistema de EE. UU. o de Reino Unido. (Esa es la curva azul más baja en el gráfico a continuación; la línea roja plana es el número actual de camas en UCI.) Incluso si las fábricas empezaran a producir más camas y respiradores y todas las demás instalaciones y suministros, aún harían falta muchos más médicos y enfermeras para atenderlos a todos y ofrecen este gráfico para visualizar las previsiones de su modelo:

¿Y si solo se imponen restricciones durante unos cinco meses? (copio del artículo que cito)

Tampoco serviría: cuando se levantan las medidas, la pandemia vuelve a estallar, solo que esta vez sería en invierno, el peor momento para los sobrecargados sistemas sanitarios.

Esta sería la gráfica.

Esto no es una alteración temporal. Se trata, como dice el artículo, del inicio de una forma de vida completamente diferente y es en esa forma de vida «completamente diferente» que, como poco durará un año, donde trato de pensar qué deberemos hacer los abogados independientes si queremos sobrevivir.

Una forma de vida diferente

Esta nueva forma de vida lleva aparejadas consecuencias muy importantes para los diversos sectores económicos. Veámoslo.

Menos es más. Lo pequeño es más resistente que lo grande.

A muy corto plazo este nuevo estilo de vida será muy perjudicial para los negocios que dependen de reunir a grandes cantidades de personas: restaurantes, cafeterías, bares, discotecas, gimnasios, hoteles, teatros, cines, galerías de arte, centros comerciales, ferias de artesanía, museos, músicos y otros artistas, centros deportivos (y equipos deportivos), lugares de conferencias (y organizadores de las mismas), cruceros, aerolíneas, transporte público, escuelas privadas, guarderías.

Bien, menos es más, nosotros, abogados independientes, formamos, lo queramos o no, una red distribuida de servicios legales y eso es bueno. Nosotros no concentramos trabajadores en un sólo punto y, al igual que la pandemia es letal para los centros comerciales basados en importantes aglomeraciones de gente, lo es también que las redes distribuidas la soportan mejor: buenas noticias pues para el pequeño comercio de proximidad, malas para los centros comerciales; buenas noticias para los despachos pequeños, malas para los grandes. Lo siento muchachos.

Los ricos lloran menos: hay que aguantar el primer golpe.

Esta crisis va a ser muy difícil de soportar para quienes hayan contraído importantes obligaciones financieras pues no podrán resistir la bajada de ingresos ni tampoco para quienes no tengan ahorros suficiente para lidiar con los cambios en sus ingresos. Ahí nos pillaron a los pequeños. Suponemos que los grandes tienen más caja pero no conocemos sus obligaciones de forma que ¿quién sabe?.

Padres con hijos, con personas en relación de dependencia, etc. sufrirán problemas añadidos pero no hay nada que un padre y una madre trabajando en equipo no superen. Todavía nadie ha inventado un equipo que juegue mejor que ese, de forma que, quizá ahora, alcancéis a entender mejor por qué os elegisteis para vivir juntos.

Todos los despachos los forman personas de forma que este último párrafo vale para todos.

Así pues, para poder continuar, vamos a necesitar aguantar el tirón inicial ¿podremos?. En situaciones de crisis las personas físicas ayudan más y mejor que las jurídicas, quiero decir, tu familia te ayudará más y mejor que un banco, recuerda que tienes pocas necesidades, un tanto más a favor de los pequeños.

Reducción de movilidad

La pandemia va a provocar importantes restricciones de movilidad en las personas por lo que cualquier red distribuida de servicios va a soportar mucho mejor el golpe que cualquier red centralizada. Los despachos pequeños cubren los 433 partidos judiciales de España, los grandes apenas 50 ó 60. Goleada de los pequeños.

Conclusiones provisionales

Afortunadamente nuestro negocio no es como los cines, o los espectáculos deportivos, somos una raza de personas solitarias o casi solitarias que no han caído en el error de la hiperespecialización; disponemos, pues, de habilidades en muchos campos lo que nos garantiza sobrevivir. Pero sobrevivir solo no significa que no sea necesaria una coordinación. Formamos, lo queramos o no, una red distribuida de servicios jurídicos y esa es nuestra fuerza. Si somos capaces de tomar conciencia de ello y demostramos que somos capaces de cooperar y de ayudarnos unos a otros a superar esta crisis veremos un renacer de una abogacía con la que, inanes y oscuros políticos y pseudopolíticos, han pretendido acabar.

Así pues me gustaría mandarte un mensaje de optimismo y decirte que no te preocupes demasiado si el presente es malo porque, lo seguro, es que el mañana es nuestro.

Hay muchas cosas por hacer: adelante.

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No olvides este día

Acabo de oír la rueda de prensa posterior al consejo de ministros y estoy consternado.

Miren, tengo casi 60 años y no es que no pueda reinventarme, es que no me da la gana. He sido abogado toda mi vida y no voy a dejar de serlo ni por un virus ni por un gobierno inícuo.

Antes de ser abogado he sido muchas cosas y con todos mis años puedo ser aún lo que quiera, pero, a esta hora de la tarde, lo único que quiero ser es abogado, compañero de mis compañeros y, sobre todo, ser un problema insoluble para esos cuántos prebostillos que, sentados en sillones de gobierno y con engolada retórica, afectan poses de ser gente común.

No, ustedes no son como nosotros, a cualquiera de estos líderes del pueblo les cambio su cuenta corriente por la mía, sin mirar; así que, si creen que los abogados son ricos, ya pueden estar viniendo a verme, aquí les espero.

No he leído el BOE, no se ha publicado aún y hasta que no lo lea, —eso será mañana— no quisiera que la ira me llevase a hacer o decir nada improcedente. Ocurre sin embargo que, en política, las cosas suelen ser lo que parecen y, si el gobierno hubiese dado a los mutualistas una sola molécula de ayuda, lo habría pregonado en la rueda de prensa de hoy.

Como soy jurista esperaré a leer el BOE de mañana pero les aseguro que voy a recordar minuciosamente lo que he visto y oído. No siempre se puede vivir un día de infamia como este y no quiero que se vaya nunca de mi memoria.

Mañana será otro día, el primero de una larga serie de días que tienen que llevarnos a refundar las instituciones de nuestra profesión y a torcer la voluntad del gobierno si fuese preciso. Todo menos ver cómo se deja abandonados y a su suerte a todo ese grupo de personas, de hombres y mujeres, a las que, cuando me cruzo con ellos, llamo compañeros.

Queda un largo camino: será un honor recorrerlo a vuestro lado.


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Grandes genios de la cocina

Grandes genios de la cocina

Soy un genio de la cocina.

Hoy estaba determinado a zamparme un muy cuaresmal trozo de bacalao y, a tal fin, he puesto a freir en la sarten dos dientes de ajo con unas guindillas para darle alegría al asunto.

Con el aceite a punto he ido al frigorífico a sacar un buen filete de bacalao cuando (¡horreur!) me he percatado de que había olvidado descongelar el bacalao necesario. De inmediato mi fértil ingenio me ha dictado la solución: «fríe un par de huevos».

Con la rapidez del rayo he echado mano a dos huevos y, al cascar el primero, he notado que estaba inusitadamente duro. No era de extrañar: en mi lucha contra el coronavirus tomé la precaución de hervir TODOS los huevos de mi frigorífico de forma que, mientras me zampaba el huevo duro —por no desperdiciar— trataba de pensar en una solución viable mientras ajos y cayena adquirían un sospechoso color negruzo.

La situación se ha tornado dramática pero mi intuición de cocinero me ha llevado a pensar en unos garbanzos que tenía a remojo. Si los frío, he pensado, en el aceite este que ya se está quemando con las guindillas y los ajos, sin duda los garbanzos adquirirán buen sabor y, visto y no visto, he arrojado un buen puñado de garbanzos a la sartén tras secarlos someramente. Pandemonium culinario, un infierno en la sartén controlado a duras penas y, seguidamente, cierta tranquilidad.

Aprovechando el momento de calma mi mente de gourmet ha colegido que, si añadía un poco de pimentón a los garbanzos, estos ganarían en sapidez y coloración de forma que los he bautizado con una generosa porción de lo que en mi tierra se llama «pimiento molío». Tras esto he emplatado los garigolos en la forma que ustedes ven, dispuesto a subir la foto a Instagram y contarles alguna pamplina carthaginesogarbancera.

Error.

El puñetero «pimiento molío» (pimentón) era del género del que llaman «picante» y, en conjunción con las guindillas, me ha provocado un efecto tal que, en este momento, San Jorge no tendría huevos a acercarse a un dragón como yo.

Ahora, con la boca quemando, no sé si beberme de postre el contenido del extintor de la escalera o implantarme una bolsa de nitrógeno líquido en la lengua.

En este momento, mientras convulsiono, tengo la completa seguridad de que, si esto no acaba conmigo, quedaré inmunizado no sólo frente al coronavirus, sino frente al Cyclon-B, el Gas Mostaza y hasta al «Agente Naranja».

La ciencia me lo agradecerá. Si no pongo ningún post más en las próximas 24 horas mándenme una botellica de vino de Montilla a Santa Lucía.

Hoy es un buen día para llamar a las cosas por su nombre

Hoy es ese día en el que muchos abogados y abogadas dan vueltas en su cabeza a la situación de su despacho y aún dudan sobre si, siendo domingo, podrán acercarse a él y traerse algo de trabajo a casa para estos días.

La abogacía jamás se ha escondido en época de crisis y ha dado siempre la batalla en las peores situaciones. Durante las dictaduras los despachos de abogados han sido un refugio para la libertad y un amparo para quienes luchaban por ella. En la adversidad nuestra profesión y sus profesionales siempre han estado al lado de las personas que demandaban ayuda y, en esta ocasión, no va a ser diferente. Los juristas son expertos en esa ciencia que distingue entre lo justo y lo injusto y saben que, a veces, hay que tomar medidas drásticas y en casos como ese saben cumplir como el primero.

Pero, porque se sabe distinguir entre lo justo y lo injusto y por ello se cumple con la ley también sabe que, bajo la llamada al cumplimiento del deber, no se pueden cohonestar las injusticias.

Trabajadores asalariados y funcionarios, protegidos probablemente por la existencia de fuertes organizaciones sindicales, han visto como, antes de ordenarse el cese de actividad, se han dictado medidas que les protejan en la adversidad.

Los empresarios, base de la economía nacional y, al fin y al cabo empleadores de los anteriores, han visto como las medidas se atemperaban en lo posible a ls emergencia.

Autónomos y profesionales, sin embargo, han sido minuciosamente ignorados y abandonados a su suerte. Y esto, en dictadura, en la fortuna o en la adversidad, en tiempos pacíficos o revueltos es una total y absoluta iniquidad. Sí, una iniquidad.

Seguramente los abogados y abogadas no tenemos sindicatos ni patronales ni una representación institucional a la altura de quienes integran esa palabra abstracta pero hecha de personas muy concretas a la que llamamos «abogacía». Hoy es tiempo de encierro y sigo esperando la protesta justa e indignada de quienes dicen representarnos a nivel nacional. Olvídense, no lo hicieron antes ni lo harán ahora, lo único sensato que podemos hacer es pensar cómo refundamos ese trampantojo de organización.

Sé que ninguno lo hará, hay muchas cosas en las que pensar antes que pensar en ese cadáver: cómo saldrán adelante nuestras familias, cómo saldremos adelante nosotros, cómo saldrán adelante nuestros despachos y la forma en la que nos hemos ganado decentemente la vida.

Para los despachos-empresa no hay más problema que para el resto de la sociedad, o son empresarios o son trabajadores, todo ha sido previsto para el gobierno en esta situación de crisis.

Para los despachos independientes, para tu despacho y el mío, nada ha sido previsto, tú amigo, tú amiga estas jodido, muy jodido, y esto es un golpe más, corregido y aumentado por la crisis a una forma de ejercicio profesional que molesta.

No te han olvidado compañera, no te han olvidado compañero: te han abandonado. Como suena.

Por eso hoy, ese día en que muchas abogadas y abogados dan vueltas en su cabeza a la situación de su despacho y aún dudan sobre si, siendo domingo, podrán acercarse a él y traerse algo de trabajo a casa, es tiempo de llamar a las cosas por su nombre; de cumplir con nuestro deber ciudadano pero también de llamar a las cosas por su nombre y llamar injusticia a la injusticia e iniquidad a la iniquidad.

Para que se sepa. Para que no se olvide.


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O el gobierno legisla o la realidad legislará por él

Veo a los compañeros pedir insistentemente que la Mutualidad y los colegios dejen de cobrarles las cuotas de estos meses de crisis.

Veo —y no salgo de mi asombro— a la Mutualidad y muchos colegios (no todos gracias al cielo) que se resisten roñosamente a llevar a cabo tal medida.

Miren, se lo diré en corto y por derecho, si ustedes no suspenden los pagos de cuotas, o de alquileres, o de hipotecas, o de préstamos, la realidad los suspenderá por ustedes con la diferencia de que, en lugar de suspenderse de forma ordenada, se hará a las bravas y, para cuando acabe la crisis, el colapso de los tribunales con desahucios, ejecuciones, reclamaciones de cantidad y «rebus sic stantibus» estará garantizado.

Seamos claros: o legislan y prevén esta contingencia o la realidad legislará por ustedes. ¿O creen que hay muchos españoles que podrán aguantar tres meses sin ingresos?

Miren, hagan las cosas antes de que la realidad se las imponga y gestionen la crisis. Elegir entre lo bueno y lo malo es fácil, pero en épocas de crisis hay que elegir entre lo malo y lo peor y es ahí donde se distingue a un gobernante de un inútil.


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