La sombra de Lucrecia

Lo que los hispanohablantes entienden por «violación» se recoge en el Diccionario de la Real Academia Española con estas palabras: «Delito consistente en violar (‖ tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad).»

En cambio, si queremos saber qué es para la ley española la «violación» tendremos un auténtico problema, pues los artículos 178 y 179 nos dicen que la violación es algo bastante diferente a lo que dice el diccionario, pues, además de la falta de consentimiento, exige violencia o intimidación y que el acceso carnal se lleve a cabo por vía vaginal, anal o bucal.

Como vemos, para nuestro diccionario «No es No» (#NoEsNo) y cualquier acceso sin consentimiento es violación, mientras que para nuestro Código Penal no basta con un «No» sino que, además, hacen falta violencia o intimidación. Esto, digámoslo desde el principio, no es culpa de nuestros jueces sino de nuestros políticos que son los responsables de hacer y reformar las leyes.

Sentado lo anterior parece evidente que los jueces y la calle no llaman de igual modo a las mismas cosas: lo que para un ciudadano es una violación evidente no lo es para un juez y cuando para la ciudadanía un «No» es suficiente, para el juez no es más que el principio de una larga labor calificadora.

Entiéndase, no es el Juez quien decide si un «No» es suficiente para calificar una acción como violación, es el legislador quien, al redactar el Código Penal, decidió que, además del «No», fuese necesaria la violencia o la intimidación para calificar tal acción como violación. Si «No» no es «No» la culpa no es de los jueces: es del legislador, es decir, de los políticos que llenan el Congreso y el Senado y singularmente del gobierno que es quien dispone de la iniciativa legislativa.

Que la calle y los jueces no hablan el mismo idioma es evidente, ahora bien, los jueces se limitan a hablar el lenguaje que les han escrito en las leyes. Los jueces, como los pianistas, no hacen más que tratar de interpretar del mejor modo posible las partituras que les entregan y, si culpar al pianista de la mala calidad de la partitura es un error grosero, disparar sobre él como ha hecho algún ministro, es una acción miserable.

Como escribió Montesquieu (“El Espíritu de las Leyes” Liv. XI. Chap. VI.) los jueces no son más que «la bouche qui prononce les paroles de la loi» (la boca que pronuncia las palabras de la ley) y su único trabajo, como jueces, es expresar las palabras que la ley contiene, agraden o desagraden a la audiencia.

Puede ser que los jueces se hayan equivocado en este caso, puede ser; puede ser que no hayan apreciado debidamente la potencia intimidatoria de cinco animales musculados y sin rasgos humanos en su conducta, puede ser; pero, con todo, estoy seguro que ninguno de esos jueces ignoraba el tremendo revuelo que iba formarse tras el dictado de la sentencia y, aún a sabiendas de que el dictado de la misma podría suponer su muerte civil, prefirieron seguir los dictados de su conciencia que los que les llegaban de entornos ajenos al proceso. Prefirieron expresar lo que ellos entendían, acertadamente o no, que era la voz de la ley antes que satisfacer exigencias distintas de las de su trabajo. No es fácil hacer eso.

Los errores de los jueces tienen arreglo y pueden ser corregidos (en este caso aún queda una larga serie de recursos) lo que nunca podría arreglarse es una judicatura que, en lugar de atenerse a la ley, se plegase a las presiones que le llegan de fuera de la sala de vistas y de su propia conciencia. El error en los jueces es normal y por eso hay recursos, pero una judicatura que sentenciase a impulsos de la presión externa más poderosa en cada momento no tendría arreglo y con ella caería toda esperanza posible en un estado de derecho.

La sociedad esta harta de tener que seguir viviendo bajo un sistema legal que no parece sino alargar la sombra del mito de Lucrecia, esa mujer que, tras ser violada, se suicidó «…a fin de que mi ejemplo nunca sirva a ninguna mujer que quiera sobrevivir a su deshonor…». Como, con su habitual oportunidad, dice mi amigo Joludi:

Esta historia de la ultrajada Lucrecia, que es un topos cultural de primera fila en la cultura occidental y ha sido, tal vez por ello, representada casi más que ninguna otra mujer en la Historia de la Pintura (Lucas Cranach, Ghirlandaio, Artemisia Gentileschi, Veronés, Rembrandt, Rubens, Pignoni, Cagnacci, Guido Reni, Dante Gabriel Rosetti…)

(…)

Pero la verdadera lectura del viejo mito (mito fundacional, ciertamente) de Lucrecia, acaso no sea sino que una sociedad patriarcal no puede tolerar que sobreviva una mujer que no se resiste y emplea la debida fuerza y esperable oposición ante una violación. Una mujer que no se enfrenta con denuedo a su asaltante da que pensar necesariamente sobre su total o parcial connivencia con el agresor sexual.

Y esto para una sociedad patriarcal es inaceptable.

Sí, parece que la sociedad y sus leyes no están en armonía en este punto y esta disarmonía tiene unos únicos y exclusivos responsables: los legisladores, los políticos, los gobiernos, los ministros de justicia que, lejos de recoger este sentir y adaptar las leyes a las exigencias de la sociedad, han preferido no hacer nada. Son estos responsables quienes ahora, sin que les importe poner en peligro la separación de poderes, para engañar a la justamente indignada población y que nadie repare en ellos, prefieren acusar a los jueces de una falta de sensibilidad de la que ellos son los campeones y principales culpables.

Ahora prometen reformas legislativas mientras azuzan a la población contra los jueces sin caer en la cuenta de que, como los viejos cobardes de las películas, lo que están haciendo es disparar contra el pianista.

¿Castellano o leonés?

¿Castellano o Leonés? Quizá el primer texto en lengua romance no sean las Riojanas Glosas Emilianenses sino esta lista de quesos (Nodicia de Kesos) elaborada en el año 974 por un monje despensero de La Rozuela (León).

El texto original decía (debidamente traducido) lo que sigue:

«Relación de los quesos que gastó el hermano Jimeno: En el trabajo de los frailes, en el viñedo de cerca de San Justo, cinco quesos. En el otro del abad, dos quesos. En el que pusieron este año, cuatro quesos. En el de Castrillo, uno. En la viña mayor, dos […] que llevaron en fonsado a la torre, dos. Que llevaron a Cea cuando cortaron la mesa, dos. Dos que llevaron a León […] otro que lleva el sobrino de Gomi […] cuatro que gastaron cuando el rey vino a Rozuela. Uno cuando Salvador vino aquí.»

No es pues ningún documentos religioso, jurídico o palatino, sino una humilde cuenta de despensero la que quizá sea la primera muestra de un texto escrito en romance en nuestra península. Yo no sé que les parecerá a ustedes pero a mí me parece la mejor forma de inaugurar un idioma.

Feliz día León, feliz día Castilla, vosotros la inventasteis, que no os la den con queso.

El día de las valientes

El día 18 de abril, la víspera de las movilizaciones del 19 y justo cuando se anunció que los jueces y fiscales suspendían sus concentraciones fue un día duro, pues, seguir era arriesgado y suspender devastador para la moral de los compañeros y compañeras. No hubieron demasiadas dudas y seguimos solos, no quedaba más remedio que encomendarse a la voluntad y al coraje de los compañeros y las compañeras.

Casi como para conjurar la adversidad fui escribiendo en redes una especie de oración en forma de post que titulé «La hora de los valientes».

El 19A, sin embargo y para sorpresa de muchos, fue la movilización más numerosa de la historia de la abogacía española y lo ha sido gracias precisamente a los y las valientes, gracias a personas como Mari Carmen.

En principio no había nada planeado por la Red en Talavera de la Reina; sin embargo, Mari Carmen, no iba a dejar pasar la ocasión de ser útil a la causa y se fue con su cartelito al juzgado… y no, no estuvo sola; porque como veis en la segunda fotografía pronto otros compañeros se unieron a ella. Os aseguro que la próxima vez —y será pronto— Mari Carmen volverá a los juzgados de Talavera y esta vez irá rodeada de muchos compañeros.

El 19A era el día de los valientes y Mari Carmen fue una de ellas, sirva este articulito para dar las gracias a todas esas compañeras y compañeros de corazón generoso cuyo coraje y valentía hizo posible el 19A.

Muy pronto volveréis a tener la oportunidad de echaros a la calle y esta vez os aseguro que no estaréis solos.

Muchas gracias compañeros, muchas gracias Mari Carmen, sois únicos.

Bromas las justas

Dice el ministro que nos va a subir a los abogados de oficio un 32% y eso —que parece mucho— es una puñetera ofensa porque con eso tardaremos 11 años en lograr que un abogado de Cartagena, Murcia, Cáceres, Melilla o Palma de Mallorca cobre lo mismo que uno de Olot o Chinchón, quienes, por cierto, también cobran una birria insultante.

Lo que debería hacer el ministro, de entrada, es cumplir el artículo 11 de la ley de tasas y aplicar los 38 milloncitos de euros que ha rapiñado gracias a las tasas judiciales a justicia gratuita. Con eso el territorio común tendría una subida del 100% y con eso habríamos recorrido tan solo UN TERCIO de lo que nos separa de la retribución miserable que reciben en Cataluña o Madrid.

Los abogados del territorio común cobramos una birria demasiado birria como para que ahora venga el ministro a aplacar las protestas con un ofrecimiento miserable que aún rebaña los 38 millones de las tasas para el agujero negro habitual.

Mire ministro, lo que hay que hacer es elevar la retribución de los abogados de oficio en TODAS las comunidades autónomas hasta niveles dignos y las que dependen de usted (las del territorio común) al mismo nivel de todas. No nos venga con milongas para acallar las protestas de los abogados o engañar a la opinión pública. No está el horno para bollos.

Bromas las justas.

La hora de los valientes

Mañana a las 12 de la mañana muchos abogados se van a manifestar en la puerta de las sedes judiciales de España y lo harán movidos exclusivamente por sus convicciones. A estos abogados les importa muy poco si quienes dicen representarles les apoyan o no, porque los abogados y abogadas de España no necesitan que nadie les represente cuando ellos están presentes: del más importante al menos importante y de la mayor a la menor nadie es más que nadie en la abogacía española y tan abogado es el primero como la última. Quien se crea importante comete el peor de los errores.

Mañana a las 12:00 es la hora de los que hacen lo que dicen, de los que de verdad valen porque sirven, es la hora de los valientes.

Mañana a las 12:00 ya no habrá lugar para más trucos de los malabaristas del lenguaje, de esos expertos en decir una cosa y hacer la contraria, de esos que dicen que apoyan pero que luego no van, de esos que dicen estar del lado de los abogados pero nunca encuentran tiempo para acompañarles en sus reivindicaciones mientras que siempre lo tienen para acudir a tomas de posesiones de ministros, cursos de canapé y moqueta y congresos a gastos pagados.

Mañana es la hora de la abogacía real, de la abogacía de verdad, de la que pelea por la profesión sin necesidad de dietas ni cargos, de la que sabe defender las causas mas difíciles en la soledad más absoluta. Mañana es la hora de los importantes, no la de los que se dan importancia, mañana es la hora de los que hacen y no la de los que dicen, mañana es, en fin, la hora de los abogados y abogadas de España y quien no esté allí con ellos habrá elegido el lado de lo irrelevante y lo prescindible.

Yo no sé dónde van a estar muchos mañana pero si sé dónde estará la abogacía real a las 12 de la mañana. Espero verte allí.

Subidas absolutamente insuficientes para la justicia gratuita.

Los Presupuestos Generales del Estado 2018 elevan en un 30% las cantidades destinadas a retribuir a los abogados de oficio del territorio común y eso podría estar bien si no fuese porque estos reciben un tercio de lo que perciben los abogados de otras comunidades autónomas, de forma que, para obtener una mera equiparación, haría falta una subida del 300% cifra diez veces superior a la que se observa en los presupuestos generales.

En 2017 el estado recaudó por tasas judiciales la cantidad de 38.000.000 de euros que, nuevamente y sin dar explicaciones, vuelve a NO destinar a justicia gratuita (destina sólo 11 más que el año pasado) a pesar de la dicción del artículo 11 de la Ley de Tasas. Es decir, vuelve a distraer 27 millones de lo recaudado por tasas a otros fines.

Tras 22 años de no subir ni un céntimo ha bastado una amago de huelga y ha bastado que nos encontremos en la antesala de un año electoral para que el gobierno coloque a los letrados de oficio en niveles de retribución de hace más de 10 años y muy lejos de los ya de por sí bajos ingresos que reciben los letrados de otras comunidades autónomas transferidas.

En todo caso esta subida de lo presupuestado no implica que vayan a subir las retribuciones —puede deberse a un aumento de los servicios del turno— las retribuciones subirán cuando se modifiquen los baremos y eso, ya sabemos que, desde 1996, no ha ocurrido, de forma que somos nosotros quienes debemos ocuparnos de que esto ocurra.

Por lo demás el presupuesto en justicia sube la mitad que el año pasado por lo que, mucho nos tememos, que si malos fueron los resultados de 2017 peores lo serán en 2018.

El apóstol de la no violencia

Mañana, 4 de abril, se cumplirán 50 años del asesinato de Martin Luther King, una persona que jugó un papel crucial en la lucha por los derechos civiles de la minoría negra y cuyos métodos pacíficos le convirtieron en adalid de la desobediencia civil y la no violencia.

Sé que muchos me dirán que el verdadero apóstol y creador de la desobediencia civil y la no violencia fue Gandhi; sin embargo, antes de diputar a nadie inventor de tales métodos déjenme contarles unos sucesos ocurridos en torno al año 33 del siglo I en Jerusalén. Trataré de traducir debidamente porque es Flavio Josefo quien nos cuenta la historia, un testigo absolutamente histórico:

Pilato, el procurador de Judea, hizo marchar al ejército de Cesarea a Jerusalén, para establecer allí sus cuarteles de invierno y también con el fin de abolir las leyes judías. Pilato hizo colocar sobre las insignias de su ejército efigies del César y las trajo a la ciudad sabiendo que nuestra ley nos prohíbe incluso la creación de imágenes; por eso lo que los ex procuradores solían hacer era entrar en la ciudad con enseñas que no tuviesen esos ornamentos. Pilato fue el primero en llevar esas imágenes a Jerusalén y las instaló allí; cosa esta que se hizo sin el conocimiento de la gente, porque se hizo en la noche; pero tan pronto como lo supieron, vinieron en multitudes de Cesarea, y rogaron a Pilato durante muchos días para que quitara las imágenes; y como él no atendió sus peticiones, porque supondría una injuria al César, comoquiera que las multitudes todavía perseveraban en su pedido, en el sexto día ordenó a sus soldados que tomasen secretamente sus armas, mientras él ocupaba su silla de juzgar, qué había colocado en un lugar despejado de la ciudad donde había situado previamente al ejército que estaba listo para reprimir cualquier revuelta; y cuando los judíos volvieron a pedirle que retirase las efigies, dio una señal a los soldados para que los cercaran y amenazó a la turba con que su castigo sería la muerte inmediata a menos que dejaran de molestarlo e hicieran lo posible por regresar a casa. Sin embargo los judíos se arrojaron al suelo, ofrecieron sus cuellos y dijeron que preferían la muerte a que la sabiduría de sus leyes se transgrediera; Pilato quedó tan profundamente afectado por la firme resolución de los revoltosos de mantener sus leyes inviolables que ordenó que las imágenes fueran llevadas de vuelta desde Jerusalén a Cesarea.

Sorprendente ¿verdad?. Aproximadamente en las mismas fechas en que se suele situar el relato evangélico de la crucifixión, Pilato había tenido que enfrentarse a una revuelta pacífica que acabó impresionándole de tal forma que acabó arrostrando incluso la posibilidad de ofender al César. No sabemos quién organizó esa revuelta de las efigies, ni a quién se le ocurrió la idea de ofrecer el cuello a los soldados, aunque muchas teorías sugerentes podrían lanzarse por una mente inquieta. En todo caso debo decir que esta es la única revuelta que parece haber tenido éxito contra Roma pues las demás revueltas violentas fueron aplastadas sin piedad.

Sospecho que la desobediencia y la no violencia son métodos antiguos y mucho más eficaces de lo que podría pensarse en un principio.

Yo, desde luego, recuerdo la tremenda conmoción que causó la muerte de Martin Luther King y recuerdo cómo la tele de Franco informó profusamente de una noticia que la población española no podía colocar en su justa dimensión y mucho menos yo que por entonces era solo un niño. Fue una primavera complicada aquella primavera de 1968. He vivido 50 años más desde entonces.

Ministros y procesiones

La separación iglesia-estado y el carácter aconfesional de España no parecen haber sido bien entendidos, tras 40 años de Constitución, por nuestros políticos que, llegada Semana Santa, compiten por participar en actos litúrgicos y procesiones conscientes del tirón popular de las mismas. La Semana Santa se convierte así en una especie de período pre-electoral en el que los padres de las patrias grandes y chicas se esfuerzan por demostrar su vinculación con tan populares tradiciones.

El espectáculo está servido, ministras de defensa golpeando las campanas de los pasos, ministros de justicia besando medallas o jaleando actos religiosos, alcaldes y concejales «codeándose» para salir delante de un paso y prebostes varios buscando cómo tener un momento de gloria en esta semana de pasión, ya sea dando pregones, portando velas o atizando turiferarios.

Yerran.

La presencia de las corporaciones civiles —que debiera ser excepcional— en este tipo de actos está sometida, legal y jurisprudencialmente, a requisitos que no son más que una aplicación del sentido común a estas cosas, a saber:

El primero de los requisitos es que exista una tradición previa que justifique la presencia de la corporación civil en ese acto. Tranquilos pues con las tradiciones… pero con las tradiciones de verdad; si el alcalde de su pueblo lleva saliendo en la procesión del Santo Entierro desde 1898 no tema, podrá seguir haciéndolo, pero, si al alcalde se le ocurre este año que va a salir por primera vez con la corporación municipal en el Via Crucis del Viernes de Dolores o en el Triduo del Muy Santo titular de una cofradía recién fundada, haría bien en pensárselo dos veces.

Me enfada ver a piquetes militares o de la policía local escoltando procesiones a las que nunca antes había escoltado, me molesta ver a alcaldes y concejales participando en actos cofrades en los que participan por primera vez y en general me molesta mucho este aprovechamiento político de ritos religiosos que, además, olvida y contraviene cómo han de ser las relaciones entre el poder político y las confesiones religiosas.

Cuidado, España es un país donde se hace algo dos veces seguidas y ya parece considerarse «tradición» y no es así. Ahora que ministros alcaldes y concejales acuden a actos religiosos de nuevo cuño o simplemente a los que antes no asistían, alguien debiera recordarles que España es un estado aconfesional, que su presencia allí no es acorde con este carácter aconfesional y que, incluso, su presencia en actos de nuevo cuño hace perder excepcionalidad a esos otros actos en los que sí ha sido siempre tradicional la presencia de corporaciones civiles. Las cofradías con tradiciones de verdad debieran estar particularmente interesadas y cuidar muy mucho que otras cofradías y políticos «wannabe» no infringiesen el ordenamiento, aunque sólo fuese por preservar su excepcionalidad.

Así pues, a todos aquellos que se lanzan al balamío cofrade en busca de votos, debiera dárseles un muy serio toque de atención: su conducta es con mucha probabilidad contraria al ordenamiento y perjudicial incluso para los actos en los que participan, claro que, eso, comparado con la expectativa de obtener unos cuantos votos más, a ellos no va a importarles mucho.

El segundo requisito es que la presencia de la corporación o cargo civil no suponga en ningún caso expresión de que se reconoce a la confesión en cuyo acto se participa mayor credibilidad o relevancia espiritual que a otras. Quienes, como representantes de instituciones o corporaciones civiles, participan en actos religiosos debieran cuidar muy mucho este extremo.

Y finalmente, es requisito que la presencia de la corporación en ese acto presente algún tipo de conexión lógica, otra cosa que no siempre sucede.

Si aplicásemos estas normas la participación de las corporaciones civiles en actos religiosos quedaría reducida a su justa expresión. Una tradición arraigada justificaría la excepcionalidad de la presencia de estas corporaciones en actos religiosos y vedaría el circo político-mediático que contemplamos cada Semana Santa. Sí, serían muy pocos los actos a los que pudiesen asistir políticos, pero eso es bueno para las tradiciones genuinas y sobre todo para legalidad constitucional.

Caridad «La Negra»

Mi ciudad, como todas las ciudades del Mediterráneo, tiene su panteón especial de héroes y dioses del pueblo a quienes este rinde culto a través del viejo rito de contar sus hazañas a la generación siguiente. Nuestros dioses y santos viven así en la memoria del pueblo que es, a fin de cuentas, el único altar donde se rinde verdadero culto a los dioses. Son generalmente personajes humildes —el pueblo admira la virtud y la inteligencia que se manifiesta en las personas más inesperadas— a veces incluso aparentemente malvados (en Cartagena los personajes duros pero sentidos son especialmente queridos) y, como comprobarán si siguen leyendo, la «santa» de la que les voy a hablar pertenecía a esta particular especie de personas.

A Caridad Norberta Pacheco Sánchez (Cartagena 1879) la llamaron «Caridad La Negra» por el color de su pelo y fue la “madame” del burdel de más éxito de “El Molinete”, el viejo barrio tolerante de la ciudad. Fue amante del hombre más rico de Cartagena, José Maestre, que fue también ministro en dos de los gobiernos de Alfonso XIII. No se dejó monopolizar por él y le compatibilizó con alcaldes y otros políticos. Además fue modelo para pintores y gracias a eso, un retrato de ella encarnando a la Magdalena, salido de los pinceles de Wssell de Guimbarda, adorna ahora las paredes del templo de la patrona de Cartagena, la Virgen de la Caridad, advocación que, a lo largo de la historia, dio nombre a Caridad y a decenas de miles de cartageneras.

También sirvió de modelo para fotógrafos y, una de las fotografías de ella, es la que ven más abajo. Joven y morena, con las formas que gustaban en la época, fue, afortunadamente, capturada para la historia por la cámara de Casaú.

Fue Caridad, a pesar de lo dicho y de todos los pesares, mujer devota y de buen corazón. Su ayuda económica a las familias pobres tejió una leyenda a su alrededor y, por eso, cuando el 25 de julio de 1936 ella y un grupo de prostitutas bajadas del Molinete impidieron que la patrona de la ciudad y otras imágenes fuesen quemadas, Caridad La Negra, para el pueblo, se elevó hasta la categoría de mito.

Es verdad que ellas fueron las que intervinieron decididamente en los primeros momentos aunque luego recibiesen ayuda de los guardias de asalto y los políticos de izquierdas de la ciudad, pero toda esa ayuda, en todo caso posterior, para nada cambió la imagen que el pueblo se había hecho del suceso: La Negra y sus chicas defendiendo a la patrona… ¿imaginan una historia mejor?

Pasaron los años y en 1947, concluida la guerra, Caridad mandó unas rosas negras al templo de La Caridad el día de la festividad de la Patrona.

Y hoy… Hoy sigue llegando al templo de la Caridad (la Patrona) un ramo de rosas negras todos los Viernes de Dolores… y, lo que es más importante, la historia de una mujer buena y valiente sigue pasando de generación en generación en mi ciudad.

Superabogadas, supermadres.

Hará unos años, mientras comía con mi compañero Manolo y con el hijo de una compañera amiga nuestra, éste último nos contó un recuerdo de infancia que esa noche, al llegar a casa, me apresuré a escribir principalmente para no olvidarlo. Permítanme que les transcriba el recuerdo para ponerles en situación —son apenas cien palabras, pueden leerlo en treinta segundos— luego sigo con lo que venía a contarles:

«El hijo de una compañera abogada me contó, no hace mucho, que uno de sus más persistentes recuerdos de infancia era el de dormirse escuchando el sonido lejano de la máquina de escribir de su madre y despertarse, al día siguiente, oyendo cómo la máquina seguía sonando.

La imagen me pareció extremadamente tierna y que describía perfectamente el tremendo esfuerzo de esas abogadas madres por sacar adelante a sus hijos y su trabajo, dando a cada tarea el tiempo necesario y quitándoselo a ellas mismas.

Esta noche en que muchas abogadas concluyen sus recursos tras acostar a sus hijos, me ha venido esa imagen a la memoria y he pensado que es verdad, que cuando los niños duermen aún sacan el coraje las superabogadas.

Va por vosotras compañeras, sois lo mejor.»

Lo que yo no sabía entonces es que mis superabogadas antes habían tenido que ser supermadres, porque, por increíble que parezca, las condiciones en que estas profesionales viven la maternidad se cuentan entre las peores de entre las que pueden darse en una sociedad civilizada.

Antes de decirme que exagero y que las abogadas tienen las mismas dificultades que cualquier otra profesional o autónoma para dar a luz, permítame que le informe de que las abogadas, a todos esos problemas que tienen el resto de profesionales y autónomas, añaden el fantasma de los pazos procesales y el de la responsabilidad civil a que pueden dar lugar si se incumplen.

Una abogada puede tener un embarazo de riesgo, un parto inesperado, una urgencia… pero no por eso dejan de correrle los plazos procesales, esas reformas o reposiciones de brevísimo plazo, esos requerimientos a evacuar en el plazo de una audiencia, esas complejas contestaciones a la demanda que no entienden de maternidades ni de imprevistos.

Desde que el hijo de mi amiga me contó sus recuerdos de infancia he procurado escuchar con toda la atención posible las historias que me contaban mis compañeras abogadas; historias de ordenadores portátiles en la cama del hospital, de maridos corriendo en busca de un expediente que llevar a la clínica, de entrevistas en el despacho del juez con el bebé en brazos o de silletas y cunas en los despachos. Estas historias y las de lactancias en condiciones indignas hicieron aumentar mi admiración por ellas y me convencieron de que mi amigo no podía recordar los episodios más duros de la vida de su madre simplemente porque, cuando ocurrieron, él era demasiado niño para poder recordar nada.

Algo hay que hacer, no es admisible que en el siglo XXI nuestras abogadas tengan que dar a luz en semejantes condiciones, es imperativo resolver esta cuestión.

He pedido ayuda a compañeras abogadas que acaban de ser madres. Son abogadas y nadie mejor que ellas conoce el oficio este de hacer e interpretar leyes, son madres y conocen muy bien la dura condición de madres, son madres y abogadas y por eso no creo que haya nadie más capacitado que ellas para escribir el texto de una ley que remedie la situación en la que hasta ahora vienen dando a luz las abogadas.

Este es el texto de la propuesta de ley que han redactado, útil también para los casos de enfermedad de los abogados y abogadas, ahora se trata de que tú lo leas y propongas mejoras en su redacción o hagas sugerencias si las tienes. El tiempo de quejarse y no actuar ya pasó, eres abogado o abogada y de esto entiendes, no tienes excusa.

Luego llevaremos el texto a los diferentes grupos parlamentarios del Congreso para que lo tramiten como una proposición de ley y ese será el momento en el que volveremos a pedirte ayuda, pero, no lo dudes, esta injusticia, si tú quieres, tiene los meses contados.

Venga, es por ellas y por todos.