Pórpora y Cartagena

Ya estamos en verano hablemos de música de Semana Santa. Mucho se ha hablado sobre la posible autoría de Niccola Pórpora de nuestras marchas cartageneras de granaderos y judíos. Yo no diré nada; sólo escucha esta cantata de Pórpora «Or che d’orrido verno» y luego, si quieres, hablamos. http://youtu.be/LF4iZCj0FI8

Los olvidados en la Ley de Planta

TagClouLeydePlanta

Se me ha ocurrido hacer un tag-cloud de la exposición de motivos de la Ley de Planta. Lo he hecho mientras paseo pero el resultado no me sorprende, la única etiqueta olvidada es la más importante, la que debería ser el centro de la ley y no lo es. Como pueden ver no aparecen ni una sola vez las palabras administrados, personas o ciudadanos. Esta ley, como se puede comprobar, no está hecha para ellos. Los redactores han pensado en todos menos en ellos. Si no sabías para quien está hecha la ley ahora lo sabes: No está hecha para ti.

Escribiendo en Lawyerpress (LPEmprende)

Me han ofrecido escribir un blog en LawyerPress de forma desinteresada y he aceptado. Este blog se unirá a los otros ocho (¡ay!) que ya vengo manteniendo. Pero no me han puesto límites ni cortapisas y me ha parecido útil. El primer post, no podía ser de otra manera, va dedicado a ese engendro que el Ministerio de Justicia ha llamado «Propuesta de Ley de Planta». Lo he titulado «La Justicia es para las personas», algo que algunos parecen no haber comprendido.

El grupo de gobierno (PP) del Ayuntamiento de Cartagena contra la desaparición de los juzgados

Sólo un matiz, no es un «borrador de borrador» es una propuesta articulada a cuyos redactores el ministro de justicia acaba de condecorar por su texto.

Este posicionamiento del PP en Cartagena es importantísimo y ahora deben refrendarlo con un trabajo duro. Ese es el buen camino. Es tarea de todos, de gobierno, de oposición y de los ciudadanos.

Para que no te engañen con el proyecto de Ley de Planta Judicial

Oigo la radio, leo la prensa y les veo faltar a la verdad, con esas medias verdades que nacen del menosprecio a un pueblo que suponen iletrado.

Y escucho más que sus voces sus estruendosos silencios.

Este es el texto del proyecto de nueva Ley de Planta Judicial, esto es lo que ellos han escrito, consúltalo, sobre todo lls artículos 8, 9 y la disposición transitoria 5ª.2

Y sabrás si quien te habla de ella te está mintiendo o te está contando una media verdad.

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El PP de Vigo y el de Cartagena manifiestan públicamente su oposición a esta propuesta de Ley que los deja sin juzgados. Pregúntale tú también al PP de tu pueblo si apoya esta propuesta y luego no olvides, no olvides jamás.

La ciudad se muere entre banderas azules

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Hoy estoy en Vigo asistiendo en el Palacio de Congresos a una reunión de Juntas de Gobierno de los Colegios de Abogados de España. Antes de entrar a escuchar al presidente gallego Núñez Feijoo veo decenas de pesqueros amarrados, carteles de «Pescanova» en los tinglados del muelle; pienso en el tremendo golpe que el mal fin de esta empresa puede suponer para los trabajadores y los pescadores de Vigo.

Dentro del palacio los abogados claman por que, con una enloquecida Ley de Planta, el ministro de justicia va a dejar sin jueces a la primera ciudad de Galicia porque -para el ministro- los tribunales no son para las personas sino para las «capitales» de provincia.

El ministro no piensa en personas, mira a España y no ve a los españoles, ve solo un mapa de rayas y colorines.

Y así, devolviendo a Vigo al siglo XIX, quiere convencernos de que alejando la administración de justicia del drama de la injusticia es como se solucionan las cosas.

Carecen de empatía, carecen de sentido común, carecen de la mínima humanidad y carecen del más mínimo conocimiento de cómo funciona la administración de justicia. Creen que las enfermedades disminuyen con no anotarlas en las estadísticas, creen que los conflictos disminuyen si no se les deja entrar en los juzgados, solo miran las cifras, no ven a las personas y ya no entienden que la justicia es para ellas y no para una entelequia llamada provincia que solo sirve para llenar los bolsillos de los diputados provinciales y para falsear los resultados de las elecciones.

Cuando entro veo que el presidente de los gallegos, en Vigo, no habla de cómo le pueden robar la justicia a Vigo dejándola sin jueces y sin colegio de abogados. Habla de las banderas azules de las playas, de lo bonita que es Galicia y de lo bien que se está aquí.

Sí, se está bien, sin trabajo, sin juzgados, sin justicia y sin esperanza; y así, entre banderas azules, sigue su discurso hablando de naderías. Entre banderas azules entierra el futuro de Vigo y se marcha tan contento. Hablando sin decir nada.

Pienso en los pescadores de Vigo marchando a Pontevedra a reclamar sus despidos, gastando sus ahorros en cruzar Rande, en llevar hasta la «capital» a peritos y testigos y me salgo del Palacio de Congresos, a ver a la gente de verdad, harto de tanto teatro, porque es mejor ver la tragedia del vigués que la comedia azul de banderas que se representa dentro.

Y pienso en Cartagena. Pienso mucho en Cartagena. Y pienso que no podemos dejar que esto pase.

El plazo de recepción de enmiendas ha concluido

Gracias a todos cuantos habéis participado y presentado vuestras enmiendas. Ahora estás serán remitidas al CGAE para su tramitación como enmiendas de @icacartagena y, cuando sean votadas, colocaré en la web el resultado de la votación y, si puedo, las razones de su admisión o rechazo. Gracias a todos otra vez.

Diego Luís García González. In memoriam

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El pasado 21 asesinaron entre Palmira y Cali a Diego Luís García González. Un buen abogado penalista con más de 30 años de experiencia profesional a sus espaldas. Es el sexto abogado que asesinan en Colombia en lo que va de año y es el último (por ahora) de una larga lista de más de 700 abogados asesinados en el mayor genocidio profesional que ha vivido la abogacía mundial.

Este estado de cosas es intolerable; se mata a quien defiende la libertad y los derechos humanos por el sólo hecho de defenderla y la abyecta y execrable violencia liberticida se impone día tras día sin que nadie parezca interesado en erradicarla.

Diego Luís García González escribía y, aunque no le conocí, quede aquí uno de sus cuentos. En memoria de él. Porque los hombres viven en la memoria de los demás y en la nuestra Diego Luís va a vivir para siempre.

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LUNES, 8 DE ENERO DE 2007
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LA MUERTE EN DOS ACTOS




Alonzo Trinidad celebró su encuentro con magdarita con un beso exagerado. Fue un saludo de veinte pesos correspondido con una monedita de centavo. Luego la abrazó tanto como pudo abarcarla y la condujo hasta el parque Bolívar. Pensó que era una melosería impertinente que le restregaba lo chocante que le resultaba hacer pública su relación con aquel. Sin embargo lo toleró como una penitencia que se la tenía bien merecida.

Por estos días Magdarita estaba convencida de que sus amoríos con Alonzo Trinidad eran lo más parecido a la letra de un bolero que describe a una princesa enamorada de quien no debe; sin importar que en la clandestinidad de un motel la princesita se transformara en una diabla. Lo contrario pasaba por la mente de Alonzo Trinidad. En los mismos últimos días venía craneando someter los repechos sociales de su engreída suegra y, sin importar que la vieja se muriera de una buena rabia, anunciar a los cuatro vientos sus amores con la muchacha; como lo haría cualquier enamorado formal, no hacer ni un minuto más el papelón de enamorado secreto. Su encerrado orgullo se llenaría si sus amigos actores los vieran tomados de la mano, entre despreocupados y engreídos, acercarse hasta al atrio de la iglesia, donde, esa noche, él haría de La Muerte en la obra de teatro que iniciaba a media noche.


Magdarita creía que era un extravagante embeleco donde Alonzo Trinidad, en lugar de La Muerte, haría un oso polar. Así se lo dijo mientras caminaban rompiendo el viento de la noche con las cabezas ganchas y los cuellos del saco erectos para protegerse de un mal frío. Nadie distinto de Alonzo Trinidad se prestaría para meterse en una caja mortuoria a media noche, frente a la puerta principal de la iglesia.

En realidad estaba mitad rabiosa y mitad contenta. De una parte creía que abusaban de la ingenuidad de su enamorado. Pero también, y por cuenta de su propia cosecha, Alonzo Trinidad confirmaba con ese papelón que poseía un sentido de vida muy diferente a su parecer, que jamás ella obtendría visa de entrada al mundo en el cual él quería vivir. A ella no le importaba Eugene Ionesco, quien quiera que fuera. No estaba para vibrar con el tal Ionesco ni con el grupo de teatro de Alonzo. Además, lo que sentía no era porque él fuera un teatrero digno de su mínima admiración sino por una casual conjunción de dos copas de más y las ganas de tener algo de qué arrepentirse después. Piénsese en algo así como Un Sueño de Verano. Luego de la primera vez, fue la necesidad de darle sueltas a la concupiscencia con alguien tan relajado como un actor. En últimas, era la princesita del bolero viviendo en el pecado y luego en el remordimiento. Un espiral de frustraciones del cual saldría sólo si el Tuto Santacoloma, a quien durante los últimos días veía a espaldas de Alonzo Trinidad, le cumplía la promesa de desposarla y llevarla al reino meloso de su afortunada familia.

Arribaron al parque sin agotar el tema Ionesco y el absurdo. Alonzo Trinidad habría podido garlar por muchos kilómetros explicándose en vano. Magdarita venía oyéndolo sin escuchar nada. Andaba errando en un mundo donde a él no le darían visa de entrada. Pensando en cómo terminarle sin herirlo. Confesarle que había tomado la palabra del Tuto Santacoloma y que ahora era su prometida. Sólo por hacerlo rabiar, propiciando un desencanto que jamás llegaría, quizás que por lo mismo él tomara la iniciativa de dejarla, en todo caso disfrazando las razones para deshacerse de él, se precipitó a decir que el teatro era basura mental de pueblerinos sin oficio. Pero el plan no resultó. Alonso Trinidad resultó tan comprensivo que ella debió resignarse a callar sin quebrar su ternura con el zarpazo del adiós.



Cuando llegaron al atrio, El Bien y el Mal hacían un ensayo de última hora. El escenario estaba montado. El frontispicio de la iglesia era el telón de fondo. En el atrio, frente a la puerta mayor, estaba la caja mortuoria donde se acomodaría Alonzo Trinidad para hacer su papel. Cuatro actores tratarían en vano de entrarlo en hombros para que un cura le rezara los reponsos. Estos dos harían sus arengas a grito herido para justificar el arrebato con que se disputarían el alma del finado. Otro actor haría El Sacristán que, con los brazos desparramados, impediría el ingreso de La Muerte. Era entonces cuando Alonzo Trinidad se incorporaría del ataúd para gritar que La Muerte quería continuar su vida. El final previsible era que todos terminaran en la comisaría detenidos por irrespeto al culto religioso.



Magdarita lo acompaño hasta la caja mortuoria. Alonzo Trinidad apoyó su mano en el hombro de ella y de un brinquito ganó el interior del cajón. Permaneció por un momento sentado, aferrando la mano de su amada y con la otra sosteniendo abierta la tapa mientras el director ordenaba que se guardara. Magdarita encumbró los ojos al reloj de la torre y a pocos segundos de iniciar el acto, se acercó al oído de Alonzo Trinidad y le soltó su adiós como un ramalazo.

De inmediato doblaron las campanas.

Magdarita abandonó precipitadamente el escenario sin volver la mirada atrás para ver que Alonzo Trinidad apenas tuvo tiempo de cerrar sobre sí la tapa del ataúd. El acto comenzó como lo tenían previsto. Todos los actores hicieron sus papeles. Pero cuando llegó el momento de expulsarse La Muerte del sarcófago, y prorrumpir su parlamento, Alonzo Trinidad permaneció impertérrito. La tapa siguió hermética. No hubo poder humano, ni divino, que pudiera hacerlo regresar de las últimas anillas concéntricas del túnel que lo conducía sin regreso al resplandor.



Lo enterraron al día siguiente en la misma caja fúnebre. Magdarita y el Tuto Santacoloma acompañaron sus restos al cementerio. Allí escucharon la vieja canción mexicana que Los Teloneros De La Nada eligieron para las honras fúnebres: De pasión mortal moría, ay, ay, ay paloma…/Cucurrucucú, paloma. ¡Cómo sufrió por ella que hasta en su muerte la fue llamando…Paloma querida!

Publicado por Diego Luis García González en 11:08 No hay comentarios:
Etiquetas: cuento breve

El día de la infamia

Podían haber optado por escuchar al pueblo, a los abogados, a los Jueces, a los Fiscales… pero han decidido optar por el oprobio de legislar contra ellos y en favor de no sabemos quien. No les saldrá gratis. Hoy es un día de infamia para ellos. Y cuando escribo «ellos» no necesito aclarar quienes son.

Porque si piensan que esto ha acabado aquí se equivocan.

Puedes consultar los dos posts anteriores y colaborar con la Justicia.

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Catarsis (del griego κάθαρσις kátharsis, purificación) es una palabra descrita en la definición de tragedia en la Poética de Aristóteles como purificación emocional, corporal, mental y espiritual. Mediante la experiencia de la compasión y el miedo (eleos y phobos), los espectadores de la tragedia experimentarían la purificación del alma de esas pasiones.

Hoy en España somos los ciudadanos los protagonistas de la tragedia a que nos ha conducido, como en las viejas tragedias griegas, la hybris, la desmesura insensata de nuestras clases dirigentes.

Sin embargo no parece que estas clases dirigentes quieran sufrir, ni siquiera contemplar, el sufrimiento de los protagonistas de esta tragedia. Veo al presidente de nuestra nación presidir acontecimientos deportivos mientras arden los bosques, entregar códices recuperados -cual si fuese él quien los encontró- mientras mueren servidores del estado tratando de apagarlos, le veo presidir eventos sociales pero no le veo llorar con las víctimas ni sufrir con quienes, en primera línea, sufren las crueles dentelladas de la desgracia. Insensatas campañas de imagen -no sé qué locos asesores tendrá- hacen que asocie su presencia a sietemesinos éxitos deportivos en lugar de asociarla al sufrimiento de los derrotados, de los suyos, que somos nosotros.

Nuestra clase dirigente, política y financiera, está dominada por la hybris. No sufren con su pueblo, carecen de compasión («que se jodan») y ya sabemos que, como en las tragedias griegas, a quien los dioses quieren destruir primero lo vuelven loco de hybris.

Hoy que Canarias arde sin control, que uno de cada cuatro españoles carece de trabajo, que ni siquiera el mínimo vital de subsistencia está garantizado; hoy, que se les niegan los cuidados médicos a personas que los necesitan, que se escatima la educación de nuestros hijos y se recorta su futuro para pagar unas deudas pasadas; hoy, estos espectadores de lujo de la tragedia nacional, siguen sin estar dispuestos a sufrir con los protagonistas. No les veo llorar, no veo su congoja, no les veo estar con quienes deben de estar. Y lo peor es que, quienes aspiran a sustituirles ya demostraron en el pasado que tampoco eran capaces de eso.

Sufrir con quienes sufren, experimentar el horror y la compasión, es el primer y necesario paso para purificarse y, esto, más que otra cosa, es lo que necesita una clase dirigente pervertida y en bastantes casos corrompida por pasados excesos.

Vienen a la memoria con facilidad imágenes del pasado. Desde los recuerdos en blanco y negro vuelven las imágenes de Churchill pisando los escombros de las casas bombardeadas y dando apoyo y consuelo a sus compatriotas, vuelven las imágenes del general Gutiérrez Mellado enterrando a sus hombres, militares muertos en un clima de inaudita tensión, sufriendo con las víctimas y enfrentándose con valentía a quienes pretendían aprovechar el dolor ajeno en beneficio propio, se echa de menos a hombres que, siendo presidentes del gobierno, no dudaban en jugarse su vida por las libertades de sus compatriotas. Quizá eran otros tiempos. Pero se echan de menos hombres y gestos como esos, hombres y gestos que parecen hoy patrimonio exclusivo de un pasado no tan remoto.

Hace falta que sepamos -que sintamos- que sufrimos juntos, que nuestra hambre es su hambre y nuestro miedo su miedo; porque, si no, dejarán de ser de «los nuestros» y caerán dentro de esa maldita tercera persona del plural con que designamos a quienes nos son ajenos: «Ellos». Si entre la clase dirigente y su pueblo se levanta esa barrera (hoy sabemos ya con exactitud a quien nos referimos cuando hablamos de «ellos») las cosas se pondrán muy mal y las consecuencias serán imprevisibles.

Hace falta catarsis.