Ojalá que llueva café

Los políticos son una máquina inacabable de producir mensajes vacíos formalmente irreprochables, eso sí.

—¡¡Por la paz en Ucrania!!

Vale, sí, eso lo queremos todos, pero ¿cómo quieres lograrlo? ¿quieres que se rinda Ucrania? ¿O quieres que se rinda Rusia? ¿quieres mandar armas a unos u otros? ¿o prefieres dejar sin suministros a unos a otros o a ambos?

Pedir la paz es la tipica vaciedad que nadie puede criticar y que, ante los incautos, puede incluso otorgarte una cierta pátina de hombre/mujer de estado; pero pedir la paz sin decir cómo lograrla es algo tan inane como pedir que llueva café.

—¡¡Contra el paro fomentaremos el empleo!!

Que sí chavales, que sí, que el paro es malo y el empleo bueno, que eso lo sabemos y lo queremos todos; lo que necesitamos no es alguien que nos diga que el empleo es bueno sino alguien que tenga voluntad, buenas ideas y un plan para conseguirlo.

Tras seis meses de huelga de la justicia (seis), tras medio año con los juzgados casi paralizados, ahora la abogacía institucional ha descubierto que es mejor que la justicia funcione a que esté parada, un descubrimiento genial al que nadie sino un genio podría haber llegado.

Y es por eso que ahora, tras seis meses de huelgas, cuando la abogacía real está en la calle y manifestándose por la insoportable situación económica, viene la abogacía institucional a decirnos que hemos de manifestarnos «para que se reactive la justicia».

Ojalá que llueva café.

Vamos a ver, líderes, lideresas y lideresos, pues claro que todos queremos que la justicia funcione, como todos deseamos la paz en Ucrania o el pleno empleo, eso es una obviedad, pero lo que se exige de quien lidera una protesta es que fije su plan para conseguir que llueva café si es que es café lo que pide.

¿Quieren ustedes que el gobierno se siente a negociar? ¿Cómo es que entonces no presiona usted en pleno periodo electoral para que lo haga? ¿quiere usted que los funcionarios levanten la huelga? ¿Por qué no lo dice explícitamente y traslada a la opinión pública los perjuicios que la huelga causa?

Hacer una manifestación «porque la justicia funcione» es tan inútil como hacer una manifestación «contra el hambre en el mundo»; si quieres acabar con el hambre comienza por recolectar alimentos.

Ocurre que, tras seis meses de manifestaciones de una abogacía harta, seis meses durante los cuales el Consejo General de la Abogacía Española ha preferido mirar hacia otro lado, meter la cabeza en el suelo para no ver y hasta boicotear las legítimas manifestaciones de abogados y abogadas, ocurre que, tras todo eso, la líder del CGAE y sus corifeos se han dado cuenta de que han perdido toda iniciativa entre la abogacía real, que los deseos y aspiraciones de la abogacía ya no los representa ni los canaliza CGAE, que, desde hace cinco años, desde que Victoria Ortega Benito preside el Consejo, este organismo se ha convertido en el imaginario de los abogados y abogadas reales más en un problema que en una solución.

CGAE no produce ideas y si las produce son desactivadas por su cúpula, más preocupada en ocultar dietas, escándalos presupuestarios y obvenciones poco justificables que en solucionar los problemas que afectan a la mayoría de abogados y abogadas de España.

Ahora, pidiendo que «se reactive la justicia» (pidiendo que llueva café) una petición tan blanca y pura que todo el mundo debe estar de acuerdo, pretenden aparentar recuperar una iniciativa que perdieron hace mucho. En realidad tras la manifestación convocada no hay ningún plan para acabar con la huelga y ni siquiera este es el objetivo perseguido por la líder y sus corifeos; el objetivo es otro mucho menos beatífico y menos confesable: el objetivo es presentar las movilizaciones como una muestra de capacidad de liderazgo y poder así mantenerse en una presidencia sin más fin que la autocomplacencia y el onanismo institucional.

Cooptación

Cooptación

Pasado mañana 83 decanos elegirán su presidenta y digo presidenta porque estas elecciones no encierran ninguna sorpresa: el resultado ya está escrito.

El Consejo General de la Abogacía Española (CGAE) es un órgano compuesto por los decanos de los 83 colegios de abogados de España, desde Madrid (40.000 abogados) a Tafalla, Tudela o Estella (entre 40 y 100 abogados). Todos los votos valen lo mismo de forma que el voto de los decanos de Estella y Tafalla, que teóricamente representan a menos de 200 colegiados vale el doble que el del decano de Madrid que, teóricamente, representa a 40.000.

Para ganar las elecciones hacen falta 42 votos y para ello hay que convencer a 42 decanos; sin embargo la convicción se produce de diversas formas y ahí se esconde el diablo.

En primer lugar debe usted saber que la presidenta ha elegido a su libre albedrío hasta 9 vicepresidentes. Sí, ha oído usted bien, si se queja de que el gobierno de @sanchezcastejon tiene muchas vicepresidencias CGAE tiene el doble.

No necesito decirle a quién van a votar esas personas, si votan adecuadamente (es decir continuismo) con casi total seguridad seguirán en el cargo. Creo que no necesito decirle más.

Pero la presidenta no solo ha nombrado a los 8 vicepresidentes, también ha nombrado a los cargos de las muchas comisiones y subcomisiones que «funcionan» en el CGAE. Adivinen a quién van a votar estas personas.

Por supuesto la presidenta ha nombrado también a su secretario general, ha propuesto también a los patronos de la fundación, ha condecorado, ha comisionado…

Si a usted le resultan sorprendentes el sinnúmero de saraos, placas, condecoraciones, reconocimientos, homenajes, puestos visibles en conferencias y demás quincalla pseudoaristocrática que tienen lugar entre muchos de los miembros de CGAE tras esta explicación ahora lo entenderá usted mejor: uno no vota en contra de quien le ha concedido o ha favorecido la concesión de una distinción.

El CGAE, pues, más que ser un órgano deliberante es una especie de macroejecutivo donde todos los cargos los reparte una sola persona: la presidenta. Una buena parte de los electores, pues, llegan a estas elecciones siendo parte del equipo de la presidenta y, siendo parte de su equipo, quedan incapacitados para toda autocrítica. Usted puede reconocer a cualquiera de estos «apparatchiki» porque, cuando usted le diga que CGAE funciona mal, él responderá indefectiblemente: «Funcionamos bien pero no sabemos transmitirlo». De nada servirá que usted le responda que CGAE tiene un buen número de periodistas en nómina, que gasta una buena cantidad de dinero en community managers que les escriban los tuits a la presidenta y en newsletters y revistas. A pesar de que gastan en comunicación centenares de miles de euros (que pagamos todos) ellos insistirán en que «no saben transmitir».

Con toda esta cantidad de cargos y prebendas repartidos por la presidenta pueden ustedes imaginarse que el resultado de las elecciones está cantado y pueden ustedes entender también por qué, tras cuatro años catastróficos para la abogacía, pueda repetir como presidenta la principal responsable del desastre.

Es por eso que estas elecciones no me interesan lo más mínimo: porque ya conozco su resultado. Si quieres conocer la verdad de como funciona CGAE es bueno que te des una vuelta por la cuenta de uno de los candidatos @DecanoManoloH

Por eso, si alguien le dice a usted que CGAE cambiará desde dentro, no le dé mucho crédito, es lo que dice quien va a cooperar con la anquilosis. Para cambiar las cosas es necesaria una reforma de la Ley de Colegios Profesionales de 1974 (sí, de 1974, de cuando Franco).
#cooptación

Y en todo caso recuerde que CGAE no solo representa a los abogados que, como tú y como yo, compañero, trabajamos en pequeños despachos o trabajamos como empleados de bufetes, sino que representa también, a esos grandes bufetes, justo como en el antiguo sindicato vertical.

Y aunque tú, compañero, pienses que, por ser nosotros, los pequeños, más, importaremos también más, es bueno que salgas tu error y recuerdes que del ilegal congreso de Valladolid la única opinión que saltó con fuerza a la prensa fue la de los grandes despachos. Y no es el de Valladolid un caso aislado, cuatro años antes el Congreso de Vitoria fue un homenaje al fundador de uno de esos grandes despachos.

Sabiendo esto puedes entender ahora por qué la actual presidenta ni siquiera ha presentado en público un programa: simplemente porque no le hace falta.

Ella necesita los votos de los consejeros, tú, en estas elecciones, no cuentas.

Obscenidad y cooptación

La etimología de la palabra «obscena» es dudosa y se han ofrecido respecto de ella múltiples versiones. De entre todas, la que más me gusta (nótese que digo «la que más me gusta» y no «la más acertada») es la que se atribuye en unos lugares a D.H. Lawrence y en otros a Philip Matyszak.

Según esta versión que les refiero, la palabra «obscena» derívaría de una especie de compuesto de las palabras «ob» y «skena» y se referiría a aquello que sucede en las representaciones teatrales, no en la escena, sino fuera de ella por razones de moralidad.

Se non è vero, è ben trovato: todos conservamos en la memoria muchos de esos trucos escénicos y cinematográficos que permiten que el espectador sepa que algo ha ocurrido en la obra (un asesinato cruel, un adulterio…) pero sin mostrarlo explícitamente a sus ojos. Como nos dice Cervantes en el Quijote (II, 59) «de las cosas obscenas y torpes, los pensamientos se han de apartar, cuanto más los ojos» y es por eso que en el teatro del mundo las cosas que repugnan suelen ocultarse.

A mí, no sé por qué, cuando hablo de obscenidad, suelen venirme a la mente todo tipo de procesos electorales. Seguramente, mi memoria, guarda el recuerdo de todas esas elecciones que he vivido en las que, mientras los candidatos decían una cosa, trabajaban en secreto justamente por la contraria. ¿Quién no recuerda a Felipe González defendiendo la salida de la OTAN para trabajar luego por permanecer? ¿Quién no recuerda a Gallardón prometiendo independencia judicial para hacer justo lo contrario en cuanto le nombraron ministro?

En España estamos acostumbrados a estos obscenos juegos de manos; pero nunca deja de sorprender cómo se nos sigue tratando de engañar con ellos. Me explico.

En fechas pasadas alguien ha convocado elecciones a la presidencia del Consejo General de la Abogacía Española; y digo «alguien» porque, a día de hoy, aún no están disponibles las actas del último pleno tras el que se anunció la tal convocatoria, por lo que no es posible saber si las elecciones las convocó la presidenta, el pleno o el vigilante de seguridad de la puerta y, créanme, no es esta cuestión sin importancia pues podría determinar la nulidad de la convocatoria. Lo que se haya hecho, de momento, está oculto, obscenidad le llaman.

No sabemos qué se discutió en el pleno, pues es secreto, no sabemos que opinó cada consejero, pues se mantiene en secreto, la presidenta no se ha dignado aclararnos por qué adelanta las elecciones, eso lo mantiene en secreto e, incluso, con excepción de un candidato, ninguno ha presentado ni siquiera un conato de programa electoral: no sabemos para qué quieren ser presidentes/as ni lo que piensan hacer si son elegidos, a lo que se ve eso es también secreto.

Se puede disculpar a los candidatos que no tengan preparado un programa debido a lo sorpresivo de la convocatoria y a lo perentorio del plazo pero ¿Y a la presidenta?

Ella promovió la convocatoria de elecciones ¿Y lo hizo sin motivo y sin tener un programa preparado? ¿Es de recibo que alguien se presente siquiera sea a presidente de su comunidad de propietarios sin anunciar lo que quiere hacer? ¿Tan poco respeto democrático nos queda?

No se engañen, claro que tiene programa, pero es un programa obsceno; es decir, un programa secreto y esto puede ser así porque el Consejo General de la Abogacía Española, además de por el principio de obscenidad, se gobierna por el sistema de cooptación.

Se llama cooptación a un sistema consistente en llenar las vacantes que se producen en el seno de una corporación mediante el voto de los integrantes de ella y esta es la forma en que el Consejo General de la Abogacía Españoma elige a su presidenta. Esa presidenta que luego se arrogará la representación de los más de 140 mil abogadas y abogados de España es elegida por el voto de tan sólo 83 decanos, decanos que, por supuesto, no han recabado la opinión de sus iguales simplemente porque no podrían hacerlo: ¿Qué dirán que pretende hacer cada candidato si —con excepción de uno— no hay programas que presentar?

El programa de la presidenta no lo conoceréis pues es obsceno, existe tan sólo en su mente y ni siquiera lo conocen por completo aquellos que por su interés personal —ya lo contaré en otro post— van a votarle.

Obscenidad y cooptación son las dos claves de estas elecciones a la presidencia del CGAE; como podéis imaginar, con tales ingredientes, es casi imposible que pueda resultar nada bueno.