Ayer les hablé de los óstrakon (trozos de cerámica) como soportes donde escribir en la antigüedad e ilustré el post con uno de ellos donde un anónimo ciudadano ateniense votaba la expulsión de Atenas de Temístocles, el glorioso gobernante qu

e combatió en Marathón y trabajó para que su polis contase con una poderosa flota que se demostró crucial en Salamina.

Sin embargo, si un óstrakon es famoso es este que hoy les enseño y que se conserva en el «Oxford’s Ashmolean Museum», se trata del óstrakon más grande del mundo que se conserva y en él aparece escrito el comienzo de la historia de Sinhué.

Para aquellos, supongo que pocos, que no conozcan la historia de Sinhué les diré que este era un egipcio que vivió en torno al año 2000AEC (siglo XX AEC) durante el reinado del faraón egipcio Amenemhat I. Según la historia que nos cuentan los viejos textos Sinuhé («El hijo del sicomoro») acompañaba al príncipe Sesostris cuando, por casualidad, escuchó como se tramaba un complot para matar al faraón Amenemhat. Por razones que no se acaban de entender —¿pensaba que se vería envuelto en el complot?— Sinhué se ve obligado a huir de Egipto y a dirigirse hacia una tierra a la que, muchos siglos después, el mundo conocería como Palestina pero que, por aquel tiempo, los egipcios conocían como Retjenu.

Si el vértigo de siglos no les ha asaltado hasta ahora permítanme que llame su atención sobre la fecha en que tiene lugar esta historia: faltan más de 1.200 años para que se comience a escribir la Biblia en ese mismo lugar hacia el que ahora huye Sinhué. Esta historia, sí, es 1000 años más antigua que el propio libro del Génesis.

Sinhué durante su exilió en Canaán-Retjenu se enamoró y se casó con la hija de un jefe tribal del lugar llamado Ammunenshi llegando a ser un personaje muy respetado y viviendo innunerables aventuras, batallas, combates singulares, pero…

Pero Sinhué era egipcio y no podía vivir alejado de su patria. Sinhué no soportaba la perspectiva de no ser enterrado en Kemet conforme a sus antiguos y sagrados ritos funerarios. Por eso, en cuanto tuvo noticias de que faraón podría haberle perdonado, volvió a Egipto donde vivió una vejez honorable y fue enterrado en una tumba digna de un buen egipcio.

Y ahora les pregunto…

¿Cómo es posible que un texto de hace cuatro mil años haya llegado hasta nosotros?

Los textos más antiguos de la Biblia que tenemos son los rollos del Mar Muerto, más de 1700 años posteriores a la historia de Sinhué; el fragmento más antiguo de la Ilíada de Homero es del año 150 después de Cristo, más de 21 siglos posterior… ¿Cómo es que ha podido llegar hasta nosotros la antigua historia de Sinhué el Egipcio?

Por diversas razones, pero no les quepa duda que una de ellas es el tipo de soporte.

Cuanto más antiguo y primitivo es un soporte más dura y mejor se conserva en el tiempo. La paleta de equisto verde del faraón Naarmer ha llegado hasta nosotros cinco mil años después de que fuese confeccionada; la epopeya de Gilgamesh ha atravesado también cinco mil años de historia de la humanidad y no puede despreciarse el hecho de que los textos escritos sobre piedra o arcilla se hayan revelado como especialmente resistentes.

Ahora compare usted la durabilidad de los textos escritos en piedra o en tabletas de arcilla con la durabilidad de aquellos archivos que usted guardó en su primer ordenador. En los últimos 40 años hemos visto nacer y morir un sinnúmero de soportes, desde los discos blue-ray a los discos duros, pasando por los diskettes de 5.25, los de 3.5, los microdrives y hasta los CD. Ahora la moda son las memorias SSD… ¿Cuánto cree usted que tardará esta tecnología en ser sustituida por otra?.

Si quiere que un texto suyo se pierda grábelo en su disco duro; no pasarán muchos años antes de que el texto sea ilegible para cualquier ordenador. Se calcula que, de media, ningún archivo pervive en internet más de quince años. Créame, si quiere que un texto suyo dure casi eternamente escúlpalo en piedra.

Sin embargo lo primitivo del soporte es sólo una de las causas de que la historia de Sinhué haya llegado hasta nosotros, la otra es su tremenda popularidad.

La historia de Sinhué y sus aventuras en Canaán cautivaron de tal modo la imaginación de los egipcios que todos cuantos sabían leer quisieron tener una copia de sus aventuras. La conservación de la historia de Sinhué no fue un hecho «centralizado» en una biblioteca o archivo dependiente del estado, su éxito fue que su conservación fue un fenómeno descentralizado («distribuido») donde muchas personas quisieron poseer y disfrutar de una copia de esta historia.

Adicionalmente la historia de Sinhué se empleó intensivamente en el entrenamiento y formación de los nuevos escribas.

No es, por tanto, casual que el fragmento más antiguo que se conserva de la historia de Sinhué sea precisamente este óstrakon de barro (un soporte primitivo) realizado para el uso privado (conservación «distribuida») de un particular, ya fuera como lectura o como entrenamiento caligráfico en tipografía hierática.

Y ahora dígame ¿Cree usted que nuestros actuales ficheros de texto sobrevivirán más años que la historia de Sinhué?

Debemos mirar hacia el pasado con mirada moderna y aprender lecciones útiles.

Les dije ayer que la actual revolución tecnológica llevará aparejadas revoluciones temidas por las clases sociales que ahora ocupan el poder y una de ellas será la descentralización («distribución»).

Si usted quiere que sus textos se conserven tantos años como la historia de Sinhué puede o bien escribirlos en piedra —algo poco práctico a día de hoy— o fomentar su conservación descentralizada, distribuída, como pasó espontáneamente en Egipto.

El estudio y comprensión de la descentralización y de las arquitecturas distribuídas ha sido una tarea poco abordada hasta ahora y digo «hasta ahora» porque no habrá proyecto futuro que no se conciba y planifique como una tarea distribuída. Déjenme que les ponga unos ejemplos.

Cuando en 1974, Frank Drake y Carl Sagan emitieron desde el radiotelescopio de Arecibo, un mensaje de 2 minutos en dirección al cúmulo de estrellas M13, no esperaban respuesta, pero si inauguraron un fabuloso experimento de monitorización del espectro radioeléctrico tratando de descubrir alguna señal de radio de alguna civilización extraterrestre. El cúmulo de datos que se recibían diariamente era de tal magnitud que resultaba imposible procesarlos informáticamente pero, afortunadamente, alguien pensó en una solución distribuida y apareció «Seti@Home».

SETI@home («SETI at home», «SETI en casa» en inglés) es un proyecto de computación distribuida que funciona en la plataforma informática Berkeley Open Infrastructure for Network Computing (BOINC), desarrollado por el Space Sciences Laboratory, en la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos). Básicente SETI aprovecha la potencia de cómputo desperdiciada por los ordenadores domésticos. Déjeme que le ponga un ejemplo.

Cuando usted conecta su ordenador no siempre lo está usando, a menudo usted se levanta de la mesa, piensa en otras cosas, consulta documentos o se entrevista con otras personas. En esos momentos es cuando su ordenador conecta el protector de pantalla para que nadie pueda ver en qué trabaja usted.

Pero ¿qué pasaría si en el momento de conectar el protector de pantalla su ordenador se dedicase a procesar datos de alguna tarea pendiente? ¿No sería eso una forma de aprovechar la potencia de cómputo que usted está desaprovechando en ese momento?

Pues eso mismo es SETI@Home; si usted voluntariamente quería ayudar en el análisis de las señales de radio del universo simplemente instalaba el protector de pantalla de SeTi y, cada vez que su protector de pantalla se activaba, su ordenador comenzaba a analizar señales venidas del espacio profundo.

Miles de personas ayudaron a este proyecto y a otro similares puestos en marcha por diversas universidades como milkyway@home y einstein@home.

Ningún centro de computación centralizado tenía la potencia de cómputo de esta red distribuida de ordenadores personales y es bueno señalar que esta forma de aprovechar las capacidades «distribuidas» de una sociedad no se circunscribe a experimentos informáticos.

Cuando en 1808 Napoleón invadió España los ejércitos borbónicos centralizados de que disponía España se revelaron como bastante inoperantes frente al poderío militar francés. Sin embargo la población, cuandp terminaba la jornada laboral del día y activaba el protector de pantalla, cedía a la causa de la independencia de España parte de su potencia de cómputo, básicamente la navaja, el trabuco o la horca y se dedicaba a «matar franceses» en la expresión de la época. No era la suya una guerra, sino solo una «guerrilla» pero, conforme a los documentos oficiales franceses, la cantidad de muertos que produjo, las interferencias logísticas que causó, las ventajas estratégicas que regaló a los ejércitos ordinarios fueron de tal magnitud que a los militares de la época les causaban sonrojo.

La arquitectura distribuida, pues, no solo es aplicable a fenómenos informáticos sino, como ven, también a la guerra.

Los sistemas centralizados son altamente ineficientes y nunca pueden ser más eficientes que su órgano central; si este es ineficiente todo el sistema es ineficiente y no hace falta que pienses en la España de Fernando VII; puedes pensar simplemente en el Consejo General de la Abogacía Española. Enfermo de sumisión a su presidenta nunca llevará a cabo tareas no deseadas por esta y la medida de su eficiencia nunca será superior a la de su presidenta; no es de extrañar que en inversiones informáticas —un campo que la presidenta desconoce a niveles de sonrojo— el Consejo haya costado muchos millones a todos los colegiados y colegiadas españoles.

Pero volvamos a Sinhué: ¿Cómo podríamos conservar eternamente un escrito nuestro en la actualidad?

Esa pregunta se la ha hecho una iniciativa de blockchain llamada Aarweave y ha llegado a una solución con las características típicas de arquitectura distribuida descentralizada que, a estas alturas de este larguísimo post, pueden ir imaginando.

¿Utiliza usted toda la capacidad de almacenamiento de su ordenador? ¿Tiene usted perennemente llenos todos sus discos duros y unidades de memoria? ¿Qué pasaría si alguien le paga por poder trabajar con ellos?

Esto es Aarweave, una inciativa de blockchain donde usted recibirá recompensas mientras ponga a disposición del sistema su capacidad de almacenamiento. Aarweave sostiene que podrá guardar eternamente sus archivos dadas las ecuaciones que describen el cada vez menor precio de la capacidad de almacenamiento, dada la mejora de los sistemas y el avance de la tecnología.

Pero no se apresuren a tratar de sacarle un dinero a los Gigas de su disco duro que no usan, la cosa no es tan sencilla como parece y exige de conocimientos informáticos. De entrada, si quiere experimentar, comience por instalarse un sistema operativo Linux (no sirve ningún otro) algo que le recomiendo vaya a minar Aarweave o no.

¿Muy teórico le parece todo esto?

Muy bien, les prometo que el siguiente post que escriba contendrá un link dirigido a un sistema de publicación en la web fundado en Aarweave. Allí podrá usted experimentar y, quién sabe, eventualmente sus post —si son buenos— pueden llegar a ser tan longevos como la historia de Sinhué.

Quién sabe.

Un comentario en “La historia de Sinhué, la descentralización y el blockchain

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s