Hijo de la Noche y la Oscuridad (Nix y Erebus) y hermano de la Miseria y la Venganza (Oizys y Némesis) las credenciales de Momo como dios benéfico para la humanidad no parecen ser las mejores.

A menudo representado como un varón con máscara y un muñeco o cetro rematado en una cabeza grotesca, su imagen podría confundirse con la de un bufón o el joker de una baraja, pero, a pesar de su siniestra parentela, Momo era, en la mitología griega, la personificación del sarcasmo, las burlas y la agudeza irónica. Dios de escritores y poetas Momo era un espíritu de implacable crítica.

Jamás encontró a ninguna divinidad, ni siquiera las más sagradas, que no mereciese su censura. Cuenta Hesíodo que Momo se burló cruelmente de Hefestos (Vulcano) por haber creado al hombre sin una ventana por donde mirar en su interior y conocer sus verdaderas intenciones.

Momo, hermano de la miseria y la venganza, nunca parece haber traicionado a su familia y, camuflado bajo la sátira, la ironía, el humor o cualquier otro recurso literario, azotó y aún azota, siempre con todos los respetos y en términos de estricta defensa, los vicios de los poderosos y gobierna el orbe cristiano, siquiera sea durante esos escasos seis días que median entre el jueves lardero y el martes de carnaval.

Como esos viejos abogados que, tras la máscara de Momo, se indignan sinceramente pero afectan una formal indignación forense para defender la libertad frente al poder «en términos de estricta defensa y con todos los respetos»; o como esos bufones que, tras la máscara del humor, parecen narrar historietas ficticias que resultan llamativamente conocidas; o también como esos escritores que, bajo la máscara de la ficción, fustigan vicios muy reales; Momo se alinea con los miserables frente a los opulentos, con los ofendidos frente a los ofensores y con la belleza frente a ese estiércol del diablo (stercore diaboli) al que llaman dinero.

Considerado como el dios de la crítica sin maldad la realidad es muy distinta: Momo no cree en el ser humano y sigue buscando incesantemente la puerta a través de la que poder leer las verdaderas intenciones del alma humana. Bajo la máscara amable que siempre lleva puesta Momo esconde su faz rebelde y por eso, cada año, al final del invierno viene a abrirnos a todos ventanas en el alma.

Lamentablemente este año una de sus mejores plumas y una de las personas que mejor han encarnado esa naturaleza dúplice —irónica y amargada— de los creyentes en Momo, ya no está aquí para traernos su palabra ácida y rebelde, como la de las mejores sátiras clásicas.

No creo necesario explicar de quien hablo, los devotos de Momo ya saben que les hablo del, por muchos motivos inolvidable, Capitán Veneno.

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