Samira Saleh in memoriam. Los ruiseñores mueren en Mosul.

No se conoce que jamás empuñase un arma, tampoco se conoce que nunca hiciese mal a nadie, sólo sabemos que la han matado por defender esas cosas que tanto molestan a los fanáticos y a quienes se creen propietarios de la verdad absoluta: Los Derechos Humanos.

Se llamaba Samira Saleh y era abogada.

Tuvo mala suerte, no nació en un país de esos donde los abogados se dedican a defender corporaciones, bancos o compañías de seguros; le tocó, por el contrario, vivir y trabajar en uno de esos lugares donde defender el derecho de los demás se paga caro, muy a menudo con la vida.

El pasado 15 de septiembre Samira publicó en las redes su opinión respecto a la destrucción de mezquitas a la que calificó de «bárbara». Y vinieron por ella, hombres del llamado «estado islámico» la secuestraron, la torturaron tratando de que se retractase de lo que ellos consideraban una blasfemia y, al negarse a hacerlo, una corte la declaró culpable de «apostasía» y el pasado lunes fue «ejecutada» (vilmente asesinada) en una plaza pública de Mosul.

Las autoridades no dejaron que se celebrase ningún funeral por ella; temen a las palabras, odian la razón y no quieren que nadie pueda oír, incluso después de muerto, el canto del ruiseñor.

El lunes asesinaron a una abogada pero lo que jamás podrán es asesinar su memoria.

Samira, allá donde estés, sigue cantando. Es nuestra última esperanza.

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Asesinar Abogados

Quien siga este blog verá que con siniestra regularidad se publican en él obituarios por abogados asesinados en Colombia. Cerca de 800 van ya y la cifra no para de crecer sin que nadie haga nada por evitarlo. Desde mi colegio, el Colegio de Abogados de Cartagena de España, hemos firmado acuerdos y tratado de ofrecer ayuda a nuestros compañeros de Cartagena de Indias pero son pocas nuestras fuerzas para detener la magnitud de este genocidio profesional.

Es fácil tratar de desprestigiar la labor de los abogados, chistes fáciles y siniestros despersonalizan a los abogados porque, cuando se deshumaniza a alguien, matarlo resulta más fácil. Lo leí hace poco en un lugar de internet de cuyo nombre no quiero acordarme:

-¿Qué es un abogado muerto en la bahía de Cartagena?
-Contaminación.

Y así mueren centenares de abogados sin que parezca importarle a nadie y sin que se derramen por ellos más lágrimas que las de sus familiares directos.

Asesinar abogados se ha convertido en algunos países de sudamérica en la forma más sencilla de acabar con los derechos de la gente sin que nadie se escandalice al parecer, pues, al fin y a la postre, nadie llora a quienes mueren defendiendo la libertad ajena.

Hoy me he encontrado este video en la red, es guatemalteco pero podría perfectamente ser colombiano: es el video de un abogado que sabe que va a morir y quiénes le van a matar. Juzguen ustedes mismos.

Nos vemos en Santa María de la Rábida

Los próximos días 22 y 23 de julio me han invitado a participar como ponente en el curso de verano de la Universidad Internacional de Andalucía llamado “Hacía una nueva Abogacía”. Compartiré cartel con Carlos Carnicer, presidente del Consejo General de la Abogacía Española y otros profesionales y expertos a quienes hace tiempo tengo deseo de escuchar. Mi ponencia es el 23 por la tarde y no deja de sorprenderme el interés que despierte nuestro colegio en las más diversas instituciones.
Es realmente barato (73 €) y, si deseas asistir, puedes matricularte en este link http://cursosdeverano.unia.es/item/hacia-una-nueva-abogacia.html?category_id=16
Nos vemos en Santa María de la Rábida, tierra de descubrimientos.

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Luís Evelio Londoño «in memoriam»

Los abogados colombianos son víctimas de un genocidio profesional sin que nadie haga nada para evitarlo. Son ya más de 700 los abogados asesinados desde que se empezaron a llevar estadísticas de este drama y esta brutal matanza no parece generar la más mínima consternación en las instituciones colombianas.

Anteayer asesinaron en Cali a LUIS EVELIO LONDOÑO, abogado. Ejercía en derecho penal y era conocido como uno de los muchos abogados del pais que esperan en las URI (Unidades de Reacción Inmediata de la Fiscalía) a la espera de prestar sus servicios a las personas detenidas, no despachaba desde ninguna oficina.

Los abogados nos llamamos entre nosotros compañeros. Es una palabra bonita. Derivada del latín cum-panis designa a aquel con quien se comparte el pan y está emparentada con otras palabras bellas provenientes todas del indoeuropeo “Kom” que transmite de la idea de “juntos, cerca, con…”

Hoy ha muerto un compañero y en Cartagena de España queremos estar cerca de él. Todas nuestras condolencias y todo nuestro cariño para su familia y amigos.

Juan Carlos Canizalez Ocampo

Otro abogado asesinado en Colombia. Juan Carlos Canizalez Ocampo fue vilmente asesinado en Buga por personas hasta ahora desconocidas. Es por ahora el último de los 800 abogados asesinados en Colombia sin que las autoridades parezcan capaces de esclarecer ni uno solo de estos ochocientos crímenes. Este intolerable genocidio profesional debe concluir y es preciso exigir a la administración que destine todos los medios precisos para acabar con esta lacra.

Mis artículos en LawyerPress: De oficio abogado

Hay mucha grandeza en ellos: http://www.lawyerpress.com/blogs/LPe_Jose_Muelas_05.html#.UfkJ83YpUoM.twitter

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Compañeros de Colegio

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Os echaremos de menos. De la Bocana a Bocagrande, de Cartagena a Cartagena. En Colombia asesinan a un abogado cada 9 días por el mero hecho de cumplir con su deber. Van ya 700, al menos 20 en Cartagena de Indias y nunca se acaban de investigar sus muertes.

Cuando muere un abogado en Cartagena (en cualquiera de las muchas Cartagenas del mundo) sentimos que asesinan a uno de los nuestros, a un compañero de ese colegio que es más que un lugar en el mapa. Porque la libertad no tiene más patria que el corazón de la gente. Que tengáis suerte, pronto estaremos allí. Cartagenas del Mundo. Cartagenas del Alma.

Abogados de las Cartagenas del Mundo

En Cartagena ya no disparan los cañones

 

En Colombia un abogado es asesinado codad 9 días. Soy abogado en Cartagena (España), ejerzo mi profesión con libertad e independencia y tengo un colegio que -de ver en riesgo esa libertad e independencia- estoy seguro que me respaldaría frente a cualquier intromisión.

En Colombia no existen los Colegios de Abogados. Para ser más exactos no existen como se conciben en España. Hay allí un centenar o más de Colegios, Círculos y Clubs de Abogados, de carácter privado y voluntario, sin ninguna o muy escasa incidencia en la actividad profesional y en la vida jurídica del país, enormemente rica, pero que se mueve por otros caminos y sin tener en cuenta las más de las veces a los abogados y su realidad profesional y personal.

Por eso, el próximo 1 de marzo los abogados de la Cartagena de España nos hermanaremos -aunque ya lo estemos en el corazón- con los de la Cartagena del otro lado del mar, la Cartagena de Colombia, la Cartagena del Caribe, la Cartagena de Indias.

Porque los sentimos compañeros y porque podemos ayudarnos. Merece la pena.

Top Ten de Abogados

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Ayer el diario económico «Expansión» publicó la lista de los 10 abogados españoles más influyentes en redes sociales y -¡Oh Fortuna!- allí estaba yo.

Estas listas son mucho más que discutibles pero -para qué negarlo- agradan.

Uno de los afortunados (Josep Jové) lo resumió con acierto: «No están todos los que son, pero todos los que están son»

En fin… Muy honrado; gracias Expansión.

ELEAS

Últimamente oigo con frecuencia a personas que, al referirse a mí, me califican de “experto en derecho de las nuevas tecnologías”, cosa que me llena de profundo pudor. A día de hoy, en el mundo de la abogacía, ser un “experto” en algo no es más que un acto de voluntad pura; uno se autodenomina “experto” en algún campo, se dedica a él y, sin más trámite que ese, es diputado por la comunidad como experto. Por eso, cuando oigo que se me llama “experto”, el pudor me invade y me asalta la sensación de ser un impostor.

Pero alguna vez sí fui “experto”.

Han pasado ya casi diez años desde que en el marco de la Unión Europea se puso en marcha el programa “ELEAS” (Ecommerce Legislation Easily Accesible), un ambicioso proyecto financiado por la Unión Europea y cuyo objetivo era establecer una “knowledge base” que permitiese conocer a cualquier empresario europeo que quisiese dedicarse al comercio electrónico cuáles eran las condiciones en que debía efectuar sus ventas. Para ello se ordenó reclutar a un jurista de cada país de la Unión Europea que, además de ser un reconocido experto en materia de comercio electrónico, tuviese unos mínimos conocimientos de lógica booleana y fuese capaz de escribir, siquiera rudimentariamente, unas cuantas líneas de código en un lenguaje de programación que, en su momento, se nos enseñaría.

No me pregunten por qué ni cómo, pero el jurista español que acabó formando parte de dicho programa fui yo. Cuando acudí a Turín (inolvidable Marco Ciurcina) para las primeras sesiones, estaba consternado y me embargaba la sensación de que yo era un impostor.

Sin embargo, una vez puesto en marcha el programa, resultó que yo no era tan torpe como pensaba. Por aquel entonces yo mantenía actualizada una página web sobre derecho e internet, no me manejaba mal con el lenguaje que se nos enseñó y acabé ayudando a terminar su trabajo a los “expertos” de otros países. Esto hizo que se disipase mi sensación de ser un impostor.

El proyecto fue un éxito. Se establecieron páginas web en todos los idiomas de la Unión Europea con toda la información, nacional y comunitaria, referida al comercio electrónico; las páginas, además, incluían un sistema experto que permitía a los usuarios conocer la regulación jurídica que afectaba a cualquier producto que tratasen de vender “on line”, desde una camiseta a un inmueble, y, en general, el programa cumplió sobradamente todos sus objetivos. Luego pasó el tiempo, los fondos se consumieron, se cubrieron los objetivos y, a día de hoy, es ya casi imposible encontrar información en la red sobre aquel programa ELEAS que hizo que, por una vez, yo me sintiese de verdad experto.