Las cruces de mayo y el islam

Las cruces de mayo y el islam

Se está celebrando en muchos lugares de España la fiesta de las cruces de mayo y —visto que en lugares como Cartagena esta fiesta no tiene más profundidad que la de un macrobotellón para mayor ganancia de los hosteleros— me van a permitir que aproveche la ocasión para decirles que esta fiesta de las cruces de mayo es un buen momento para establecer los orígenes del islam.

Y, como alguno de ustedes habrá comenzado a trasudar con esta afirmación de que el islam tiene su origen en la fiesta de la cruz de Cristo, antes de seguir adelante le ruego que me lea con indulgencia y me dé tiempo a explicarme.

Vayamos, pues, al turrón sin mayor dilación.

La fiesta de las cruces de mayo conmemora el descubrimiento de la cruz de Cristo por la madre del emperador Constantino; es decir, la madre del emperador que convocó el concilio de Nicea para fijar la ortodoxia católica.

Recordemos lo que pasó en este concilio y las consecuencias que tuvo para la cristiandad.

Hasta el concilio de Nicea no había una versión oficial del cristianismo, antes al contrario, coexistían muchas versiones de la fe cristiana. A poco que hayan leído ustedes sobre el tema recordarán que para el tiempo en se convocó el concilio de Nicea había al menos una versión del cristianismo en plena efervescencia: el arrianismo. Para un cristiano arriano Jesucristo es el Hijo de Dios, procedente del Padre, pero no es eterno, sino engendrado por el Padre antes que Dios creara el tiempo. De esta manera, Jesús no sería coeterno con Dios Padre, si bien habría empezado a existir fuera del tiempo, en tanto el tiempo se aplica solamente a las creaciones de Dios. Hay que destacar que los arrianos no se denominaban a sí mismos de esta manera, y se trata de un término empleado por los autodenominados ortodoxos.

Obviamente un arriano no se llamaba a sí mismo arriano sino simplemente cristiano, el nombre de «arrianos» se lo colocó la facción trinitaria vencedora en Nicea.

Antes de este cristianismo arriano ya habían existido —y en muchos casos aún perduraban— otras versiones del cristianismo como es el caso del cristianismo de Marción cuya doctrina afirmaba la existencia de un verdadero Dios, desconocido y ajeno al mundo, revelado por Jesús, al cual se oponía un ser inferior, el demiurgo, a quien identifica con Yahveh, el dios de los judíos. Alegaba que la Ley mosaica era imperfecta y contraria a las enseñanzas del evangelio por lo que rechazaba la Biblia judía y en general las creencias y prácticas del judaísmo. Compiló por vez primera las epístolas escritas por Pablo de Tarso y las publicó junto a una versión modificada del Evangelio de Lucas. Se considera por ello a Marción el inventor del concepto de Nuevo Testamento.

Pensar que en los siglos IV-V-VI había un solo cristianismo es tan erróneo como creer que el cristianismo era una doctrina circunscrita a los límites del imperio romano. Había cristianos en el imperio romano, sí, pero también los había en el imperio persa, en arabia y muchos otros lugares. Para que se hagan una idea, en el siglo VIII (siglo del nacimiento del islam) la difusión del cristianismo nestoriano llegaba desde Arabia hasta la China.

Con todo esto en mente piensen ustedes ahora cuáles podían ser las consecuencias geopolíticas del Concilio de Nicea y su decisión de que un solo cristianismo —el trinitario— fuese el oficial dentro de los confines del imperio romano.

La primera consecuencia, obviamente, fue la derrota de todos los cristianismos no trinitarios (arrianismo, docetismo, gnosticismo, nestorianismo…) dentro del imperio lo que, paradójicamente, produjo un alivio evidente entre los imperios vecinos al imperio romano. En el imperio persa, por ejemplo, se dejó de mirar a los cristianos con recelo cual si fuesen una «quinta columna» del imperio romano, pues sus cristianos no eran trinitarios sino nestorianos y el Concilio de Nicea no hizo sino expulsar a los cristianos no trinitarios del imperio y potenciar los cristianismos derrotados en Nicea dentro de los límites del Imperio Persa, némesis del imperio romano, que acabó viendo a los cristianos nestorianos como «sus» cristianos.

Guarden en la memoria este dato porque la divinidad de Jesucristo, el trinitarismo de Nicea y todas las controversias cristianas en torno a la figura del Hijo, están en el origen de esa religión judeo-cristiana a la que se acabará conociendo como islam siglos más tarde.

Pero, por ahora, volvamos a la madre de Constantino, Elena, y a su descubrimiento de la cruz de Cristo origen de la fiesta de las cruces de mayo.

Ni que decir tiene que el «descubrimiento» de la más sagrada reliquia de la cristiandad tuvo consecuencias geopolíticas inesperadas por entonces.

Según los datos ofrecidos por los historiadores de la época, en torno a los años 325-327 Elena vigilaba las labores de desmantelamiento del foro occidental de un templo consagrado a Afrodita. Mientras se realizaban estos trabajos, se encontraron las tres cruces, los clavos y el titulus crucis (el letrero mandado poner por Pilato a la cruz). Elena misma, al volver a Roma, decidió que la cruz fuera partida en dos de manera que una parte de ella pudiera trasladarse a la capital del imperio partiendo el titulus crucis también en dos con idéntica motivación.

Las otras dos mitades de la cruz y su titulus quedaron en Jerusalén, dominado entonces por el imperio romano aunque no lejos del «limes» con el imperio persa, auténtica némesis de los romanos y con quien se sucedieron siglos de guerra y tensiones.

El clímax de la tensión entre persas y romanos llegó en el año 613 en que los persas invadieron Jerusalén y aniquilaron du guarnición. El rey persa Cosroes II Abharwez (el Victorioso) mandó entonces al obispo de Jerusalén deportado, junto con las reliquias de la cruz, a la ciudad de Ctesifonte, cerca de Bagdad.

La reacción romana como pueden imaginar fue violentísima y entre el 613 y el 627 tanto el Imperio Persa como el Imperio Romano (bizantino) se desangraron atrozmente en una guerra sin cuartel que les dejó absolutamente extenuados.

Fue en ese mundo del imperio persa extenuado, poblado por cristianos monoteístas no trinitarios y plagado de evangelios no reconocidos por la iglesia trinitaria (apócrifos) donde acabó arraigando un siglo más tarde esa religión que otro siglo después conoceremos como islam.

En el 627, tras la batalla de Nínive, el emperador romano Heraclio recupera la santa reliquia y en un desfile triunfal la devuelve a Jerusalén, quedando desangrados ambos imperios.

Pero el dominio romano de Tierra Santa estaba condenado a extinguirse, extenuados por la guerra contra los persas apenas una década después, en el 638, Jerusalén fue conquistada por un tal Umar ibn al-Jattab en el año 638.

¿Quién era este hombre y quiénes los soldados que le acompañaban?

Nuestra primera tendencia es decir que eran musulmanes pero les ruego que conserven en la memoria dos datos: el primero es que hasta el año 750 no existe ningún texto que nos hable de la existencia de ningún profeta llamado Mahoma (Muhammad); el segundo es que hasta el año 800 no podemos hablar con propiedad de una religión llamada islam.

Y sin embargo… Sin embargo para el año 691 estos recién llegados a Jerusalén habían construido en la explanada del viejo templo de Yahweh un nuevo templo sagrado conocido hoy día como «la cúpula de la roca». Si todavía no había una edición del Corán ¿qué textos la decoraban?

La respuesta les sorprenderá: ese lugar santo para los musulmanes no contiene versículos del Corán, su epigrafía nos habla de Jesucristo y de su Madre la Virgen María aunque dejando bien claro que Jesucristo, santo y profeta, no es hijo de Dios ni es Dios porque Dios no tiene ni necesita hijos.

Un nestoriano lo firmaría en el acto.

Al tiempo que dentro de la cúpula ya no hay iconos ni imágenes al otro lado de la frontera, todavía dentro del imperio romano, la revolución iconoclasta sacudía al imperio. Siendo clara la prohibición de representar imágenes de dios el emperador empleaba su furia en destruir imágenes algo en lo que los nuevos ocupantes de Jerusalén parecían estar totalmente de acuerdo.

A esos recién llegados se les llamó de muchas formas: judíos ismaleitas (descendientes de Ismael el primer hijo de Abraham), se les llamó también agarenos (descendientes de Agar, la madre de Ismael), se les llamó judíos del desierto y a la fé que les movía se la consideraba una forma de judaismo propia de los habitantes del desierto. Aunque hablaban en árabe su lengua de cultura seguía siendo el griego y era así como leían a Aristóteles y al resto de filósofos griegos… El estado de extenuación en que quedó el imperio persa tras la guerra contra el imperio romano a cuenta de la cruz de Cristo les permitió extenderse por todo él sin esfuerzo y los romanos apenas si pudieron escapar a ser ocupados por estas nuevas poblaciones.

El Concilio de Nicea, la definición de una ortodoxia, la expulsión de los heterodoxos, la condena de unos evangelios creídos pero no autorizados fueron el caldo de cultivo y los mimbres con que elaborar una nueva religión judeo-cristiana. Las guerras a cuentas de la Cruz en que murió Jesús desangraron a los imperios dominantes y permitieron que estos heterodoxos, estos judíos del desierto, ismaelitas, agarenos o como usted prefiera llamarles, pudieran ocupar simplemente los territorios que dos estados exhaustos ya eran incapaces de controlar. Apenas un siglo después, no antes del 800, a su creciente conjunto de creencias se le llamó islam y el resto es historia.

Y todo porque Elena, un día, encontró la Cruz mientras su hijo Constantino fijaba una ortodoxia que es justo lo que celebramos hoy con las cruces de mayo.

Seguramente ismaelitas o agarenos podrían esgrimir mejores razones que nosotros para celebrar esta fiesta.