El Covid-19 y la información viral

Han pasado ya 37 días bajo el estado de alarma y las noticias sobre el coronavirus comienzan a ser cada vez más deflectadas por una población que es cada vez un blanco más difícil para ellas. Por no citar a España citaré a los países anglosajones.

Cito a «Wired»:

«A lo largo de marzo la población británica surfeó incansablemente a la busca de noticias sobre el coronavirus; el periódico inglés The Guardian recibió 2.17 mil millones de visitas, un aumento de más de 750 millones con respecto al récord anterior establecido en octubre de 2019. El discurso de Boris Johnson a la nación el 23 de marzo fue una de las transmisiones más vistas en la historia de la televisión del Reino Unido, con más de 27 millones de espectadores en vivo, rivalizando con la final de la Copa del Mundo de 1966 y el funeral de la princesa Diana.

Pero ahora, cuando el Reino Unido entra en la cuarta semana de aislamiento, han surgido nuevas cifras que parecen mostrar que su interés en el contenido del coronavirus está disminuyendo. La investigación realizada por NiemanLab, la principal institución de periodismo en la Universidad de Harvard, muestra que para el 9 de marzo, una de cada cuatro páginas vistas en los sitios de noticias estadounidenses estaba en una historia de coronavirus, y el tema era «generar el tipo de atención en una semana que la acusación de Donald Trump lo hizo en un mes «. El tráfico alcanzó su punto máximo el 12 y 13 de marzo con la dirección de la Oficina Oval de Donald Trump, el diagnóstico de Tom Hanks y la suspensión de la NBA.

A finales de marzo, esta atención había disminuido, continuando su pendiente descendente en la primera semana de abril, antes de caer a niveles bastante normales esta semana. Parece que hemos desarrollado fatiga por las noticias sobre coronavirus. ¿Pero por qué ha sucedido esto? ¿Podría la gente realmente estar perdiendo interés en un evento tan catastrófico? ¿Y qué significa esta caída para la estrategia del gobierno?»

Leo este tipo de noticias y no puedo evitar volver a caer en mi particular visión informacional del mundo, una visión donde la información ocupa un lugar central. Si quieren no sigan leyendo, este es el momento porque, como este es mi espacio, yo sí seguiré escribiendo para aquellos pocos que quieran leerme.

Las noticias y los virus son dos manifestaciones de la misma realidad: la información. Y por eso, porque son la misma cosa, es por lo que, los seres humanos, nos comportamos frente a noticias y virus siguiendo un patrón idéntico: la curva del modelo SIR cuyo «aplanamiento» ocupa todos nuestros telediarios.

La noticias y los virus, como información que son, dependen para su propagación de una serie de factores que son los contemplados para los virus en el famoso modelo SIR; es decir, la propagación de un virus y una noticia depende de cuánta población sea «susceptible» (S) de ser infectada/alcanzada por la noticia/virus propagados.

Una vez el virus/noticia alcanza a una persona susceptible y la infecta (I) esta propagará la información/virus con arreglo a un determinado factor de contagio (Ro); es decir, si yo caigo infectado pasaré el virus a una, dos o más personas de media o pasaré la noticia a una, dos o más personas de media.

¿Por qué los seres vivos transmitimos los virus y la información?

Porque la información ES ASÍ. Toda información/virus se propagará mientras no encuentre barreras o no falte la energía. La información/virus mutará hasta alcanzar la forma que la dote de un mayor éxito replicativo.

La información/virus funciona así y no puede funcionar de otra manera: un virus/información con poco éxito replicativo se extingue, por eso solo «sobreviven» (ni la información ni los virus son seres vivos) aquellas informaciones/virus con éxito replicativo. La ley de la evolución hace el resto: donde hay réplica y mutaciones esta ley predice —y acierta— que las entidades mutarán hasta alcanzar su mayor éxito replicativo.

Los virus nos hacen estornudar porque supone para ellos una ventaja replicativa; las noticias nos provocan un deseo irrefrenable de compartirlas porque de esta forma aseguran su replicación.

Ocurre con los virus lo mismo que con las noticias: cuando sube el número de infectados por los virus/informaciones la población susceptible de ser alcanzada por esos mismos virus/informaciones disminuye de forma que la tasa de contagios empieza a bajar. Una vez superada la fiebre y la tos o el deseo vehemente y febril de contar la noticia, comenzamos a reaccionar contra el virus/información y nos inmunizamos contra él, somos ya la «R» del modelo SIR. El virus, una vez superada la etapa de infección, nos es conocido y ya no nos afecta, nuestro organismo lo rechaza; la información, una vez conocida, ya no nos vuelve a infectar, ya no nos produce el febril deseo de contarla y transmitirla, al igual que un chiste conocido no nos hace gracia una información sabida de hace tiempo nos produce rechazo y no la atendemos. Llegados a este punto la información/virus comienza a marchar camino del olvido.

Hace tiempo que sostengo la tesis de que la información (y los virus como una especie de ella que son) comparten idénticos modelos matemáticos de propagación aunque, a lo que parece, esto que yo pienso no interesa a nadie. Sin embargo, a pesar de lo anterior, a mí este criterio informacional que mantengo me parece determinante para entender el mundo.

Sé —lo tengo comprobado durante estos 22 años de escribir posts en internet— que esto no interesa a nadie y lo comprendo; parece aburrido.

Sin embargo, a mí, al menos, me permite tener un criterio para entender la realidad, desde las religiones a la economía o el derecho y, en estos tiempos, para vivir apasionadamente esta pandemia de una muy particular forma de información a la que hemos llamado Covid-19.

Reciprocidad

Cuando se reducen los derechos de las personas y se les exige un esfuerzo excepcional hay que darles un volumen excepcional de explicaciones.

Poner a disposición de todos los informes técnicos que justifican la restricción de derechos de todos es el requisito mínimo exigible a un gobernante democrático.

El ministro de justicia no tiene ningún plan para enfrentarse a esta crisis

Es lamentable decirlo, pero es así. Los hechos hablan por sí mismos y, en tiempos de confusión, sólo te puedes fiar de lo que los hechos cuentan.

Con un horizonte lleno de procesos que colmatarán los juzgados mercantiles y de lo social si no se toman medidas, uno esperaría que el ministro estuviese preparando ya las alternativas a ese pandemonium, ya sea multiplicando por dos o por tres el número de jueces y juzgados, ya sea devolviendo, como es de razón, la competencia para tramitar los concursos a los juzgados de 1ª Instancia.

Sin embargo el ministro no está preparando nada.

Si estuviese preparando una redistribución de las cargas de trabajo entre diversos órganos jamás hubiese abierto los registros de escritos el miércoles pasado. Los asuntos que entren se van a repartir con arreglo a la distribución normal y no con arreglo a una distribución específica para la crisis.

El ministro, como los malos jugadores de ajedrez, ha movido una pieza antes de formar un plan; ha sucumbido a la presión de quienes le pedían que hiciese algo y ahora, tras un movimiento sin plan y sin sentido, es posible que continúe no ya como los malos jugadores de ajedrez sino como un auténtico chambón, persistiendo en su error en lugar de reconocerlo y corregir.

No, el ministro no tiene ningún plan; al menos ningún plan distinto de seguir como hasta ahora, sin tomar medidas estructurales para resistir una onda de choque que amenaza con hacer saltar las cuadernas de la administración de justicia.

No, el ministro no tiene plan, y eso es lo peor que puede pasar en una situación como esta porque, como decía la vieja cartilla de ajedrez de la federación española de los 70: «es mejor tener un mal plan que no tener ninguno».

Aunque, en verdad, quienes redactaron esa cartilla no conocían los planes del CGPJ porque, de conocerlos, sabrían que hay planes peores que la propia inacción.

Con consciencia e intensidad

Mi vida, no puedo negarlo, está siendo apasionante.

Nací en una dictadura y viví en casas pobres pero felices. La gente más acomodada viajaba en vespa o velosolex, pero no había coches. El mundo temía a que unos cohetes en Cuba provocasen el exterminio de la raza humana. Vi como la gente se acostumbró a beber cerveza en los bares y abandonó el coñac; soñé con el espacio, con Gagarin y la perra Laika. Luego vinieron los coches y las suecas en bikini y luego la llegada a la luna…

En los 70 viví un Estado de Excepción, el aislamiento internacional y fusilamientos… y luego una agonía interminable y una transición y una explosión de libertad. Y también un golpe de estado en 1981. Pero en 1983 mis amigos y yo compramos un ordenador ZX Spectrum y descubrimos la informática y el maravilloso mundo de la información.

Me hice abogado y vivi intensamente algunas elecciones, pero también, en mi ciudad, Cartagena, durante la crisis de la primera guerra del golfo, vi como la gente, en turba, le metió fuego a la Asamblea Regional, el Parlamento de la Región de Murcia. Y recuerdo el Paseo de Alfonso XIII con coches volcados y con las ruedas hacia arriba, y a francotiradores de la policía en los tejados y a los obreros muy muy enfadados dispuestos a arrollar a la policía. Y recuerdo algunas tardes de miedo.

Luego vinieron las telecomunicaciones y descubrí internet y soñé con un futuro maravilloso que políticos estólidos y corruptos se encargaron de estropear.

Mi vida ha sido apasionante y esta experiencia actual de una crisis, siendo terrible, puede tener unas consecuencias tales para la sociedad que no quiero perdémela.

La crisis de 2008 nos trajo muchos cambios pero ninguno profundo del todo.

Esta crisis, es verdad, puede hacernos mucho daño, pero también puede hacernos romper a mejor, a mucho mejor, y, si les digo la verdad, me gusta estar viviendo con consciencia e intensidad estos momentos. Al final la vida no es sino una colección de recuerdos y es la calidad y la intensidad de estos la que hace que sientas que tu vida ha sido digna de ser vivida.

Y, ahora que lo pienso y si les digo la verdad, no sé por qué les estoy contando esta colección de insensateces.

Voy a cenar.

La justicia y los ombligos de sus reformadores

La justicia y los ombligos de sus reformadores

Si hay una administración que se ha construido de espaldas a los administrados esta es la administración de justicia. A base de llevar la justicia los ojos vendados, los administrados parecen resultar invisibles para quienes la dirigen y esto se comprueba a cada paso que se da dentro de ella.

Si usted va, por ejemplo, a un edificio judicial observará que en los mismos nunca se tienen en cuenta las prescripciones legales a la hora de su construcción.

Las salas de vistas, por ejemplo, se construyen con una sola puerta para testigos, partes y público. La necesaria separación entre testigos de la acusación y la defensa o entre los familiares de acusadora y acusado es imposible con esa arquitectura. Cumplir una orden de alejamiento es impensable en el juzgado, agresor y agredida entrarán por la misma puerta y, aunque ella pueda esperar a ser llamada en otro piso, las familias de agresor y agredida y sus testigos habrán de compartir la espera juntos en la entrada de la sala. Si lo han vivido no necesito explicarles nada, si no lo han vivido no les costará imaginarse el ambiente espeso que se vive allí.

¿Por qué al diseñar las salas de vistas no se establecen dos puertas y dos salas de espera donde se puedan mantener las separaciones que la ley indica? Pues, simplemente, porque los administrados no existen para quienes organizan la administración de justicia y, si existen, existen como problema, como ese obstáculo con el que se ha de lidiar necesariamente, al que hay que confinar en un espacio diferente y no como el objetivo de los servicios de la administración, el fin y la razón última de su existencia.

No, olvídense, los administrados podrán ser el objeto de los desvelos de todos en la sanidad, pero en la administración de justicia no, radicalmente no.

Les cuento esto porque hoy ha caído en mis manos uno de esos monumentos al desprecio al administrado que, con demasiada frecuencia, suele expeler el entorno de nuestra administración de justicia: algunos «operadores jurídicos» (ahora se dice así) han perpetrado un sedicente plan de agilización de la justicia en una comunidad levantina que lo mismo podría denominarse plan de propagación del coronavirus que himno a Don Juan Palomo.

Los «operadores», movidos de su celo, proponen concentrar en las capitales de provincia de esta comunidad la resolución de los concursos de personas físicas y, de paso, establecer tribunales de instancia con sus NOJ, sus UPAD y sus OTAC (Otras Tonterías Ampliamente Citadas).

Que esto suponga que, para resolver sus problemas, más de un millón de administrados hayan de desplazarse potencialmente en viajes de decenas y aun centenares de kilómetros no parece importar a estos «operadores».

Llama la atención que, cuando los ciudadanos nos vemos abocados a vivir año y medio (como poco) en medio de medidas de alejamiento social y restricción de movilidad, los «operadores jurídicos» estos del infierno se destapen proponiendo medidas organizativas que, alejando la justicia de los ciudadanos, promuevan los desplazamientos y la vulneración de las medidas de restricción de movilidad y alejamiento social. Si el coronavirus buscaba buenos aliados los ha encontrado aquí, en estos «operadores» a los que no les importa desplazar masas de población u organizar peregrinaciones obligatorias a la meca judicial.

Vamos a decirlo con toda claridad: ni el CGPJ ni estos «operadores» de que les hablo han preparado ningún plan contra la pandemia: simplemente y de forma irresponsable, han excretado las medidas que durante años han querido llevar a cabo pero que la sociedad civil ha impedido y, ahora, al amparo de la crisis, vuelven a sacar su cancamusa de tribunales de instancia, NOJ’s, UPAD’s, SCOOP’s y OTAC’s para cohonestarlos miserablemente bajo el drama humano que vivimos.

Por eso, si lee usted esos planes, verá que el hecho de que vayamos a vivir en un entorno de medidas de alejamiento social y restricción de movilidad se olvida sistemáticamente. Por eso, si lee usted esos planes, verá que todo se organiza con aparente coherencia para la administración de justicia, como si esta fuese un fin en sí misma y no fuesen los ciudadanos, los administrados, su primera y única razón de ser.

Oscuros intereses largamente larvados en el seno de la administración de justicia han pretendido diseñar a espaldas de los administrados una reforma de la administración judicial buena exclusivamente para los reformadores y, ahora, esos «reformadores» pretenden inicuamente aprovechar la crisis para, al amparo de la tragedia, profundizar en reformas que nada tienen que ver con las necesidades de los ciudadanos.

Que no le engañen, no trabajan para usted ni por usted y las reformas que proponen no se dirigen a servir al ciudadano, son simples reformas de su ombligo.


PD. Si quiere usted conocer un extracto de mi posición a este respecto puede verla en este video, escucharla en este podcast o leerla en este post. Si necesita mayores ampliaciones pídamelas.

El hambre, el virus y la abogacía

El hambre, el virus y la abogacía

Hablo con compañeros y compañeras de Colombia, Argentina, Ecuador… Y el feo rostro de la crisis exhibe su peor expresión: la actividad trae la enfermedad, la inactividad el hambre.

Mientras los autónomos pugnan por trabajar los asalariados, por ahora, se oponen. Mientras los jóvenes prefieren arriesgar los más mayores son cautos y así avanza la pandemia y el virus de la desunión en la república de los abogados y las abogadas.

No es muy distinta la situación en España: la oposición a volver al trabajo se presenta más entre asalariados y funcionarios que entre autónomos y profesionales liberales que ven cómo la inactividad les deja sin recursos para ellos y sus hijos.

Este debate aflorará con fuerza en los próximos días y puede tornarse crispado si algún partido político ve en él la posibilidad de pescar algunos votos.

El debate es falso: hay que volver al trabajo —no queda otra— pero hay que volver con la seguridad de que no pondremos en riesgo nuestra salud ni la de nuestros familiares. Es seguro que cumplir ambos requisitos va a exigir un esfuerzo arduo y penoso pero no se hicieron las crisis para los pobres de espíritu, toca trabajar duro, con seguridad y con alegría.

La república de los abogados y abogadas se va a ver durísimamente golpeada pero, créanme, a pesar de los esfuerzos del gobierno y el CGPJ para destruir la vida y el futuro de los abogados independientes (sin ayudas financieras, exponiéndoles a riesgos sanitarios sin más protección que la que ellos se busquen, buscando modificar la ley por decreto en beneficio de los bufetes grandes…), a pesar de esos esfuerzos, digo, la República Independiente de los Abogados y las Abogadas va a emerger de esta crisis más poderosa que nunca. Costará dolorosísimas pérdidas pero, si tomamos conciencia de lo que somos y lo que podemos llegar a ser, no debemos temer al futuro.

Mañana les sigo hablando de esto, he de guardar alguna buena noticia para cuando acabe el consejo de ministros.

La justicia española contribuirá decisivamente a que nos vayamos todos al carajo

La justicia española contribuirá decisivamente a que nos vayamos todos al carajo

Discúlpenme si les digo las cosas en lenguaje técnico, pero es que no encuentro mejor manera de hacerlo: el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha previsto para España una disminución del PIB del -8% para este año.

Como no sé si ustedes comprenden exactamente lo que significa esa magnitud, permítanme que cite en este punto al premio nóbel de economía Paul Samuelson: «significa literalmente que nos vamos a la mierda».

En efecto, una bajada del PIB del -8% implica que nos vamos a ir a la mierda al carajo, aunque, afortunadamente, gracias a la justicia española y al ingenio innegable de quienes la dirigen, los españoles nos vamos a ir al carajo mucho más rápido y mejor que el resto de las naciones. Trataré de explicarles este prodigio.

Para que se hagan una idea de lo que significa para la justicia ese -8% es bueno que recuerden que en 2008, en medio de la histeria del ladrillo y las hipotecas, el PIB aún creció un 1,1% y, en 2009, ya en plena crisis y con media España perdiendo su trabajo, su casa e incluso su vida, el PIB bajó tan solo un -3,6%.

El -8% que predice el FMI significa que la crisis, este año, viene más del doble de dura que la de 2008-2009.

Esto, como dijo Marx, lo entendería un niño de seis años; lo que ocurre es que ni en el Ministerio de Justicia ni en el CGPJ han consultado a ningún niño de seis años, circunstancia esta que va a hacer la crisis española mucho más interesante. Déjenme que se lo explique que ya verán ustedes qué divertidos son estos muchachos del ministerio y los políticos con toga del CGPJ. Se van ustedes a partir. Literalmente.

En 2008-2009, una bajada del PIB del -2,5% en el conjunto de los dos años (1,1 en 2008 -3,6 en 2009), produjo un incremento del 40% de casos en los juzgados de lo social y del 81% en los mercantiles.

Este dato, una minucia sin importancia, significa que centenares de miles de españoles (casi medio millón por año) acudieron a los juzgados de lo social a reclamar el dinero que las empresas habían de pagarles. Ese dato significa también que muchas empresas acudieron a los juzgados para que estos les ayudasen a salvar la crisis.

Ustedes ya saben lo que pasó: los juzgados se colapsaron porque nadie había previsto aquello, de forma que los españoles hubieron de buscarse, como siempre, la vida por su cuenta.

Pero aquello fue un juego de niños comparado con lo que se nos viene encima ahora: con un -8% es de esperar que el trabajo en los juzgados de lo social se incremente en más del 100% y en los mercantiles en un fabuloso 200%. Lo que les digo, la cagada de 2008 va a parecer una broma al lado de esta: en 2020 lo vamos a bordar.

Es verdad que el hecho de que las causas se incrementen en un 200% en los juzgados mercantiles no significa necesariamente que no puedan atenderse. Junto a los 68 juzgados mercantiles de España existen 1.700 juzgados de primera instancia suficientemente cualificados para absorber ese exceso de trabajo, pero es ahí donde entra en juego el innegable ingenio del ministro de justicia y la escolanía del CGPJ.

En lugar de cometer la ordinariez de atender de inmediato a las necesidades que va a generar la carga de trabajo, estos sagaces próceres han logrado centrar la atención pública en sutiles debates relativos a si el mes de agosto será hábil o inhábil, si la cuantía para acceder a los recursos ha de ser esta o aquella o, incluso, maravilla de maravillas, si los bancos podrían beneficiarse algo más de este río revuelto y quitarles las costas en los procedimientos hipotecarios u obligar a los consumidores a interponer tres procedimientos conciliatorios y dos mediaciones (una de ellas canónica) antes de poder reclamar al banco los 600 boniatos que todavía le debe por los gastos de su hipoteca.

¡Ingenio de los ingenios!, ¡Prodigio de prodigios!, «Stupor mundi»: nuestros prebostillos provisionales han logrado que, mientras el transatlántico se hunde, la ciudadanía disfrute oyendo tocar a la orquesta «España Cañí». Es el trile perfecto, la cancamusa total, el «tararí que te vi dospuntocero».

Es maravilloso, mientras los bárbaros asaltan las murallas ellos le buscan las carteras a los defensores; mientras el enemigo avanza hacia la trinchera ellos discuten el último trienio de su salario; mientras las UCI’s se llenan y las empresas se vacían ellos juegan a diseñar nuevos y sutiles requisitos que incorporar a leyes rituarias. Créanme, mucho se les va a deber a ellos, sin una tan eficaz colaboración probablemente nunca nos iríamos todos al carajo con la rapidez y acierto que en esta ocasión lo vamos a hacer.

Tengo tan ciega confianza en ellos que estas van a ser, sin duda, las últimas palabras que escriba ocupándome de este asunto. Que nos vamos a ir al carajo ya es seguro, sólo queda ver si lo hacemos de forma ordinaria, entre quejas, o si lo hacemos en medio de este hermoso espectáculo que ahora contemplamos. Unos acusando a otros de querer trabajar, otros acusando a unos de vagos, los terceros manifestando que no trabajarán por el momento porque son ellos los que deciden cómo se han de gestionar las pandemias y los cuartos que si agosto no es inhábil o hábil —que ya ni sé— que entonces nanay.

Y mientras el ministro habla hoy de acelerar los trámites para entregar la instrucción de las causas penales al fiscal y mientras el CGPJ decide si la mediación con el banco es mejor hacerla en sillón rosa o celeste, los concursos de acreedores se preparan en las mesas de economistas y abogados, las cartas de despido se apilan en las asesorías y el hambre acecha desde su refugio de otoño tras un verano sin turismo.

Sí, indudablemente, nos vamos al carajo, pero no me negarán que gracias al ministro y al CGPJ vamos a llegar allí los primeros.

¡Campeones!

Un año de excepcionalidad por delante

Un año de excepcionalidad por delante

El primer gran cribado de datos revela que la tasa de mortalidad del coronavirus se situaría en un 0,37%lo que, trasladado a España y teniendo en cuenta las más de 18.000 muertes sufridas entre sus 46,5 millones de habitantes nos indicaría que aún nos queda un largo camino hasta alcanzar la inmunidad grupal.

No podemos, pues, pensar que antes de un año (como poco) habremos acabado con la excepcional situación en que nos ha colocado la crisis del coronavirus lo que nos debe obligar a todos a prepararnos para un largo período de excepcionalidad y a exigir a nuestras autoridades que dejen de dulcificar el mensaje y se preparen también ellos para un año de resistencia.

Esto es particularmente claro en el ámbito de la administración de justicia donde todos los planes presentados hasta ahora se revelan como irreales. Hay que actuar y hay que actuar ya, con los datos en la mano, con realismo y con decisión.

Un plan de choque ajustado a los riegos que para la administración de justicia presenta la pandemia es obligado.

O es ahora o no será nunca

España se enfrenta a una crisis económica sin parangón. De todos los sectores económicos a los que la pandemia del coronavirus causa daño el más afectado es el turismo junto con la restauración, la hostelería y todos aquellos negocios en cuya base se halle la acumulación de personas.

Vamos a tardar mucho en volver a ver cines llenos o la grada del Bernabeu llena pero, mucho peor aún, vamos a tardar bastante más de un año en conseguir que vuelvan turistas por España y ahora, amigo, saque usted cuentas.

Piense en las Islas Canarias y en sus habitantes ¿Qué harán todos los trabajadores y trabajadoras que se ganan su pan y el de sus familias en la hostelería, los hoteles o los negocios turísticos?

Benalmádena, Fuengirola, las costas mediterráneas… ¿Qué le espera a sus familias?

Recuérdelo cada vez que piense en la crisis: el turismo es el primer sector de entrada de divisas en España. Sí, sin él el golpe a nuestra economía pone al país al borde de ir a la lona. Y no podemos areglarlo, no podemos convencer a los turistas de que vengan, las medidas de restricción de movilidad y alejamiento social son universales.

¿Quién puede salvar a todas estas familias de un futuro de hambre y miseria?

Cuando usted se pregunte esto vuelva su mirada a la administración de justicia: es ella la que puede a través de los concursos ayudar a las empresas a salvar esta situación, es ella la que ha de vigilar que a los trabajadores se les reconozcan sus derechos sociales y es ella la que debe hacerlo de forma INMEDIATA y sin retraso alguno.

No menos de 160.000 procesos mercantiles comenzarán a inundar los juzgados cuando acabe el estado de alarma y los sociales probablemente se dispararán hasta el millón.

En este momento ni hay juzgados mercantiles suficientes ni sociales para atender ese tsunami y, en 15 días, NECESITAMOS tener suficientes órganos judiciales para parar este golpe. Disponemos de 14 días para hacerlo.

Y mientras los días pasan veo a los funcionarios de la sanidad dando literalmente su vida por nosotros mientras otros funcionarios y colectivos, en lugar de buscar formas de poder trabajar mañana tarde y noche para impedir la catástrofe que pueda acabar con todos, debaten sobre si agosto será hábil o inhábil.

Miren, España y los españoles dependen de que la administración de justicia no les falle.

Creo que aún no nos hemos enterado de que el juego ha terminado, que esta vez el país está en nuestras manos y que es el momento de demostrar que merecemos formar parte de él.

Especialización y concentración: la fórmula del desastre judicial.

España lucha con todos los medios a su alcance, singularmente el esfuerzo de los sanitarios y la ejemplar cooperación de la sociedad, contra la muerte y la enfermedad que trae el coronavirus.

Hemos parado nuestras empresas, nos hemos recluido y, deliberadamente y en un gesto grandioso, hemos compartido con el resto de la humanidad la decisión de proteger a nuestros congéneres más débiles aunque ello nos lleve a una catástrofe económica. Es difícil encontrar en toda la historia de la humanidad un gesto tan bello.

Pero, tras este esfuerzo, la crisis azotará nuestra economía salvajemente y ¿quién cuidará de nuestros trabajadores y trabajadoras? ¿Quién cuidará que en la escasez se dé a cada uno lo suyo y se atienda a restablecer el equilibrio en relaciones sociales destruidas por la crisis?

Ese trabajo corresponde a la justicia pero, déjenme que se lo adelante ya, si la sanidad ha sido la heroína de esta crisis, tal y como están las cosas a día de hoy, el mal funcionamiento de nuestra administración de justicia puede tener consecuencias casi tan funestas como la propia pandemia.

Esta crisis va a ser mucho más acentuada y mucho más concentrada en el tiempo que la de 2008 y eso significa que los españoles van a demandar soluciones de la justicia española de forma intensa, más intensa y concentrada en el tiempo que nunca desde que se conservan registros. En solo un mes o dos los juzgados de lo social y de lo mercantil sufrirán un embate como nunca antes en su historia y ese embate será terrible por la pésima organización del sistema judicial español, una organización que ha obedecido más a razones de control de los jueces que de servicio al ciudadano y eficiencia.

Con nuestra actual organización es imposible soportar una subida del 100% de procesos mercantiles, necesitaríamos duplicar la planta (crear 68 juzgados más en un mes) para atender a los casi 80.000 asuntos llevados en 2019 más otros 80.000 consecuencia de la crisis. No se van a crear esos juzgados de lo mercantil, simplemente porque no da tiempo y nuestras empresas morirán víctimas de una planta producto de tejemanejes políticos y no de la razón lisa y simple.

Piénsenlo, 160.000 nuevos casos para 68 juzgados. No hace falta ser profeta para entender que si este año entran una media de 2.532 asuntos por juzgado mercantil nadie nos salvará del desastre.

En cambio, esos mismos 160.000 asuntos, turnados a los juzgados de 1ª Instancia (lugar de donde nunca debieron salir), sólo supondrían un incremento de 94 casos por juzgado, cifra perfectamente manejable por nuestros jueces, de forma que los españoles podrían respirar aliviados.

La especialización no es una buena estrategia para enfrentarse a las crisis pues convierte a los organismos especializados en entidades muy frágiles frente a una crisis en su ámbito de especialidad.

Y, si la especialización es mala, la concentración es incluso peor. Colocar todos los huevos en la misma cesta no solo es arriesgado para el dueño de los huevos, es también estúpido si lo que quieres es servir al mayor número posible de personas.

Dos tercios de la población española no vive en capitales de provincia, entiéndanlo panda de locos. Obligar a desplazarse a poblaciones enteras solo por el gustito de tener los juzgados juntos es una de las mayores estupideces que pudieron colemeterse y esa estupidez es ahora mucho más evidente cuando los desplazamientos están restringidos por razones sanitarias.

Seamos serios: tenemos una planta de más de 1700 juzgados de instancia distribuidos por toda España y que siempre han conocido de los procesos mercantiles. ¿Vamos a llevar España a la ruina solo porque un club de políticos togados se empeñe en mantener incluso a costa de la vida y la fortuna de los españoles sus jueguecitos de salón?

Que la competencia para conocer de los concursos debe entregarse de inmediato a los juzgados de 1ª instancia es algo que no ofrece duda y que debiera hacerse en este mismo momento mejor que dentro de un minuto.

No tan fácil es la tarea con los juzgados de lo social, segundo frente de la pinza con que la crisis amenaza a la justicia. En un entorno de movilidad restringida se echa de menos una planta judicial más distribuida en este campo.

Pero podemos resolverlo. Desde luego no podemos seguir poniendo a la población en peligro haciéndo viajar centenares de miles de ciudadanos a sus juicios, mejor que hacer desplazarse a cientos de miles de ciudadanos es hacer desplazarse a los jueces a los lugares de residencia de las partes y celebrar en las salas de vistas que nuestros juzgados de Instancia e Instrucción tienen. No hay dificultad alguna en ello.

Seguramente hemos de recuperar todos cuantos medios podamos para atender a esta jurisdicción, recuperar jueces jubilados, poner a trabajar a los jueces sustitutos, reforzar con funcionarios sacados de otros juzgados…

Si la sanidad española es la responsable de evitar que enfermemos y muramos a la administración de justicia española le corresponde el papel de conseguir que esa vida que nos han salvado no se vaya al garete en medio de una crisis incontrolable.

Hay que liberar tantos cuantos recursos podamos para apoyar estos dos frentes, hay que realizar una lista de procesos prioritarios y no prioritarios y, entre los prioritarios, asignar prioridades a su vez así hasta encajar la crisis en la forma que menos daño haga.

No veo a nadie hacer eso y siento que este país vaya a ir al abismo de la pobreza por culpa de unos cuantos políticos con toga.