Ayer saltó la noticia de que un abogado de oficio, César Pinto, en defensa de un particular, había logrado vencer a la ominosa Goldmann Sachs y a su legión de carísimos abogados y logró tumbar la venta de 3.000 viviendas de protección oficial. No sólo logró eso, logró, como nos enseñó Cicerón, las tres cosas que mejor retribuyen a un abogado: el agradecimiento de su cliente, la admiración del público y, sobre todo, la esperanza de esas 3.000 familias que ven cómo sus vidas no quedarán en manos de un despiadado fondo buitre.

Y ahora le ruego que se pregunte usted una cosa ¿Cree que esta victoria la habría obtenido uno de esos macrodespachos que compran premios en inglés y cobran facturas millonarias?

Sé que usted sabe que no, que esos despachos jamás moverían un dedo por usted y ello por dos razones: la primera porque no tiene usted dinero ni para entrar por la puerta, la segunda porque ellos jamás harían nada que pudiese molestar a sus principales clientes que son, precisamente, este tipo de entidades financieras.

La esperanza de usted, sépalo y grábeselo a fuego, es que la raza de los César Pinto, los Dionisio Moreno y tantos otros no se extinga jamás porque si esa raza se extingue usted y los suyos quedarán a merced del dinero de quienes les engañan y oprimen. En esta abogacía que hoy encarno en César y Dionisio residen todas las esperanzas de usted y los seres que ama.

Pero, igual que usted sabe que sin ellos sus esperanzas morirán también lo saben los que manejan el dinero. ¿Entiende usted ahora por qué los bancos son ricos y Dionisio pobre? ¿Entiende usted por qué Goldmann Sachs es multimillonaria y César pobre?

Esta abogacía molesta a los más poderosos y por eso es maltratada, por eso el turno de oficio se paga con cantidades de mierda y por eso a César, a Dionisio, a su abogada y a mí los plazos nos correrán aunque estemos agonizando, por que así es la vida, porque los que tienen dinero imponen su ley y porque para ser abogada o abogado de la estirpe de Dionisio y César no basta con ser una persona normal, hay que tener madera de héroe.

Ahora escúcheme bien e interiorícelo: si este tipo de abogacía muere todas sus esperanzas y la de todos los suyos habrán muerto con ella, porque ya no quedará nadie que defienda sus derechos.

Si es usted un ciudadano normal lo mejor que puede hacer es exigir a sus gobernantes que dejen de acosar a este tipo de abogacía y que dejen de arrinconar a quienes la practican.

Si eres abogado o abogada tienes que saber que es tu obligación defender este tipo de ejercicio profesional porque esa, y no otra, es la mejor manera de defender los derechos de tus conciudadanos y, si no sabes cómo hacerlo, tienes una forma sencilla: únete a la red.

3 comentarios en “La hambrienta abogacía necesaria

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