No hay oposición en justicia

Tener un mal gobierno es una desgracia; tener un mal gobierno y una mala oposición es una tragedia y es en esta tragedia en la que está instalada la justicia de nuestro país desde hace años.Que tenemos un ministro de justicia y una política en justicia lamentables ya lo he contado en posts anteriores, pero, ayer, me encontré con un tuit del líder la oposición, Pablo Casado, que me reveló también que, si mala es la política del gobierno en materia de justicia, igual de mala es la política que preconiza el poco avisado líder de la oposición. Pero antes de entrar en harina dejemos que hable el citado: aquí tienen su tuit.

Sí, han leído bien, el aspirante a ser inquilino de la Moncloa pudo haber citado por ejemplo a Doña Margarita Mariscal de Gante, la ministra que reformó la LEC e introdujo la videograbación en la jusricia española, pero, en su lugar y sin experimentar molestia intestinal alguna el líder de la oposición prefirió a elegir a cuatro ministros perfectamente olvidables cuando no directamente reprobables y hasta en algunos casos efectivamente reprobados. El tuit del líder de la oposición, ya digo que sin sonrojo ni pudor, decía:

«Con los Ministros de Justicia Acebes, Michavila, Gallardón y Catalá defendemos un Poder Judicial independiente frente a las agresiones del Gobierno, reivindicamos el Pacto de Estado por la Justicia de 2001, y pedimos la despolitización de la Fiscalía y de la elección del CGPJ. https://t.co/rbFqhfEHVb »

Esto lo escribió y publicó sin vergüenza alguna el líder de la oposición y debiera experimentarla, porque sus palabras son no sólo erróneas —siendo piadosos en el adjetivo— en una parte, sino simplemente falsas en otra y finalmente injustas en lo que calla y a quienes olvida. No sé quién asesora al líder de la oposición en cuestiones de Justicia o si estas declaraciones se le han ocurrido a él solo pero, si son estas cuatro personas quienes le asesoran, ya podemos empezar a rezar porque el joven líder opositor jamás gane unas elecciones.

En el mundo es habitual que a los líderes alguien les escriba los discursos; en España, yendo un paso más allá, a algunos/as líderes/as, les escriben hasta las tesis doctorales por lo que no veo yo qué mal habría en que al líder de la oposición alguien le sugiriese ideas en justicia menos insensatas de las que se deja ir por tuíter. Analicemos el tuit porque no tiene desperdicio.

Afirma en primer lugar el líder de la oposición:

«Con los Ministros de Justicia Acebes, Michavila, Gallardón y Catalá defendemos un Poder Judicial independiente frente a las agresiones del Gobierno…»

No se ve enoticono alguno en el tuit que nos haga pensar que el líder está de guasa, cómico o ebrio, de forma que no nos deja sino tomar la peor ocpión: pensar que lo dice en serio.

Hablar de que esa cáfila a quien menciona el tuit defendió un Poder Judicial independiente es ignorar la realidad o tener muy poca vergüenza; permítanme, pues, que, piadosamente, me adhiera a la primera opción y les recuerde algunas cosas.

Cuando el Partido Popular ganó las elecciones en 2011 lo hizo comprometiéndose en su programa electoral (página 178, medida 11 en el capítulo dedicado a la justicia) a lo siguiente:

«Promoveremos la reforma del sistema de elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial, para que, conforme a la Constitución, doce de sus veinte miembros sean elegidos de entre y por jueces y magistrados de todas las categorías.»

Muchos les creyeron y les votaron pero allí estaba Gallardón quien, apoyado por una mayoría absoluta superlativa se sintió con derecho a mentir y traicionar a sus electores llevando a cabo una reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial justo en sentido contrario al prometido y con la única finalidad de ejercer un mayor control político sobre el Consejo General del Poder Judicial.

¿Y es este señor de quién dice el líder de la oposición que debemos tomar ejemplo?

¿Y lo ha dicho sin desternillarse de risa o sin vomitar de vergüenza?

No necesito decirles que el sucesor de ese señor del que les hablo (es la forma en que en el partido del líder llaman a los caídos en desgracia) tampoco hizo nada por arreglar la trapisonda de su predecesor y así hasta el día de hoy en que ministros de uno y otro color han venido disfrutando de aquella tropelía.

La segunda parte del tuit es también de traca

«…reivindicamos el Pacto de Estado por la Justicia de 2001…»

Ese «pacto» no es de Estado, ese pacto es la tontina que firmaron los dos partidos que en 2001 se creían intocables para controlar la justicia a través de unas medidas (Nueva Oficina Judicial y Tribunales de Instancia incluídos) destinadas en esencia a aumentar su capacidad de influencia en la administración de justicia y a dejar sin justicia cercana a dos terceras partes de la población española. En próximas semanas dedicaré una serie de post (por cierto ya iniciada) al momio de los tribunales de instancia, por ahora básteme decir que todos los ministros de justicia, Gallardón y Campo incluídos, son fieles acólitos de aquella misa negra.

Si lo observan, entre reducciones de planta (Caamaño, Gallardón) o la búsqueda de la promoción de tribunales de instancia (Gallardón, Campo), las políticas en justicia de PP y PSOE son sistemáticamente iguales y predecibles con el libro negro a que hace referencia el líder de la oposición en la mano. Es por eso que, todos los ministros que salen en la fotografía del tuit y todos los ministros que pueda poner el PSOE desde 2001 son absolutamente prescindibles en la historia de la justicia española: porque todos han tratado de llevar adelante aquel pacto de control y sumisión de la justicia, esa administración que demostró ser la única capaz a poner coto a todo el demencial espectáculo de corrupción y depredación de caudales públicos por los partidos mayoritarios en los últimos 20 años.

Que no le engañen: en justicia, al menos en justicia, la política de los dos partidos mayoritarios es exactamente la misma en lo esencial y tiene un único fin desde 2001: controlar la administración de justicia.

Es por eso que resulta especialmente estomagante leer tuits como el de ayer, primero porque son falsedades y en segundo lugar porque nos sitúan en la peor posición posible: en la de un país que tiene un mal gobierno en justicia pero que ni siquiera puede hallar una mínima esperanza en la oposición.

Menú del día

Menú del día

Fue Manuel Fraga, ministro de información y turismo quien, en julio de 1964, estableció que…

todo «establecimiento, cualquiera que sea su categoría, de los que facilitan al público comidas y bebidas deberá confeccionar un «menú turístico» (…) que se compondrá como mínimo de:

—Entremeses, o sopa, o crema.

—Un plato con guarnición, que el cliente elegirá de un repertorio compuesto, cuando menos, por tres variedades, a base de huevos, pescado o carne, respectivamente.

—Un postre a base de fruta, dulce o queso.

Se incluirá también un cuarto de litro de vino del país, o sangría, o cerveza u otra bebida y pan».

Esta disposición legal, aunque ya no esté vigente, se sigue cumpliendo escrupulosamente por las casas de comidas más dignas de confianza. No crean ustedes a cocineros como un tal Ferrán que, víctima de delirios Adriáticos, afirmó que el ibérico «Menú del Día» tenía sus días contados; no le crean: desde que el hombre hizo la mili en Cartagena y aprendió a cocinar la fama le ha nublado las entendederas y ha hecho que el pobre no dé pie con bola.

Hoy he trabajado de firme. A las 9 estaba en el juzgado esperando a una detenida y a conciliar los recuelos de guardia con tres juicios señalados para hoy. Conforme a la costumbre española el juicio de las 11 se ha celebrado a 12:30, el de las 13:00 a 13:45 y el de las 10 no sé exactamente cuándo pues he perdido la noción del tiempo. Es por eso que a las 14:15, cuando he salido del juzgado, me he determinado a comer como los hombres y me he puesto a buscar una casa de comidas que tuviese en la puerta una pizarra anunciando el iribarnesco menú del día.

Debo decir que una buena casa de comidas debe tener el menú del día escrito artísticamente en una pizarra donde, con palabras claras y siginificantes, se anuncien «albóndigas», «armóndigas» o hasta «halbóndigas» (que de esta y muchas más formas las he visto anunciadas) y, a ser posible, ilustrada con dibujos alusivos al condumio. En esto un cartagenero, Pablo Braquehais Desmont, es desde las Asturias de España, el mejor confeccionador de pizarras de bar, siendo cada una de las que pinta una efímera obra de arte.

Yo hoy quería comer con cuchara (esa herramienta injustamente olvidada por los restaurantes de lujo con la que comen las personas honradas) y, en cuanto he visto que esta casa anunciaba potaje, he entrado.

Ahora que llevo medio plato consumido empiezo a estar en paz con el creador; en cuanto duerma la siesta estaré listo para continuar con eso que llaman vida.

El faraón Sneferu y las jóvenes remeras

El faraón Sneferu y las jóvenes remeras

Hoy, no sé por qué, me he acordado de Lola Flores y del lío que montó durante un programa de televisión en directo porque, mientras bailaba, se le había caído un pendiente y ella, sin pudor ninguno, paró la actuación y se puso a buscarlo por el escenario. El pendiente era valioso y «La Faraona» no estaba dispuesta a abandonarlo, estuviese presente la televisión o el «sursum corda».

Naturalmente acordarme de «La Faraona» y venir a mi memoria el antiguo Egipto ha sido todo uno.

Los textos antiguos nos hablan de fenómenos de naturaleza milagrosa con la naturalidad con que nosotros referiríamos una operación con rayos láser. No fue Jesucristo el primero en resucitar muertos, antes que él, por ejemplo, el profeta Elías había resucitado a una joven en un milagro que es tan idéntico al relatado por los evangelios siglos después que, incluso los más reputados autores católicos, han puesto en duda su autenticidad. El apócrifo de los «Hechos de Pedro» nos presenta a Simón el Mago levitando y volando frente a Nerón e incluso compitiendo en levitaciones con el mismísimo Pedro y ello por no mencionar al bueno de Moisés separando las aguas con su bastón y haciendo pasar «a pie enjuto» a todo el pueblo elegido por en medio de las aguas.

Bravo milagro es este de separar las aguas pero no tan bravo como para que no hubiese sido realizado antes y, muy probablemente, por la cabezonería de una antepasada de María Dolores Flores Ruíz, «La Faraona».

Cuenta un viejo papiro egipcio (Westcar Papyrus) que, estando aburrido una tarde el Faraón Sneferu, uno de sus magos, Djadjemankh, le sugirió que, para entretenerse, reuniese a 20 bellas jóvenes que ejercieran de remeras de su nave real y se dedicase a navegar con ellas por el lago.

La «ideica» del mago Djadjdemankh le gustó al Faraón quien mandó inmediatamente construir unos remos la mar de trendys y ergonómicos para las remeras y vestirlas con unas redes todo molonas sin duda diseñadas por algún sastre egipcio con inclinaciones fetichistas.

Estaba ya todo preparado para darle unas vueltas al faraón cuando a una de las remeras se le cayó una joya (un «colgante», quizá un pendiente) al lago. El tal pendiente representaba un pez y era tan valioso que la remera (sin duda tatarabuela de Lola Flores) dijo que allí no remaba nadie hasta que no apareciese la joya. El resto de las remeras, viendo la justicia de la reclamación de Lola, le dijeron al faraón que allí, o se encontraba la joya, o iba a tener que remar su señora madre faraónica, pero que ellas no.

Sneferu, que era un faraón poderoso pero que, a lo que se ve, estaba acojonado por el plante de las veinte vírgenes, acabó pidiendo ayuda a Djadjdemankh (juro que no vuelvo a escribir este nombre) y este, viendo que era más sencillo hacer un milagro que calmar a aquella horda, decidió abrir las aguas del lago y a pie enjuto buscar la joya perdida hasta dar con ella, restituirla a su dueña y que todo el mundo quedase contento.

Nihil novum sub solem, escribió el autor del Eclesiastés y, sin duda, tenía razón: ni Moisés fue el primero en separar las aguas ni Lola Flores la primera en montar un espectáculo para buscar un pendiente.

Loado sea Ra.

La Polka Frutera

La Polka Frutera

Cuando yo era un chaval casí no habían receptores de FM y toda la radio que se escuchaba era Onda Media. En los años 60 y 70 no era extraño que, sintonizando la radio, te saliese con toda potencia una emisora marroquí con música en árabe. Hoy me he acordado de eso porque he visto a un moro de mi calle cantiñeándose y me he acordado que a mi abuelo —el cual tenía un pésimo oído y cantaba muy malamente— le gustaba sintonizar las emisoras de Marruecos y escuchar canciones de los moros que a él le parecían prodigios artísticos.

De la música mora inmediatamente he saltado a la música canaria porque, en la segunda mitad de los años 70, había una emisora que se escuchaba potentísima en Cartagena, mucho mejor que cualquier emisora marroquí y con toda nitidez. Emitía por las noches desde Argelia (Argelia está casi enfrente de Cartagena) y se autodenominaba «La Voz de Canarias Libre».

No sé por qué razón a mis compañeros de colegio y a mí nos dio por escuchar esa emisora por las noches. Sus emisiones eran inolvidablemente delirantes. La voz de un hombre soltaba lacónicamente…

—Aquí La Voz de Canarias Libre, emisora del MPAIAC

E inmediatamente sonaba la sintonía, la inolvidable Polka Frutera de Los Sabandeños, que les dejo en el enlace de abajo.

Me aficioné al folcklore canario, aprendí a cantar y tocar isas, folías y demás suertes de la música canaria, pero siempre tuve en mi memoria esta polka y las enloquecidas emisiones de La Voz de Canarias Libre.

—Unos camaradas guanches han arrojado dos cócteles molotov en la sede del gobierno civil godo. Lamentablemente no han explotado.

Yo escuchaba aquellas barbaridades y pensaba que aquel sujeto estaba loco de atar.

—Agua de Solares para los peninsulares.

Luego supe que, allá por 1978, unos sicarios vinculados a los servicios secretos españoles le habían apuñalado tres veces en oscuras circunstancias. En 1977 terroristas del MPAIAC habían colocado una bomba en el aeropuerto de Gando que obligó a desviar el tráfico al aeropuerto de Los Rodeos. La densidad del tráfico generado por ello y las malas condiciones climatológicas propiciaron el mayor accidente aéreo de la historia de España con 583 personas fallecidas. El 23 de febrero de 1978 murió un Tedax tratando de desactivar una bomba del MPAIAC en la Universidad de La Laguna y en abril de ese mismo año ocurrió el suceso de las puñaladas. El Estado fue condenado a pagar a Antonio Cubillo —que así se llamaba el hombre— una indemnización, pero ya nunca nada volvió a ser igual y La Voz de Canarias Libre se apagó.

Así vivíamos la transición. Los servicios secretos no siempre estaban al lado del gobierno y en muchos casos estaban relacionados con gente del «búnker» inequívocamente golpista, había grupos terroristas allá donde mirases y a izquierda y derecha los problemas se aliñaban con dinamita y amonal. Aprendimos que si los atentados se cometían con munición de 9mm parabellum los autores eran probablemente etarras o del Grapo. Si la munición era 9 mm «largo» entonces los autores eran previsiblemente ultraderechistas. Cosas inútiles que aprendes pero no olvidas.

A pesar de todo salimos con bien de aquella y tenemos vida y democracia para poder contarla. Al menos para que yo pueda contarles a ustedes como me aficioné al folcklore canario y por qué me acuerdo de la letra y la música de esta inolvidable «Polka Frutera».

De lo alto de Chinchilla se ve La Roda

De lo alto de Chinchilla se ve La Roda

Esta noche, a eso de las 5:30, he sentido fresco y he decidido taparme, algo que no hacía desde el pasado mes de junio y, según me tapaba he pensado: «ya va refrescando, ya va siendo tiempo de comer el primer gazpacho de la temporada».

Con esa idea en la mente he despachado las obligaciones de la mañana y, en cuanto he tenido un rato libre, me he gobernado las provisiones y apechusques precisos para aviarme un buen gazpacho. Manchego, naturalmente.

Este gazpacho, el manchego, el que ven en la foto, es en el que mejor se recoge la esencia y naturaleza de ese patrimonio coquinario de la humanidad llamado gazpacho.

Como ya les conté este verano, mientras me zampaba un gazpacho cartagenero, el nombre «gazpacho» (o aún mejor dicho «gazpachos» en plural) hace referencia a los trozos de viandas troceables con que elaboramos una preparación. Sobre la vieja «poska» romana los sabios agricultores andaluces trocearon, almendras, pan, verduras… hasta dar lugar al universo de gazpachos, ajoblancos, mazamorras, porras y salmorejos con que Andalucía sorprende al mundo.

En La Mancha, tierra de fríos glaciares, los trozos de materia troceable que convierten en gazpacho este guiso son esos trozos con forma de regañás que, lejos de serlo, son en realidad trozos de la inmarcesible Torta Cenceña (así, con mayúsculas capitulares).

Y si el gazpacho andaluz nos conduce a Judea y Roma el gazpacho manchego patea nuestro paladar hasta Sumer y Akkad ¿o nunca les he contado que «trocear» o «troceado» en acadio se dice «kaspasu»?

Otro día les hablaré de la torta cenceña y su por qué, hoy el sabor de este plato me ha transportado a un universo paralelo con una geografía delirante donde Albacete está en llano y Chichilla en cuesta, gracias a lo cual y merced a una curvatura del espacio-tiempo es posible que de lo alto de Chinchilla se vea La Roda.

Quiero con todo esto decirles que este gazpacho está cojonudo y que para cantar manchegas se necesita… Bueno… Mejor no sigo… que me conozco.

#food #spain #gazpacho #LaMancha

El problema del mal

El problema del mal

Es difícil explicar por qué a los buenos, a los justos, les va mal y, en cambio, el mundo está lleno de gente vil, miserable e inicua a quienes la fortuna parece sonreírles.

Si existe esa justicia cósmica a la que llamamos religión esta no parece funcionar bien y esto es algo que el ser humano ha percibido desde que las primeras grandes religiones apareciesen —cómo no— en Sumeria o Egipto.

Para los sumerios, politeístas, la solución a este problema de que las cosas les fuesen mal a los piadosos estaba clara: sin duda, por descuido, habían ofendido a algún dios. Hace unos días, enredando con textos religiosos, hallé esta oración mesopotámica que me pareció terriblemente tierna. Un hombre desconsolado reza a los dioses que conoce y hasta a los que no conoce para aplacar su ira. Él no sabe qué pecado ha podido cometer pero es evidente que alguno debe de haber cometido para que la cólera del cielo caiga sobre él:

«Dios mío, muchos son mis pecados, ¡grandes son mis iniquidades!
El pecado que he cometido, no lo sé.
La iniquidad que he cometido, no la sé.
La ofensa que he cometido, no lo sé.
La transgresión que he cometido, no la sé.
El dios, en la ira de su corazón, me ha visitado.
La diosa se ha enojado conmigo y me ha herido gravemente.
El dios conocido o desconocido me ha estrechado.
La diosa conocida o desconocida me ha traído aflicción.
(…)
¡Que se apacigüe la ira del corazón de mi dios!
¡Que se pacifique el dios que no conozco!
¡Que se pacifique la diosa que no conozco!
¡Que se pacifique el dios conocido y desconocido!
¡Que se pacifique la diosa conocida y desconocida!»

Este problema del hombre justo maltratado por los dioses dio lugar a un maravilloso texto acadio titulado «Ludlul bel nemeqi» (Loaré al señor de la sabiduría) que nos plantea el problema del injusto sufrimiento de un hombre, llamado Shubshi-meshre-Shakkan. El protagonista es atormentado, pero no sabe por qué. Él ha sido fiel en todas sus funciones a los dioses. El libro especula que puede ser que lo que es bueno para el hombre sea malo para los dioses, y viceversa. Aunque, finalmente, el pobre hombre ve acabar sus sufrimientos este problema, el llamado «problema del mal» subsiste.

En las religiones politeístas, de todas formas, este problema siempre podía ser resuelto atribuyendo el mal a alguna deidad o entidad malvada. Así, cuando los dioses decidieron acabar con la humanidad a través de un diluvio universal, un dios bueno avisó de las intenciones de los dioses a Ut Napishtim para que construyese su barca y metiese dentro una pareja de animales de cada especie y semillas de las plantas; relato que el pueblo judío tomaría después para dar forma al mito de Noé.

El problema del mal se agrava en las religiones monoteístas porque, en estas, hay un solo dios creador absolutamente de todo, del bien y hasta del mal. Veamos como nos lo cuenta la Biblia:

«Yo soy Yahweh, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Yahweh, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz (shalom) y creo el mal (ra). Yo Yahweh soy el que hago todo esto.»

Pero ¿cómo es posible que un dios todopoderoso al que se supone infinitamente bueno puede permitir la injusticia?

Dando un salto de tres mil años les diré que siempre que se trata de este problema del mal recuerdo unos versillos que cantaba con sentenciosidad argentina Jorge Canfrune y que decían (cito de memoria):

«Tal vez habrá alguien «rodao»
tanto como rodé yo;
pero juro, créanmelo,
que he visto tanta pobreza
que yo pensé con tristeza:
«Dios, por aquí, no pasó.»

Sí, para un monoteísta, la realidad del mal en el mundo es aún más inexplicable que para un politeísta y esto, obviamente, no podía pasar desapercibido ni a los babilonios ni a los judíos —un pueblo esclavizado en Babilonia— quienes, obviamente, conocían el «Ludlul bel nemequi» y los problemas que planteaba a las religiones la existencia del mal. La respuesta de la religión judía a toda esta cuestión es su particular versión del «Ludlul bel nemequi»: el «Libro de Job».

Posiblemente ustedes no recuerden del «Libro de Job» mas que la paciencia de este y —quizá— la frase que, como perícopa, se nos suele contar, aquello de: «El señor me lo da, el señor me lo quita, bendito sea Dios».

Pues bien, si es eso lo que usted recuerda del libro, le sugiero que lo repase porque se puede llevar una sorpresa.

En primer lugar: ¿Por qué le pasan cosas malas s Job? Pues, aunque usted no me crea, debido a una apuesta realizada entre Dios y el Diablo. Veámoslo.

«Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás.
Job 1:7 Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella.
Job 1:8 Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?
Job 1:9 Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde?
Job 1:10 ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra.
Job 1:11 Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia.
Job 1:12 Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová.»

¿Curioso verdad?

Lo primero que tenemos que hacer notar es que, en una religión monoteista, ya se nos hace aparecer un personaje de naturaleza espiritual pero malvado que dé una cierta explicación al mal: Satanás. Pareciera que sin un segundo «diosecillo» malvado el problema del mal fuera inexplicable pero, considerando la supremacía omnipotente del dios único, tampoco se acaba de entender el problema.

La cuestión en el Libro de Job es que Satanás le plantea a Yahweh que si Job es bueno es porque no le pasan calamidades y Yahweh autoriza a Satanás a que lo llene de calamidades en tanto no le quite la vida. Satanás, con el consentimiento de Yahweh, se despacha a gusto: le mata los hijos, los criados y siervos, le arruina las cosechas, acaba con su ganado…

Recordamos de Job su paciencia, pero eso es porque solo hemos leído las primeras páginas; Job, con toda su paciencia, se harta y dice, entre otras muchas cosas y solo por ejemplo:

«Job 9:22 Una cosa resta que yo diga:
Al perfecto y al impío él los consume.
Si azote mata de repente,
Se ríe del sufrimiento de los inocentes.
La tierra es entregada en manos de los impíos,
Y él cubre el rostro de sus jueces.
Si no es él, ¿quién es? ¿Dónde está?»

Sí, Job también es de los que se pregunta dónde está Dios cuando ve tantos males sin sentido, Job, como Canfrune, piensa que «Dios, por allí, no pasó».

Finalmente Yahweh se acuerda de Job y le da más hijos y riquezas aunque eso, sospecha el lector, no acaba de devolverle la vida ni ahorrarle sufrimiento a todos los hijos, criados y siervos de Job que perecieron a causa de una apuesta cuyo final ya debería conocer el dios omnisciente.

Nadie en la historia de las diversas religiones monoteístas ha resuelto de una forma convincente este problema del mal a pesar de que las diversas civilizaciones vienen lidiando con él desde hace más de cuatro mil años, pero, a cambio, nos ha legado una sucesión de obras literarias y reflexiones que nos permiten adentrarnos y tratar de conocer uno de los territorios más cercanos y más desconocidos a todos nosotros: la naturaleza humana.

Yo tengo un cuenco

Yo tengo un cuenco

Yo tengo un cuenco, quizá a ustedes eso no les parezca nada del otro mundo, pero a mí me da que pensar. Déjenme que les cuente.

Diógenes de Sinope fue una especie de hippie del siglo V antes de Cristo. Cuando era niño (Diógenes, no yo) él y su padre hubieron de huir de Sinope porque, al parecer, este último se dedicó al muy poco noble arte de acuñar moneda falsa. La acusación no parece que se la hiciesen a humo de pajas pues, excavaciones arqueológicas hechas recientemente en Sinope, han sacado a la luz una buena cantidad de monedas falsas.

Diógenes vivió como un vagabundo en las calles de Atenas, donde fue discípulo de Antístenes, filósofo discípulo a su vez del gran Sócrates. Diógenes, como hombre sabio, hizo de la necesidad virtud y de la pobreza material extrema una virtud extrema. Se dice que vivía en una tinaja o barril en lugar de en una casa, y que, cierto día que se acercó a ella Alejandro Magno atraído por la fama del filósofo pobre y le dijo al mísero que le pidiese cualquier favor, este le pidió simplemente que se apartase porque le estaba haciendo sombra y él, al solecico, estaba tan ricamente.

Hoy, mientras me disponía a servirme unas sopas de ajo que me he preparado siguiendo la receta de un monje franciscano que se ha hecho «youtuber», me he acordado de Diógenes porque, no se si lo he dicho ya, el cuenco que se ve en la fotografía es mío y resulta que, el pobre Diógenes, no tenía más propiedades que un manto para cubrirse, un zurrón, un bastón para apoyarse y un cuenco, como el mío, para comer y beber.

Ocurrió que Diógenes, un día, viendo a un niño beber con las manos o comer lentejas dentro de la corteza de un pan (que en esto difieren los autores), sintió que su cuenco no le era necesario en absoluto y se deshizo de él.

A mí siempre me ha resultado simpático Diógenes de Sinope. Sus denuncias de la falsa moralidad social (parecer bueno y no serlo, aparentar ser justo y no serlo) son tan actuales ahora como hace 25 siglos y es verdad que, para no ser objeto de falaces argumentaciones «ad hominem», no te queda otra opción que vivir pobre y sin más aspiración que la virtud.

Así y todo sus contemporáneos se las arreglaron para denostarle y, por su forma de vida, le llamaron «perro», nombre con el que él mismo y su escuela filosófica han pasado a la historia: los «cínicos» (del griego κύων kyon: ‘perro’, denominación atribuida debido a su frugal modo de vivir). Hoy «cínico» es poco menos que un insulto, así que de poco le sirvió su virtuosa pobreza al desdichado Diógenes.

Visto que no hay forma de salvarse de la maledicencia humana, yo, al revés que Diógenes, no me voy a deshacer de mi cuenco; y no solo eso: pienso llenarlo de sopa de ajo y zampármelo a la salud de ustedes, de la memoria de Diógenes el Cínico y de todos los que no entendieron mi post de ayer.

Con esto, para cuando usted lea estas líneas, yo ya habré comido hoy (mañana ya veremos) y no solo eso: cuando acabe mi siesta, quizá, tomaré un poquito el sol en la Plaza de la Serreta de donde no me moverá ni Alejandro Magno redivivo.

Y seré rico, como Diógenes.

¿Monarquía, república o justicia?

En el mundo civilizado hay países que son monarquías o repúblicas y funcionan razonablemente bien; lo que no es pensable es un país digno de ser vivido si en él no hay justicia.

Veo mucha gente que, aprovechando la infamia de entrega de despachos a los jueces de la 69 promoción, aprovechan la ocasión para manifestar sus convicciones monárquicas y su adhesión al rey de España. Me parece bien si ese es su gusto y convicción pero…

La infamia del veto al jefe del estado en la entrega de despachos no sería menos infamia si fuese otra la naturaleza de la jefatura de nuestro estado; es decir, ese veto sería igual de repugnante tanto si fuese hecho a un rey o a un presidente de la república.

La función de los Jefes del Estado debe estar por encima de la pelea política —pues representan al estado y no al gobierno o a un partido— y, por eso, hacer de la figura del jefe del estado una herramienta de lucha política es el peor de los favores que se le puede hacer.

Sí, hay quien considera que la neutralidad y ajenidad a la lucha política sólo la garantizan las monarquías —y pueden tener razón— pero también hay quien considera que a la jefatura del estado no puede accederse por una pura cuestión de ADN —y sin duda tienen razón también— y es ese debate político el que se quiere introducir no siempre de forma sensata y a veces en forma insensata —infame— como en la entrega de despachos a los jueces de la 69 promoción.

Y dicho esto déjenme decirles algo que cualquier jugador de ajedrez sabe bien: un rey en el centro, un rey expuesto y que no esté en la esquina del tablero discretamente enrocado, es un rey expuesto a inesperadas combinaciones y es casi siempre un rey muerto. Si aprecian la monarquía no expongan demasiado al monarca ni lo coloquen en el centro del debate, la primera obligación de los peones del enroque es permanecer quietos e impasibles tanto cuanto les sea posible. Si es usted monárquico, dé dos vueltas a esto que le digo antes de gritar su adhesión o expresar su convicción verde.

Y dicho esto digamos lo principal: envilecer la entrega de despachos de los jueces enfangando en la lucha política a toda una promoción es una infamia que pone de manifiesto lo que importa la justicia a nuestros políticos y ese valor, la justicia, más que jefatura del estado, es el que ayer fue degradado por las ruindades políticas.

Mi interés principal —y lo lamento si molesto a alguien— no es el debate monarquía o república; mi interés principal es la justicia. Creo que puedo vivir y ser feliz en una monarquía o en una república pero lo que no creo, sino que sé, es que no quiero ni puedo vivir en un país sin justicia.

Libertad

Libertad

Se dice que los griegos inventaron la política y que su primera forma de gobierno fue la monarquía, un sistema en el que gobierna un solo líder pero que, pronto, comienza a no poder ejercer un poder omnímodo pues, sobre todo en tiempo de guerra, precisa de la ayuda de notables cuando no del apoyo de cualquier persona capaz de empuñar armas, apareciendo así asambleas. A la monarquía, decían, solía sucederle una oligarquía; es decir, el gobierno de unos pocos. Los abusos de esta oligarquía solían exasperar a su vez al pueblo que, llevado al límite, se rebelaba y buscaba un jefe que colocar al frente del gobierno desbancando a la oligarquía establecida y, a este tercer régimen, le llamaron «tiranía»; si bien es cierto que tal palabra no tenía para ellos el sentido peyorativo que ahora tiene, pues su traducción más exacta sería «jefe» o «patrón».

Todas estas formas de gobierno fueron conocidas por los sumerios y todas estas formas de degeneración de los sistemas de gobiernos fueron por ellos experimentadas y es de uno de estos «patrones» o «jefes» de quien me gustaría hablarles: Urukagina de Lagash, el primer legislador conocido.

Urukagina accedió al poder con toda probabilidad como «jefe» o «patrón» de una revuelta del pueblo exasperado y sus medidas legislativas dejan muy claro cuáles eran sus objetivos al llegar al cargo de sumo regidor de la ciudad-estado de Lagash, en Sumeria. Corría el año 2.380 antes de nuestra era.

Urukagina trató de reducir las diferencias entre las clases sociales, disminuyó los impuestos, trató de anular prerrogativas que se habían atribuido el monarca y su familia, redujo los abusos por parte de los funcionarios, prohibió la explotación de las capas sociales inferiores, condonó deudas, combatió la corrupción y expidió el primer código legal registrado por la historia. Aunque aún no se conoce su texto, se sabe por referencias y citas encontradas, que el Código de Urukagina concedía exención de impuestos a los huérfanos y viudas; obligaba a la ciudad a pagar los gastos de los funerales; decretaba que los ricos debían pagar con plata sus compras a los pobres y prohibía obligarlos a vender.

Fue durante el gobierno de Urukagina de Lagash que se dio libertad a un gran número de esclavos y es en uno de los documentos redactados para certificar uno de aquellos hechos donde, por primera vez en la historia de la humanidad, aparece escrito el concepto, la palabra, «Libertad» (Ama-Gi, véase la ilustración que encabeza el post). Bastaría con esto para que el recuerdo de Urukagina fuese imborrable; su política de defensa de los desfavorecidos podría ser un estímulo para gobernantes pero su fama se vio empañada por… las mujeres y la moral.

A pesar de que protegió a viudas y pobres Urukagina al parecer cometió el grave error de prohibir la poliandría. Sí, en aquella época las mujeres de Lagash parece que podían casarse con varios hombres sin problema, cosa que, al parecer, no le parecía bien a Urukagina. Sus leyes prohibiendo la poliandria han dado lugar a que, desde ópticas actuales, se considere a Urukagina el primer represor de los derechos de la mujer (no se tiene noticia de que hiciese lo mismo con los hombres) y que su figura, lejos de ser aplaudida, esté puesta en cuarentena.

No tengo nada que decir en este punto salvo que son ustedes quienes tienen la última palabra en este caso: ¿fue Urukagina un defensor de los desfavorecidos, un opresor de la mujer o ambas cosas al mismo tiempo? ¿Qué opinión les merecen las reformas de Urukagina?

Me encantará leer sus opiniones, porque, al final, cada uno puede sostener su propia opinión sobre Urukagina y eso no es más que una consecuencia directa de un concepto que los sumerios legaron al mundo durante su gobierno: Ama-Gi («Libertad»).

Somos mesopotámicos

Somos mesopotámicos

A muchos de mis lectores les llama la atención mi afición al estudio de las culturas sumeria, acadia, babilónica o asiria; y, aunque reconozco que puede parecer un tanto exótico, la verdad es que usted y yo somos hijos de esa cultura hasta extremos difíciles de imaginar.

Por ejemplo, acaba de comenzar el otoño y eso ocurre hoy igual que en sumeria porque las cuatro estaciones que usted y yo conocemos las fijaron ellos. Los egipcios prefirieron regular sus estaciones con arreglo a las inundaciones del Nilo pero en Mesopotamia prefirieron dividirlas con arreglo a solsticios y equinoccios, y así hasta ahora.

Que los buenos vayan al cielo y los malos al infierno es algo que en nuestra mente sigue el diseño de la cosmogonía mesopotámica: el cielo arriba, el infierno bajo nosotros. Quizá le parezca a usted simple pero, sin que lo sepamos, la cosmogonìa mesopotámica sigue entre nosotros.

Y si nuestra percepción instintiva del cielo y el infierno la establecieron ellos también ellos los llenaron de todos los seres imaginarios que nosotros conocemos: ángeles, querubines, diablos…

Si usted lee la descripción de lo que es un querubín en la Biblia descubrirá que se parece sorprendentemente a un lamasu mesopotámico y esta figura benefactora (que al igual que la guardia civil prestaba servicio por parejas) es usada en la Biblia del mismo modo que en las diversas culturas mesopotámicas.

Si usted cree que su ángel de la guarda le protege sepa que la plaza de ese espíritu protector fue creada por la máquina inteligente de las administraciones mesopotámicas.

Que los días tengan 24 horas y cada hora 60 minutos y estas 60 segundos es cosa que ellos inventaron (les gustaba el sistema sexagesimal) y que en su cerebro es, todavía, la forma en que la humanidad divide el tiempo.

Ellos inventaron los contratos con certificación de contenido y ellos inventaron, sorprendentemente, los chips de silicio como soporte de inmensos bancos de memoria.

En Sumer o Akkad los chips de silicio solían tener una capacidad de en torno a 1 kilobyte (unas decenas de palabras codificadas en escritura cuneiforme) y hoy tenemos chips de muchos Gigabytes (billones de palabras codificadas en unos y ceros). En realidad la función de sus chips de silicio (no otra cosa son sus tabletas de arcilla) y la de los nuestros (obleas de silicio) es la misma: almacenar información en soportes externos a nuestro cerebro humano.

Incluso las religiones mayoritarias en este momento (cristianismo, islam) hallan sus principales motos e historias en textos sumerios, acadios o babilónicos; desde la creación (Enuma Elish), al diluvio (Poema de Gilgamesh) o al libro de Job (Ludlul Bel Nemequi)…

Nuestra moral, nuestros mitos, nuestra percepción instintiva del mundo se los debemos a ellos. Han pasado 5.000 años desde entonces pero seguimos siendo en gran parte como ellos.