El bitcoin y el Antiguo Egipto

El bitcoin y el Antiguo Egipto

Hoy el bitcoin ha rebasado la barrera de los 25.000 dólares y, como siempre que bitcoin bate records (lo cual últimamente sucede casi todos los días), siempre hay quien me pregunta cómo es posible que una unidad de cuenta sin valor intrínseco alguno pueda alcanzar semejantes precios.

La pregunta es pertinente pero sería del todo pertinente si a esa pregunta se añadiese otra: ¿cómo es posible que un trozo de papel impreso tenga más valor que el valor intrínseco del papel?

Para entender este aparente sinsentido, seguramente, deberemos viajar al pasado hasta el mismo momento en que se inventó el dinero, lo cual, por cierto, sucedió en fecha bastante más reciente de lo que pudiera pensarse, pues las primeras civilizaciones y los primeros imperios que existieron sobre la tierra (sumerios, acadios, egipcios…) simplemente lo desconocieron; al menos en su versión física. Para entender como imperios tan extensos llevaban adelante su economía fijémonos, por ejemplo, en cómo sucedían las cosas en el Antiguo Egipto.

En el Antiguo Egipto no se acuñaba dinero, pero eso no significa que no tuviesen métodos de intercambio suficientemente sofisticados y, para ello, hacían uso de unidades de medida que podían ser de peso, superficie o capacidad. Por su extrema popularidad nos fijaremos en una unidad llamada «Deben» que equivalía a unos 91 gramos y que se dividía en diez partes (kite) de unos 9,1 gramos cada una.

La utilidad del Deben y su uso quedan patentes si nos fijamos, por ejemplo, en el Ostracón (un trozo de cerámica escrito) Turín 9753; en él se documenta la venta de una cabeza de ganado que el jefe de policía egipcio Nebsmen hace a un ciudadanos llamado Hay.

Nebsmen tasa el valor de su animal en 120 deben de cobre (el Deben de cobre era la medida generalmente usada) y Hay, para pagarle, le entrega mercaderías por valor de esos mismos 120 deben de cobre, en concreto dos tarros de grasa, cinco camisas de tejido fino, un vestido de tela del Alto Egipto y una piel.

No tengo la más mínima duda de que usted, inmediatamente, habrá pensado: «pues si las cosas se valoran en deben de cobre, llevando cobre en la bolsa, en forma de monedas, lingotes o en la que sea, el dinero ya estaba inventado». Pues sí, pero no. Los egipcios usaban el deben de cobre como medida de valor pero no cargaban con el cobre preciso para ir haciendo los pagos.

Naturalmente, desde que existía una unidad de valor la posibilidad de aplazar y garantizar las operaciones presentando avalistas o fiadores estaba servida.

Veamos el caso de la ciudadana egipcia Iret Neferet, ocurrido en el año 15 del reinado de Ramsés II (1264 AC) y que nos ha llegado recogido en un papiro de naturaleza judicial (el llamado Papiro Cairo 65739) y en el que se narra una violenta disputa entre dos mujeres.

Hay que hacer notar que el tratamiento que el papiro (un documento oficial) otorga a la acusada Iret Neferet es el de «ciudadana» lo que, junto con la actividad negocial y jurídica que ella y su adversaria llevaron a cabo, nos revela un papel negocial de las mujeres en Egipto mucho más independiente del que podríamos imaginar.

La propia Iret Neferet nos cuenta así el principio de su caso:

En el año 15 (de Ramsés II) siete años después de que yo entrara en la casa del inspector del distrito Samut, el mercader Raia se acercó a mí con la esclava siria Gemeherimentet, siendo ella aún una niña y él me dijo: «Compra a esta chica y dame un precio por ella». Eso me dijo. Y yo le compré a la chica y le di un precio por ella.

Resulta horrible que la vida y la libertad de una niña se valorase en aquel tiempo en 373,1 gramos de plata (unos 310€ a precio de hoy) pero, al margen de este tristísimo hecho, la compra de la esclava siria Gemenherimentet por la ciudadana Iret Neferet nos ilustra muy bien sobre cómo se llevaban a cabo las operaciones comerciales en el antiguo Egipto.

El caso de Iret Neferet no terminó ahí pues otra ciudadana, llamada Bakmut, acusó a Iret Neferet de haber pagado a Raia, el mercader de esclavos, con objetos de su propiedad, lo que dio lugar a un feo litigio en el que Bakmut llevó ante el tribunal hasta seis testigos (tres hombres y tres mujeres) que, según dice el papiro, juraron por su rey y por su dios.

Como vemos, en el caso de Iret Neferet, el precio ya no se paga en deben de cobre sino de plata, lo que nos sugiere que, en ese tiempo, ya debía existir una cotización plata/cobre, y no nos equivocamos, pues ya en época de Ramsés II se sabe que cada deben de plata equivalía a 100 deben de cobre, cotización que bajó durante el reinado de Ramsés III en el que el deben de plata se cambiaba por tan solo 60 deben de cobre. Supongo que los ciudadanos de Ramsés III estarían tan sorprendidos por la bajada de la plata como nosotros por la subida del bitcoin.

Con esta forma de operar era una pura cuestión de tiempo que a alguien se le ocurriese llevar cobre o plata en la bolsa para pagar las mercancías y, quizá por eso y tal y como nos cuenta Herodoto, sobre el año 680 AC los lidios comenzaron a acuñar moneda que no era sino una forma de certificar el peso del metal que contenía la moneda.

Durante más de 2600 años (desde el año 680 AC hasta el 15 de agosto del año 1971 DC), el mundo funcionó de la misma forma que en Egipto y Lidia. Los precios de las cosas se valoraban según un determinado peso en metal (oro o plata) y, si los bancos extendían billetes, estos eran canjeables por la cantidad de metal que representaban.

Pero, para mayo de 1971, la Guerra de Vietnam estaba drenando las reservas estadounidenses y Nixon constató que ya no disponía de las reservas de oro precisas para atender a los jeques árabes, por ejemplo, si estos venían a cambiar sus petrodólares por oro, por lo que, el 15 de agosto de 1971, Richard Nixon decidió que el dólar se desvincularía del patrón oro y que, a partir de ese momento, pasaría a convertirse en un dinero «fiat».

¿Qué significaba esto? Pues, dicho en corto, que el dólar, a partir de ese momento, no tendría más valor que la confianza que en él depositaran las personas que lo usaban. Desde esa fecha el dólar carece de ningún valor intrínseco, es un trozo de papel que, eso sí, genera más fe y más confianza que los más importantes textos sagrados aunque esa fe puede volatilizarse en muy poco tiempo.

A día de hoy podemos decir que el Bitcoin y el Dólar tienen el mismo valor intrínseco: ninguno. Y creo que con esto puedo cerrar hoy este post (que ya va siendo largo de más) y dejar para mañana, o para pasado, comparar las ventajas y desventajas que, como unidades de cuenta, tienen las criptomonedas como bitcoin y las monedas fiat como el dólar y el resto de divisas nacionales.

Pero eso será otro día.

El testamento de Naunakhte

El testamento de Naunakhte

Es difícil saber cómo la condición de la mujer ha podido alcanzar las indignantes cotas de desigualdad a las que ha llegado en nuestra civilización occidental y, a veces, me pregunto si esto siempre fue así o si, simplemente, fue el producto de una sociedad atada a un determinado sistema de valores. Es por eso que, mientras estudio la cultura de antiguas civilizaciones, observo, por el rabillo del ojo, qué me cuentan los datos que aprendo de las mujeres que en ellas vivieron.

Recuerdo cuánto me sorprendió comprobar que el primer legislador conocido (Urukagina de Lagash) a pesar de sus intentos de proteger a pobres y huérfanos, viera turbada la paz de su mandato porque al hombre se le ocurrió prohibir la poliandría (que las mujeres pudieran desposar a varios hombres) y esto causó un follón muy importante en Lagash. De primeras uno simpatiza con Urukagina, a fin de cuentas el hombre protegía a pobres y huérfanos de las depredaciones de los ricos, pero, como me dijo una amiga feminista: ¿Y por qué no prohibió también que los hombres se casasen con varias mujeres?

No supe qué decir, en realidad ni siquiera sé si en Lagash los hombres podían casarse con varias mujeres… Así que hube de archivar a Urukagina.

Dando vueltas por los documentos sumerios, acadios, asirios y babilónicos uno encuentra no pocos ejemplos de contratos en los que intervienen mujeres con total capacidad de obrar (algo que perdieron hasta hace muy poco) y hoy he encontrado un texto legal egipcio que nos señala algo parecido: el testamento de Naunakhte.

Naunakhte, una zagala egipcia de época ramésida a la que imagino morena y guapa, tuvo la mala suerte de ser casada a los doce años con un escriba de más de cincuenta. El escriba no debía carburar muy bien porque murió pronto sin haber dejado embarazada a Naunakhte quien, de este modo, se convirtió en su heredera y se hizo con una fortunita apañada para su tiempo.

Naturalmente Naunakhte, joven y con dinero, tardó poco en volver a casarse en segundas nupcias, fruto de las cuales dio a luz cuatro hijos y cuatro hijas.

Conservamos de Naunakhte su testamento y en él, la voz antigua de una madre de hace más de 3.000 años, nos cuenta cómo sacó a sus ocho hijos adelante y como dio a todos sus hijos e hijas casas donde vivir y enseres para equiparlas pero… Lo de siempre. Naunakhte, en el otoño de su vida, vieja y enferma, vio como algunos de sus hijos e hijas no la cuidaron cuando lo necesitaba y la anciana, en su testamento, nos lo cuenta y afirma que sus bienes irán solo a los hijos que «han puesto sus manos sobre las mías», no así a esas dos hijas y a ese hijo que, vieja y enferma, no la han cuidado.

Fuera de lo emocionante que resulta volver a leer en textos de hace tres mil años esta historia tantas veces contada, para un jurista hay unas cuanta cosas interesantes. La primera que una mujer egipcia testaba con mayor libertad que una mujer europea de hasta hace pocos años y la segunda que, por lo que se lee, no la limitaban legítimas ni tercios de mejora: su herencia, era toda de «libre disposición» y podía disponer de ella de la forma que le viniese en gana.

Claro que Naunakhte era rica y, al igual que otras mujeres que aparecen en documentos acadios o asirios gobernando sus bienes o forzando condiciones ventajosas en los divorcios, estaba protegida por su patrimonio.

Tener o no tener, that is the question.

Bitcoin a 22.000$

Bitcoin a 22.000$

Esta noche Bitcoin ha alcanzado un precio de más de 22.000 $. La crisis del coronavirus y la actividad de los bancos centrales enfrentándola emitiendo moneda —y por lo mismo haciendo disminuir el valor de la misma— ha llevado a muchos inversores a buscar en el bitcoin un refugio donde sus ahorros no pierdan valor. El bitcoin, este año 2020, ha más que duplicado su valor.

Una característica que hace del bitcoin una moneda atractiva como valor refugio es el hecho de que su cantidad es limitada: nunca podrá haber más de 21 millones de bitcoin. Esta característica hace que cualquier inversor se sienta tranquilo frente a la posibilidad de que a alguien se le ocurriese producir bitcoins descontroladamente como hacen algunos gobiernos.

Esta escasez de bitcoins nos permite hacer algunos cálculos entre curiosos y distópicos como por ejemplo ¿Qué pasaría si el bitcoin fuese la única moneda sobre la tierra?

Teniendo en cuenta que el PIB mundial es de unos 80 billones (europeos) de dólares y que nunca podrán existir más de 21 millones de bitcoins el cálculo es sencillo. Si bitcoin fuese la única moneda sobre la tierra el precio de cada bitcoin ascendería a 3,8 millones de dólares.

Al lado de esos 3,8 millones máximos que podría llegar a valer un bitcoin los 22 mil de esta noche parecen pura miseria.

Es esta escasez de bitcoins y la imposibilidad de que los gobiernos controlen la máquina de imprimir dinero la que lo hace también muy atractivo para los ciudadanos de países pobres y estados fallidos: quien tenga sus ahorros en bitcoin no sufrirá las continuas depreciaciones de las monedas controladas por gobiernos inicuos. Para los ciudadanos de países pobres o mal gobernados, bitcoin (y muchas otras criptomonedas) son un refugio seguro donde guardar los ahorros de su vida.

2020, «annus horribilis» por muchos motivos para la humanidad ha sido el año que ha visto a la gran industria de los negocios (empezando por el conspícuo J.P. Morgan) volver sus ojos hacia las criptomonedas.

Estas, como internet, fueron creadas como redes abiertas y no controladas por nadie y con las criptomonedas así ha sido; cuando hablamos de ellas, como en la internet de los viejos tiempos, hablamos de libertad y justicia. Ya sabemos qué ocurrió con internet ¿Pasará lo mismo con las criptomonedas?

Por el momento déjenme ofrecerles un dato: sólo el 5% de los poseedores de criptomonedas tienen en su poder menos de un bitcoin. El 95% poseen más de 1 bitcoin; es decir, el 95% de los poseedores de bitcoin tienen más de 22.000$ (desde esta noche) invertidos en él.

¿Estamos ante el momento germinal de una nueva economía?

Buen tema para pensar hoy.

Yo creo en algunas cosas

Respecto de mi profesión yo creo en algunas, no muchas, cosas.

Creo, por ejemplo, que el primer objetivo de un abogado es defender los derechos ajenos y que, por eso, la abogacía no puede ser entendida como un negocio. En los negocios el primer objetivo es el ánimo de lucro pero, en algunas profesiones —la abogacía entre ellas—, la defensa del interés ajeno le antecede.

Sí, sé que ustedes pueden citarme despachos concebidos como empresas, despachos orientados al beneficio económico y que miden su éxito según su cuenta de pérdidas y ganancias; sí, sé que existen, pero tengo por cierto que ellos y nosotros no ejercemos la misma profesión.

Al igual que creo que el primer objetivo de un abogado es defender los derechos ajenos, creo que la segunda obligación es exigir del cliente una retribución adecuada. Una retribución adecuada permite dedicar al asunto el tiempo y la atención que necesita y, en un mercado de servicios jurídicos donde se ofertan —por ejemplo— divorcios a 140€, se produce una presión bajista en los precios que, inevitablemente, deteriora la calidad del servicio prestado. Exigir una retribución adecuada no es solo un legítimo derecho del abogado, es una salvaguarda de los intereses del cliente.

Creo, en tercer lugar y para finalizar, que ninguna sociedad puede soñar con conseguir nada parecido a la justicia ni ningún estado puede ser llaamado «de derecho» si no cuenta con una abogacía que responda a los dos principios que les he dicho.

Finalmente no creo, sino que sé, que una abogacía como la que les he descrito molesta y es siempre objeto de ataques más o menos velados por las más distintas vías, desde las puramente conceptuales («un despacho es antes que nada un negocio», «el éxito de un despacho se mide en dinero») hasta las simplemente económicas («en el mercado y en los precios sólo importan oferta y demanda, hay que desregular», «el turno de oficio es altruismo y ya tiene bastante compensación», «divorcios a 140€, así es el mercado»…) pasando por las insidias habituales de ayer y de hoy («los abogados fomentan la litigiosidad», «los españoles son querulantes», «la justicia necesita cambios organizativos, no más medios»…)

Es esta abogacía de las personas a la que muchos llaman —para escándalo de algunos otros— abogacía independiente. A mí me da igual como la llamen siempre que responda a estas pocas cosas en las que creo, porque lo decisivo no es el nombre: lo decisivo es que, si algún día logran acabar con esta abogacía, habrán acabado con el estado de derecho y con todos los sueños de justicia en España.

Quiero cambios

Nací en 1961 y hasta los 14 años viví en la España de Franco. Guardo un recuerdo muy exacto de aquella época —mi niñez— y por eso me fastidia que, gente que entonces no había nacido, venga ahora a contarme cómo era la vida en ellos.

Viví intensamente la Transición como adolescente y traté de no perderme ni un detalle de aquel tiempo. Creo que acudí a todos los mitines de todos los partidos: desde Fuerza Nueva hasta el PCE o la ORT y —en medio de ellos— no dejé de asistir a mitines de partidos ahora olvidados (¿Quién recuerda hoy a Reforma Social Española de Cantarero del Castillo o a la Democracia Cristiana de Gil Robles y Gil Delgado?).

Hoy parece extraño que alguien acuda a mitines de partidos diversos; a los mitines ya solo van los incondicionales del líder, a aplaudirle y a componer un bonito atrezzo para las imágenes que han de salir en los informativos. El asistente a los mítines ya no es nadie que quiere escuchar las propuestas de un partido (eso acabó en 1978) ahora los mitines ya no tienen función informativa alguna, son pura propaganda. La militancia degradada en tramoya.

Éramos demócratas ingénuos, sí, pero, en muchos aspectos, aún prefiero aquella democracia infantil a esta democracia momificada.

Eran tiempos mucho más duros que estos: ETA asesinaba y secuestraba, el GRAPO asesinaba y secuestraba, sectores del ejército amagaban golpes de estado, el «búnker» se resistía a morir y el dinosaurio, en cuanto rascabas un poquito, seguía allí.

Pero la inmensa mayoría de los españoles sabían lo que querían; lo resumió un grupo andaluz en una canción que fue el «leit motiv» de muchas cosas ocurridas en aquel tiempo: «Libertad sin ira».

Hoy, a diferencia de entonces, no existen consensos, el pensamiento único hace de puros detalles motivos de lucha tanto más enconada cuanto más insustanciales y, en general, no hay una idea a largo plazo de qué deseamos que sea España.

Hace falta una ventolera que se lleve las hojas de este otoño democrático y disperse estos tonos medio ocres que nos envuelven.

No me importa hacerme viejo; lo que sí me molesta —y mucho— es vivir en un país viejo, de ideas viejas y de políticos jovenes por fuera, pero irremisiblemente viejos por dentro.

Quiero cambios.

Feliz 42⁰ aniversario.

Yo creo en unas cuantas cosas

Yo creo en unas cuantas cosas; creo, por ejemplo, que los hombres nacen libres e iguales, aunque esto último no es cosa de tomarlo al pie de la letra pues, con la cantidad de políticos y directivos de bancos y cajas de ahorros que han robado últimamente el dinero a la gente, uno da gracias a Dios de que no todos seamos iguales o, al menos, no iguales a ellos. Dejemos la cosa en que yo creo que nacemos iguales y luego ya cada uno crece a su manera, algunos honradamente y otros con muy poca vergüenza.

Lo de nacer libres es también una forma de hablar, porque, conforme uno crece, se va dando cuenta de que uno raramente hace lo que quiere y al final eso de la libertad viene a ser como las rabietas: un día te enfadas y dices «no me da la gana» y eso es la libertad, y se paga muy cara.

Hubo un uruguayo que lo contó muy bien y, aparentando una conversación de un padre preso con su hijo, escribió estas palabras que me aprendí de memoria por si un día me encontraba en ocasión de usarlas:

Uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos.

     Por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos.
     Vos ya sabés que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio.

     Y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías.

     Y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre.

     Botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides.

     Por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones
todas estas llagas, hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre.

      Pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar.

     Que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos.

     Y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina
en qué bar
qué parada
qué casa.

     Y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar.

Una cosa es morirse de dolor
y otra cosa es morirse de vergüenza.

Por eso ahora
me podés preguntar
y sobre todo
puedo yo responder.

Uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere.

 Llora nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos.

Gritamos, berreamos, moqueamos, chillamos, maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse.

Llorá
pero no olvides.

Luego creo también que uno debe de ayudar a sus semejantes y creo asimismo en la reciprocidad, pero esto tampoco es cosa que pueda tomarme al pie de la letra pues el dolor de nuestros semejantes es muy grande y son muchos, muchísimos, los que en el mundo necesitan de nuestra ayuda; tantos que es imposible ayudarles a todos aún compartiendo todo lo que tengas. Por eso pienso que es bueno ayudar a quienes tengo cerca pero que es mejor intentar que no haya tanta gente con necesidad en el mundo. Ese es un trabajo difícil y creo que el valor de las personas se ha de medir por lo bien que sepan hacer ese trabajo.Luego creo en muchas más cosas aunque, la verdad, fuera de las tres anteriores, prefiero saber a creer. Prefiero saber quiénes somos a creerlo y lo mismo me pasa con lo del «de dónde venimos» y «a dónde vamos». Leyendo libros científicos he descubierto que explican todas esas cosas mucho mejor que otros libros antiguos escritos o dictados por gente que creía estar «inspirada» pero que no había estudiado.Y por hoy está bien porque a partir de aquí empiezan a aparecérseme las cosas que creo saber y esas son mucho más largas y difíciles de contar.

El hígado de las finanzas

El hígado de las finanzas

Las profecías suelen llevar en sí mismas su propio cumplimiento cuando todos creemos en ellas. Es decir, si uno profetiza tiempos de escasez y la necesidad de ahorrar y no gastar nada, es probable que, si creemos al profeta, dejemos de comprar y que el comercio se resienta y el ahorro desmesurado provoque una recesión aunque sea temporal.

Es por eso que los profetas son tan necesarios como peligrosos porque, cuando creemos en ellos, realizamos cosas que pueden oscilar entre la genialidad y la catástrofe. Hombres y mujeres que pensaban que un carpintero de Nazaret era el hijo de dios levantaron la catedral de Burgos, pero hombres y mujeres que se creyeron la raza superior también sabemos lo que hicieron.

Un campo donde abundan las profecías autocumplidas es el del analisis chartista de las cotizaciones bursátiles o de las criptomonedas. Del mismo modo en que los viejos arúspices leían el hígado de las reses sacrificadas estos modernos profetas creen ver en las gráficas «figuras» y patrones que les permiten anticipar -dicen ellos- el comportamiento de los mercados; una de las figuras más conocidas es la del «doble tope». Se supone que cuando la gráfica hace tope dos veces y baja hasta rebasar la línea que marca el fondo del valle es momento de esperar nuevas bajadas. Esto es el llamado «doble tope», figura que yo, por cierto, veo por todas partes.

Es posible que lo que dicen estos gurús sea absolutamente falso pero es lo cierto que, como muchísima gente cree en ellos, sus profecías se autocumplen y no es infrecuente que cuando los inversores observan la figura de marras se apresuren a obrar en consecuencia.

Esto es muy parecido a lo que ocurre con las supersticiones: dado que el 13 es generalmente considerado como un número de mal agüero en muchos hoteles no hay habitación ni planta 13. Lo del 13, obviamente, es una gilipollez pero, el mero hecho de que lo crea una parte importante de la población, tiene efectos tan curiosos como el que les he citado.

La costumbre de no trabajar un día a la semana es otra de esas profecías autocumplidas, fíjense:

Para los babilonios los días 7, 14 y 21 del mes eran «nefas» (de mal agüero) y, por tanto, inapropiados para llevar a cabo ninguna tarea. A esos días en que no hacían nada por ser de mal agüero les llamaron «shabatu» de forma que los judíos, durante su cautiverio en Babilonia, copiaron la costumbre, la dotaron de origen divino y llamaron Shabat a esos días de forma que, cuando volvieron a su tierra tras el exilio, respetar el Shabat se volvió uno de los rituales clave de su religión, ritual que, luego, fue copiado por otras religiones.

Yo acabo de ver «dos topes» en la gráfica de cotizaciones del bitcoin (igual es imaginación mía o no estoy mirando bien el hígado de la criptomoneda) y he formulado mi pronóstico.

Veremos si se cumple.

Elogio del bitcoin

Elogio del bitcoin

Dinero es todo aquello que es generalmente aceptado como medio de pago por los agentes económicos para sus intercambios y que, además, cumple las funciones de ser unidad de cuenta y depósito de valor.

La humanidad ha usado como «unidad de cuenta y depósito de valor» herramientas de muchos tipos, pero todas han tenido ventajas y desventajas. En la actualidad usamos unos trozos de papel impreso y unas anotaciones en cuentas a los que denominamos «dinero», o más técnicamente «dinero fiduciario» porque, en realidad, ese «dinero» no tiene más valor que la confianza —la fe— que tenemos en que, a cambio de un trozo de papel, otra persona nos entregará bienes o servicios.

Si la fe en los dioses es inexplicable aunque operativa, la fe en estos trozos de papel es igual de inexplicable aunque tan operativa o más que la fe en los dioses.

Estos trozos de papel sin valor intrínseco son además la unidad de cuenta del sistema pero ni siquiera cumplen bien esta función.

En este tiempo de pandemia a los gobiernos les sale a cuenta imprimir papeles de esos que llaman dinero pero, cuando lo hacen, alteran el valor de ese mismo dinero que, como unidad de cuenta, empieza a fallar, produciéndose eso que llamamos inflación. Si aumentan las unidades de cuenta y no aumenta lo contado cada unidad de cuenta contará menos cosas cada vez y esto conduce a inevitables subidas de precios y a la pérdida de valor de cada unidad de cuenta.

No, el dinero fiduciario actual ni es una buena unidad de cuenta ni es un buen acumulador de valor, sobre todo porque su capacidad de contar y acumular está en manos de las peores personas que podía estar: los gobernantes. Y, para que se sepa que está en sus manos, desde tiempos inmemoriales, los gobernantes han colocado sus retratos en el facial de las monedas y billetes; tanto que al anverso de las monedas le llamamos sistemáticamente «cara», porque es verdad que siempre aparece en ellas la efigie de algún cara.

Frente al dinero fiduciario, en los últimos diez años, se ha alzado el dinero electrónico apoyado en una nueva tecnología (el blockchain) y cuyo ejemplo más conocido es el bitcoin.

Hay unas cuantas diferencias entre el bitcoin y el dinero fiduciario que usted debe conocer, permítame, pues, que se las cuente de forma poco ortodoxa.

La primera viene escrita en los billetes de dólar donde la frase «In God we trust» (en Dios confiamos) ha sido sustituida en bitcoin (figuradamente) por la más tangible «In code we trust» (confiamos en el código) pues el bitcoin ya no obedece a azares ni designios humanos o divinos sino simplememte al código en que está programado. Lo que es el bitcoin está definido por su código informático y ni gobiernos ni políticos pueden alterarlo.

El bitcoin, además, es finito. No pueden existir más de 21 millones de bitcoins, lo que significa que el gobernante de turno no puede darle a la maquinita e imprimir más bitcoins porque, simplemente, el sistema no lo permite y es por ello que bitcoin es una magnífica unidad de cuenta —las unidades de cuenta son siempre las mismas— lo que hace que sea, al mismo tiempo, un magnífico acumulador de valor.

En tiempos como estos en que, debido a la crisis, los gobiernos hacen funcionar intensivamente sus máquinas de imprimir, es natural que el dinero de muchos millonarios y grandes corporaciones acuda a refugiarse al bitcoin.

Y la tercera diferencia de esta divisa gobernada por todos y no por unos pocos es que en sus monedas no está grabada ni impresa la cara de ningún cara. Una genial burla del destino es que el creador de este maravilloso invento renunció a la fama y a ser conocido y firmó sus documentos fundacionales con el nombre supuesto de Satoshi Nakamoto, una persona inexistente.

¿Triunfarán las criptomonedas?

Sin duda.

Comprendo que, si usted ha pasado su vida contando y anotando con números romanos, habituarse a los arábigos le cueste pero, es indiscutible, que aquellos no pueden competir con estos a la hora de realizar operaciones aritméticas de forma que, antes temprano que tarde, usted los abandonará.

La superioridad de bitcoin (de las criptomonedas) frente al dinero fiduciario como unidad de cuenta o acumulador de valor está fuera de toda discusión por lo que nuestro actual dinero fiduciario, como los viejos números romanos, va camino de la obsolescencia.

Solo la voluntad de los gobiernos de seguir agarrados a la manivela de imprimir dinero obstruye la más rápida difusión de las criptodivisas, pero esto tampoco aguantará mucho, primero tratarán de hacer pasar sus divisas fiat por criptodivisas (todos los gobiernos están ya en eso) pero pronto habrán de aceptar la inutilidad de esas unidades de cuenta de valor alterable por unos cuantos políticos.

¿Significa esto que la humanidad mejorará y será todo más democrático y feliz?

Pues… esa pregunta es harina de otro costal y materia de otro post.

Los nuevos astrólogos

Los nuevos astrólogos

Antes los arúspices examinaban las entrañas de los animales para adivinar el futuro, los augures analizaban el vuelo de las aves y los astrólogos la posición de los astros; con ello se aventuraban a predecir el futuro si bien sus pronósticos, como los del oráculo de Delfos, solían ser lo suficientemente crípticos como para que el destinatario de los mismos nunca pudiese estar del todo seguro del sentido de la predicción.

No es extraño, si hay algo difícil es realizar predicciones de hechos futuros, tanto que, sin apoyo del método científico, tal labor es un puro engaño. Es por eso que los farsantes dedicados a las artes adivinatorias («mancias») rodeaban sus predicciones de un aparato pseudocientífico que podía ir desde el análisis del hígado de una vaca muerta a pimplarse —previa observación de sus características organolépticas— una buena dosis de vino («enomancia»); arte adivinatoria esta muy usada hoy por una legión de farsantes que ya no es que se muestren incapaces de adivinar el futuro en el vino, sino que son incapaces de advininar la uva de que está hecho.

Pues bien, la nueva mancia es el análisis de las curvas de los mercados financieros. A esta nueva mancia (quizá debamos llamarla «kampilymancia» por darle un toque grecolatino) se pliegan multitud de agentes económicos y participa de las viejas mancias en lo abstruso de su lenguaje y en una amplitud tal de sus predicciones que lo mismo sirve para predecir un crack bursátil que una subida generalizada en los mercados.

Si antes eran Marte o Ceres las deidades a observar ahora es el dios dinero. Déjenme que les ponga un ejemplo de una de esas predicciones:

Bitcoin (BTC) superó la barrera de los USD 19,000 el 24 de noviembre y está tratando de subir lo poco que le falta para alcanzar la marca de los USD 20.000. La formación de un patrón de velas Doji el día de hoy sugiere que los alcistas dudan si comprar agresivamente en los niveles actuales. Sin embargo, la buena noticia es que los alcistas no han permitido que el precio caiga, ni siquiera a la media móvil exponencial de 20 días (USD 17,095), desde que comenzó la tendencia alcista el pasado 8 de octubre. Esto demuestra que los alcistas están comprando hasta en las caídas más pequeñas.

Rakesh Upadhyay «Cointelegraph» nov. 25, 2020

Los nuevos augures, en lugar de observar el vuelo de los pájaros, observan las formas que dibujan las curvas de los mercados y así, a cada patrón, le asignan significados y nombres diversos: velas Doji, cabeza-hombros, mechas…

Con esos patrones en mente los augures tratan de predecir la evolución de los mercados del mismo modo que los antiguos advinos, es decir, a través de profecías abstrusas y lo suficientemente ambiguas como para que sirvan de apoyo para una predicción y su contraria.

Esta madrugada ha bajado el bitcoin con fuerza en una caída no predicha por nadie ayer y, hoy, ya aparecen los adivinos del pasado explicando por qué está pasando lo que está pasando, cosa que, pienso yo, si hubiesen hecho ayer, habría estado mucho mejor.

Según avanza la mañana bitcoin fluctúa y todos los adivinos actualizan sus predicciones para actualizar su explicación del pasado. Es curioso cómo viejas técnicas de hace 8.000 años aún siguen funcionando en la actualidad, han cambiado el hígado de la vaca por curvas de precios pero el proceso, en conjunto, no ha cambiado lo más mínimo.

Este año subió bitcoin en una subida imprevista y hoy, a esta hora, baja (de forma ya no tan fuerte como esta madrugada) de forma también imprevista. A la hora de la verdad, en los asuntos del futuro ajenos al determinismo científico, nunca existen predicciones sino post-dicciones ni tampoco hay profetas sino post-fetas.

Funcionarios de justicia y tópicos

Solemos elaborar nuestros juicios sobre tópicos que asumimos acríticamente como ciertos; son esos estereotipos que se van forjando poco a poco en la opinión pública hasta pasar a ser dogmas de fe incontestables y, sin embargo, cuando uno mira los datos…

Déjenme que les cuente.

Esta mañana la he dedicado a bucear entre las estadísticas que ofrece el Consejo General del Poder Judicial para comprobar si existía algún dato mínimamente fiable que sustentase las afirmaciones del ministro de justicia respecto a que la Nueva Oficina Judicial (noten la cursiva en «nueva») iba a suponer un gran avance para la justicia española. Dado que la Nueva Oficina Judicial lleva muchos años en funcionamiento en partidos judiciales como Burgos o Murcia se me ocurrió que sería bueno comprobar con datos si esas Nuevas Oficinas Judiciales habían supuesto algún tipo de mejora para el funcionamiento de dichos partidos judiciales y, tras un análisis de tablas y datos, el resultado no ha podido ser más demoledor: NO, absolutamente NO, lo que dice el ministro de justicia de la Nueva Oficina Judicial no es más que un ridículo camelo, una mentira consciente, para forzar un modelo de justicia conveniente a los partidos que se han instalado en el gobierno de nuestro país.

Sin embargo, mientras comprobaba los datos de los diversos partidos judiciales, se me ha ocurrido que, seguramente, sería bueno referir los datos de cada juzgado al número de asuntos resueltos, pendientes, etc. que se llevaban en cada Partido Judicial pues la cifra resultante, sin ser exacta respecto del funcionamiento de cada juzgado en concreto, sí que nos daría una idea muy aproximada del rendimiento medio de los funcionarios de cada partido judicial y compararlo, por ejemplo, con los funcionarios que atienden las NOJ ya existentes. Un buen sistema organizativo, he pensado, debe hacer rendir más a los funcionarios y, con menos de ellos, se podrá hacer más; así que me he aplicado a la tarea y toda una serie interminable de tópicos y estereotipos han empezado a venirse abajo hasta no quedar títere con cabeza.

Lo primero que he hecho es averiguar el número de asuntos resueltos el año 2019 en cada partido judicial y relacionarlo con el número de funcionarios que trabajan en él, el resultado, como verán en la tabla de abajo ha sido sorprendente:

Los diez primeros partidos judiciales ordenados según la productividad de sus funcionarios son TODOS andaluces; es decir, el tópico del andaluz holgazán ya pueden ir ustedes guardándolo: en la administración de justicia española los funcionarios más productivos son los andaluces y no los de grandes juzgados o los que han recibido la inversión de la NOJ, no; en los juzgados donde más trabajo se saca adelante es en los juzgados pequeños: entre los 10 primeros partidos judiciales de la lista por productividad de sus funcionarios sólo dos superan los cien mil habitantes y sólo uno (Vélez Málaga) ha recibido el refuerzo de la NOJ.

Si el primer tópico que podía usted arrojar a la basura era el de «andaluces holgazanes», ahora puede ir usted arrojando a la basura igualmente dos más muy queridos al ministro: que «los partidos judiciales pequeños no son eficaces» o que «los funcionarios rinden más con la NOJ».

Naturalmente varios abogados, al ver lugares como Montoro o San Fernando en los primeros lugares de la lista por productividad de sus funcionarios, me han llamado para decirme: no puede ser, los juzgados de Montoro o San Fernando están absolutamente colapsados.

Naturalmente he decidido comprobarlo y he vuelto a referir el número de asuntos en trámite a las plantillas de funcionarios existentes en cada partido judicial para ver la tasa de atasco analizada desde el punto de vista del número de funcionarios. La tabla ha quedado como sigue:

Como ven todavía bastantes juzgados andaluces arriba pero, sobre todo, lo sorprendente es que partidos judiciales cuyos funcionarios sabemos que son de una productividad extraordinaria (Montoro, San Fernando…) tienen, al mismo tiempo las mayores tasas de asuntos pendientes. Ante este fenómeno sólo hay una explicación posible: en Montoro o San Fernando los funcionarios trabajan como máquinas aunque, desafortunadamente, la carga de trabajo está muy por encima de sus posibilidades; es decir: faltan medios.

La percepción general, pues, de que los juzgados funcionan mal es correcta; lo que no es correcto es que sea a causa de la incuria de sus funcionarios. Como en todas partes hay funcionarios buenos y malos pero, el problema de la justicia española no está en que tengamos malos funcionarios, el problema es que tenemos malos dirigentes que son incapaces de mirar datos y prefieren conocer España por puros tópicos. Caso paradigmático es el actual ministro.

Como pueden ver en la primera de las tablas (la que relaciona el número de casos resueltos con el número de funcionarios) sólo aparece una NOJ (Vélez Málaga) y no en los primeros puestos; si miramos los últimos lugares veremos que es allí donde se acumulan las NOJ (ese sitema organizativo tan cojonudo que logra que los juzgados funcionen peor a costa de un cuantiosa inversión de dinero). La cosa, como ven, manda huebos (sí, con «b»).

Como no quiero herir orgullos identitarios no les pondré los últimos lugares de la tabla de productividad no sea que comunidades tradicionalmente catalogadas como eficientes se me enfaden y, por eso, pondré el ejemplo de mi propia Comunidad Autónoma: la Región de Murcia.

Aquí está la tabla

Como ven, los funcionarios de los juzgados de Cartagena son los campeones de esta liga en dura pugna con los de Lorca, Molina y Totana. Murcia, ultradotada y con funcionarios magníficos queda en último lugar. Si no le gustan los datos les dejo la fuente de donde están tomados (el CGPJ) pueden comprobarlos.

Miren, yo no creo que por trabajar en Murcia o Molina un funcionario trabaje más o menos, lo que sí le puedo decir es que allá donde esta la NOJ no se observa (siendo piadoso) ningún resultado que haga pensar que sea una solución a los problemas de nuestra justicia y sí una forma de coartar la independencia de los jueces.

Pero, ya que estoy con la Región de Murcia, no deseo quedarme a medias: vamos a revisar la tasa de atasco por funcionario que esta presenta. Veámos la tabla.

Como ven, partidos judiciales con funcionarios acreditadamente productivos (Molina y Totana) ven que su trabajo no sirve de nada y el atasco aumenta porque los recursos que debieran destinarse a ellos se destinan a una NOJ que, probadamente, no funciona y dilapida la capacidad e trabajo de los funcionarios de nuestra región. Si es usted funcionario en Molina de Segura o Totana se tiene usted ganado el cielo. Y luego hay idiotas unimunicipales que estiman que los partidos de Molina o Totana son inútiles. Necios.

En fin, entiéndaseme, no digo que los juzgados españoles funcionen bien (funcionan pésimamente) pero si hemos de buscar culpables con todas seguridad no deberíamos señalar ni a los funcionarios, ni a los partidos judiciales pequeños, ni a los juzgados unipersonales; más que probablemente deberíamos señalar a la estulticia de todos esos ministros que, desde 1997, están intentado sustituir un sistema que necesita medios por otro peor (la NOJ) tan sólo para poder controlar mejor la justicia.

Y en esta legislatura el ministro sigue en ello.

Necios.