El moje ¿Murciano o Manchego?

El moje ¿Murciano o Manchego?

«Res ipsa loquitur», decían los romanos, las cosas hablan por sí mismas, decimos nosotros y justamente eso he sentido yo este mediodía cuando el camarero me ha traído el plato de mojete murciano que ven en la foto.

Mojete Murciano, Moje, Moje Manchego, ensalada murciana, todos estos nombres designan una y la misma cosa (vid. wikipedia) una preparación hecha a base de tomate partido a trozos pequeños (con o sin piel), cebolla finamente picada (preferiblemene cebolleta), olivas negras o de cuquillo, huevo duro, aceite de oliva virgen y atún de lata (no bonito). Se puede sustituir el atún por bacalao un poco asado y troceado o por capellán troceado y, según la experiencia por mí acumulada en los últimos 63 años, este moje es más común realizado con tomate de bote pelado o escaldado. Yo no recuerdo que me lo hayan servido jamás con tomate natural en ninguna casa de comidas.

Y es que, como les dije, «res ipsa loquitur», las cosas hablan por sí mismas y por más que los murcianos llamen «mojete murciano» y los albaceteños «moje manchego» a este plato es lo cierto que se trata de la misma cosa, al igual que hasta hace apenas 42 años Murcia y Albacete formaban parte de una única y la misma región.

Sin embargo en 1982 Albacete decidió separarse de Murcia e iniciar su camino por separado, todo un siglo XIX de reticencias al centralismo murciano (un día les hablaré de la estancia de la Audiencia Territorial de Albacete en Cartagena) y una cierta doble identidad llevaron a Albacete a abandonar a un antiguo vecino y cambiarlo por otro más prometedor. De ser la tercera ciudad de la Región de Murcia por población (la superan Murcia y Cartagena), Albacete pasó a ser la ciudad más poblada de Castilla-La Mancha, había que elegir: o cola de gato o cabeza de ratón. Y eligieron.

Yo, que soy de Cartagena, disfruto de este plato como de un plato exótico y tanto me da si en la carta reza que el moje es manchego o resulta ser murciano el mojete.

Sólo pienso que, con tantas cosas como nos unen, es penoso que la caterva de políticos que tenemos en la región hagan que muchos cartageneros envidien a los albaceteños y su exitosa salida de naja.

Siempre nos quedará el mojete. (O el moje).

Olvidando pasados y destruyendo futuros

Olvidando pasados y destruyendo futuros

Hoy, 12 de julio de 2023, se cumplen 150 años de la sublevación republicana y federal que dio lugar al Cantón de Cartagena.

Ninguna institución oficial de la Región de Murcia lo va a conmemorar, ni para su gloria ni para su execración.

La presencia de la Región de Murcia en la historia de España tiende a ser residual. De hecho, si consideramos el término «Historia de España» como ese período histórico que abarca desde la Constitución de Cádiz de 1812 —primera vez que la «Nación Española» es mencionada como protagonista político— hasta nuestros días, la presencia de nuestra región no parece haber sido demasiado relevante.

La imagen general de lo que sea la historia de España para la población ha venido en buena medida influenciada por la obra colosal de Don Benito Pérez Galdós —los «Episodios Nacionales» que, muy apropiadamente, comienzan con la batalla del Cabo Trafalgar y la invasión francesa de 1808— en la cual la Región de Murcia es un personaje absolutamente irrelevante de no ser por qué, Don Benito, relata minuciosamente y de forma por cierto magistral, los sucesos ocurridos durante el Cantón de Cartagena, un movimiento por el que Don Benito no puede ocultar sus simpatías.

Llama la atención que el suceso más relevante ocurrido en la Región de Murcia (sí, el Cantón no sólo fue cosa de cartageneros ¿o hemos olvidado el papel esencial del huertano y diputado Antonete Gálvez?), llama la atención, digo, que el suceso históricamente más relevante ocurrido en nuestra región desde que la nación española es elevada a la categoría de protagonista político, sea minuciosamente olvidado por nuestro gobierno regional y aún municipal.

Pueden ustedes denostar una sublevación que acabó con el 80% de la ciudad destruida tras feroces bombardeos, pueden ustedes censurar un movimiento que pretendía imponer desde abajo una república federal en España, ferozmente laico, donde se reconoció el derecho al divorcio, a donde acudieron en defensa de los más dispares ideales bakuninistas y anarquistas de toda laya al igual que miembros de la recién derrotada Comuna de París (un suceso de importancia mundial), simples republicanos federales y una población en gran medida inocente.

La Región de Murcia ha carecido de toda identidad política hasta que, abandonada por la provincia de Albacete, se constituyó en comunidad autónoma uniprovincial tras la Constitución; sin bandera (hubo que inventarla) y sin himnos (todavía hay que inventarlo), lo peor que le ocurre a esta Región es que carece de ninguna identidad compartida y no porque no la tenga —la tiene y podría repartir identidad entre las comunidades autónomas de España— sino porque sus políticos, obsesionados con la identidad capitalina, son incapaces de leer ni de siquiera intuir cuán profunda es la identidad de esta tierra.

Con estos políticos y con esta visión de nuestra región la Región de Murcia jamás tendrá un lugar en el pasado al que todos podamos mirar con orgullo y, lo que es peor, jamás tendremos un lugar en el futuro al que mirar con esperanza.

Lo ocurrido en Cartagena hace 150 años puedes condenarlo o puedes elogiarlo, ambas posturas y todos los matices intermedios son legítimos, lo que no puedes hacer es olvidarlo y tratar de que todos lo olviden: eso retrata a cualquier político como un indigente cultural.

Yo no soy nacionalista, yo no creo que existan esos entes a los que llamamos «naciones» y que tienen una identidad propia y distinta de los habitantes de un territorio, entidades en nombre de las cuales hablan personad que, como los venales sacerdotes de otros tiempos, nos dicen lo que la patria «quiere» o qué es y qué no es patriótico. Las naciones son un producto existoso del romanticismo político y son una entelequia tan irreal como los dioses y los reyes «por la gracia de dios» que antes nos gobernaban; las naciones son no más que un relato pero tan eficaz como lo han sido antiguos textos sagrados.

Y dicho esto mi sensación es que quienes nos han gobernado de 1978 aquí, ciegos por la miopía que les impide ver más allá de uno solo de los municipios de esta región, han sido incapaces no ya de imaginar una entidad política moderna y alejada del romanticismo político del que hablo sinp incapaces de hacer algo mucho más sencillo: descubrir y potenciar las brutales señas de identidad de este trozo de tierra del sureste de la península ibérica que, desde Diocleciano, formó una unidad política por muchos motivos protagonista de la historia de nuestra península y del mundo, aunque por entonces no se conociese la palabra «Murcia».

No siempre se cumplen los 150 años de una efeméride y si ni el gobierno regional de mi comunidad ni el municipal de mi ciudad son capaces de recordar el suceso en lo bueno y en lo malo que tuvo lo único que puedo colegir de todo ello es que ninguno de los que nos gobiernan está capacitado para forjar un futuro ilusionante y en el que quepamos todos los habitantes de esta región.

La catedral y la concatedral de esta diócesis

La catedral y la concatedral de esta diócesis

Uno de los dos edificios que ven estas fotos es una catedral, el otro es una concatedral.

Ayer, mientras tomaba fotos en la Plaza de Belluga de Murcia, recordaba la insistencia de mi amigo Juan Francisco López Sánchez (Cartagena 1961), quien siempre que hablo de la «Catedral de Murcia» me corrige y me dice «concatedral, que no catedral», y en abono de sus tesis me aporta documentación oficial tanto de la jerarquía eclesiástica como civil. Y sí, la Catedral de esta diócesis es el segundo edificio que ven: las ruinas de una iglesia bombardeada por la aviación franquista durante la guerra civil.

A mí, de todas maneras, la concatedral de Murcia siempre me ha impresionado y su imafronte me sume siempre en reflexiones sobre lo que fue, es, sea o deba ser, esta región.

Si observan ustedes los elementos decorativos de este imafronte verán que lo que él se muestran son motivos mayoritariamente de esta región pero todos ellos ajenos a la ciudad en que se exhiben: santos cartageneros (Isidoro, Leandro, Florentina, Fulgencio…), la Cruz de Caravaca…

Cartagena, Lorca, Cehegin, Jumilla… Las ciudades de esta región existen y han convivido desde la noche de los tiempos en este trozo de tierra al que Diocleciano llamó Distrito Carthaginense, pero Murcia, la actual capital, llegó tarde, pues llegó con los árabes de forma que, al no tener ningún pasado cristiano, echó mano de los del resto de la Región para decorar la «catedral» (mi amigo Juan Francisco notará las comillas) que hoy conocemos.

La Catedral, en cambio, construida con piedras del viejo teatro romano, sede metropolitana y muchos sostienen que primada de España (hay un documento falso de la época de Gundemaro que la traslada a Toledo) hoy yace en ruinas bombardeada durante la guerra civil por los aviones de quienes decían defender la fe.

¿Comprenden que me dé por pensar?

Voz de uno voz de todos

  Hoy se ha votado en la Asamblea Regional de Murcia la proposición no de ley que, para acabar con los efectos de la ley de tasas, la Brigada #T venía presentando en todos los parlamentos autonómicos. Ciudadanos nos ayudó presentándola, entre otros varios lugares, en Andalucía (esta fue la primera) el PSOE nos ayudó presentándola, entre otras comunidades, en Euskadi y Navarra y Podemos, hoy, era quien la defendía en la sede del Parlamento Regional en Cartagena.

Así que hasta allí me he ido y he tenido el placer de presenciar cómo a veces la magia de la democracia deja sentir su ilusión primigenia. 

Cuatro abogados se han subido a la tribuna, María (por Podemos) que defendía la moción con su escarapela #T en el pecho, Miguel (por Ciudadanos) que la apoyaba leyendo una carpeta con un logotipo #T enorme, Joaquín (por el PSOE) que también la apoyaba y había introducido unas enmiendas e Isabel (por el Grupo Popular) que es el que ostenta el gobierno en Murcia.

Cuatro abogados hablando de una ley que afecta a la justicia ¿quieren creer que con  verles tan en abogado a los cuatro ya sabía que el resultado estaba escrito? Porque son abogados, porque saben de qué hablan y porque por encima de las diferencias partidistas hoy estos diputados no venían a hacer política sino a hacer lo que la ciudadanía esperaba de ellos.

Voz del pueblo, cuatro voces y en ellas la voz de todos. La moción se ha aprobado por unanimidad.

Gracias diputados, gracias por el cariño con que me habéis tratado a mí, a mi colegio y a todos los colegios de esta Región, pero sobre todo gracias porque hoy todos habéis cumplido con vuestro deber sin duda alguna.

Todos están en la foto y así debe ser aunque se muevan. La próxima unanimidad, estoy seguro, tendrá que ver con la Ciudad de la Justicia para Cartagena porque así debe ser, porque queremos, porque podemos y porque sabemos. Gracias de nuevo, es bonito sentir estas cosas.

Voz de uno, voz de todos.