El dilema del tranvía

Hoy he visto en redes una viñeta que ofrecía una versión simplificada del llamado “Dilema del Tranvía”, un juego mental que el profesor de la Universidad de Harvard Marc Hauser usó hace unos años para explorar la naturaleza moral de los seres humanos.

La versión simplificada del dilema es que se observa en el dibujo: un tranvía circula por una vía en la que, de forma inevitable, atropellará a cinco personas y las matará. No obstante usted, accionando una palanca, puede desviar el tranvía hacia otra vía donde solo hay una persona.

¿Accionaría usted la palanca o no?

Si es usted de los que piensan que es evidente que hay que accionar la palanca no es malo que sepa que un importante porcentaje de la población no opina lo mismo. Como yo decidí sin dudar que había que accionar la palanca (cinco vidas valen más que una) pasé a la siguiente pregunta del dilema.

Ahora usted no está fuera del tranvía, sino dentro y es usted el conductor del tranvía. El tranvía va por la vía donde hay cinco personas pero, accionando usted un mecanismo de volante, puede desviar el tranvía hacia la vía donde hay una sola persona.

¿Accionaría usted el volante?

A muchos la pregunta les parecerá idéntica a la anterior y, sin embargo, muchas de las personas que respondieron que sí accionarían la palanca en el caso anterior ahora no accionarían el volante. ¿Por qué?. Otro día hablamos de ello pues la explicación es larga.

Yo, por las mismas razones que en el caso anterior (cinco vidas valen más que una) respondí que sí accionaría el volante, de forma que pasé a la siguiente pregunta.

En la siguiente fase del dilema el tranvía se dirige por la vía a atropellar a las cinco personas y usted y un desconocido presencian la escena desde un puente en lo alto de la vía. Si usted arroja a la vía al desconocido el mecanismo de colisión del tranvía se activará y salvará a las cinco personas. La pregunta es:

¿Empujaría usted al desconocido a la vía?

A estas alturas le informo que una amplia mayoría de la población afirma que no empujaría a la vía al desconocido aunque ello supusiera la muerte de las cinco personas.

Aquí la aritmética de cinco vidas contra una vida ya no le sirven a la inmensa mayoría de la población y no hay lógica que les convenza, simplemente no empujarán al desconocido a la vía.

Yo, atrapado por mis reflexiones anteriores (cinco contra uno) y deseando ver en qué acababa el experimento respondí que sí, que empujaría al desconocido aunque a esas alturas yo ya no tenía ganas de empujar a nadie.

Tras responder que sí pasé a la siguiente fase, pero ahora ya no había tranvía y el problema era otro.

Cinco jóvenes yacen en las camas de un hospital, todos son fuertes y vigorosos pero están condenados a muerte salvo que reciban un trasplante urgente. Uno precisa un corazón, otro un hígado, otro un riñón…

Y en ese momento aparece un hombre mayor sano a hacerse un chequeo. Cinco vidas contra una.

¿Y ahora qué piensa usted? ¿Matamos al señor sano porque salvamos cinco vidas y se pierde solo la suya?

Recuerde que todo esto es un juego mental, no vale escaparse respondiendo cosas del tipo “es que dudo que empujando al hombre el tranvía se pare” y cosas así. Todo sucederá como le he dicho.

Por qué cinco vidas valen más que una en un caso sí y en otro no para quien responde no nos resuelve el dilema pero sí nos permite profundizar en la naturaleza de la moral humana.

Ustedes me contestarán, yo, en este caso, juego con ventaja.

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