Olesya Soldatova

Olesya Soldatova

Hoy, hace exactamente un año, recibí un regalo inesperado, uno de esos regalos con los que construyes los recuerdos que son el material de que está hecha la vida de una persona.

Facebook me lo ha recordado puntualmente pero, como siempre me debato en la duda de abandonar las redes sociales en beneficio exclusivo de este blog, creo que voy a salvar en él el recuerdo, por si algún día me da la ventolera.

El post de Facebook dice así:

«He escrito bastantes posts sobre mujeres en Facebook y, una buena parte de ellos, sobre mujeres rusas. Hoy, luego les explico por qué, voy a tener que escribir sobre otra mujer rusa que probablemente ustedes no conozcan. Se llama Olesya Soldatova y sé que no tiene Facebook.

Esta mañana, mientras trabajaba en mi despacho, me ha llamado un compañero de Murcia y me ha dicho que si podía verme, que tenía un encargo para mí. Me he quedado estupefacto y cuando le he preguntado qué era me ha dicho que tenía que entregarme una cosa. He salido del despacho, me he encontrado con él, hemos entrado en una casa de comidas para no cumplir el encargo en medio de la calle e, inmediatamente, me ha dado una camiseta. Pero la camiseta no era una camiseta cualquiera.

La camiseta estaba comprada en la localidad rusa de Uliánovsk (en ruso: Ульяновск) a orillas de los ríos Volga y Sviyaga en Rusia,unos 893 km al este de Moscú, y representa un dibujo del Sputnik-1 con la fecha conmemorativa de su lanzamiento el 4 de octubre de 1957.

Me he quedado estupefacto ¿por qué traía eso para mí?.

El compañero me ha hablado entonces de una mujer rusa, Olesya, de que conocía mi afición a la historia de la astronáutica, de que le habían contado las historias que yo escribía en mi blog sobre la carrera espacial y, sobre todo, las historias de mujeres rusas que pongo en él de vez en cuando y que Olesya, al ver la camiseta, decidió comprarla y hacérmela llegar.

Creo que no puedo explicarles la sensación de ternura y alegría que me ha embargado, no daba crédito a mis ojos, así que inmediatamente me he puesto la camiseta y me he tomado la foto que ven.

Y ahora a lo que importa: Olesya, quiero que sepas que esta es de las que no se olvidan nunca, sé que no vas a leer este post pero que, igual que acabaste pudiendo llegar a los post anteriores, estoy seguro que antes o después leerás o te leerán este. Un día he de agradecerte esto, te lo prometo por el traje de cosmonauta de Valentina Tereskhova. Hoy me has hecho feliz. Muchísimas gracias Olesya.

спасибо большое, Олеся Солдатова !!!!!»

El libro negro de la justicia

El libro negro de la justicia

Pensar que todos los ministros de justicia que hemos tenido en los últimos tres lustros son unos inútiles es un pensamiento demasiado soberbio y que no puede ser sino equivocado. La naturaleza es democrática en la forma que distribuye la inteligencia y no suele ocurrir, salvo geniales excepciones, que el intelecto de un ser humano esté muy por encima o por debajo de otro y ello es así incluso en el caso de los ministros de justicia.

¿Por qué entonces existe este descontento generalizado por la gestión de, al menos, los últimos cinco ministros de justicia?

La pregunta es compleja pero, si hemos de buscar una respuesta única, esta no sería otra que la decidida voluntad de los partidos políticos de controlar la administración de justicia.

Esta voluntad de control de la administración de justicia entra en siniestra sinergia con los intereses de algunas grandes corporaciones e incluso con la de algunos grandes bufetes, pero, quizá, mejor que describirlo de forma abstracta, es ilustrarlo con un ejemplo reciente.

Hasta ahora, las restricciones de derechos que, con motivo de la pandemia, adoptaban los poderes ejecutivos, eran controladas por simples jueces. Recordarán ustedes que las decisiones de estos jueces no siempre han corrido parejas con las intenciones de los poderes ejecutivos y que, en algunos casos, estos vieron como algunos jueces frenaban la validez de sus decisiones.

El criterio de estos jueces puede ser criticable o plausible —según el pensamiento de cada cual— más, de lo que no puede dudarse, es de que el criterio de estos jueces era absolutamente independiente.

El poder, molesto con estas decisiones, ha decidido tomar cartas en el asunto y, la principal que ha tomado, es la que mejor ilustra la forma en que los ejecutivos tratan de influir en el sentido de las decisiones de los jueces: ha decidido trasladar la competencia para tomar este tipo de decisiones de los juzgados a los Tribunales Superiores de Justicia.

¿Cómo afecta esto a las decisiones judiciales?

Trataré de explicarme.

Los jueces, guste o no, son elegidos a través de un proceso donde el criterio político no tiene influencia alguna. La forma de acceso a la carrera judicial es memorizar para luego exponer una serie de contenidos, de forma que es la calidad reproductora del aspirante la que determina si este accederá o no a la carrera. Esta forma de acceso puede ser alabada, criticada, denostada e incluso satirizada, pero lo que nunca se podrá decir de ella es que está sesgada por ningún criterio político.

Por el contrario, la forma de selección de los presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia (TSJ) no funciona igual: en su nombramiento es decisiva la intervención del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) un órgano que, como todos ustedes saben, se compone de miembros designados por los partidos polítivos tras intensas negociaciones pastelarias. Si quiere saber cuán importante es para los partidos la identidad de quienes componen este órgano tan solo piense usted en cuán intensas son las negociaciones para nombrarlos y esto le aclarará, mejor que ninguna palabra mía, lo importante que es para los partidos contar con personalidades afines en este órgano.

La diferencia, pues, entre que un asunto lo decida un juez o lo decida un TSJ es que, en el primer caso, el juez dictará la resolución que entienda procedente con arreglo a su único y exclusivo criterio. En el segundo caso no diré que la decisión sea sesgada, sólo diré que, el presidente del órgano que decide, no ha sido nombrado en virtud de un procedimiento exclusivamente basado en los principios del mérito y la capacidad, sino que ha sido sesgado por criterios que parecen mucho menos nobles.

Esta es la forma en que el poder político trata de infiltrarse y controlar la administración de justicia y este es el plan que Partido Popular y Partido Socialista diseñaron y explicitaron en el siglo XX en su libro negro de la justicia. Su idea es que, en lugar de jueces que hacen lo que les da la gana, haya «Tribunales de Instancia», cada uno con su presidente debidamente elegido, que se comporten de forma más «ordenada» a juicio del poder político, naturalmente.

Los poderes políticos no pueden controlar a 5000 jueces que han accedido a su puesto compitiendo con fundamento en los principios de mérito y capacidad y es por eso que, desde el siglo pasado, tratan de someterlos a una disciplina fundada en una jerarquía como la que les he contado que pudiera existir en los TSJ. El poder político busca establecer el momio de los tribunales de instancia no por eficacia (absolutamente nula) sino porque es la forma más eficaz de controlar a esa caterva de jueces díscolos que tienen la mala costumbre de fallar los procesos según su independiente criterio.

Para poder establecer los tribunales de instancia es fundamental reducir el número de partidos judiciales al mínimo posible aunque ello signifique alejar la administración de justicia de los ciudadanos. Esa reducción buscada por los partidos firmantes del libro negro conviene a las grandes corporaciones (dificulta el acceso de los consumidores a los juzgados), conviene a los grandes despachos (sólo necesitan 52 sucursales y no 433) pero, sobre todo a quien conviene, es a los partidos autores del actual estado de cosas.

Es por eso que el ministro Caamaño trató de reducir los partidos judiciales y es por eso que Gallardón trató de que sólo hubiese juzgados en las capitales de provincia; Catalá «especializó» los juzgados hipotecarios y los llevó a las capitales de provincia y ahora Campo vende su «oficina de justicia» en lugares como Lerma, que, curiosamente, tiene juzgado. Todo por allanar el camino de los tribunales de instancia, todo por mejor controlar la justicia.

Unos trataron de hacerlo a las bravas (Gallardón) otros poco a poco (Caamaño, Catalá), otros subrepticiamente (Campo), pero, aunque sus formas hayan sido distintas, todos los titulares de la cartera de Justicia han sido en esencia fieles creyentes de la doctrina fijada por el necronomicón judicial pactado en el siglo pasado por Partido Popular y Partido Socialista.

Por eso yo no afirmaría que todos los ministros de justicia han sido malos, inútiles o ineptos. Ciertamente y de cara al interés general su gestión ha sido nefasta pero es que no creo que el interés general haya sido su objetivo; creo más bien que su objetivo es el ánimo de controlar la administración de justicia que dio forma al libro negro de la justicia al que sirven.

Es triste decirlo pero la realidad es que no existe en España consenso alguno en relación con lo que debería ser nuestra administración de justicia, lo único que existe es una voluntad política perpetua y constante de controlarla y es eso lo que irrita a quienes, poco a poco, van tomando conciencia de ello.

Tarde triste de agosto

Cuando a final de agosto llegan días frescos y el fin de las vacaciones se asoma amenazador no puedo dejar de recordar a Gil de Biedma y su «Noche triste de octubre» y pienso en todos aquellos que encaran el nuevo año laboral con la incertidumbre de un nuevo confinamiento, un cierre o un despido; y en todos los que no quieren mirar una cuenta corriente que va a empezar a devolver recibos y una tarjeta de crédito con los límites agotados.

Definitivamente parece que sí, que el invierno que viene será duro y que los responsables de organizar esto —infames veraneantes de un agosto extraño— no han elaborado ningún plan que vaya más allá de autojustificarse, buscar cabezas de turco y esperar que otros hagan el milagro y las cosas dejen de venir mal dadas.

Sí, cuando llega el final de agosto siempre recuerdo la…

Noche triste de octubre, 1959. Jaime Gil de Biedma.

«Definitivamente parece confirmarse que este invierno
que viene, será duro.

Adelantaron
las lluvias, y el Gobierno,
reunido en consejo de ministros,
no se sabe si estudia a estas horas
el subsidio de paro
o el derecho al despido,
o si sencillamente, aislado en un océano,
se limita a esperar que la tormenta pase
y llegue el día, el día en que, por fin,
las cosas dejen de venir mal dadas.

En la noche de octubre,
mientras leo entre líneas el periódico,
me he parado a escuchar el latido
del silencio en mi cuarto, las conversaciones
de los vecinos acostándose,
todos esos rumores
que recobran de pronto una vida
y un significado propio, misterioso.

Y he pensado en los miles de seres humanos,
hombres y mujeres que en este mismo instante,
con el primer escalofrío,
han vuelto a preguntarse por sus preocupaciones,
por su fatiga anticipada,
por su ansiedad para este invierno,
mientras que afuera llueve.

Por todo el litoral de Cataluña llueve
con verdadera crueldad, con humo y nubes bajas,
ennegreciendo muros,
goteando fábricas, filtrándose
en los talleres mal iluminados.

Y el agua arrastra hacia la mar semillas
incipientes, mezcladas en el barro,
árboles, zapatos cojos, utensilios
abandonados y revuelto todo
con las primeras Letras protestadas.»

Ama a tus enemigos

Ama a tus enemigos

Conceptos como perdonar a quien te ofende o amar al prójimo e incluso al enemigo nos parecen, con frecuencia, preceptos propios de nuestra religión (la de cada uno, entiéndaseme) olvidando que las religiones no salen de la nada y que, en su mayor parte, no son más que una reelaboración de mitos anteriores para adaptarlos a nuevas peculiaridades emergentes.

Ayer, mientras investigaba los antecedentes mesopotámicos del «Libro de Job» y el llamado «problema del mal», me encontré con este fragmento que no me resisto a transcribirles:

«No holgazanees donde haya una disputa, porque en la disputa te tendrán como observador.  Luego, te convertirán en testigo y te involucrarán en una demanda para afirmar algo que no te incumbeEn caso de disputa, aléjate de ella, ¡ignórala!  Si surge una disputa que te involucra, cálmate.  Una disputa es un pozo cubierto [una trampa], un muro que puede cubrir a tus enemigos;  recuerda lo que uno ha olvidado y hace una acusación contra un hombre.  No devuelvas el mal a tu adversario;  paga con bondad al que te hace mal, haz justicia a tu enemigo, sé amigo de tu enemigo.

Dar comida para comer, cerveza para beber, conceder lo que se pide, proveer y tratar con honor.  En esto dios se complace.  Es agradable para Shamash, quien le pagará con su favor.  Haz cosas buenas, sé amable todos los días

El texto es una traducción del profesor J.S. Arkenberg de una obra conocida como los «Consejos de un padre Acadio a si hijo» o como los «Preceptos Acadios» y su fecha de creación es circa del 2200 AEC (la traducción del inglés al castellano es mía). Para que se hagan una idea, este fragmento está escrito XXII (veintidós) siglos antes del nacimiento de Cristo y está más alejado de él en la historia que el propio Cristo de nosotros. Para Cristo, de haber conocido este texto, sería mucho más viejo que los evangelios para nosotros.

Por solo darles otra referencia, cuando este texto se escribió faltaban doce siglos aún para que el Antiguo Testamento siquiera empezase a insinuar sus primeros trazos.

La voz de este padre acadio nos llega a través de cuatro mil años de historia y no puedo evitar cierto estremecimiento al oírla.

Kintsugi

Kintsugi

Las redes sociales obligan a ofrecer una visión amable de uno mismo. Ir por ahí contando penas públicamente es amargar al prójimo y eso al ser humano no le gusta hacerlo ni padecerlo. Así las cosas, gracias a Facebook, a Instagram y a todas estas herramientas tecnológicas que usamos para fabricar y mostrar a los demás la mejor de nuestras caras, las redes sociales se han convertido en una empalagosa pasarela de posados y postureos.

Andaba yo pensando esto mientras contemplaba unas fotografías de obras de arte «kintsugi», una técnica nacida en Japón sobre el año 1400 y que sostiene que no hay que ocultar las reparaciones, que estas forman parte de la historia del objeto y que por tanto hay que dejarlas visibles. Los artistas japoneses del kintsugi reparaban sobre todo cuencos de té y otros objetos cerámicos usando de lacas y polvo de oro y esa forma de reparar llegó a ser tan apreciada que, pronto, muchos rompían sus vajillas para mandarlas a reparar.

En la actualidad el kintsugi inspira muchas formas de arte occidental. Hoy ya se fabrican los objetos con la reparación hecha en origen y son algunos de los objetos que ven en las fotografías, pero a mí me interesa sobre todo está que sigue, porque representa otro interesante aspecto del arte japonés: el «wabi-sabi».

El wabi-sabi es un término estético japonés que describe un tipo de visión estética basada en «la belleza de la imperfección». Dicho punto de vista está frecuentemente presente en la sociedad japonesa, en forma de elementos de aspecto natural o rústico que aparecen en los objetos cotidianos y eso es lo que ilustra perfectamente la primera de las fotografías donde se ve, reparado con la técnica kintsugi, una taza de té de piedra hori-mishima.

No, la imperfección no disminuye la belleza, la cicatriz no afea, sólo nuestro empalagoso y azucarado empeño en parecer perfectos resulta insufrible.

Ius y yoga

Ius y yoga

Mi amigo Luis Morillo hoy me ha recomendado yoga, mucho yoga, lo que quizá él no sepa es que llevo bastante más de 30 años dedicándome a algo muy parecido al yoga: el derecho.

Sí, «yoga» y «ius» son palabras hermanas y derivan ambas del vocablo indoeuropeo *HieH3u “unir”, raíz de la que proceden, además de ius y yoga otras muchas palabras.

En primer lugar esta raíz tiene el significado de “unir” al cocinar y, por eso, no es extraño que la palabra “sopa” se diga en latín, precisamente, “ius” (sacad vuestros diccionarios de latín y comprobad que sopa, en latín, se dice «ius»). Por eso, si ustedes algún día visitan Pompeya y ven escrita en las paredes de alguna taberna la expresión “ius olitorium”, no piensen que están en presencia de algún tipo de derecho como el “ius puniendi” o el “ius maletractandi”; lo que la expresión anuncia es una humilde menestra: una sopa de verduras.

El “ius” se esconde casi siempre bajo las palabras que indican unión. Así, el artilugio que unce a los bueyes es el “yugo” (iu)go, los animales unidos forman una “yunta”, cuando nos unimos a otra persona la llamámos “cónyuge” con(iu)ge y, la unión de todos los vecinos de un municipio da lugar al “ayuntamiento” a(iu)ntamiento. El ius es, pues, ése vínculo que mantiene unida a la sociedad o ese vínculo que une al alma con la divinidad en el caso del yoga.

Así pues yoga y ius nos remiten a un vínculo y dan lugar a un amplio campo semántico que comprende, entre otros, los sustantivos para “derecho” en latín (ius), avéstico (yaož) y sánscrito (yos). Con el sufijo -t-o, resulta iustus “el que actualiza la noción de ius”, o sea, “el que observa el derecho”, de donde de donde “justo, recto”, palabra de la que deriva a su vez el sustantivo iustitia “justicia”, justo al contrario de que pensaba Ulpiano. Finalmente (con rotacismo, esto es, paso de -s- intervocálica a -r-) ius es origen del verbo latino iuro “jurar”.

Me sorprende que, a muchas personas que han consagrado su vida al estudio del derecho, nunca les haya picado la curiosidad de saber qué significa exactamente «ius». Ahora que lo sé veo a los juristas como cocineros que tratan de mezclar todos los ingredientes en la proporción justa, cuidando la cocción a la temperatura adecuada y procurando que todos los sabores armonicen.

En la foto les muestro a Triboniano durante uno de los pocos descansos que pudo tomarse mientras redactaba el Digesto.

Caeteris paribus: la historia de Caín y Abel

Caeteris paribus: la historia de Caín y Abel

Estoy leyendo estos días una interesantísima tesis doctoral (¿les he dicho que la Internet es maravillosa?) en la que me encuentro con frecuencia con la expresión latina «ceteris paribus».

«Cæterīs pāribus», frecuentemente escrita como caeterīs, cēterīs o céteris páribus, es una locución latina que significa literalmente «manteniéndose las demás cosas igual» y que se parafrasea en español como «permaneciendo el resto constante».

En ciencias se llama así al método en el que se mantienen constantes todas las variables de una situación, menos aquella cuya influencia se desea estudiar y, a mi juicio,es una valiosa herramienta para desentrañar complejos problemas. Por eso, hoy, mientras reflexionaba sobre la vieja historia bíblica de Caín y Abel, se me ha ocurrido que, quizá, usando este método, podría averiguar las razones del crimen si alteraba una variable de la historia y mantenía (ceteris paribus) las demás constantes. La historia creo que la conocen todos ustedes pero, por si no es así, se la recuerdo: Caín y Abel son los hijos de Adàn y Eva, la primera pareja de humanos creada por Yahweh segùn la Biblia. Caín, el Mayor, es agricultor y Abel, el menor, es pastor.

En un momento dado Caín y Abel hacen un sacrificio a Yahweh; Caín le ofrece los mejores frutos de su trabajo y Abel las mejores reses del suyo. Yahweh aprecia la ofrenda de Abel, más no hace lo mismo con la de Caín; quien, enfermo de celos e ira, asesina a su hermano.

Los celos y la ira son terribles pasiones humanas, eso lo sabemos, pero ¿Por qué habría de preferir Yahweh la ofrenda de Abel frente a la de Caín? ¿Por qué Yahweh desaira de esta forma al mayor de los hermanos siendo así que este le había ofrecido sus mejores frutos?

Les ruego que no pierdan el sentido del humor y tratemos de usar del método ceteris paribus.

Dado que la historia ofrece muy pocas variables a alterar comencemos con la más significativa: las distintas profesiones de los hermanos. Uno agricultor y otro pastor.

Si pensamos en Yahweh como un dios de pastores, su preferencia por Abel estaría predeterminada de antemano. Piensen en un Abel bético y un Caín sevillista, la preferencia por los logros, por las ofrendas de uno u otro, dependerá de si el Yahweh de nuestra historia es verdolaga o palangana. Si Yahweh fuera bético —como muchos sevillanos creen— no cabe duda de que aceptaría las ofrendas de Abel y haría ascos a las de Caín. Y viceversa, no se me vayan a enfadar los parroquianos de Nervión.

Si la única variable de esta historia es la distinta profesión de Caín y Abel no cabe duda de que Yahweh tenía que sentir favoritismo por los pastores en detrimento de los agricultores. ¿Y era eso así?

El momento histórico en que este relato se enmarca es ese en el que el hombre ha aprendido a cultivar la tierra. De un pasado nómada de cazadores recolectores que trashuman por el desierto con sus rebaños (eso y no otra cosa es Abraham) se está pasando a un presente donde los seres humanos se vuelven sedentarios, se establecen en unos mismos lugares y aparecen las primeras ciudades y estas ciudades, para esos nómadas que viven en tiendas y vagan por el desierto con sus rebaños de cabras y ovejas, son usualmente focos de pecado y corrupción.

Es a la historia de Sodoma y Gomorra, de Nínive y Babilonia e incluso de la misma Jerusalén: la corrupción y el pecado se asocia a las ciudades (sedentarismo) la nobleza y la pureza de espíritu al desierto (nomadismo).

Por no contarles ejemplos bíblicos conocidos sobre la relación del pecado y las ciudades permítanme recordarles un interesantísimo ejemplo de esta tensión neolítica entre nómadas y sedentarios, entre pastores y agricultores. La encontramos en el libro del profeta Jeremías, capítulo 35, versículos 1-10. Dice así:

  1. Palabra de Jehová que vino a Jeremías en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo:
  2. Vé a casa de los recabitas y habla con ellos, e introdúcelos en la casa de Jehová, en uno de los aposentos, y dales a beber vino.
  3. Tomé entonces a Jaazanías hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, a sus hermanos, a todos sus hijos, y a toda la familia de los recabitas;
  4. y los llevé a la casa de Jehová, al aposento de los hijos de Hanán hijo de Igdalías, varón de Dios, el cual estaba junto al aposento de los príncipes, que estaba sobre el aposento de Maasías hijo de Salum, guarda de la puerta.
  5. Y puse delante de los hijos de la familia de los recabitas tazas y copas llenas de vino, y les dije: Bebed vino.
  6. Mas ellos dijeron: No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Recab nuestro padre nos ordenó diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos;
  7. ni edificaréis casa, ni sembraréis sementera, ni plantaréis viña, ni la retendréis; sino que moraréis en tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días sobre la faz de la tierra donde vosotros habitáis.
  8. Y nosotros hemos obedecido a la voz de nuestro padre Jonadab hijo de Recab en todas las cosas que nos mandó, de no beber vino en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos ni nuestras hijas;
  9. y de no edificar casas para nuestra morada, y de no tener viña, ni heredad, ni sementera.
  10. Moramos, pues, en tiendas, y hemos obedecido y hecho conforme a todas las cosas que nos mandó Jonadab nuestro padre.

Estos recabitas no eran un clan cualquiera, eran el clan que habïa permanecido siempre fiel a Yahweh mientras el resto de Israel caía en la idolatría y eran quienes habían ayudado al gran profeta Elías en sus luchas con los idólatras. Era pues hebreos «pata negra» y, como buenos hebreos pata negra, habían obedecido los mandatos de Jonadab, hijo de Recab, de no beber vino, de no edificar casas para su morada y de no tener viñas, ni heredad, ni sementera.

Los recabitas son un ejemplo fabuloso de lo que era Abel: no conocían la propiedad de la tierra (no tenían heredad ni se apropiaban de ella sembrándola) y no vivían en casas sino en tiendas… como Yahweh. Porque, bueno es recordarlo, Yahweh es el Dios de un pueblo sin tierra que vaga por el desierto, que camina al lado de ellos que vive en una tienda (el «Tabernáculo») que se monta y se desmonta cada vez que el pueblo se pone en marcha cargando sus textos sagrados dentro de un arca.

Los pueblos sedentarios y agrícolas tenían dioses mucho más relacionados con la lluvia, el rayo, las nubes y las estaciones que Yahweh (al final y al cabo esas eran las principales necesidades de los agricultores) y no es de extrañar que los israelitas acaben adorando a Baal o al sol en cualquiera de sus sofisticadas versiones egipcias o mesopotámicas en cuanto se hacen sedentarios y se dedican a la agricultura. Yahweh en ese momento deviene en un dios poco útil para enfado de los profetas y de los redactores del Pentatéuco para quienes el desierto siempre será el lugar preferido de Yahweh, donde se aparecerá o hablará a los hombres y a donde los hombres se retirarán buscando el contacto con él.

Se han escrito mil explicaciones de la incomprensible historia del crimen de Caín, desde las psicoanalíticas de Freud y Jung a las más personales de Herman Hesse o José Saramago. A mí juicio el relato ilustra las tensiones producidas en un momento clave de la historia de la humanidad: el del nacimiento de la agricultura, el sedentarismo y la civilización.

Seguramente no me crees pero, (este es mi último y definitivo argumento) si eres aficionado a las películas del oeste, sin duda recuerdas esas películas que ilustran las tensiones entre vaqueros (cow-boys) y agricultores; estos colocan alambradas, vallan la tierra, impiden el desplazamiento de las manadas de ganado e incluso introducen ganado menor (ovejas) que cambia el hábitat y modo de vida de los cow-boys que, naturalmente, tratan de resolver el problema usando de su herramienta preferida: el revólver.

Es otra versión de la historia de Caín y Abel.

¡Esos son del B6!

¡Esos son del B6!

El submarino B6 era el orgullo del arma submarina española. En 1927 había batido el récord mundial de permanencia en inmersión al permanecer sumergido 72 horas, para entonces una hazaña increíble.

El sumergible, de aquella, lo mandaba el teniente de navío Pablo Ruíz Marcet pero, para el diario «La Voz de Guipúzcoa», el papel más llamativo de la gesta correspondía a un «morrosko» eibarrés, Domingo Zenarruzabeitia, experto levantador de piedras y que había asombrado a la tripulación levantando en el Arsenal de Cartagena más de 300 kilos de metal. Su amigo y compañero de tripulación, el donostiarra Pedro Garín, contaba que, en uno de los peores momentos de la inmersión y con el ambiente ya muy cargado de CO2, se hizo preciso machacar unas piedras de potasa para depurar el aire, cosa que el bueno de Domingo Zenarruzabeitia hizo durante dos días usando dos lingotes de 50 kilos cada uno. Dicen que durante el trabajo nunca dejó de sonreír.

Otro de los tripulantes destacados del sumergible, según el diario citado, era la mascota del submarino: un canario extremadamente sensible al enrarecimiento del ambiente y en el que la tripulación confiaba más que en los aparatos detectores.

Aclara «La Voz de Guipúzcoa» que lo que más halagaba el amor propio de la tripulación —según contaba Pedro Garín— «era el interés que despertábamos en las calles de Cartagena. Nada puede satisfacernos tanto como el oir a nuestro paso la frase: «Ese es del «B6″».

El fin del B6 sin embargo fue mucho menos alegre y mucho más dramático. El B6, junto con el resto de la flota submarina española, permaneció leal a la República; sin embargo buena parte de la oficialidad era férrea partidaria de los sublevados y esta fue la causa de su fin.

El 15 de septiembre de 1936 zarpó el B6 de Cartagena con destino a Bilbao. Había sido “recuperado” para mandarlo el alférez de navío Oscar Scharfhausen Kebbon, un conocido partidario de los sublevados pero que, ante la falta de oficiales cualificados, fue puesto al frente del sumergible si bien bajo la vigilancia, como segundo, del maquinista Juan Cumbrera.

Benito Sacaluga” en su blog, cuenta que el 19 de septiembre de 1936, tras diversas maniobras sospechosas del comandante Scharfhausen, este logró sabotear el barco dejando abierta la válvula del acústico, de forma que hizo creer a la tripulación que el submarino se estaba hundiendo y provocó de este modo su salida a superficie.

Allí le esperaban los bous armados “Galicia” y “Ciriza” que abren fuego contra el sumergible. No obstante su inferioridad este respondió al fuego con su único cañón de cubierta y lo hizo con tal precisión que alcanzó al “Galicia” varias veces causándole daños y bajas pero, cuando se disponía a cañonear al “Ciriza”, apareció a toda máquina el destructor «Velasco» contra el que, en superficie, nada podía hacer el submarino el cual, pronto, recibió un cañonazo que destrozó su sala de máquinas poniéndolo fuera de combate.

La única forma de entregar un submarino al bando contrario fue la elegida por Scharfhausen: salir a superficie en medio de tres barcos adversarios. El submarino no podía pelear en superficie contra estas unidades que, de haber estado sumergido, jamás le hubiesen detectado al carecer de medios técnicos para ello. No obstante, los planes de entregar el submarino al bando contrario fueron frustrados por el Auxiliar 2º de Electricidad Juan Heredia Rodríguez y el Cabo de Artillería Pascual Crespo que se ocuparon de abrir las válvulas del buque mandándolo a pique y hundiéndose ellos mismos con la nave.

El resto de la tripulación fue rescatada y juzgada en el Ferrol en el sumario 127/1936. Fueron condenados a muerte unos y, otros, eludieron el paredón con penas de cadena perpétua. Diez de los treinta y siete tripulantes fueron fusilados en la Punta del Martillo del arsenal ferrolano y el resto, quedaron presos.

El comandante Scharfhausen no, el comandante Scharfhausen fue —naturalmente— absuelto e incorporado en calidad de oficial a la flota de Franco. Se cuenta que se propaló el rumor de que también había sido fusilado para que su “viuda” recibiese una pensión de la República, pero la realidad es que estaba vivo y ahora combatía para el bando contrario.

Ayer pude examinar la lista con la dotación completa del sumergible el día de su hundimiento y pude confirmar lo que buscaba: la identidad del Auxiliar 2º Maquinista.

Vivió para contarlo.

¿Es imposible que tengamos un buen ministro de justicia en España?

¿Es imposible que tengamos un buen ministro de justicia en España?

Hay algo que empieza a preocuparme: ¿Es que es imposible tener un buen ministro de justicia? (Hilo)

Gallardón fue un nefasto ministro. Prometió independencia judicial y cuando llegó al poder lo primero que hizo fue recortarla en contra de lo prometido en su programa electoral.

Impuso unas infames tasa judiciales que impidieron el acceso a la justicia de los menos poderosos, trató de concentrar los jueces en tribunales de instancia para su mejor control y reducir los juzgados y partidos judiciales a 52 privando de justicia cercana a 2/3 de los españoles

Por supuesto mantuvo el presupuesto en justicia gratuita en los mismos niveles del siglo pasado.

Cuando Catalá llegó su mayor mérito fue detener las infames medidas de su antecesor. Impuso una digitalización vergonzosa y convirtió en crónica la enfermedad de LexNet, un mal sistema que se pretendió hacer pasar por bueno y que nos atrasa respecto del mundo civilizado.

Catalá, a pesar de una ridícula subida en presupuesto de justicia gratuita, mantuvo sus presupuestos en niveles del siglo pasado y dejó una administración de justicia impropia de un país europeo. La independencia judicial nunca fue su objetivo y mantuvo la politización.

Cambio de gobierno pero no cambio de ideas. La ministra Dolores Delgado, en su breve ejecutoria no modificó de ninguna forma la reforma de Gallardón y, por supuesto, mantuvo el presupuesto en justicia gratuita en los niveles que lo encontró.

Y cuando llega el actual ministro el fantasma de Gallardón parece haberse apoderado de él. Por supuesto de independencia judicial ni hablamos, todo está bien como está. De justicia gratuita ni un duro más pero, eso sí, vuelve a sacar el momio de los tribunales de distancia.

Enfrentado a una crisis que colapsará la justicia no reclama más presupuesto sino «reformas organizativas» esperando que la situación de crisis le permita hacer a él lo que Gallardón no consiguió, cancamusa de oficinal judicial mediante.

De paso monta un fangal indecente con las vacaciones de los abogados que, finalmente, no puede resolver aduciendo que él (y las cámaras) tienen que irse de vacaciones (como suena) y, por supuesto, de justicia gratuita ni un duro y la digitalización muy bien, gracias.

Y llegados a este punto uno se pregunta: ¿Por qué es imposible que España tenga un ministro de justicia medianamente presentable? ¿Es por que faltan personas capaces en España?

No, en España no faltan personas capaces, donde faltan personas capaces es en los partidos mayoritarios. Pero no capaces de preparadas o inteligentes, sino capaces de poner encima de la mesa del Consejo de Ministros las necesidades de la Justicia Española de forma terminante.

En los partidos no se llega alto discrepando se llega alto obedeciendo y, desde el siglo pasado, la voluntad de los partidos mayoritarios ha sido controlar la justicia (voluntad plasmada en su ominoso «libro negro») y a ese fin se han plegado todos los ministros habidos.

¿Está pues España condenada a sufrir malos ministros sean estos del oartido que sean?

Sí, en tanto la agenda secreta y el «libro negro» de la justicia no se reescriban en favor de una justicia independiente, cercana, accesible y para todos.

Importa que no nos conformemos.

Importa que los jueces no se conformen con el sistema de elección del CGPJ y no participen en su juego trucado. Lo de «cambiar las cosas desde dentro» es un motete que ya no se puede repetir sin rubor. Hace tiempo que ese sistema fracasó si es que pudo servir alguna vez.

Importa que los abogados no se conformen y busquen una alternativa al actual estado de cosas con una «representatividad orgánica» inspirada en una ley de 1974 con exposición de motivos digna de una galería de los horrores.

Pero sobre todo importa que los ciudadanos no se conformen: la justicia es a la vida en sociedad lo que la verdad es a los sistemas científicos. Sin verdad no hay avances y sin justicia no hay vida digna de ser vivida.

Hay que derribar los trampantojos montados por quienes quieren una justicia inane y liberar a esa justicia que vive en los corazones de la muchísima buena gente que ha consagrado su vida a ella en servicio de sus conciudadanos.


PD. Si recuerdas algún ministro de justicia bueno puedes dejarlo en los comentarios. Pista: yo no pensaría en ninguno después del año 2000.

El primer hombre de la historia

El primer hombre de la historia

Hace ya un tiempo les hablé de la primera mujer de la historia cuyo nombre se conoce, la sacerdotisa y poeta Enheduanna.

Tras hacerlo pensé que, quizá, no estaría mal investigar quién fue el primer hombre conocido de la historia y hoy la suerte me ha favorecido: el pasado 17 de agosto el Daily Mail informaba de que, en Londres, se había subastado una tableta de arcilla sumeria (de Uruk) en la que aparecía la primera firma reconocida de la historia. El adquirente pagó 175.000£ (195.000€) por esta tableta de arcilla de 8 por 8 centímetros.

Que documentos como este anden en manos privadas y no en museos a disposición de la humanidad es algo en lo que prefiero no entrar ahora por no perder el buen humor, aunque esto es algo que merece una reflexión seria. Pero sigamos.

En la fotografía están marcadas las dos sílabas que componen el nombre del firmante de la tablilla: Ku-Sim. Al revés que Enheduanna, cuyo nombre ya no se usa, Ku-Sim es todavía un nombre popular en Mesopotamia.

Y si la primera mujer de la historia era poeta ¿a qué podía dedicarse el primer hombre conocido de la historia?

Conociendo la condición masculina no es difícil imaginarlo.

La tablilla de barro tiene 5000 años (datada en el 3100 AC) y el primer documento de la historia firmado por un hombre contiene…

Una receta para hacer cerveza.

Nihil novum sub solem.