Lo que sabe un salvaje pero ignora un ministro

La cooperación está en la base del éxito de la especie humana y esa cooperación se fue escribiendo a lo largo de millones de años de evolución en nuestros genes hasta completar un código genético, un texto escrito apenas con cuatro letras (GTAC) pero que es el que encierra la definición precisa de lo que es humano y lo que no.

La naturaleza no conoce otra medida del éxito que la de la replicación: una especie es evolutivamente exitosa si se reproduce abundantemente y para sobrevivir como especie —algo que en concretos momentos del pasado llegó a parecer imposible— el ser humano se atuvo la cooperación como estrategia exitosa.

En todo este asunto de la evolución el papel central lo ocupa la reproducción y esa tarea, en el caso de la especie humana, se lleva a cabo en el cuerpo de las mujeres. Para el equipo humano las mujeres y su trabajo como encargadas de la reproducción de la especie es, biológicamente hablando, central y eso ha definido muchas de las características de la especie humana.

Traer al mundo una nueva vida es un trabajo duro al que hay que dedicar muchos recursos biológicos y vitales. Parir es duro y para nuestras antepasadas iba su propia vida en cada nueva apuesta, y no solo su vida, una cría humana no sobrevive sin la compañía y el cuidado de su madre y todo eso hace que traer al mundo hijos sea algo muy serio para la especie humana, sobre todo para ellas.

Nos dicen los antropólogos que, dadas estas duras condiciones, los humanos que más éxito reproductivo obtuvieron fueron aquellos que ayudaron a las madres a llevar a cabo su tarea central, aquellos padres que no abandonaban a su pareja y a su prole, sino que cooperaban con ella tratando de que pudiese llevar a cabo su tarea y nos dicen lls antropólogos también que, por lo mucho que se juegan, son las mujeres las más cuidadosas a la hora de elegir pareja, no pueden correr el riesgo de irse con el primer majadero que pase…

La humanidad se construyó sobre el principio sagrado de que toda la comunidad esté orientada a proteger unas cuantas cosas sagradas: el cuidado de los niños (nada encoleriza más a los seres humanos que el maltrato a los niños) y el respeto a la tarea biológica vital de quienes les traen al mundo.

Y me jode, sí, me jode mucho, que lo que sabían tribus de salvajes desnudos que vagaban por las sabanas matando y muriendo, no lo sepa una administración de justicia ni un ministro de justicia que permiten que hoy, día de las madres, las procuradoras y las abogadas no merezcan el respeto que, como madres, habrían tenido en la tribu más primitiva y salvaje del mundo.

Y siento que me llevan los diablos.

Obviando la obviedad

Ayer, molesto con un concreto personaje público, experto en solemnizar lo obvio, escribí un post en facebook expresando mi malestar con esas formas de proceder y debo decir que me equivoqué. Las cosas que no nos gustan no son necesariamente malas y menos en este caso pues, en el fondo, todos somos citadores de obras conocidas.

Escribí hace poco que los seres humanos, más que a la inteligencia, debíamos nuestro éxito como especie a la cultura y traté de ilustrarlo con el ejemplo del pulpo. Estoy firmemente convencido de que es así, ningún ser humano en el fondo inventa ni crea nada, simplemente aprovecha lo que crearon personas que vivieron antes que él («subirse a hombros de gigantes» dijo Newton en cita conocidísima y que cito aquí como penitencia) y es de ahí de donde saca la aparente «novedad».

Piense en cualquier cosa, por ejemplo en un rock, si alguien le dice que «ha compuesto un rock» ¿hasta dónde ha hecho algo novedoso y hasta dónde ha copiado?. Ese compositor, sin duda, no inventó el compás de cuatro por cuatro, ni la escala pentatónica, ni la progresión armónica I-IV-V, ni la sucesión de doce compases característica de un rock and roll. Si este «compositor» dice que ha compuesto un rock es porque ha tomado todos esos elementos preexistentes y los ha mezclado de forma parecida a como los mezclaron otros autores que compusieron antes que él y que dieron lugar a ese género.

Lo que ha hecho este compositor —lo que casi siempre hacemos todos— es tomar lo que otros gigantes hicieron anted que nosotros, remezclarlo y llamar “nuevo” a lo que ya estaba inventado. Véalo así: si a usted y a mí nos dan un chusco de pan, un cuchillo y un chorizo no tardaremos mucho en descubrir el “bocadillo de chorizo” pero ¿hemos inventado algo en realidad?

Nuestras vidas se parecen enormemente las unas a las otras, somos iguales casi al 100% y pocos pueden decir que sean originales: todos somos una repetición de algo.

Incluso el post de ayer no es más que una cita ajena y recuerdo exactamente el momento en que leí esta cita en una biblioteca pública situada en donde ahora se encuentra ubicada la Asamblea Regional de Murcia, en Cartagena, en el Paseo de Alfonso XIII. La cita es de Ortega y Gasset y me impresionó: “evita decir lo obvio”; como todo lo que aprendes de niño se te impresiona fuertemente y te va convirtiendo en lo que al final acabas siendo. Me apliqué la cita con fanatismo infantil y durante mucho tiempo traté de no decir jamás lo obvio, hasta que descubrí que, lo que a mí me parece obvio, ni es obvio ni, por supuesto, es obvio para todos.

Sin embargo no he conseguido librarme de una cierta sensación desagradable cuando alguien me dice algo que estimo una obviedad, es una sensación como de que me tomase por tonto. Y puede ser así pero también puede no serlo. Esta sensación se me agudiza si el obvidicente es un político o un gobernante.

En fin, que todos somos una obviedad, una copia del ADN de otros seres humanos y una mezcla de la cultura de las personas verdaderamente geniales que nos precedieron. Es así como funciona la cultura, la vida y la evolución.

Gracias Glenda.

Hace diez años Satoshi Nakamoto dejó de escribir

Hace 13 años que los juegos de manos de los bancos a escala planetaria condujeron a una crisis económica que, 13 años después, aún dura. Los bancos decidieron jugar al monopoly con las hipotecas de las viviendas y, creando con ellas un mercado secundario, nos sorprendieron con fenómenos como la “titulización”, las “sub-prime” y otra jerga técnica al parecer específicamente diseñada para operar a las espaldas de los consumidores.

Fueron el sistema financiero y político los que permitieron este abuso y, para cuando quebró Lehmann Brothers (esto sí que era un negocio piramidal), mucha gente, en el mundo de la informática, estaba harta.

No es de extrañar que ya en 2009 apareciesen “whitepapers” hablando de sistemas monetarios que, en lugar de estar en manos de políticos y financieros, estuviesen en manos de los usuarios, donde todos estuviesen sometidos a la ley pues, en esos sistemas, la ley se expresa en códigos (códigos informáticos) que no pueden ser vulnerados. Con los códigos legales humanos siempre podemos utilizar la opción de quebrantarlos, pero el código informático, en su entorno, es tan determinista como la ley de la gravedad: no puede ser quebrantada. Si el programa dice que no puedes hacer algo simplemente no puedes hacerlo y, si dice que puedes hacerlo, en su micrometaverso puedes hacerlo por extraño que te parezca. En los juegos de ordenador la ingravidez existe.

Esta inexistencia de control financiero o político y este sometimiento de todos al código sorprendió a la comunidad del dólar («in God we trust») por una nueva forma de pensamiento descentralizado («in Code we trust») que no era más que una legítima heredera de la red no jerarquizada que es internet, de los sistemas peer to peer (P2P) y de la mentalidad distribuida que impregna la creación informática avanzada.

Naturalmente el sistema fue ignorado al principio, objeto de burlas después, atacado en algunos lugares (nada más contrario al espíritu de este sistema que las CDBC como el Yuán chino, por más que se camufle de criptomoneda) y, en general, viviendo un éxito preocupante para muchos de los actores de aqurlla crisis de 2008 (que ven peligrar su posición de privilegio) y fascinante para muchos otros que creen ver en este mundo y la tecnología que lo sustenta un nuevo océano azul.

Quienes montaban a caballo se burlaban del automóvil porque se atascaba en los caminos de barro de la época, muchos de los que vivieron el nacimiento de la informática tardaron en abandonat sus máquinas de escribir —el malo conocido— y aún recuerdo a todo un presidente del Tribunal Superior de Justicia de mi región recomendando no usar tarjetas de crédito en la red.

Internet llegó a España en torno a 1998 y hoy, 23 años después, es parte inseparable de nuestras vidas; la primera criptomoneda se diseñó en 2009 y hoy la capitalización de este mercado está en torno al billón (europeo) de dólares; es decir, un uno seguido de 12 ceros. Negarse a ver el elefante en el salón no es, pues, una opción válida. Si la población mundial sigue adoptando el uso de criptomonedas a este ritmo el valor de las mismas dentro de solo cinco años será difícilmente imaginable.

Frente a este panorama algunos países han tratado de adoptar medidas restrictivad (Nigeria, Turquía…), otros han aprovechado la situación y tratan de aprovecharla aún más en el futuro (si usted viaja a China a ver las Olimpiadas de 2022 necesariamente habrá de usar la criptomoneda oficial China, el Yuan, un instrumento de control tan atractivo de usar como infame en su intencionalidad) y, los más inteligentes, simplente están en trance de regularla e incorporarla a su sistema económico.

Lo mismo han hecho los bancos, bancos como JP Morgan y fondos de inversión como GrayScale se han aplicado al uso y adopción de estos instrumentos, otros, simplemente han preferido cerrar los ojos.

No importa lo que piense usted de las criptomonedas, como no importó lo que usted pensase de internet o de la Inteligencia Artificial; la tecnología blockchain existe y eso es una realidad independiente de lo que usted piense. El mundo usará esa tecnología, de usted depende que se use para ampliar la libertad individual y restringir la corrupción, o que se use como herramienta de control de la población por parte de los gobiernos (China).

Las decisiones inteligentes son decisiones informadas, no opine con fundamento solo en sus juicios anteriores (pre-juicios) estudie la tecnología y opine después.

Hoy hace diez años que Satoshi Nakamoto escribió su último mensaje.

Portugal no coração

Portugal no coração

Portugal —dicen— va a bajar los impuestos y muchos nómadas digitales se preparan para comer bacalhau y cantar el fado allende el Tejo o Tras os Montes.

Hay quien se toma a broma el asunto pero yo no, los de esta parte de la península debiéramos haber aprendido hace tiempo que a Portugal nunca se le debe tomar a broma pues ha sido allí donde, casi siempre, se ha marcado el destino de la península ibérica en los últimos 500 años.

Fueron los portugueses quienes se empeñaron en ir a comprar especias en barco al lejano ortiente y forjaron tantos y tan buenos navegantes que los castellanos, fichándoles a Colón y Magallanes, marcaron los dos mejores goles de su historia.

Por lo que a mí respecta mi primer recuerdo de Portugal data de 1974, cuando mis compañeras de clase llegaron un 25 de abril con claveles rojos al colegio y nos ordenaron ponérnoslos. Obviamente yo no entendía aquella petera de mis compañeras pero, como a esa edad uno siempre hace caso a las mujeres, me lo coloqué.

En 1974 en España gobernaba Franco pero en Portugal la dictadura había caído un año antes y eso lo averigüé gracias a las miradas de pánico de mis profesores y al indisimulado cabreo del profesor de FEN que me llevaron a investigar qué narices significaban aquellos claveles que nuestras compañeras de clase nos ordenaron colocarnos como si fuésemos cantantes folcklóricas.

Hoy vuelve a ser 25 de abril, fecha de aquella revolución en que Portugal acabó con la dictadura merced a un golpe de estado militar, tan cívico y poco violento que los fusiles disparaban flores y las columnas de blindados respetaban los semáforos en rojo. Dicen que la señal de comenzar el golpe la marcó la emisión radiofónica de una canción que hablaba de una tierra de fraternidad donde era el pueblo el gobernante supremo (o povo é quem mais ordena).

En el resto de la península se trató de imitar a los portugueses pero eso no ocurrió sino cinco años después y cuando Franco ya llevaba tres muerto.

No, no se tomen a broma jamás a un portugués, en el resto de la península nunca hemos hecho nada tan bien ni tan pronto como lo han hecho ellos y, cuando lo hemos hecho, lo hemos hecho con mucho menos estilo. Por eso, cuando a ellos se les hinchan las lusitanas narices y le recuerdan a sus parlamentarios que «o povo é quem mais ordena» yo me acuerdo de aquel 25 de abril de 1974 y del terror que pueden llegar a infundir unos claveles.

Vermú con epojé

Vermú con epojé

Me sirvo un vermut mientras leo y el libro me habla y me dice:

«Cuando un hombre lee un libro no lee lo que el autor del libro dice, sino aquello que el propio lector piensa».

Y tiene razón.

Para Filón de Alejandría las sagradas escrituras eran un texto neoplatónico, en cambio, para el cordobés Maimónides eran un texto Aristotélico. Ni que decir tiene que el primero era neoplatónico y el segundo aristotélico.

Para comprender necesitamos olvidar todo conocimiento previo y tratar de escuchar lo que se nos dice sin juzgar. Necesitamos usar de la epojé, suspender nuestro conocimiento previo y comprender sin juzgar.

Para entender a otras culturas o a otras religiones, filosofías o formas de  pensar debemos “suspender” (epojé) nuestro conocimiento y juicio previos y escuchar y estudiar hasta comprender. Cuando hayamos comprendido ya habrá lugar a otras cosas.

Mientras no hagamos eso no leeremos el libro de nadie, sino nuestro propio libro, nunca escucharemos un discurso de nadie, sino nuestro propio discurso y nunca entenderemos nada, ni siquiera a nosotros mismos.

Hay quien se toma el vermú con una rodaja de naranja, yo lo acompaño con estas otras cosas.

#epojé #neoplatonismo #aristotelismo #vermú #vermouth #vermut #cinzano

De bandos y banderas

Veo llenarse mi TL de banderas bicolores, tricolores y hasta crucíferas que conmemoran, cada una según la ideología del propietario de su muro, el aniversario de la proclamación de la II República Española.

A mí, si me lo permiten, les diré que todo este detalle de las banderas me importa poco. Me explicaré.

Nunca he comprado el jamón por la etiqueta ni el vino por la marca, sino por el sabor; del mismo modo que jamás he juzgado a las personas por sus vestidos o su nombre, sino por sus hechos.

España es una cosa y las múltiples banderas con que se la ha representado es otra y debo aclarar que ninguna de estas banderas me molesta y a todas guardo un profundo respeto.

La Cruz de Borgoña

La primera «bandera de España» a que me gustaría referirme es la que luce como elemento principal la llamada «Cruz de Borgoña». Esta bandera había sido usada tradicionalmente por la Casa de Borgoña a modo de distintivo, y con la llegada de Felipe «el Hermoso», casado con Juana «La Loca», arribó a la península a principios del siglo XVI. La Cruz de Borgoña o Aspa de Borgoña es una representación de la Cruz de San Andrés en la que los troncos que forman la cruz aparecen con sus nudos en los lugares donde se cortaron las ramas.

Esta es la bandera que se asocia naturalmente al imperio español y fue también la bandera que utilizaron los Tercios de Flandes. Si ustedes se acercan al Museo del Prado y contemplan el cuadro de «Las Lanzas», podrán saber cuáles son los soldados españoles porque estos llevan una bandera con la Cruz de Borgoña sobre un fondo ajedrezado azul celeste y blanco: la bandera del Tercio de Ambrosio de Spínola que, por razones que no alcanzo a comprender, aparece a menudo en la red como bandera del «Tercio Viejo de Cartagena», unidad que, hasta donde yo sé, sólo aparece en las novelas de Pérez Reverte.

Esta bandera de la Cruz de Borgoña es, probablemente, la que durante más años ha representado a España y aún lo sigue haciendo en numerosos lugares del mundo, singularmente en la América Hispana. Observen por ejemplo la fotografía anterior en donde podemos verla compartiendo lugar de honor junto con las banderas de Puerto Rico y los Estados Unidos.

Usualmente llamada «Spanish Military Flag» ondea sobre los fuertes de Puerto Rico y es usada también, por sólo citar un ejemplo, en la ceremonia del «Cañonazo de las Nueve» en los fuertes de La Habana.

Esta bandera, que jugó un papel protagonista durante buena parte de nuestra historia, es también parte de la historia de otros países; y no sólo de la América Hispana, sino también de los Estados Unidos. Con ella —o bajo ella— las tropas españolas apoyaron la causa de los colonos de los Estados Unidos en su guerra de independencia de Inglaterra.

Como consecuencia de la presencia española en América del Norte se admite generalmente que las banderas de algunos estados (Alabama, Florida…) fundan su diseño en la bandera española de la Cruz de Borgoña e incluso algunos otros —si bien con menos consenso— quieren ver en ella la inspiración de la Bandera del Ejército Confederado durante la Guerra de Secesión estadounidense.

No creo que, con lo que le he narrado hasta aquí, le parezca a usted «poco española» esta bandera bajo la que se construyó un imperio ni que, si es usted un español acendrado, le produjese urticaria si la viese en alguna camiseta deportiva. No lo creo ¿verdad?. Quienes combatieron, trabajaron o simplemente vivieron bajo ella eran tan españoles —o más— que usted. No le quepa la menor duda.

¿Por qué dejó de usarse como bandera de España? Bueno… la maldita política. Cuando llegaron los borbones a España sintieron que era una bandera demasiado austracista y, tras la Guerra de Sucesión, comenzaron la tarea de cambiarla por una bandera blanca (el blanco era el color de los borbones) con el escudo de armas del rey en medio. No lo lograron pero fue con esta bandera blanca con el escudo real en medio con la que un españolazo de Pasajes, Don Blas de Lezo Olavarrieta, infligió a los ingleses la derrota más humillante de su historia en los muros de Cartagena de Indias.

Luego vinieron las carlistadas… se asume tradicionalmente (aunque de forma eerónea) que los partidarios de Don Carlos usaron la Cruz de Borgoña como distintivo se sus tropas (cosa normal, usaban la bandera «de España») mientras que los partidarios de su sobrina, Isabel II, usaron más de la rojigualda que había ganado mucha popularidad a partir de 1808. Finalmente, en 1843, Isabel II instituyó la rojigualda como bandera oficial de España y desde entonces la vieja bandera española con la cruz de Borgoña quedó indisolublemente unida a la causa carlista, asimilación que aumentó con la guerra civil española 1936-1939, pues era la bandera oficial de la Comunión Tradicionalista y era la que habitualmente portaban los batallones de «requetés». Durante el franquismo nuestra vieja bandera imperial fue instituida como una de las banderas oficiales del régimen de Franco junto con las de España y la rojinegra de la Falange.

Pero insisto: ¿le parece a usted «poco española» esta bandera? ¿Cree que eran menos españoles que usted quienes combatieron, trabajaron o simplemente vivieron bajo ella?. Espero que no. Si algún día aparece en alguna zamarra deportiva espero que no le provoque a usted ansiedades o iras innecesarias la aparición de esta bandera que ha representado oficialmente a España durante tres siglos y medio (la actual apenas lleva siglo y medio) y aún la sigue representando oficiosamente en muchos lugares de América

La rojigualda

El actual diseño de la bandera de España es producto de un concurso organizado por Carlos III para dotar de una nueva enseña a la Armada Real. Dado que el blanco era el color de los borbones muchas naciones enarbolaban banderas blancas en el mar y no eran infrecuentes los equívocos que daban lugar a trágicas consecuencias.

Harto de esta situación Carlos III decidió encargar diseños de banderas que en la mar se distinguiesen perfectamente en la lejanía y los que resultaron finalistas fueron los que pueden ver en una de las imágenes que acompañan a este post: cualquiera de ellos podría ser la actual bandera de España.

Finalmente Carlos III eligió el primer diseño para la marina de guerra (aunque amplió al doble la franja central para compensar) y el tercer diseño para los barcos de la marina mercante. Las franjas horizontales eran visibles incluso en el caso de que la bandera flamease y los colores rojo y amarillo destacaban perfectamente sobre el azul del mar. El origen de la bandera actual de España, pues, nada tiene que ver con la bandera de la Corona de Aragón, aunque, ciertamente, sus colores son virtualmente idénticos.

Esta bandera ondeó primeramente en los barcos de la Armada, posteriormente en sus acuartelamientos e instalaciones de tierra, durante la Guerra de la Independencia fue muy popular entre los liberales y era la preferida por las unidades de la Milicia Nacional… en suma, esta bandera se asimiló a lo «liberal y progresista» mientras que la de la Cruz de Borgoña se asimiló a los valores conservadores y absolutistas propios del carlismo. Enfrentadas ambas concepciones en aquellas lamentables guerras civiles entre los partidarios del tío o de la sobrina finalmente se impuso la sobrina y la rojigualda frente a su tío y la Cruz de Borgoña. Cosas del destino.

Supongo que nadie me discutirá que el liberalote de Granátula Don Baldomero Espartero era tan español como el carlistón de Ormáiztegui Don Tomás de Zumalacárregui. Ellos mismos, si se definían como algo, era como españoles auténticos. No creo que nadie pueda afirmar que quienes combatieron, trabajaron o simplemente vivieron bajo la rojigualda sean o hayan sido menos españoles que quienes combatieron, trabajaron o simplemente vivieron bajo la de la Cruz de Borgoña.

El diseño para la Armada de Carlos III, con Isabel II, pasaría a ser bandera de España y, salvo durante la II República, ya no cambiaría jamás pues incluso la Primera República —y hasta los cantonales— usaron la rojigualda. Tan sólo el escudo ha variado, pero eso lo veremos otro día.

La bandera de la II República Española.

Los constituyentes de la II República Española estimaron que el diseño de la bandera de Carlos III olvidaba a una región «nervio de España» según sus propias palabras: Castilla. Es por eso que decidieron añadir a los dos colores «aragoneses» (ya sabemos que no es así en realidad) el morado «representativo» de Castilla, dando lugar a la bandera tricolor republicana. Bajo ella combatieron, trabajaron y vivieron hombres y mujeres tan españoles y españolas como usted y en muchos casos probablemente más que usted. No sé por qué produce irritación esta bandera de España ni por qué unos la exhiben para provocar el enfado de otros que tampoco entiendo bien por qué se enfadan. Permítanme que —obviando la guerra civil que enfrentó a españoles independientemente de la bandera bajo la que peleasen— les cuente una historia.

Agosto de 1944. Hitler había ordenado destruir París (¿Arde París?) a Von Choltitz, el jefe de la guarnición alemana, a la vista de que las tropas aliadas se aproximaban. Lo que no sabía es que Eisenhower, jefe supremo aliado, no quería tomar París: alimentar a ocho millones de habitantes era un problema que quería dejar en manos alemanas. Sin embargo, para De Gaulle, jefe de las fuerzas francesas, era cuestión de honor hacerlo y por eso ordenó al General Leclerc liberar a todo trance París quien, a su vez, ordenó a una de sus mejores unidades que lo hiciera. Y lo hicieron.

Los hombres de la 9ª compañía blindada del Regimiento de Marcha del Tchad, tras batirse el cobre con numerosas unidades alemanas en días anteriores, el 24 de agosto de 1944 irrumpieron en París a bordo de sus «half-tracks».

No sin sufrir bajas los blindados «Madrid», «Jarama», «Ebro», «Teruel», «Guernica», «Belchite», «Guadalajara», «Brunete» y «Don Quijote» alcanzaron el ayuntamiento de París. El primer blindado que llegó a la plaza del ayuntamiento de París fue el “Guadalajara”, con tripulación exclusivamente extremeña. Los primeros disparos que las fuerzas aliadas efectuaron se hicieron, efectivamente, desde el blindado “Ebro”, mandado por el capitán canario Campos y conducido por el catalán Bullosa. En las cercanías del Arco del Triunfo patrullaban Alfredo Piñero y Francisco Izquierdo, que se quedó mudo cuando una muchacha, tras los besos de rigor exclamó: «¡Eres el primer soldado francés al que beso!», a lo que éste contestó «somos rojos españoles, mademoiselle» y, en efecto, así era: ellos eran lo que quedaba del ejército republicano que había perdido la guerra cinco años antes.

La epopeya de estos hombres perseguidos en España por el régimen de Franco y perseguidos en toda Europa por el régimen nazi, pero que acabaron siendo quienes liberaron París, aún espera que alguien la narre como merece. Eran republicanos, peleaban bajo la bandera republicana y fue con esa bandera con la que entraron en París. Y eran españoles, tan españoles o más que usted y que yo.

Más de 70 años después de aquellos hechos el «Regimiento de Marcha del Tchad» sigue formando cada mes de agosto frente al ayuntamiento de París enarbolando la bandera de aquella 9ª Compañía Blindada de republicanos españoles. Puede verlo en la foto en la foto de abajo.

Sí, la bandera de la República Española aún ondea en actos oficiales y a mí me enorgullece —sí, me enorgullece— tanto como ver la Cruz de Borgoña ondeando en los fuertes de Puerto Rico o la rojigualda en las Cortes de España.

Y ahora si a usted le sigue pareciendo que quienes combatieron, trabajaron o simplemente vivieron bajo la bandera tricolor republicana eran peores españoles que usted y siente urticaria al ver esa bandera en una camiseta quizá tenga usted que revisar sus convicciones. O quizá es que yo carezca de sensibilidad para estas cosas.

Miren, con la Cruz de Borgoña, con la rojigualda, con la tricolor, este país se llama España y son españoles y españolas quienes viven en él independientemente de la bandera o etiqueta que luzca el país en cada momento. Dejemos de usar las banderas para formar banderías y asumamos nuestra historia y que, los responsables de la misma, somos los españoles. Cualquiera que sea la bandera.

Fondillón

Fondillón

Existen vinos marineros y de tierra adentro. Muchos pensarán que esta división la establecieron los ingleses en los siglos XVII y XVIII, pero lo cierto es que, si alguien es responsable de ella, fuimos los españoles en el siglo XV.

Las ordenanzas de la Flota de Indias eran taxativas en cuanto al consumo de los vinos se refiere: los primeros en ser consumidos debían ser los vinos jóvenes, en su mayoría blancos gallegos y los últimos los jereces pues, debido a su mayor graduación alcohólica y particular proceso de vinificación, eran los últimos en estropearse. Pero no sólo los jereces, pues se producían otros vinos en España muy capaces de soportar largas singladuras, como este del que estoy disfrutando hoy.

Cuando se habla de vinos españoles la mayor parte de la población piensa en la Rioja, en la Ribera del Duero o incluso en Jerez, pero, nadie o casi nadie, piensa en Alicante y, sin embargo, es en Alicante donde nace esta maravilla que saboreo hoy.

Este vino milagroso tiene un remoto origen jurídico en figuras como la enfiteúsis o el arrendamiento «a rabassa morta»; el contrato expiraba al morir las vides y por eso los agricultores cuidaban las cepas más viejas que, por su poca producción, eran recogidas familiarmente cuando acababa la vendimia de las cepas más productivas, de forma que las uvas venían cargadas de azúcares y, por lo tanto, rendían un vino de una muy alta graduación alcohólica.

Los agricultores, además, las pasificaban asoleándolas en el «safareig», tras lo cual el mosto fermentaba junto con el hollejo (es un vino tinto) y, si tras esto su calidad era excepcional, iba a parar a una barrica donde envejecía veinte o veinticinco años, aunque Fondillones (pues así se llama este vino) de más de 100 años son conocidos.

Pueden ustedes imaginar que, un vino de estas características era un vino marinero por naturaleza y fue por eso por lo que Magallanes, un genio portugués que Castilla fichó a la flota portuguesa, se cuidó muy mucho de que, al arranchar la flota que habría de dar la vuelta al mundo, hubiese abundante repuesto de Fondillón en las bodegas de los barcos… y el tiempo le dio la razón, pues cuando, tres años más tarde de su salida, la nao Victoria avistó la barra del Guadalquivir en Sanlúcar de Barrameda, aún quedaba Fondillón en sus bodegas.

Del Fondillón han escrito Dumas, Shakespeare y cuantos escritores de fuste y afición al morapio dieron aquellos siglos, y yo, hoy, como es el día de mi santo, voy a celebrarlo con este «jovencito» de treinta y tres años que me he gobernado para la ocasión. Podría bebérmelo sólo y no escribir ningún post pero ya saben ustedes que

«La vida es un vino amargo,
dulce en copas compartidas…»

Así que, aunque no puedan venir a probarlo conmigo —aún están a tiempo— al menos mantendremos la charla que, siempre, provoca un buen vino. Mucho más este.

Y Visca Alacant.

La infancia es felicidad, la adolescencia amor y el resto literatura

«La infancia es felicidad , la adolescencia amor y el resto literatura», leo que dice Luís Landero en una entrevista en El País, y pienso si no será por eso por lo que escribo tan a menudo de mi infancia.

Pero, como añade más adelante el maestro, «el pasado tiene mucho de invención, como en el amor, y a menudo muchas cosas que creemos haber vivido o nos las contaron, las hemos soñado o imaginado. El olvido borra y la imaginación escribe y ya se sabe que cuando la imaginación muerde y se hace carne ya no suelta su presa».

No sé cuánto de mi infancia se debe a la imaginación y cuánto al recuerdo. Lo que sí recuerdo perfectamente es aquella tarde en Madrid en que Luís y yo eramos felices fumando, bebiendo, hablando de literatura y jugando una variante Najdorf de la Defensa Siciliana.

Ya sabíamos que la vida iba en serio, pero aún nos podían las ganas de comernos el mundo.

Hay momentos que no los borra el olvido ni los reescribe la imaginación. Este es uno.

Yo seré el que estaré

Hay un viejo proverbio centroeuropeo que afirma que si el inglés es la lengua del comercio y el francés la del amor, el castellano —o el portugués— son la lengua de Dios. La primera vez que lo oí pensé que tenía sentido; sólo el castellano y el portugués distinguen los verbos ser y estar de forma que, cuando Dios habló a Moisés desde la zarza ardiente y dijo eso de «Yo soy el que es», no podríamos traducirlo con exactitud a ninguna lengua que no fuese el castellano o el portugués… «Yo soy el que está», «Yo soy el que es», «Yo estoy el que soy…». No, esa frase ha de decirse y entenderse en español o no decirse ni entenderse.

Mi sorpresa fue mayúscula al descubrir, al cabo de los años, que en hebreo —idioma en que supuestamente hablaron Dios y Moisés— no se distinguen tampoco el verbo ser y estar pero, lo que es máss sorprendente, el verbo ser NUNCA se conjuga en presente en hebreo de forma que no existe la expresión “Yo soy”.

Lo que Dios dijo desde la zarza y figur escrito en el original hebreo del Antiguo Testamento es más bien «Yo seré el que estaré».

Y es ahí cuando me acuerdo las delirantes explicaciones filosóficas que nos daba nuestro cura en clase de religión tratando de explicar esa frase.

Igual si hubiese estudiado hebreo hubiera podido ahorrarse todo aquel trabajo.

Quién sabe.

A veces pienso que, quizá, toda nuestra comprensión de la realidad esté viciada por un simple problema de traducción y que sea eso lo que nos impide entenderla. Quizá.

Ser joven es un trabajo de años

Ser joven es un trabajo que lleva tiempo; a veces años, muchos años.

La vida es tramposa y, no bien nacemos, ya empieza a conspirar para que vayamos envejeciendo. Cuando eres niño todo es nuevo, todo te asombra y cada día es una nueva aventura pero, para cuando aprendes a hablar, muchas cosas ya te son conocidas y, cuando llegan a la adolescencia, muchos jóvenes sedicentes no son más que unos viejos prematuros que creen estar de vuelta de todo sin haber ido a ningún sitio. Para cuando les llega el tiempo de casarse muchas personas ya no son sino cadáveres andantes.

La buena noticia es que, si dedicas el tiempo suficiente, te darás cuenta de que ignoras muchísimas más cosas de las que ignorabas cuando eras un niño; que el conocimiento que has ido adquiriendo es trivial, que lo interesante empieza ahora y que las mejores sorpresas que guarda la vida para ti empiezan a presentársete, si las buscas, justo ahora.

Hacen falta años de trabajo para ser joven y aún así no es tarea fácil.

Es por eso que, cuando oigo a algún líder político o a algún influencer hablar de “los jóvenes” o “la juventud”, sé positivamente que no saben de lo qué hablan.

Igual es que no tienen los años ni el carácter necesarios.