O no habrá quien nos aplauda

O no habrá quien nos aplauda

Oigo cómo la población aplaude desde sus ventanas esta tarde lluviosa de Cartagena. Agradecen a la comunidad sanitaria su trabajo continuado 24 horas al día por salvar a los enfermos y a nosotros de la amenaza de la pandemia.

No está siendo para ellos un trabajo sin riesgo y, por salvar vidas ajenas, han sufrido los zarpazos del virus. Muchos de esos sanitarios esforzados han visto como la muerte ha sido el premio a su esfuerzo. No se llevarán nada a la tumba, nadie recordará sus nombres pero, hoy, estos aplausos suenan por ellos.

Cuando la crisis sanitaria comience a remitir y la amenaza vital esté mínimamente controlada le llegará el turno de demostrar de qué pasta están hechos a otra comunidad: la jurídica. Jueces, LAJ’s, funcionarios, procuradores, abogados… Habrán de demostrar que, si la comunidad sanitaria ha salvado la vida de los españoles, ellos serán capaces de salvar su futuro.

Pero miro a mi alrededor y siento una sensación tan parecida a la vergüenza que creo que la confundo con ella. Perdónenme si lo digo así pero es exactamente lo que siento y no sé expresarlo de otra manera.

En los próximos tres meses van a inundar los juzgados de lo mercantil y de lo social un tsunami de procedimientos detrás de los cuales se estarán jugando su vida y su futuro muchas familias de España. Parar esa ola, detener ese tsunami, es la obligación de la administración de justicia y eso no lo haremos sin tener que sortear dificultades aparentemente insalvables y sin tener que, lamentablemente, pagar un alto precio.

El futuro de España dentro de dos semanas dependerá del trabajo que sea capaz de llevar a cabo su administración de justicia. Para esa fecha debiera existir una planta y una infraesttuctura suficiente en los juzgados para soportar el embate que recibirán los juzgados de lo social y lo mercantil.

Estamos viviendo una emergencia como nunca antes hemos vivido, quizá no dispongamos del material y los recursos precisos para salvar todo el bosque del incendio pero, en ese caso, habremos de concentrarnos en salvar esa parte del bosque donde viven las personas.

Es probable que no se pueda atender a todos los frentes y tendremos que elegir entre lo malo y lo peor. Y tendremos que hacerlo, con decisión y sin titubeos.

Pero, si siguen apareciendo planes infames e inicuos como el del CGPJ, si no se definen ya las prioridades y se estiman las necesidades y peligros, si no se toman decisiones estratégicas y nos seguimos enredando en gollerías y casuísmos estériles, volveremos a fallarle a los españoles y seremos responsables de el hambre y ma infelicidad de muchos.

Miren a los sanitarios y pregúntense  si, como ellos, están ustedes también dispuestos a trabajar 24 horas e incluso a arriesgar su vida por los demás.

Si su respuesta es sí lo celebraré, nadie nos recordará ni probablemente lo agradecerá, pero es posible que una noche, desde alguna ventana, quizá suene un aplauso por ustedes.

Especialización y concentración: la fórmula del desastre judicial.

España lucha con todos los medios a su alcance, singularmente el esfuerzo de los sanitarios y la ejemplar cooperación de la sociedad, contra la muerte y la enfermedad que trae el coronavirus.

Hemos parado nuestras empresas, nos hemos recluido y, deliberadamente y en un gesto grandioso, hemos compartido con el resto de la humanidad la decisión de proteger a nuestros congéneres más débiles aunque ello nos lleve a una catástrofe económica. Es difícil encontrar en toda la historia de la humanidad un gesto tan bello.

Pero, tras este esfuerzo, la crisis azotará nuestra economía salvajemente y ¿quién cuidará de nuestros trabajadores y trabajadoras? ¿Quién cuidará que en la escasez se dé a cada uno lo suyo y se atienda a restablecer el equilibrio en relaciones sociales destruidas por la crisis?

Ese trabajo corresponde a la justicia pero, déjenme que se lo adelante ya, si la sanidad ha sido la heroína de esta crisis, tal y como están las cosas a día de hoy, el mal funcionamiento de nuestra administración de justicia puede tener consecuencias casi tan funestas como la propia pandemia.

Esta crisis va a ser mucho más acentuada y mucho más concentrada en el tiempo que la de 2008 y eso significa que los españoles van a demandar soluciones de la justicia española de forma intensa, más intensa y concentrada en el tiempo que nunca desde que se conservan registros. En solo un mes o dos los juzgados de lo social y de lo mercantil sufrirán un embate como nunca antes en su historia y ese embate será terrible por la pésima organización del sistema judicial español, una organización que ha obedecido más a razones de control de los jueces que de servicio al ciudadano y eficiencia.

Con nuestra actual organización es imposible soportar una subida del 100% de procesos mercantiles, necesitaríamos duplicar la planta (crear 68 juzgados más en un mes) para atender a los casi 80.000 asuntos llevados en 2019 más otros 80.000 consecuencia de la crisis. No se van a crear esos juzgados de lo mercantil, simplemente porque no da tiempo y nuestras empresas morirán víctimas de una planta producto de tejemanejes políticos y no de la razón lisa y simple.

Piénsenlo, 160.000 nuevos casos para 68 juzgados. No hace falta ser profeta para entender que si este año entran una media de 2.532 asuntos por juzgado mercantil nadie nos salvará del desastre.

En cambio, esos mismos 160.000 asuntos, turnados a los juzgados de 1ª Instancia (lugar de donde nunca debieron salir), sólo supondrían un incremento de 94 casos por juzgado, cifra perfectamente manejable por nuestros jueces, de forma que los españoles podrían respirar aliviados.

La especialización no es una buena estrategia para enfrentarse a las crisis pues convierte a los organismos especializados en entidades muy frágiles frente a una crisis en su ámbito de especialidad.

Y, si la especialización es mala, la concentración es incluso peor. Colocar todos los huevos en la misma cesta no solo es arriesgado para el dueño de los huevos, es también estúpido si lo que quieres es servir al mayor número posible de personas.

Dos tercios de la población española no vive en capitales de provincia, entiéndanlo panda de locos. Obligar a desplazarse a poblaciones enteras solo por el gustito de tener los juzgados juntos es una de las mayores estupideces que pudieron colemeterse y esa estupidez es ahora mucho más evidente cuando los desplazamientos están restringidos por razones sanitarias.

Seamos serios: tenemos una planta de más de 1700 juzgados de instancia distribuidos por toda España y que siempre han conocido de los procesos mercantiles. ¿Vamos a llevar España a la ruina solo porque un club de políticos togados se empeñe en mantener incluso a costa de la vida y la fortuna de los españoles sus jueguecitos de salón?

Que la competencia para conocer de los concursos debe entregarse de inmediato a los juzgados de 1ª instancia es algo que no ofrece duda y que debiera hacerse en este mismo momento mejor que dentro de un minuto.

No tan fácil es la tarea con los juzgados de lo social, segundo frente de la pinza con que la crisis amenaza a la justicia. En un entorno de movilidad restringida se echa de menos una planta judicial más distribuida en este campo.

Pero podemos resolverlo. Desde luego no podemos seguir poniendo a la población en peligro haciéndo viajar centenares de miles de ciudadanos a sus juicios, mejor que hacer desplazarse a cientos de miles de ciudadanos es hacer desplazarse a los jueces a los lugares de residencia de las partes y celebrar en las salas de vistas que nuestros juzgados de Instancia e Instrucción tienen. No hay dificultad alguna en ello.

Seguramente hemos de recuperar todos cuantos medios podamos para atender a esta jurisdicción, recuperar jueces jubilados, poner a trabajar a los jueces sustitutos, reforzar con funcionarios sacados de otros juzgados…

Si la sanidad española es la responsable de evitar que enfermemos y muramos a la administración de justicia española le corresponde el papel de conseguir que esa vida que nos han salvado no se vaya al garete en medio de una crisis incontrolable.

Hay que liberar tantos cuantos recursos podamos para apoyar estos dos frentes, hay que realizar una lista de procesos prioritarios y no prioritarios y, entre los prioritarios, asignar prioridades a su vez así hasta encajar la crisis en la forma que menos daño haga.

No veo a nadie hacer eso y siento que este país vaya a ir al abismo de la pobreza por culpa de unos cuantos políticos con toga.

El desbarajuste general del poder judicial.

Sería para morirse de risa, o para pensar que es una fake new o un monólogo del Club de la Comedia; pero ocurre que no está el tiempo para bromas, que esta vez la cosa va en serio y que, en esta ocasión no estamos para tonterías.

El Consejo General del Poder Judicial acaba de publicar su programa para superar la crisis del coronavirus y me estremezco: si ese plan se lleva a cabo España no sobrevivirá ni nosotros tampoco. Quizá en otro momento esta fuese no más que una de las iniquidades a que nos tienen acostumbrados, en tiempos recios como lo que vivimos, en cambio, producen pánico, porque esos inicuos no llegaron ahí solos, les colocó el favor de los políticos que han de gobernar ahora. La situación es, pues, gravísima.

España se enfrenta hoy a dos crisis sin precedentes: la primera de naturaleza sanitaria, la segunda y consecuencia de la anterior, una crisis económica de imprevisible profundidad.

Sabemos que la economía española, para hacer frente a la crisis sanitaria, se ha desacelerado deliberadamente y esto va a provocar, irremediablemente, una serie de consecuencias absolutamente evidentes:

  1. Una situación gravísima en muchas empresas que pondrá en peligro su actividad en todos los casos y acabará con ellas en unos o les sumirá en graves problemas transitoriamente.
  2. Una tensión importante entre los trabajadores que pierden su empleo y las empresas en que trabajaban.

Los efectos económicos principales, en cuanto a lo que son competencias de la justicia, acabarían ahí, pero estas perturbaciones económicas llevarán aparejadas inevitables perturbaciones en el orden social.

  1. La vida familiar puede verse muy seriamente afectada por esta crisis de forma que los ciudadanos demanden de los juzgados y tribunales esfuerzos especiales para la resolución de problemas conyugales.
  2. La falta de medios de algunas personas puede hacer aumentar los delitos contra la propiedad.
  3. Las reclamaciones contra la administración por los más diversos motivos se incrementarán.

En una situación de crisis todos los recursos deben de preordenarse a atender a las necesidades más perentorias por lo que, lo primero que hay que tener claro, es cuáles son las necesidades a las que primero hay que atender en esta emergencia y estas, a mi juicio, son sencillas de detectar.

Si desde la administración de justicia queremos ayudar a salir de esta crisis a las familias y la economía española, lo primero que tenemos que evitar es el cierre innecesario de empresas por situaciones de transitoria iliquidez. Si salvamos las empresas salvaremos los puestos de trabajo a ellas aparejados, salvaremos los ingresos de los trabajadores, contribuiremos a hacer más conllevables situaciones familiares difíciles y minoraremos la posibilidad de que ciudadanos desesperados se vean abocados a delinquir.

Nuestra primera prioridad, a mi juicio, es procurar que todas las empresas en dificultades hallen respuesta inmediata de la administración de justicia. Si ellas se salvan la economía de todos se salvará.

Al nivel de la anterior pero imposible de realizar sin aquella, está salvar las economías de los españoles y españolas que han perdido su empleo por esta crisis. Sus economías son tan importantes como las que más y la administración de justicia ha de dar respuesta a ellas.

Pero, si importante es fijar las prioridades, igual de importante es saber en qué escenario habrán de trabajar nuestros juzgados y tribunales durante este año y, al menos durante el año entrante, nuestros juzgados y tribunales se van a encontrar con un entorno de movilidad restringida y con medidas de alejamiento social cambiantessegún la evolución de la pandemia. Muchos ciudadanos y profesionales no podrán desplazarse a las sedes judiciales para resolver sus asuntos, muchas vistas y actuaciones no podrán celebrarse debido al entorno y, todas esas, son circunstancias que hay que asumir y tener en cuenta a la hora de diseñar un plan.

Así pues:

  1. Vamos a tener que tramitar muchos concursos y otras actuaciones de carácter mercantil.
  2. Vamos a tener una fuerte actividad en los juzgados de lo social.
  3. Van a aumentar las necesidades en materia de familia y
  4. Todos los problemas anteriores hay que resolverlos de inmediato al menos mientras dure la crisis.

¿De qué medios disponemos para hacer frente a esas necesidades? Veámoslos

Para administrar justicia en las materias que hemos considerado prioritarias para salvar la economía disponemos en España de los siguientes recursos en primera línea:

—1066 juzgados mixtos de 1ª Instancia e Instrucción capaces de instruir tanto causas civiles como penales.

—718 juzgados exclusivos de 1ª Instancia.

—68 juzgados de lo mercantil

—350 juzgados de lo Social

Como verán, para dar salida a los concursos de acreedores, tan solo disponemos de 68 juzgados de lo mercantil que ya están colapsados en su mayor parte y que se ubican casi exclusivamente en las capitales de provincia. Con esos medios estamos abocados al fracaso más espantoso. Primero porque, por más que se les refuerce, nunca llegarán a tiempo esos refuerzos; segundo, porque estando situados en las capitales de provincia, presentarán problemas de acceso en un entorno caracterizado por las medidas de alejamiento social y las restricciones de movilidad.

Si de esos 68 juzgados de lo mercantil depende salvar las empresas de España ya podemos afirmar que vamos de cabeza al desastre. Sin embargo hay solución.

Los juzgados de lo mercantil fueron, como casi todo en España, producto de la presión de determinados lobbys jurídicos, singularmente grandes despachos de abogados, que buscaron crear juzgados a la conveniencia de su actividad e intereses. Los concursos de los acreedores y la íntegra totalidad de las materias de los juzgados de lo Mercantil los llevaron SIEMPRE los juzgados de 1ª Instancia. Más aún tenemos la INMENSA SUERTE de que todos nuestros jueces de 1ª Instancia están PERFECTAMENTE PREPARADOS para tramitar asuntos mercantiles; es decir, que, si decidiésemos que salvar empresas es una de nuestras primeras prioridades, disponemos de una «task force» de casi 2.000 jueces y juzgados perfectamente capacitados para acometer esa tarea.

Item más, nuestra maravillosa red distribuída de partidos judiciales (433) garantiza que no serán necesarios desplazamientos innecesarios y a menudo prohibidos pues, en todos los partidos judiciales de España, hay un juzgado de 1ª Instancia capaz de salvar empresas. Bingo.

Claro que, si priorizamos una actividad y dedicamos a ella recursos, habremos de postergar otras. ¿Cuáles habrían de ser estas?

Evidente resulta que, ante una emergencia humanitaria, no es momento de poner familias en la calle: la tramitación de todos los procedimientos ejecutivos hipotecarios habría de ser paralizada y, como estos, todos aquellos procedimiento que no son urgentes en estos momentos: servidumbres, linderos, reivindicatorias… Etc.

Tenemos lo que necesitamos: jueces formados en TODAS las ramas del derecho y capaces de hacer frente a la tarea que se les encomiende, una red maravillosa de partidos judiciales que solo mentes entregadas a la adulación de políticos inícuos han podido criticar, unos juzgados de 1ª Instancia capaces de tramitar procesos de todas clases. Podemos salir adelante y podemos hacerlo bien, solo necesitamos unos gobernantes que se quiten las orejeras de ese interés político que les lleva a concentrar en vez de distribuir.

Hay que definir las prioridades, hay que asignar medios a esas prioridades y hay que subordinar cualquier medida a la salud y seguridad de todos los operadores, sin olvidar a NADIE (y sí, en ese nadie entran los abogados y procuradores).

Podemos hacer muchas cosas, lo que sería un suicidio es atender a las demandas de estos que dicen ser y llamarse CGPJ, habituales del disparate hipotecario y la adulación crónica.

Espero haberme expresado bien.

**** De procedimientos remotos, teletrabajo, aplicaciones de multiconferencia, LexNet y otras cosas toca hablar otro día. Hoy necesitaba decir esto.

¿Por qué los mutualistas y los autónomos están malditos en España?

¿Por qué los mutualistas y los autónomos están malditos en España?

No sé qué pecado han podido cometer los trabajadores independientes en España para que se les maltrate así. Y no, no es que los autónomos ni los abogados ni los procuradores sean una especie maldita perseguida en el resto del mundo, no. En los países normales se cuida de los trabajadores independientes, en España, por desgracia, se les margina como apestados.

Es posible que ello se deba a que carecen de la fuerza que dan a los trabajadores los sindicatos y es posible también que por ser empresarios de un solo trabajador tampoco tengan la fuerza que da la patronal.

En suma que, cuando llegan tiempos de crisis son los últimos de la fila: los jodidos.

Recibo hoy un documento de un aís extranjero en el que, el colegio de abogados, informa a sus abogados de las ayudas que el Gobierno establece para ellos por la crisis del coronavirus Covid-16, entre ellas las siguientes:

«1. Los pagos del impuesto sobre la renta para los trabajadores independientes son aplazados.

Los pagos correspondientes a autoliquidaciones que venzan el 31 de julio de 2020 se diferirán hasta el 31 de enero de 2021. Esto es automático y no es necesario que lo solicite. No se aplicarán multas ni intereses por demora en el pago en el período de aplazamiento.

  1. Todas las empresas y trabajadores autónomos en dificultades financieras, incluso con obligaciones fiscales pendientes, pueden recibir apoyo, caso por caso y adecuado a las circunstancias y responsabilidades individuales.
  2. Tómese un «feriado hipotecario» de hasta tres meses. Comuníquese con su proveedor hipotecario para organizarlo. Discuta con su arrendador las obligaciones de alquiler de propiedades de las cámaras. Discuta con el arrendador de cámaras la posibilidad de posponer la totalidad o parte de sus pagos de alquiler de propiedades.

El Colegio de Abogados se ha puesto en contacto con los arrendadores para alentarlos a considerar tales solicitudes. Los arrendadores deberán informar a sus inquilinos de sus intenciones.

  1. Préstamo a través del programa de préstamos por interrupción comercial Coronavirus

Este plan temporal se lanzará en la semana del 23 de marzo de 2020 y estará disponible para pequeñas y medianas empresas. Se ha confirmado que esto incluye a los comerciantes autónomos independientes. Préstamos de hasta 5.671 € estarán disponibles, con los primeros 12 meses del préstamo sin intereses.

  1. Reciba una subvención de € 11.000 si puede usted optar al plan de Alivio de Tarifas para pequeñas empresas

Si el valor de su propiedad comercial (es decir, su valor de alquiler en el mercado abierto el 1 de abril de 2015, según el cálculo de la Agencia de Valoración) es de € 15,000 o menos, ya podrá optar a esta subvención. Esto podría aplicarse a unos pocos profesionales con una propiedad comercial. Su autoridad local se pondrá en contacto con usted para proporcionarle una subvención única de € 11,000; No es necesario que lo solicite.»

Como podéis comprobar hay países que cuidan a sus trabajadores independientes (autónomos) y luego… luego está el Gobierno de España que, a abogados y procuradores resume sus ayudas en una palabra: NADA.

Nota: esta es la Información que el «Bar Council» remitió a sus «barristers» de Londres el 25 de marzo de 2020.

Hay diferencias ¿Verdad?

¿Para qué hemos de estar preparados los abogados independientes?

¿Para qué hemos de estar preparados los abogados independientes?

Mi amigo Joludi me llama la atención sobre un artículo del MIT (Massachussets Institute of Technology) que trata de predecir cómo será nuestra vida desde ahora hasta que dispongamos de una vacuna contra el coronavirus Covid-19, algo que, según la mayoría de los expertos no ocurrirá hasta bien entrado el año 2021, como poco. Un año entero durará esta emergencia; así pues, mentalícese y váyase preparando.

Mientras leo el artículo tomo notas y trato de aplicar lo que leo a mi propia situación personal, reflexiones que comparto por si a alguien le resultasen de algún valor.

Estrategia de lucha previsible contra la pandemia

Para evitar que los sistemas sanitarios colapsen —dice el artículo— la  pandemia debe avanzar a un ritmo lento hasta  que  suficientes  personas  se  hayan  contagiado para así lograr o bien la  llamada «inmunidad  de  grupo» (suponiendo  que  la  inmunidad dure  años, algo que, desde luego, aún no sabemos) o bien hasta  que  se  descubra  una  vacuna, algo  que no sucederá, como pronto y si es que llega, hasta  2021.

¿Y qué sucederá entretanto?

Hasta tanto, mientras haya una sola persona en el mundo con el virus, los brotes se seguirán produciendo si no ponemos los controles precisos y eso significa medidas de alejamiento social. Pero ¿cuál es la estrategia adecuada de «alejamiento social»? Cito textualmente el artículo de que trae causa este post:

En un reciente informe, los investigadores del Imperial College de Londres (Reino Unido) propusieron una forma de actuación: imponer medidas de alejamiento social más extremas cada vez que los ingresos en las unidades de cuidados intensivos (UCI) empiezan a aumentar, y suavizarlas al reducirse la cantidad de las personas ingresadas.

El gráfico con el que lo explican es el siguiente:

La línea naranja representa a los ingresados en UCI. Cada vez que se eleva por encima de un umbral, por ejemplo, 100 a la semana, el país cerraría todas las escuelas y la mayoría de las universidades e impondría el confinamiento social. Cuando los ingresos vuelven a caer por debajo de 50, esas medidas se levantarían, pero las personas con síntomas o cuyos familiares tuvieran síntomas deberían seguir en sus hogares.

¿Qué se considera como «alejamiento social»? Los investigadores lo definen así: «Reducir el contacto fuera del hogar, en la escuela o en el lugar de trabajo en un 75 %». Eso no significa que haya que salir con los amigos una vez a la semana en lugar de cuatro veces, sino que todos harían lo máximo posible para minimizar el contacto social, lo que, en general, reduciría el número de contactos en un 75 %.

Según este modelo, los investigadores concluyen que el alejamiento social y el cierre de escuelas deberían producirse aproximadamente dos tercios del tiempo, es decir, dos meses sí y uno no, hasta que haya una vacuna disponible, algo que no se espera, como mínimo hasta dentro de 18 meses.

El panorama es, pues, desalentador.

Y ¿no es posible estar más tiempo confinados y evitar así este ciclo de confinamientos hasta alcanzar la vacuna o la inmunidad grupal?

Al parecer no sería eficaz.

Según el modelo de estos investigadores, esa estrategia no lograría resolver el problema. Sin el alejamiento social de toda la población, el modelo predice que, incluso la mejor estrategia de mitigación, que significa aislamiento o cuarentena de los enfermos, de los ancianos y de los que han estado expuestos, además del cierre de escuelas, aún provocaría un aumento de las personas gravemente enfermas ocho veces mayor de lo que podría soportar el sistema de EE. UU. o de Reino Unido. (Esa es la curva azul más baja en el gráfico a continuación; la línea roja plana es el número actual de camas en UCI.) Incluso si las fábricas empezaran a producir más camas y respiradores y todas las demás instalaciones y suministros, aún harían falta muchos más médicos y enfermeras para atenderlos a todos y ofrecen este gráfico para visualizar las previsiones de su modelo:

¿Y si solo se imponen restricciones durante unos cinco meses? (copio del artículo que cito)

Tampoco serviría: cuando se levantan las medidas, la pandemia vuelve a estallar, solo que esta vez sería en invierno, el peor momento para los sobrecargados sistemas sanitarios.

Esta sería la gráfica.

Esto no es una alteración temporal. Se trata, como dice el artículo, del inicio de una forma de vida completamente diferente y es en esa forma de vida «completamente diferente» que, como poco durará un año, donde trato de pensar qué deberemos hacer los abogados independientes si queremos sobrevivir.

Una forma de vida diferente

Esta nueva forma de vida lleva aparejadas consecuencias muy importantes para los diversos sectores económicos. Veámoslo.

Menos es más. Lo pequeño es más resistente que lo grande.

A muy corto plazo este nuevo estilo de vida será muy perjudicial para los negocios que dependen de reunir a grandes cantidades de personas: restaurantes, cafeterías, bares, discotecas, gimnasios, hoteles, teatros, cines, galerías de arte, centros comerciales, ferias de artesanía, museos, músicos y otros artistas, centros deportivos (y equipos deportivos), lugares de conferencias (y organizadores de las mismas), cruceros, aerolíneas, transporte público, escuelas privadas, guarderías.

Bien, menos es más, nosotros, abogados independientes, formamos, lo queramos o no, una red distribuida de servicios legales y eso es bueno. Nosotros no concentramos trabajadores en un sólo punto y, al igual que la pandemia es letal para los centros comerciales basados en importantes aglomeraciones de gente, lo es también que las redes distribuidas la soportan mejor: buenas noticias pues para el pequeño comercio de proximidad, malas para los centros comerciales; buenas noticias para los despachos pequeños, malas para los grandes. Lo siento muchachos.

Los ricos lloran menos: hay que aguantar el primer golpe.

Esta crisis va a ser muy difícil de soportar para quienes hayan contraído importantes obligaciones financieras pues no podrán resistir la bajada de ingresos ni tampoco para quienes no tengan ahorros suficiente para lidiar con los cambios en sus ingresos. Ahí nos pillaron a los pequeños. Suponemos que los grandes tienen más caja pero no conocemos sus obligaciones de forma que ¿quién sabe?.

Padres con hijos, con personas en relación de dependencia, etc. sufrirán problemas añadidos pero no hay nada que un padre y una madre trabajando en equipo no superen. Todavía nadie ha inventado un equipo que juegue mejor que ese, de forma que, quizá ahora, alcancéis a entender mejor por qué os elegisteis para vivir juntos.

Todos los despachos los forman personas de forma que este último párrafo vale para todos.

Así pues, para poder continuar, vamos a necesitar aguantar el tirón inicial ¿podremos?. En situaciones de crisis las personas físicas ayudan más y mejor que las jurídicas, quiero decir, tu familia te ayudará más y mejor que un banco, recuerda que tienes pocas necesidades, un tanto más a favor de los pequeños.

Reducción de movilidad

La pandemia va a provocar importantes restricciones de movilidad en las personas por lo que cualquier red distribuida de servicios va a soportar mucho mejor el golpe que cualquier red centralizada. Los despachos pequeños cubren los 433 partidos judiciales de España, los grandes apenas 50 ó 60. Goleada de los pequeños.

Conclusiones provisionales

Afortunadamente nuestro negocio no es como los cines, o los espectáculos deportivos, somos una raza de personas solitarias o casi solitarias que no han caído en el error de la hiperespecialización; disponemos, pues, de habilidades en muchos campos lo que nos garantiza sobrevivir. Pero sobrevivir solo no significa que no sea necesaria una coordinación. Formamos, lo queramos o no, una red distribuida de servicios jurídicos y esa es nuestra fuerza. Si somos capaces de tomar conciencia de ello y demostramos que somos capaces de cooperar y de ayudarnos unos a otros a superar esta crisis veremos un renacer de una abogacía con la que, inanes y oscuros políticos y pseudopolíticos, han pretendido acabar.

Así pues me gustaría mandarte un mensaje de optimismo y decirte que no te preocupes demasiado si el presente es malo porque, lo seguro, es que el mañana es nuestro.

Hay muchas cosas por hacer: adelante.

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Razones de una protesta

Razones de una protesta

Estos días verá usted en las redes muchas protestas de abogados y procuradores y, quizá, no entienda usted a qué son debidas. Si me lo permite trataré de explicarlo con la mayor simpleza posible.

1. Abogados y procuradores obtienen la protección social por dos vías. La primera el Régimen Especial de los Trabajadores Autónomos, la segunda a través de las Mutualidades de Previsión Social Alternativas al RETA.

2. La posibilidad de afiliarse al RETA no existió hasta 1995 por lo que una muy gran parte de los abogados, procuradores son mutualistas.

3. Las ayudas del gobierno, exiguas para los autónomos, son inexistentes para esta gran masa de mutualistas que han sido deliberadamente marginados por el gobierno.

4. Los juzgados han cesado en su actividad en este momento por lo que todos los abogados y procuradores no pueden tramitar asuntos, lo que significa que ni cobrarán las costas de los que ganen ni percibirán provisiones de ningún nuevo asunto pues no pueden interponerlo, sus ingresos, por lo tanto, se han reducido a CERO.

5. Mientras que entre los abogados existirán quienes vean aumentar su volumen de actividad (despachos y asesorías dedicados al derecho laboral y a la tramitación de ERTE’s, por ejemplo) el resto de los abogados y la totalidad de los procuradores verán reducidos sus ingresos a CERO.

6. Estos profesionales, excluídos de las medidas económicas de ayer han sido abandonados a su suerte por el gobierno.

7. En este grupo se encuadran la mayoría de los abogados de España y la situación, nada infrecuente, de matrimonios de abogados y abogadas con hijas o hijos a su cargo se torna, simplemente dramática, como la de todos aquellos hogares cuya única fuente de ingresos viene del trabajo de este tipo de profesionales. Les aseguro que estamos hablando de muchos miles de familias, familias para las que el gobierno ha elegido deliberadamente el hambre; y digo deliberadamente porque me consta de forma directa que el gobierno tiene conocimiento de esta situación y, conociéndola, ha optado, como los hechos demuestran, por no aliviarla.

Creo que, con este resumen, puede usted entender ya la situación existente en la abogacía y la procura y las razones de mi indignación.

Gracias compañeras, gracias compañeros, sois magníficos.

Gracias compañeras, gracias compañeros, sois magníficos.

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O el gobierno legisla o la realidad legislará por él

Veo a los compañeros pedir insistentemente que la Mutualidad y los colegios dejen de cobrarles las cuotas de estos meses de crisis.

Veo —y no salgo de mi asombro— a la Mutualidad y muchos colegios (no todos gracias al cielo) que se resisten roñosamente a llevar a cabo tal medida.

Miren, se lo diré en corto y por derecho, si ustedes no suspenden los pagos de cuotas, o de alquileres, o de hipotecas, o de préstamos, la realidad los suspenderá por ustedes con la diferencia de que, en lugar de suspenderse de forma ordenada, se hará a las bravas y, para cuando acabe la crisis, el colapso de los tribunales con desahucios, ejecuciones, reclamaciones de cantidad y «rebus sic stantibus» estará garantizado.

Seamos claros: o legislan y prevén esta contingencia o la realidad legislará por ustedes. ¿O creen que hay muchos españoles que podrán aguantar tres meses sin ingresos?

Miren, hagan las cosas antes de que la realidad se las imponga y gestionen la crisis. Elegir entre lo bueno y lo malo es fácil, pero en épocas de crisis hay que elegir entre lo malo y lo peor y es ahí donde se distingue a un gobernante de un inútil.


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La abogacía olvidada

La abogacía olvidada

Esta noche del jueves 26 de marzo de 2020, a las 21:00 horas, puedes decir alto y claro que los profesionales del foro (abogados y abogadas, procuradores y procuradoras, graduados sociales) están siendo olvidados por las autoridades de forma absolutamente injusta.

A 20:45 se dará a conocer el hashtag, a 21:00 cargamos en Tuíter.

Si tienes cuenta en tuíter nos vemos esta noche a 21:00, si aún no la tienes ¿Por qué no la abres?

No podemos salir a la calle a manifestarnos pero sí podemos dejar oír nuestra voz en las redes.

Nos vemos esta noche, tenemos un trabajo que hacer juntos.

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Abogacía abandonada

No he oído a nadie pedir ni ofrecer ayuda para las abogadas y abogados de España. De hecho no he visto la palabra abogado en ninguno de los sedicentes paquetes de ayudas ofrecidos por el gobierno.

Afirman quienes esto gobiernan que «nadie va a quedarse atrás» aunque, por lo que leo, en ese nadie no están incluídos los abogados y abogadas de España.

Quizá sea tiempo ya de decirlo: entre los abogados hay bolsas de pobreza; no de escasez o de apretura, sino de pobreza.

Tras doce años de crisis los abogados llevan sus angustias económicas con una dignidad que encoge el corazón, escondiendo bajo las togas, los trajes y las corbatas la angustia de vivir al día, pero dispuestos a defender los derechos y las esperanzas de quienes se acercan a ellos.

Si difícil era su situación tras las inicuas medidas de los sucesivos gobiernos, ahora, con el panorama de dos meses por delante sin ingresos de ninguna especie por culpa de la psndemia, el drama puede acabar en catástrofe.

Y, sin embargo, no veo que nadie se acuerde de la abogacía ni de los profesionales de la justicia en general (procuradores y graduados sociales también cargan su cruz); no veo que el estado ofrezca, por ejemplo, a los letrados del turno de oficio líneas de crédito sin intereses con el aval de su trabajo en el turno. Veo, en cambio, que ni siquiera el trabajo que se les debe se les paga con puntualidad y veo que aún se sigue regateando el pago de actuaciones efectivamente trabajadas.

Ya no es que no anuncien ayudas, es que lo que anuncian son problemas.

La abogacía debe tomar conciencia de la situación en que se encuentra el sector y debe alzar su voz con fuerza para solicitar no ya que las administraciones cumplan con sus obligaciones, sino que, además, se establezcan ayudas que ayuden a conllevar esta crisis a aquellos que, de otra forma, no sobrevivirán.

Y no sólo hemos de alzar la voz, hemos de demostrar con hechos lo que decimos con palabras: 18 colegios de abogados ya lo han entendido, el resto parece no darse cuenta de cuál es la situación; es muy posible que hayamos de agradecer a ese resto de colegios que nadie se tome la molestia siquiera de estudiar cualquier reclamación de la abogacía.

Compañeras, compañeros: la situación es grave y lo será aún más en el futuro. Si no damos la batalla ahora probablemente ya nunca podamos darla.

Vamos.

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