En Cartagena hemos perdido todas las guerras… O casi.

Ya durante la segunda púnica nuestra ciudad fue punto de partida de la ofensiva carthaginesa y principal centro logístico de las tropas de Anibal hasta el punto de que la estrategia romana, tras perder una interminable lista de batallas en la península itálica, fue marchar a la península ibérica y contraatacar sobre nuestra ciudad en el 209 AEC. La suerte de la civilización se jugó a los pies de nuestras murallas y… perdimos.

Tras varios siglos de dominio romano unos foederati germanos (los visigodos) fueron instaurados en el poder por un imperio de occidente moribundo aunque el emperador de Constantinopla mandó a nuestra ciudad a las fuerzas imperiales de Patricio Liberio que recuperaron para el imperio romano nuestra ciudad y una extensa franja de tierras en el sureste que constituyeron la «Provincia de Spania». Fueron los tiempos de buenos obispos como Liciniano y de santos trascendentales para la historia de la humanidad: Leandro, Fulgencio, Florentina e Isidoro. Pero tras casi un siglo los visigodos volvieron y Suintila atacó nuestra ciudad. Y de nuevo perdimos.

Y fuimos visigodos contra los musulmanes… Y perdimos. Y fuimos musulmanes contra los cristianos… Y perdimos. Y fuimos españoles contra los franceses (aquí milagrosamente no perdimos) y fuimos liberales contra los Cien mil hijos de San Luís (y volvimos a perder) y fuimos republicanos federales contra el mundo en 1873 y volvimos a perder y fuimos el último enclave militar en ser tomado en nuestra guerra civil… Otra que perdimos y ahí tienen las ruinas de la vieja catedral de Santa María para comprobarlo.

Sí, hemos perdido todas las guerras (o casi) pero, desde el 209 AEC al 1939 EC nuestra ciudad ha estado en todas las guerras jugando un papel importante cuando no decisivo en ellas y es por eso que, aunque no hayamos ganado —casi— ninguna guerra, sí que nuestra ciudad se ha ganado un puesto preeminente en la historia de la península ibérica, de Aníbal a la Legión Cóndor, un puesto del que pocas ciudades de España pueden alardear.

A mí, de las muchas derrotas de mi ciudad, me gusta recordar las mantenidas en defensa de la libertad como en esos tiempos en que Torrijos (el General Torrijos) mandó esta plaza.

Obviamente cuando Torrijos y sus compañeros fueron fusilados como consecuencia de su intentona liberal en la playas de Málaga, también había cartageneros allí. Entre los fusilados, claro.

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