Yo recuerdo con ternura aquel café y aquella chica.
El café, antes de ser café había sido un negocio de venta de libros jurídicos y no era extraño que, si levantabas el asiento de alguno de sus muchos bancos corridos, te encontrases con algún ejemplar sin guillotinar del Castán o el Rodríguez Devesa.
La chica era la más bella del mundo. O al menos así la veía yo.
Las horas en aquel café se prolongaban desde la sobremesa hasta la madrugada y, como siempre sonaba la misma e interminable selección de canciones, podías saber qué hora era con solo reconocer la canción: si sonaba «La marcha de Sacco y Vanzetti» ya podías jurar que eran las cuatro de la tarde o, si sonaba «My baby just cares for me», es que era hora de pedir la última, la del estribo, e iniciar la vuelta a casa.
Ella solía llegar antes que yo y cuando yo abría la puerta del café y la veía sentada con sus libros de filosofía solía ser la hora de la «Marcha de Sacco y Vanzetti».
A las cinco de la tarde Georges Moustaki cantaba «Le Métèque» y, para esa hora, sus besos me traducían con toda precisión el sentido exacto de aquellas palabras en francés que decían «Et nous ferons de chaque jour, toute une éternité d’amour» que eran para mí el único fragmento inteligible de la canción.
Hoy ese café y aquella chica ya no existen pero, esta mañana, el teléfono me ha sorprendido con Georges Moustaki cantando «Le Métèque» y al llegar a lo de la «éternité d’amour» he sentido que volvían a ser las cinco de la tarde de mi vida y que le debía un post a aquella chica.
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El primer poema de amor
Los sumerios inventaron la escritura y, por eso, la historia empieza en Sumeria. En sus tablillas de barro encontramos por primera vez escrita la palabra libertad o la palabra guerra, los primeros contratos y las primeras leyes.
Produce cierto vértigo leer textos escritos hace más de cuatro mil años y escuchar cercanas las voces de personas que dejaron de existir hace milenios pero cuya voz no se ha extinguido.
Hoy me he topado con este que pasa por ser el primer poema de amor de la historia y no me puedo resistir al deseo de compartirlo aquí. Otro día les daré el contexto de este poema, hoy solo me apetece compartirlo. Díganme qué les parece.
Novio de mi corazón, amado mío;
tu encanto es dulce, dulce como la miel.
Querido de mi corazón, amado mío;
tu encanto es dulce, dulce como la miel.Tú me has cautivado, libremente iré hasta ti;
novio mío, quiero escapar contigo a la cama.
Tú me has cautivado, libremente iré hasta ti;
querido mío, quiero escapar contigo a la cama.Novio mío, te haré cosas deliciosas;
dulce tesoro mío, miel te llevaré.
En la alcoba, empapada de miel,
gocemos de tu dulce encanto.
Querido mío, te haré cosas deliciosas;
dulce tesoro mío, miel te llevaré.Novio mío, si me quieres,
habla con mi madre y a ti me entregaré;
habla con mi padre y me entregará a ti como regalo.Darte placer… Yo sé cómo darte placer;
novio mío, duerme en mi casa hasta el alba.
Alegrar el corazón… Yo sé cómo alegrar tu corazón;
querido mío, duerme en mi casa hasta el alba.Si me amas,
amado mío, hazme cosas deliciosas.Mi señor, mi dios; mi señor y mi dios protector,
mi Shusin, que alegra el corazón de Enlil,
¡ojalá me hicieras cosas deliciosas!
Tu sitio, dulce como la miel… ¡Ojalá pusieras tu mano sobre él!Pon tu mano sobre él como la tapa de una copa;
extiende tu mano sobre él como la tapa de una copa.»

