Composición de textos judiciales

Hoy en tuíter un buen abogado ha realizado una encuesta sobre qué tipografía usábamos cada uno de nosotros al componer nuestros escritos judiciales. Yo he dado a esa pregunta una respuesta bastante larga aunque, debido a la complejidad del tema, siento que no he me explicado bien, así que, aquí va un pequeño post tratando de explicarle.

La composición de textos destinados a ser leídos en el seno de un proceso es una tarea compleja que, a lo largo de los años, he tratado de ir refinando. Un texto legible y de alta lecturabilidad ayudará a que el mismo sea leído y eso —no les quepa a ustedes la menor duda— nos ayudará eficazmente en nuestra tarea persuasora; así pues, lo primero que tenemos que conseguir es que nuestro texto sea legible.

Comenzaré señalando que la longitud de las líneas de texto es fundamental: una línea demasiado larga hace que el paso de los ojos sobre ella sea largo en exceso y propenso a «descarrilar» entre líneas; si, por el contrario, la línea es corta, estresaremos innecesariamente a nuestro lector haciéndole cambiar de línea con más frecuencia de la deseable. Se ha calculado el número de lectores que desertan de la lectura de un texto compuesto con líneas demasiado largas o cortas; así pues, mi primer trabajo fue averiguar la longitud óptima de las líneas de texto. Aunque hay diversidad de opiniones dependiendo de multitud de circunstancias hay amplio consenso en que, en un texto impreso, la longitud óptima de línea se encuentra entre los 40 y 70 caracteres incluyendo espacios o unas 12 o 14 palabras por línea.

Otro aspecto fundamental para la legibilidad de los textos es el espaciado. Nuestros lectores son adultos que han hecho de la lectura su modo de vida; no leen letra a letra, como los niños, ni siguiendo las líneas con un dedo. Los destinatarios de nuestros escritos leen las palabras en grupos, en bloques, de un vistazo, y un elemento que les ayuda grandemente a hacer eso es que el espaciado sea lo más pequeño posible. Es mejor usar guiones de fin de línea y dividir palabras que dejar amplios espacios entre palabras con el riesgo de que se formen «ríos» de blancos en los párrafos del escrito. Por tanto, si me permites un consejo, usa guiones de división de palabras al final de cada línea siempre que veas que esa línea contiene un espaciado demasiado amplio entre palabras.

El objeto de todo este trabajo es que quien haya de leer nuestro texto se sienta cómodo haciéndolo. Una buena composición de textos es tan importante (o más) que la prosodia en el informe oral. Piensa en los destinatarios de tus escritos cuando los compongas.

Al igual que importa la longitud y composición de las líneas de texto importa una buena gestión de blancos; los blancos son al escrito como los silencios a la música: no seas cicatero con los blancos, ajusta tus composiciones a las necesidades de cada texto.

En cuanto al tipo de letra, antes de decidirte por una, deberías cerciorarte de unas cuantas cosas, al menos, las siguientes:

La legibilidad de los tipos «modernos» (Bodoni, Didot, etc…) no es mejor que la de los «antiguos» (Caslon, Garamond…) pues estos últimos tipos han demostrado su óptima legibilidad frente a cualquier otro tipo de letra. Si tienes dudas usa Caslon o Garamond, la legibilidad está asegurada, ningún lector se quejará y —dado que muy pocos tienen conocimientos de tipografía— creerán que están leyendo un Times News Roman (lo digo por si diriges tu escrito a la Sala III del Supremo con sus ridículas disposiciones tipográficas). Si vas a usar tipos modernos (Bodoni, Didot…) úsalos para titulares: es un clásico.

No uses letras sin serifas (Arial, por ejemplo) su legibilidad es inferior a Caslon o Garamond y, además, Arial es una mala copia de una fuente mítica: Helvética. Si vas a usar letras sin serifa usa Helvética, te parecerá que no se distingue de Arial, pero te aseguro que sí pues Helvética es un tipo de letra omnipresente en la sociedad y —si no me crees— te invito a que realices este test.

Otra cuestión a tener en cuenta es si la fuente que vas a usar es multiplataforma, es decir, si podrás usar idéntica fuente en Windows, Linux o Mac. No todas las fuentes son comunes en todas las plataformas y, de hecho, muchas de ellas tienen copyright. Si siempre vas a usar la misma plataforma o sistema operativo puedes obviar esto, pero te sugeriría que no dieses nada por supuesto: tu teléfono será Android o IPhone mientras que tu ordenador de sobremesa es probable que sea Windows. Tampoco sabes qué sistema operativo puede usar el receptor de tus escritos así que yo te sugeriría que usases fuentes multiplataforma y disponibles para todos los usuarios. En este sentido Google tiene una colección de fuentes verdaderamente buenas. Si tienes dudas yo te sugeriría emplear una de estas fuentes: EB Garamond. No te voy a contar las virtudes de los tipos que diseñó Jean Claude Garamond, pero, si no lo tienes claro, úsalos: no fallarás.

En fin, componer un escrito judicial es un trabajo complejo pero que, hecho una vez, queda hecho para siempre y se convierte en tu sello distintivo. Es, además, un gesto de educación y de respeto a los destinatarios de tu escrito; quizá ellos no lo aprecien pero, inadvertidamente, si tus escritos gozan de una alta legibilidad y lecturabilidad, tus posibilidades de que sean mejor leídos y comprendidos aumenta exponencialmente y eso redunda en provecho no sólo de tu lector, sino de tu cliente.

Es verdad que, ahora, los textos son leídos en la mayor parte de los casos en pantalla y esto tiene sus interesantísimas especialidades aunque no debes descartar la posibilidad de que, para leerlos, los magistrados ordenen previamente su impresión en papel. Si eres un milenial quizá te parezca raro pero la comodidad de la lectura en papel aún no ha sido superada por ningún dispositivo electrónico. No desprecies, pues, lo antiguo: un libro es un prodigio tecnológico y es el producto de varios siglos de evolución y —si quieres un dato más— cuando, en los 90, las acciones de las empresas papeleras se desplomaron en previsión de que la informática acabase con ellas, quienes vendieron sus acciones cometieron un error de bulto: el consumo de papel se ha multiplicado desde la aparición de la informática.

En fin, no voy a extenderme, no se puede tratar un tema tan complejo en un solo post pero, con lo dicho, entenderán por qué me molestan los «magistrados tipógrafos» de la Sala III del Tribunal Supremo y sus disposiciones de composición de textos.

Un comentario en “Composición de textos judiciales

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