Trumpismos

Trumpismos

Cuando Donald Trump habla de «Hacer grande a América otra vez» (Make America great again) es obvio que no se refiere a toda América sino solo a esa parte de América que el resto del mundo conoce como los Estados Unidos. Iberoamérica no cabe en la geografía mental del nuevo POTUS y mucho menos en sus deseos de hacerla grande.

Por eso entenderán que si Donald Trump quiere cambiar el nombre del Golfo de México para que pase a llamarse «Golfo de América» no lo hace pensando en Mexicanos o Cubanos, sino en el único país del mundo al que él considera América: los USA.

Esto ya ha pasado otras veces.

En 1963, tras el asesinato del presidente John Fitzerald Kennedy, su sustituto, Lyndon B. Johnson, buscando como homenajear a su predecesor, decidió cambiar el nombre del lugar desde donde los estadounidenses lanzaban sus cohetes al espacio. El lugar se llamaba Cabo Cañaveral, el nombre con que los españoles habían bautizado al lugar poco después de que Juan Ponce de León lo explorase, pero tal nombre, demasiado hispanoamericano a los ojos de los wasp, era una designación que podía ser cambiada en honor del presidente asesinado de forma que, Lyndon B. Johnson, a instancias de Jacqueline Kennedy, logró que la Junta de Nombres Geográficos del Departamento del Interior aceptara cambiar el nombre del lugar, lo que le permitió anunciar el nuevo bautismo de la zona en su mensaje del Día de Acción de Gracias, el cuarto jueves de noviembre de 1963.

Fue por eso que, de niño, yo escuchaba que los lanzamientos espaciales de la misión Apolo se hacían «desde Cabo Kennedy».

El cambio de nombre provocó inmediatas reacciones en contra de la población de la zona. El lugar se había llamado Cabo Cañaveral desde hacía 400 años y el cambio no les hacía gracia; sin embargo, la histeria generada en los Estados Unidos por el asesinato del presidente Kennedy tapó esas protestas.

No obstante las protestas siguieron y el Estado de Florida presentó peticiones al Senado y al Congreso que no hicieron nada por el temor a parecer irrespetuosos con la memoria del presidente asesinado.

Finalmente, hartos de esperar que alguien hiciera algo, los representantes del estado de Florida aprobaron una resolución declarando su intención de tratar de cambiar el nombre en los mapas independientemente de lo que hiciese el Congreso de los Estados Unidos.

Oscuros movimientos siguieron a aquello pero lo cierto es que el 9 de octubre de 1973, la Junta de Nombres Geográficos acordó por unanimidad restaurar el antiguo nombre. El hermano del presidente fallecido, Ted Kennedy, escribió una breve carta diciendo que su familia «entendía la decisión», y eso fue todo. Hoy ya no existe Cabo Kennedy y el nombre de la zona ha vuelto a ser el de Cabo Cañaveral (Cabo «Canaveral» en grafía estadounidense) aunque la base desde donde se lanzan los cohetes se sigue llamando «Kennedy».

Quizá Trump debiera recordar este tipo de cosas y de que no suelen durar mucho, como aquella manía en la España de Franco de adicionar al nombre de la ciudad el de algún personaje acorde con la ideología gobernante. Quizá usted no lo recuerde pero yo sí recuerdo dirigir cartas a «Alicante de José Antonio» o al inefable «Ferrol del Caudillo».

En fin, trumpismos.