Muerte, corazón…

Sabes cómo te llamas porque lo recuerdas. Una vez, cuando eras niño, te dijeron cuál era tu nombre y mientras no lo olvides seguirás siendo esa persona. Sabes dónde estás porque lo recuerdas; entre las cuatro paredes de tu casa la ciudad en que estás es indiscernible pero recuerdas donde vives y, mientras no lo olvides, podrás decir a los demás dónde encontrarte. Entiendes lo que estás leyendo ahora porque lo recuerdas: recuerdas el sonido de cada letra que ves y recuerdas el significado de los sonidos que forman las palabras; mientras no los olvides podremos entendernos.

En realidad, toda tu vida, tú mismo, es toda ella un recuerdo. Somos lo que recordamos que somos y los demás existen también porque los recordamos. Sabes que tu madre, tu hermana o tus hijos viven porque, aunque no estén a tu lado, los recuerdas; recuerdas como contactar con ellos, recuerdas sus caras, sus nombres, sus historias…

Sí, en realidad todo es recuerdo, todo es memoria y por eso nadie muere en verdad sino hasta que le llega el trágico momento del olvido. Si no supieses que tus seres queridos han muerto les recordarías vivos y estarían perfectamente vivos para ti; es por eso que muchas personas no quieren recordar muertos a quienes fallecen sino llenos de vida; y hacen bien.

Los seres humanos somos una extraña mezcla de tierra y memoria. Vivimos en la memoria de los demás y sólo el olvido acaba con esta extraña realidad que es la existencia humana.

¿Y por qué les cuento hoy esto?

Verán, la hija de un amigo acaba de aprobar su «proficiency» en japonés, una muchacha joven, guapa y lista, y se me ocurrió preguntarle cómo era el kanji con el que se escribía en japonés la palabra «olvidar»; me quedé estupefacto cuando me dibujó un ideograma que incorporaba —según ella me explicó— las palabras «corazón» y «muerte» y pensé que era una civilización sabia la japonesa y que había sabido condensar en un único símbolo el significado profundo del olvido.

La chica me dibujó la palabra en un papel —wasu reru— y ahora, ese recuerdo, ya es parte de mí mismo. Gracias muchacha.

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