Olesya Soldatova

Olesya Soldatova

Hoy, hace exactamente un año, recibí un regalo inesperado, uno de esos regalos con los que construyes los recuerdos que son el material de que está hecha la vida de una persona.

Facebook me lo ha recordado puntualmente pero, como siempre me debato en la duda de abandonar las redes sociales en beneficio exclusivo de este blog, creo que voy a salvar en él el recuerdo, por si algún día me da la ventolera.

El post de Facebook dice así:

«He escrito bastantes posts sobre mujeres en Facebook y, una buena parte de ellos, sobre mujeres rusas. Hoy, luego les explico por qué, voy a tener que escribir sobre otra mujer rusa que probablemente ustedes no conozcan. Se llama Olesya Soldatova y sé que no tiene Facebook.

Esta mañana, mientras trabajaba en mi despacho, me ha llamado un compañero de Murcia y me ha dicho que si podía verme, que tenía un encargo para mí. Me he quedado estupefacto y cuando le he preguntado qué era me ha dicho que tenía que entregarme una cosa. He salido del despacho, me he encontrado con él, hemos entrado en una casa de comidas para no cumplir el encargo en medio de la calle e, inmediatamente, me ha dado una camiseta. Pero la camiseta no era una camiseta cualquiera.

La camiseta estaba comprada en la localidad rusa de Uliánovsk (en ruso: Ульяновск) a orillas de los ríos Volga y Sviyaga en Rusia,unos 893 km al este de Moscú, y representa un dibujo del Sputnik-1 con la fecha conmemorativa de su lanzamiento el 4 de octubre de 1957.

Me he quedado estupefacto ¿por qué traía eso para mí?.

El compañero me ha hablado entonces de una mujer rusa, Olesya, de que conocía mi afición a la historia de la astronáutica, de que le habían contado las historias que yo escribía en mi blog sobre la carrera espacial y, sobre todo, las historias de mujeres rusas que pongo en él de vez en cuando y que Olesya, al ver la camiseta, decidió comprarla y hacérmela llegar.

Creo que no puedo explicarles la sensación de ternura y alegría que me ha embargado, no daba crédito a mis ojos, así que inmediatamente me he puesto la camiseta y me he tomado la foto que ven.

Y ahora a lo que importa: Olesya, quiero que sepas que esta es de las que no se olvidan nunca, sé que no vas a leer este post pero que, igual que acabaste pudiendo llegar a los post anteriores, estoy seguro que antes o después leerás o te leerán este. Un día he de agradecerte esto, te lo prometo por el traje de cosmonauta de Valentina Tereskhova. Hoy me has hecho feliz. Muchísimas gracias Olesya.

спасибо большое, Олеся Солдатова !!!!!»

Ama a tus enemigos

Ama a tus enemigos

Conceptos como perdonar a quien te ofende o amar al prójimo e incluso al enemigo nos parecen, con frecuencia, preceptos propios de nuestra religión (la de cada uno, entiéndaseme) olvidando que las religiones no salen de la nada y que, en su mayor parte, no son más que una reelaboración de mitos anteriores para adaptarlos a nuevas peculiaridades emergentes.

Ayer, mientras investigaba los antecedentes mesopotámicos del «Libro de Job» y el llamado «problema del mal», me encontré con este fragmento que no me resisto a transcribirles:

«No holgazanees donde haya una disputa, porque en la disputa te tendrán como observador.  Luego, te convertirán en testigo y te involucrarán en una demanda para afirmar algo que no te incumbeEn caso de disputa, aléjate de ella, ¡ignórala!  Si surge una disputa que te involucra, cálmate.  Una disputa es un pozo cubierto [una trampa], un muro que puede cubrir a tus enemigos;  recuerda lo que uno ha olvidado y hace una acusación contra un hombre.  No devuelvas el mal a tu adversario;  paga con bondad al que te hace mal, haz justicia a tu enemigo, sé amigo de tu enemigo.

Dar comida para comer, cerveza para beber, conceder lo que se pide, proveer y tratar con honor.  En esto dios se complace.  Es agradable para Shamash, quien le pagará con su favor.  Haz cosas buenas, sé amable todos los días

El texto es una traducción del profesor J.S. Arkenberg de una obra conocida como los «Consejos de un padre Acadio a si hijo» o como los «Preceptos Acadios» y su fecha de creación es circa del 2200 AEC (la traducción del inglés al castellano es mía). Para que se hagan una idea, este fragmento está escrito XXII (veintidós) siglos antes del nacimiento de Cristo y está más alejado de él en la historia que el propio Cristo de nosotros. Para Cristo, de haber conocido este texto, sería mucho más viejo que los evangelios para nosotros.

Por solo darles otra referencia, cuando este texto se escribió faltaban doce siglos aún para que el Antiguo Testamento siquiera empezase a insinuar sus primeros trazos.

La voz de este padre acadio nos llega a través de cuatro mil años de historia y no puedo evitar cierto estremecimiento al oírla.

Caeteris paribus: la historia de Caín y Abel

Caeteris paribus: la historia de Caín y Abel

Estoy leyendo estos días una interesantísima tesis doctoral (¿les he dicho que la Internet es maravillosa?) en la que me encuentro con frecuencia con la expresión latina «ceteris paribus».

«Cæterīs pāribus», frecuentemente escrita como caeterīs, cēterīs o céteris páribus, es una locución latina que significa literalmente «manteniéndose las demás cosas igual» y que se parafrasea en español como «permaneciendo el resto constante».

En ciencias se llama así al método en el que se mantienen constantes todas las variables de una situación, menos aquella cuya influencia se desea estudiar y, a mi juicio,es una valiosa herramienta para desentrañar complejos problemas. Por eso, hoy, mientras reflexionaba sobre la vieja historia bíblica de Caín y Abel, se me ha ocurrido que, quizá, usando este método, podría averiguar las razones del crimen si alteraba una variable de la historia y mantenía (ceteris paribus) las demás constantes. La historia creo que la conocen todos ustedes pero, por si no es así, se la recuerdo: Caín y Abel son los hijos de Adàn y Eva, la primera pareja de humanos creada por Yahweh segùn la Biblia. Caín, el Mayor, es agricultor y Abel, el menor, es pastor.

En un momento dado Caín y Abel hacen un sacrificio a Yahweh; Caín le ofrece los mejores frutos de su trabajo y Abel las mejores reses del suyo. Yahweh aprecia la ofrenda de Abel, más no hace lo mismo con la de Caín; quien, enfermo de celos e ira, asesina a su hermano.

Los celos y la ira son terribles pasiones humanas, eso lo sabemos, pero ¿Por qué habría de preferir Yahweh la ofrenda de Abel frente a la de Caín? ¿Por qué Yahweh desaira de esta forma al mayor de los hermanos siendo así que este le había ofrecido sus mejores frutos?

Les ruego que no pierdan el sentido del humor y tratemos de usar del método ceteris paribus.

Dado que la historia ofrece muy pocas variables a alterar comencemos con la más significativa: las distintas profesiones de los hermanos. Uno agricultor y otro pastor.

Si pensamos en Yahweh como un dios de pastores, su preferencia por Abel estaría predeterminada de antemano. Piensen en un Abel bético y un Caín sevillista, la preferencia por los logros, por las ofrendas de uno u otro, dependerá de si el Yahweh de nuestra historia es verdolaga o palangana. Si Yahweh fuera bético —como muchos sevillanos creen— no cabe duda de que aceptaría las ofrendas de Abel y haría ascos a las de Caín. Y viceversa, no se me vayan a enfadar los parroquianos de Nervión.

Si la única variable de esta historia es la distinta profesión de Caín y Abel no cabe duda de que Yahweh tenía que sentir favoritismo por los pastores en detrimento de los agricultores. ¿Y era eso así?

El momento histórico en que este relato se enmarca es ese en el que el hombre ha aprendido a cultivar la tierra. De un pasado nómada de cazadores recolectores que trashuman por el desierto con sus rebaños (eso y no otra cosa es Abraham) se está pasando a un presente donde los seres humanos se vuelven sedentarios, se establecen en unos mismos lugares y aparecen las primeras ciudades y estas ciudades, para esos nómadas que viven en tiendas y vagan por el desierto con sus rebaños de cabras y ovejas, son usualmente focos de pecado y corrupción.

Es a la historia de Sodoma y Gomorra, de Nínive y Babilonia e incluso de la misma Jerusalén: la corrupción y el pecado se asocia a las ciudades (sedentarismo) la nobleza y la pureza de espíritu al desierto (nomadismo).

Por no contarles ejemplos bíblicos conocidos sobre la relación del pecado y las ciudades permítanme recordarles un interesantísimo ejemplo de esta tensión neolítica entre nómadas y sedentarios, entre pastores y agricultores. La encontramos en el libro del profeta Jeremías, capítulo 35, versículos 1-10. Dice así:

  1. Palabra de Jehová que vino a Jeremías en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo:
  2. Vé a casa de los recabitas y habla con ellos, e introdúcelos en la casa de Jehová, en uno de los aposentos, y dales a beber vino.
  3. Tomé entonces a Jaazanías hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, a sus hermanos, a todos sus hijos, y a toda la familia de los recabitas;
  4. y los llevé a la casa de Jehová, al aposento de los hijos de Hanán hijo de Igdalías, varón de Dios, el cual estaba junto al aposento de los príncipes, que estaba sobre el aposento de Maasías hijo de Salum, guarda de la puerta.
  5. Y puse delante de los hijos de la familia de los recabitas tazas y copas llenas de vino, y les dije: Bebed vino.
  6. Mas ellos dijeron: No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Recab nuestro padre nos ordenó diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos;
  7. ni edificaréis casa, ni sembraréis sementera, ni plantaréis viña, ni la retendréis; sino que moraréis en tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días sobre la faz de la tierra donde vosotros habitáis.
  8. Y nosotros hemos obedecido a la voz de nuestro padre Jonadab hijo de Recab en todas las cosas que nos mandó, de no beber vino en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos ni nuestras hijas;
  9. y de no edificar casas para nuestra morada, y de no tener viña, ni heredad, ni sementera.
  10. Moramos, pues, en tiendas, y hemos obedecido y hecho conforme a todas las cosas que nos mandó Jonadab nuestro padre.

Estos recabitas no eran un clan cualquiera, eran el clan que habïa permanecido siempre fiel a Yahweh mientras el resto de Israel caía en la idolatría y eran quienes habían ayudado al gran profeta Elías en sus luchas con los idólatras. Era pues hebreos “pata negra” y, como buenos hebreos pata negra, habían obedecido los mandatos de Jonadab, hijo de Recab, de no beber vino, de no edificar casas para su morada y de no tener viñas, ni heredad, ni sementera.

Los recabitas son un ejemplo fabuloso de lo que era Abel: no conocían la propiedad de la tierra (no tenían heredad ni se apropiaban de ella sembrándola) y no vivían en casas sino en tiendas… como Yahweh. Porque, bueno es recordarlo, Yahweh es el Dios de un pueblo sin tierra que vaga por el desierto, que camina al lado de ellos que vive en una tienda (el “Tabernáculo”) que se monta y se desmonta cada vez que el pueblo se pone en marcha cargando sus textos sagrados dentro de un arca.

Los pueblos sedentarios y agrícolas tenían dioses mucho más relacionados con la lluvia, el rayo, las nubes y las estaciones que Yahweh (al final y al cabo esas eran las principales necesidades de los agricultores) y no es de extrañar que los israelitas acaben adorando a Baal o al sol en cualquiera de sus sofisticadas versiones egipcias o mesopotámicas en cuanto se hacen sedentarios y se dedican a la agricultura. Yahweh en ese momento deviene en un dios poco útil para enfado de los profetas y de los redactores del Pentatéuco para quienes el desierto siempre será el lugar preferido de Yahweh, donde se aparecerá o hablará a los hombres y a donde los hombres se retirarán buscando el contacto con él.

Se han escrito mil explicaciones de la incomprensible historia del crimen de Caín, desde las psicoanalíticas de Freud y Jung a las más personales de Herman Hesse o José Saramago. A mí juicio el relato ilustra las tensiones producidas en un momento clave de la historia de la humanidad: el del nacimiento de la agricultura, el sedentarismo y la civilización.

Seguramente no me crees pero, (este es mi último y definitivo argumento) si eres aficionado a las películas del oeste, sin duda recuerdas esas películas que ilustran las tensiones entre vaqueros (cow-boys) y agricultores; estos colocan alambradas, vallan la tierra, impiden el desplazamiento de las manadas de ganado e incluso introducen ganado menor (ovejas) que cambia el hábitat y modo de vida de los cow-boys que, naturalmente, tratan de resolver el problema usando de su herramienta preferida: el revólver.

Es otra versión de la historia de Caín y Abel.

El primer hombre de la historia

El primer hombre de la historia

Hace ya un tiempo les hablé de la primera mujer de la historia cuyo nombre se conoce, la sacerdotisa y poeta Enheduanna.

Tras hacerlo pensé que, quizá, no estaría mal investigar quién fue el primer hombre conocido de la historia y hoy la suerte me ha favorecido: el pasado 17 de agosto el Daily Mail informaba de que, en Londres, se había subastado una tableta de arcilla sumeria (de Uruk) en la que aparecía la primera firma reconocida de la historia. El adquirente pagó 175.000£ (195.000€) por esta tableta de arcilla de 8 por 8 centímetros.

Que documentos como este anden en manos privadas y no en museos a disposición de la humanidad es algo en lo que prefiero no entrar ahora por no perder el buen humor, aunque esto es algo que merece una reflexión seria. Pero sigamos.

En la fotografía están marcadas las dos sílabas que componen el nombre del firmante de la tablilla: Ku-Sim. Al revés que Enheduanna, cuyo nombre ya no se usa, Ku-Sim es todavía un nombre popular en Mesopotamia.

Y si la primera mujer de la historia era poeta ¿a qué podía dedicarse el primer hombre conocido de la historia?

Conociendo la condición masculina no es difícil imaginarlo.

La tablilla de barro tiene 5000 años (datada en el 3100 AC) y el primer documento de la historia firmado por un hombre contiene…

Una receta para hacer cerveza.

Nihil novum sub solem.

Cinco meses de invierno y siete de infierno

Cinco meses de invierno y siete de infierno

La imagen que ven en la fotografía ha sido impresa en arcilla por un sello cilíndrico fabricado hace más de 4000 años y, sin embargo, quizá sea esta imagen la que, en el curso de toda la historia humana, mejor nos explica la razón de ser de una porción muy importante de todas las religiones del mundo.

En la imagen, como ven, dos seres antropomorfos idénticos están atacando a un dragón con siete cabezas. Tres de sus cabezas ya han muerto, tres viven y la restante está en trance de morir. De la espalda del dragón salen rayos mientras en el cielo brilla una estrella. Algunos otros personajes son testigos de la escena. La imagen fue entallada en un sello cilíndrico en Tell Asmar en el año 2200 AC, hace, pues, 42 siglos.

Seguro que la lucha de un héroe contra un dragón, frecuentemente de varias cabezas y muy a menudo con exactamente siete, es una historia que no les resulta desconocida.

Es el mito de San Jorge y el dragón, pero no sólo él, es Yahweh derrotando al Leviathan, es Marduk derrotando a la serpiente Tianmat, es Zeus derrotando a Tifón, Hércules venciendo a la Hidra o Thor matando a la serpiente-dragón gigante del Midgard, Jörmundgander.

¿Qué hay de común en todo estos mitos?

Es agosto y, si uno vive en los aledaños de la cuenca del Mediterráneo, no tiene problema alguno para entender porqué el infierno de nuestras religiones es caluroso y no helado. Si se le pregunta a alguien del sur de España cuántas estaciones hay en su tierra es probable que le responda aún que cinco de invierno y siete de infierno. Para una civilización agrícola eso y no otra cosa es el verano, falta el agua y el sol pega. Para las civilizaciones agrícolas, sedentarias, los dioses buenos viven en el cielo y no por casualidad. Es en el cielo donde, siguiendo el curso del sol y midiendo sus solsticios y equinoccios, podemos saber cuándo es tiempo de sembrar y cuándo de recoger, cuando es tiempo de trabajar y cuándo de descansar, cuándo es tiempo de navegar o de mantenerse en puerto. Si en el cielo están escritos los tiempos de todos los ciclos agrícolas los dioses que traen la lluvia son fundamentales para estas civilizaciones; por eso Baal, Marduk, Thor, Zeus o Júpiter son dioses similares, dioses del rayo y del trueno, dioses de la lluvia y las plantas y para aquellos hombres que dependían del clima, los dioses sin duda más necesarios.

Hay eruditos que dicen que el culto a Baal entre los israelitas fue crónico pues su preeminencia como dios relacionado con las lluvias le hacía mucho más útil que Yahweh, un dios bueno para sacarles de Egipto pero poco útil a la hora de cultivar. Yahweh, para los judíos prácticos, estaba más cercano a abstractos dioses-padre como el cananeo El que a dioses útiles como Baal o Haddad.

Y, al igual que el dios que gobierna los meteoros es el apropiado para estas civilizaciones agrícolas, la serpiente es el símbolo más apropiado del mal. La serpiente, un ser de sangre fría, se aletarga durante el lluvioso invierno para reaparecer en el seco y cálido verano mediterráneo. Parece morir en la estación húmeda y renacer en la seca, parece incluso regenerarse con una nueva piel y dominar el secreto de la eterna juventud. Yam, Lotan, Tifón, la Hidra… todos son seres monstruosos, draconianos, serpentiformes… La serpiente es también señalada como un animal solar, sigue al sol como hemos visto, pero el sol con su calor evapora el agua, se apropia de ella y es por eso que sol, calor y fuego se asocian también a la serpiente hasta convertirla en eso que los seres humanos hemos dado en llamar «dragón».

Pero volvamos al sello. Dos personajes idénticos (ya veremos luego que, como en los comics, son la misma deidad, el mismo superhéroe) atacan a una serpiente-dragón, que expele calor por su lomo y posee siete cabezas, como siete eran los meses de la estación seca en mesopotamia (de abril/mayo a octubre/noviembre). Tres de sus cabezas ya han muerto (mayo, junio, julio) y tres están vivas (septiembre-octubre-noviembre) y una está siendo matada en este momento por el héroe. Estamos pues es agosto y esto nos lo confirma la estrella que preside la escena, con toda probabilidad Sirio, la estrella más visible del firmamento y que preside la bóveda celeste en estas fechas caniculares.

Uno de los dos personajes la ataca por la espalda, otro golpea sus cabezas… Es, según señala Gary A. Rendsburg en su artículo “UT 68 and the Tell Asmar Seal”, una ilustración del mito de Haddad (un dios del trueno, la lluvia y las plantas en la mitología asiria y aramea). Haddad, según las escrituras, ataca dos veces a la serpiente Yam (el invierno), la primera en la espalda, y falla, en la segunda va matando una por una sus siete cabezas. El invierno comienza cuando Haddad falla y termina cuando logra acabar con su séptima cabeza. El sello ilustra pues el momento más caliente de la batalla, el infernal ferragosto.

La sucesión de estaciones, la muerte y resurrección de dioses, las festividades relacionadas con solsticios y equinoccios es algo muy común a todas las religiones de las sociedades agrícolas; Huitizchilopochtli, por ejemplo, el dios Azteca, era una figurilla de barro en que la que se plantaban semillas de maíz que florecían en la época adecuada haciéndole “resucitar”. Navidad y Semana Santa son también ejemplos válidos de ritos agrícolas.

Escribo esto para no para contar nada a nadie sino para no olvidarme de algunos de estos datos, es una forma de saber que puedo acudir aquí si un día los olvido.

Si te interesa el tema hay mucha bibliografía al respecto, el de las religiones es un mundo apasionante.

Sistemas antifalsificación de hace tres mil años

Sistemas antifalsificación de hace tres mil años

Falsificar documentos ha sido uno de los peligros más comunes para el tráfico jurídico desde que se inventó la escritura y fueron, precisamente los inventores de la escritura, quienes idearon algunas de las más ingeniosas técnicas antifalsificación.

Lo que ven en la primera fotografía es un contrato mesopotámico. Como ven, la tablilla donde está escrito el original del contrato está embutida en una especie de sobre, también de arcilla, que en la fotografía aparece roto. En el trozo de “sobre” que no está roto aún se ven unas figuras que son el sello del envoltorio. Dichas figuras se impresionaban sobre la arcilla blanda usando un cilindro con las mismas figuras entalladas en él, de forma que, haciéndolo rodar sobre la arcilla, dejaba impresas las figuras.

Sobre el lado que no se ve del “sobre” está copiado, rasgo por rasgo, el mismo texto que figura en el contrato original.

En la tercera foto puede verse un sobre intacto por el lado donde estaba copiado el texto del contrato. Este “sobre” fue encontrado por Sir Max Mallowan y su esposa la novelista Agatha Christie (fue su segundo marido, una historia que les contaré otro día) y se trata de un contrato de préstamo de plata fechado el día 28 del mes de Nisán (aproximadamente nuestro marzo) del año 650 AC.

El sistema funcionaba como sigue: se escribía el contrato original en una tablilla de arcilla que, luego, se recubría por un envoltorio de arcilla donde se copiaba exactamente el mismo contrato. Sobre este envoltorio se aplicaban sellos rodados (de los contratantes) y en el caso del sobre de Agatha Christie los de hasta seis testigos.

Si, posteriormente, alguien afirmaba que se había falsificado el contrato, bastaba con romper el envoltorio y confrontarlo con lo escrito en su interior. Obviamente, para falsificar el interior, había que romper el envoltorio, lo que habría delatado la manipulación.

Se me ocurre que el sistema, de una forma u otra, aún sigue en uso en algunas aplicaciones informáticas.

Los sumerios, en verdad, eran unos tipos geniales.

Si vas a atribuir falsamente un texto a alguien, al menos hazlo bien

Si vas a atribuir falsamente un texto a alguien, al menos hazlo bien

Ando leyendo por las redes unas citas del Quijote evidentemente falsas. Al principio la cosa me causó tristeza (quienes colocan expuestos a la risa pública ese tipo de citas es evidente que no han leído el Quijote); luego me produjo enfado (las citas tienen un clara intencionalidad política y usar la obra de Cervantes de forma partidaria me parece deleznable) y luego, debo confesarlo, curiosidad y preocupación.

El ser humano, a pesar de usar novísimas herramientas tecnológicas, usa de los mismos engaños de siempre y uno de los engaños más repetidos ha sido este de la falsa atribución, los más grandes engaños han sido construidos usando de esta superchería.

Ya desde la noche de los tiempos, para dar autoridad a un texto, se ha atribuido su autoría a alguien famoso o poderoso. El Antiguo Testamento, sin ir más lejos, recurre a este truco y atribuye sus cinco primeros libros (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) a la pluma del mismísimo Moisés. Obviamente estos cinco libros (el Pentatéuco) no pudieron ser escritos por un mismo personaje y así está demostrado por los expertos de forma irrefutable. Si usted no me cree o quiere un ejemplo le diré que si Moisés hubiese escrito estos libros el mayor milagro que en ellos se contendría sería que el mismo Moisés habría narrado su propia muerte.

No, estos cinco libros (el Pentatéuco para los cristianos, la Torá para los judíos) no son obra de Moisés pero ahora, unos 2700 años después de su redacción, si son de Moisés o no importa poco: su falsa atribución surtió efecto y son la base de una realidad religiosa imparable.

Este fenómeno de falsa atribución es moneda común en los textos antiguos. El Eclesiastés, por ejemplo, se atribuye a Salomón (el autor se llamó a sí mismo “hijo de David” y “Rey en Jerusalén”) porque así lo provocó su autor, a quien le pareció mejor dar autoridad al libro a través de una falsa atribución que buscar la gloria personal firmándolo con su nombre.

Más aún, se contienen en la Biblia textos que sabemos positivamente que no son más que trasuntos de otras obras mesopotámicas y egipcias que fueron escritas miles de años de la Biblia. Una que a mí me hace especial gracia es la contenida en el libro de los Proverbios, Capítulo 31, que comienza con «Palabras del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre…»

El texto —simpático donde los haya— nos muestra a la madre de Lemuel recomendando a su hijo que no beba vino ni cerveza y exhortándole a que no sea putero, pues no está bien que los reyes ni los príncipes lo sean. Pues bien, este Lemuel, no era judío ni israelita, era el Rey de Masá, un pueblo pagano. La misma escritura se encarga de aclarar que estas enseñanzas fueron dictadas por su madre (no inspiradas por Yahveh) pero, aún así, el texto se insertó en la Biblia y, si se leyese este fragmento en alguna celebración litúrgica, el sacerdote concluiría su lectura afirmando: «Palabra de Dios».

La falsa atribución, pues, no es nada nuevo y, en una pirueta genial de Cervantes, el propio autor realiza en su obra una falsa atribución pues atribuye a Cide Hamete Benengeli (un personaje ficticio) la verdadera génesis de la historia.

Genial Cervantes.

Así pues, queridos internautas aficionados a tomar el nombre de Cervantes, Einstein y hasta del mismo dios de Israel en vano: si váis a realizar una falsa atribución al menos hacedla con arte, hacedla bien y no de forma tosca.

Y un aviso a navegantes: cuando vean una cita atribuida a Cervantes, Einstein o al mismo Papa de Roma no se la crean sin comprobarla; internet está lleno de gente que cree poder engañar a sus semejantes con un truco conocido desde el Génesis.

Y nunca mejor dicho.

The Devil’s Own

The Devil’s Own

Para el día 8 de junio ya era evidente que los abogados no podrían alcanzar sus objetivos, no obstante, volvieron a intentarlo, pero lo imposible es imposible y fracasaron.

Controlar los puentes era una tarea de vital importancia para las fuerzas aliadas que desembarcaron el 6 de junio en Normandía: si los puentes “Pegasus” y “Horsa” en Benauville no eran controlados intactos los ingleses no podrían avanzar hacia el este y envolver Caen; si, por el contrario, había un contraataque alemán en la zona era importante, en ese caso, destruirlos para que los panzer no alcanzasen la margen izquierda del río Orne. Fue por eso por lo que, usando de planeadores y de paracaidistas y antes de que los desembarcos comenzasen, los aliados dieron un golpe de mano al norte de Caen, en Benauville, para controlar estos puentes.

Sin embargo quedaban, al menos, trece puentes más sobre los ríos Odon y Orne que alguien tendría que destruir y esa misión le fue encargada a los abogados del «Inns of Court» un regimiento compuesto exclusivamente por juristas. Este regimiento era una de esas reliquias fósiles que tanto gustan a los «british», su origen se perdía en la noche de los tiempos y era en él en el que prestaban su servicio militar abogados y jueces. Cuando al rey Jorge III le dijeron que el regimiento estaba compuesto íntegramente de lawyers dijo enfadado: «No les llamaen lawyers, llámenles The Devil’s Own». Aquello era una ofensa grave pero, flemáticamente, los lawyers decidieron llamar a su regimiento “The Devil’s Own” y con este nombre llegaron a Normandía.

La verdad es que a estos abogados no les pusieron las cosas fáciles. La tarea que les encomendaron era casi suicida pues se trataba de, sin apoyo de ninguna especie, infiltrarse en territorio enemigo, alcanzar los ríos Odon y Orne y destruir los trece puentes por los que podrían contraatacar las fuerzas alemanas. Para ello se formarían doce grupos compuestos de tres vehículos en su mayor parte, un blindado sobre ruedas Daimler, un vehículo blindado ligero “Dingo” y un “half-track” cargado de explosivos para demoler puentes. Cada grupo de tres vehículos haría la guerra por su cuenta, habría de penetrar en solitario en territorio enemigo, trataría de alcanzar su puente, volarlo y buscar entonces la forma de huir y enlazar con las brigadas paracaidistas o las fuerzas que, teóricamente, avanzarían desde las playas. La cosa fue mal desde el principio.

Los abogados desembarcaron en la playa Juno apoyados por los canadienses, pero, de los dos transportes en que llegaron a la playa, uno tuvo problemas con las minas y varios vehículos acabaron dañados. Más tarde la operación se retrasó seis horas hasta que bajó la marea y pudieron desembarcar el resto para, finalmente, salir disparados en misión suicida hacia el interior del territorio enemigo.

Increiblemente lograron sobrepasar el cinturón germano aunque antes, los blindados canadienses, confundiendo los vehículos de los abogados (naturalmente pintados de negro) con vehículos enemigos les dispararon causándoles tristísimas bajas por fuego amigo. No fueron las únicas.

Ya estaban infiltrados en terreno alemán cuando un cazabombardero norteamericano «Thunderbolt» comenzó a disparar contra ellos. Los abogados habían colocado en sus vehículos distintivos amarillos y lanzaron bengalas amarillas, la contraseña para identificarse como aliados, pero la aviación norteamericana siguió disparando hasta alcanzar al half-track que transportaba explosivos para la demolición. La explosión que se produjo no sólo acabó con el vehículo sino con los dos que le acompañaban: no sobrevivió nadie del grupo.

A pesar de ello y de la cada vez más dura defensa alemana los grupos que quedaban operativos siguieron presionando hacia el interior hasta llegar a «Jerusalem Crossroads», un lugar donde aún hoy hay un cementerio militar, pero la 21ª Panzerdivisionen ya había llegado a la zona y tratar de enfrentarse con cañones de 40 mm y ametralladoras Bren a los panzer era simplemente un suicidio.

Aún y así los abogados lo intentaron y el 8 de junio lanzaron su último y desesperado ataque con la esperanza de abrirse paso hacia sus objetivos. Fue una buena carga, lamentablemente no sirvió de nada, la maquinaria alemana era muy superior en calidad y desbarató fácilmente el ataque.

El día 9 de junio el jefe del regimiento decidió que ya había sido suficiente y que era hora de dejarlo («I rest my case») y ordenó el sálvese quien pueda. Cada uno de los grupos de tres vehículos buscó la salvación por su cuenta y, no sin lamentar fuertes pérdidas, pudieron enlazar con fuerzas aliadas que combatían en la cabeza de puente de Normandía.

Una “Military Cross” y cuatro “Military Medals” fueron el premio que su majestad dió a los abogados del “The Devil’s Own”. Una pequeña lápida en “Jerusalem Crossroads” conmemora el obstinado empeño del regimiento de abogados por abrirse paso entre los blindados alemanes.

Quizá si este año Miguel Pouget se acerca por Chouain (al sur de Arromanches) pueda decirnos si la lápida aún sigue ahí.

El primer poema de amor

El primer poema de amor

Los sumerios inventaron la escritura y, por eso, la historia empieza en Sumeria. En sus tablillas de barro encontramos por primera vez escrita la palabra libertad o la palabra guerra, los primeros contratos y las primeras leyes.

Produce cierto vértigo leer textos escritos hace más de cuatro mil años y escuchar cercanas las voces de personas que dejaron de existir hace milenios pero cuya voz no se ha extinguido.

Hoy me he topado con este que pasa por ser el primer poema de amor de la historia y no me puedo resistir al deseo de compartirlo aquí. Otro día les daré el contexto de este poema, hoy solo me apetece compartirlo. Díganme qué les parece.


Novio de mi corazón, amado mío;
tu encanto es dulce, dulce como la miel.
Querido de mi corazón, amado mío;
tu encanto es dulce, dulce como la miel.

Tú me has cautivado, libremente iré hasta ti;
novio mío, quiero escapar contigo a la cama.
Tú me has cautivado, libremente iré hasta ti;
querido mío, quiero escapar contigo a la cama.

Novio mío, te haré cosas deliciosas;
dulce tesoro mío, miel te llevaré.
En la alcoba, empapada de miel,
gocemos de tu dulce encanto.
Querido mío, te haré cosas deliciosas;
dulce tesoro mío, miel te llevaré.

Novio mío, si me quieres,
habla con mi madre y a ti me entregaré;
habla con mi padre y me entregará a ti como regalo.

Darte placer… Yo sé cómo darte placer;
novio mío, duerme en mi casa hasta el alba.
Alegrar el corazón… Yo sé cómo alegrar tu corazón;
querido mío, duerme en mi casa hasta el alba.

Si me amas,
amado mío, hazme cosas deliciosas.

Mi señor, mi dios; mi señor y mi dios protector,
mi Shusin, que alegra el corazón de Enlil,
¡ojalá me hicieras cosas deliciosas!
Tu sitio, dulce como la miel… ¡Ojalá pusieras tu mano sobre él!

Pon tu mano sobre él como la tapa de una copa;
extiende tu mano sobre él como la tapa de una copa.»


Un tratado de política e infamia

Un tratado de política e infamia

El hombre que corre tras el carruaje del Rey Jorge V de Inglaterra luce en su pecho condecoraciones ganadas en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial. El rey y su hijo Henry se dirigen a las carreras de Epsom y, por sus gestos, parece que ni ven al veterano de guerra convertido ahora en un mendigo que tiende su gorra esperando que aquellos por quien él peleó le presten, siquiera, atención.

Corre el año 1920 en el momento de tomarse la fotografía y es curiosa la falta de medidas de seguridad de la comitiva real (tengo algunas fotos del encuentro en Cartagena entre este mismo Jorge V y Alfonso XIII donde los niños corren alrededor del carruaje que les lleva) cuando, hacía apenas seis años, el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo detonó la espoleta de la Gran Guerra.

En los rostros de los aristócratas y en el del veterano está escrito uno de los mejores tratados de política y de infamia que he visto publicados.