Por favor, no sienta vergüenza

Mire, le voy a decir una cosa: deber dinero porque no se puede pagar no es ninguna vergüenza; vergüenza es quedarse con el dinero de la gente pudiendo pagar, vergüenza es faltar sistemáticamente a la palabra dada, vergüenza es retrasar pagos a gente humilde cuando se están teniendo beneficios brutales anualmente, pero, deber dinero porque no se puede pagar, no es ninguna vergüenza.

Si usted debe dinero hágame caso, no baje la cabeza como quien ha fracasado en la vida, no deje que se le ponga en la mirada esa expresión que delata al pobre y al deudor, no permita ni por un momento que su cerebro le diga que debe arrugarse frente a la reclamación del banco; por lo que más quiera, no consienta que le dejen sin dignidad además de sin dinero.

Se lo repetiré: ser pobre no es ninguna vergüenza; vergonzosas son otras conductas y yo sé que ninguna de ellas le afecta a usted.

Vergonzoso es incumplir la palabra dada y eso es lo que hacen sistemáticamente las compañías de seguros cuando, llegado un siniestro, se niegan a cumplir lo prometido. Debe usted saber que, hasta que el gobierno las favoreció despenalizando los accidentes de tráfico, las compañías de seguros se sentaban día tras día como demandadas en los estrados de los juzgados para ser sistemáticamente condenadas. Antes ser condenadas que pagar, si habían de pagar la cantidad justa que el juez lo dijera, ellas, en vía amistosa, ofrecerían la cifra que les conviniese, no la justa. Como los juicios de faltas eran poco costosos los ciudadanos acudían en masa a reclamar… Ahora sucesivos gobiernos han realizado cambios procesales para que esa intervención rápida y poco costosa del juez sea eliminada. Las compañías son felices.

Lo gracioso es que las campañas publicitarias de estas entidades llenaba y llena los periódicos con noticias del tipo «un 5% de los siniestros son fraudulentos» mientras que callan que, en la mayoría del 95% restante, la compañía esta cumpliendo tarde, mal o no cumpliendo en absoluto sus compromisos. Publicar las cifras de las sentencias condenatorias que en 2011 ó 2012 dictaron los juzgados de instrucción españoles contra las compañías de seguros las situaría dentro de la indecencia más absoluta. La despenalización de los accidentes de tráfico y los avatares posteriores han maquillado las cifras pero no crean que estas entidades han cambiado su patrón de conducta..

¿Y qué le diré de los bancos?

Desde que, en 2013, se dictó la sentencia del caso Aziz y posteriormente se dictaron otras determinando que las cláusulas que los bancos y cajas introducían en sus hipotecas eran nulas y debían devolver el dinero a sus clientes, desde esa fecha —digo— saben que deben devolver ese dinero a sus clientes, pero han preferido no hacerlo y se niegan a pagar. Se niegan a pagar no porque no sepan que no deben ese dinero sino porque la justicia es muy lenta y muchos clientes no reclamarán; porque a veces los juzgados piden facturas que dado el tiempo transcurrido ni se conservan ni se pueden obtener; porque hay que contratar un abogado y, si la deuda es pequeña, quizá no merezca la pena; porque el Tribunal Supremo cada vez que puede cambia la jurisprudencia —y en general siempre en contra de los consumidores— y mejor esperar a no vivir en la incertidumbre…

No, no se avergüence por deber dinero, usted no paga porque no tiene, otros no pagan porque así podrán quedarse con el dinero ajeno, concretamente con el de sus clientes más humildes. No, no se avergüence, usted tiene vergüenza pero no debe gastarla con ellos; ellos no van a gastarla con usted, las personas jurídicas, por definición, no tienen vergüenza ni la han conocido nunca ni pueden tenerla por su propio diseño obligado solo a ganar dinero, así que no se arrugue usted ni deje que le chantajeen moralmente. Usted puede deber dinero pero no es un sinvergüenza; a usted vergüenza le sobra, si a alguien le falta es a ellos.

Pero tampoco se deje engañar, en este juego no todos somos iguales.

Si un proceso judicial es lento no es lo mismo para quien tiene dinero que para quien no lo tiene. Si usted necesita el dinero, muy a menudo, no podrá esperar a que acabe su trabajo la lenta maquinaria judicial. El banco aprovechará, ralentizará cuanto pueda el proceso y le hará ofertas a la baja aprovechando su necesidad. ¿Iguales ante la ley?

Si el resultado de un proceso judicial no es del todo predecible a usted, usuario por una sola vez de la administración de justicia, el miedo le atenazará. ¿Qué ocurrirá si mi caso se halla entre los de resultado impredecible?

Ese temor no existe para los usuarios habituales de la administración de justicia (bancos y aseguradoras) es una pura cuestión de estadística. De hecho ellos recurrirán estratégicamente los casos modelo que beneficien a sus tesis e impedirán que lleguen a instancias superiores los que pudieran perjudicarles. ¿Iguales ante la ley?

Y, para finalizar, entidades con dinero disponen también de la influencia necesaria para tratar de instar y obtener modificaciones legales que les favorezcan, crear estados de opinión que les resulten favorables e incluso celebrar congresos y simposios donde ingénuos congresistas alimenten el argumentario de estas máquinas de ganar dinero.

¿Y a usted? ¿Quién le defiende a usted?

Se supone que los representantes políticos que usted elige cada cuatro años son los integrantes de ese «lobby» que debe protegerle a usted… Pero…

¿De verdad cree usted que ese cuerpo de representantes teóricamente elegidos para defender sus intereses de ciudadano es inmune al poder del dinero?

Luego le dirán que la justicia es lenta porque «los españoles litigan mucho»… que mejor que una sentencia impredecible son otras formas de resolución de conflictos… que judicializar las cosas está feo… Le dirán de todo, menos asumir que usted tiene derecho a una administración de justicia que resuelva las injusticias de forma rápida y eficaz y ante la que todos seamos y nos sintamos iguales.

Por eso no es inocente que la administración de justicia sea lenta, no es inocente que el nombramiento de sus más altos cargos sea objeto de un sucio pugilato político, no es inocente que en lugar de arreglar su mal funcionamiento se fomenten otras vías de solución alternativa…

No, nada de esto es inocente, y no es inocente porque la única garantía para un ciudadano, para usted y sus hijos, de que habrá un futuro donde usted y los suyos puedan tener algún derecho es que algún día dispongamos de una administración de justicia eficaz, rápida y predecible.

Llevo casi cuarenta años trabajando en esto y, por favor, no me pida hoy mi opinión; hoy es el último día del verano y no siento necesaria más melancolía.

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