El gambito ucraniano

El gambito ucraniano

Hoy he leído que, en un periódico norteamericano, llamaban a la guerra de Ucrania «gambito».

Gambito (del italiano «gambetto» —zancadilla—) es una forma clásica de juego en ajedrez en la que uno de los bandos ofrece un sacrificio material a cambio de iniciativa, desarrollo o alguna otra clase de ventaja.

La forma clásica de defenderse de un gambito es aceptar el sacrificio —si es que se trata de un gambito real— para más adelante devolver el material ganado a fin de igualar las posibilidades dinámicas.

¿Qué quiere decir la prensa norteamericana cuando habla de este «Gambito Ucraniano»?

La verdad no lo sé, ni siquiera sé si el periodista es un buen jugador de ajedrez, pero me ha llamado a considerar toda la guerra de Ucrania como un gambito ofrecido por occidente a Rusia y que esta ha aceptado.

Parece evidente que Rusia, a cambio de la ganancia material, ha perdido muchas posibilidades dinámicas y se enfrenta a una batalla larga con ganancia material —sí— pero en peor posición estratégica. No me cabe duda de que alguien en Moscú está buscando la mejor forma de devolver el gambito, Rusia ha sido tradicionalmente la gran potencia ajedrecística mundial y no les van a faltar estrategas que entiendan bien este tipo de posiciones aunque, todo hay que decirlo, la tradicional hegemonía rusa, en los últimos años ha sido puesta en cuestión por el indiscutible número uno mundial, el noruego Magnus Carlssen… O sea que, si de ajedrez se trata, la superioridad rusa ya no es tan clara frente a occidente.

Y… Si quieren algo más de oscuridad en el análisis de este gambito tampoco podemos perder de vista que el actual campeón mundial es…

Chino.

Ding Lireng (conocido en España como «Cuidading Lirén» debido al fértil ingenio del Gran Maestro Pepe Cuenca y a la inspiración celestial de Chiquito de la Calzada) se proclamó campeón del mundo tras de que Magnus Carlssen renunciase a defender su título.

Si al final resulta que el campeón mundial es chino ¿quién está dando el gambito?

El criptoéxodo chino

El criptoéxodo chino

Recientemente el gobierno chino, tal y como era esperable dada su naturaleza antidemocrática, ha ordenado el cierre de las instalaciones mineras de bitcoin en China y tal medida ha provocado una importante convulsión en el mundo de las criptomonedas.

En primer lugar ha provocado una caída del precio del bitcoin pues todos estos mineros se han visto obligados a vender sus reservas en bitcoin para financiar su salida del país y trasladar sus instalaciones a otros países. China albergaba casi el 50% de la minería de Bitcoin y las ventas masivas de sus mineros no podían sino provocar una fuerte caída de los precios.

En segundo lugar la dificultad de minado ha disminuido rápidamente lo que, para los mineros que operan fuera de China, es un regalo del cielo pues, hasta tanto se ajusten de nuevo los diversos parámetros de dificultad su tarea va a ser mucho más rentable.

Y en tercer lugar esta transitoria caida de la actividad minera y la subsiguiente bajada de precio de bitcoin parece haber ofrecido una ocasión magnífica para comprar en rebajas una criptodivisa que puede volver a subir al tiempo que los mineros chinos se van estableciendo en otras jurisdicciones.

¿Estamos ante una peculiar minitravesía del desierto de los mineros chinos o de una nueva reedición de la ruta de la seda?

Es llamativo cómo estos mineros pueden levantar su campamento y trasladarse a otros países con energías baratas y limpias de forna que las principales acusaciones que se hacían al bitcoin (dependencia de China y de las fuentes de energía basadas en el carbón) ha venido a deshacerlas la decisión de un gobierno dictatorial que teme la libertad y prohibe cualquier herramienta emancipadora de la población.

Un régimen como el chino no tiene cabida en el mundo que viene y quienes sigan su ejemplo tampoco tendrán cabida y caerán como cayó la antigua URSS, implosionando en medio de un imparable deseo de libertad.

Es tiempo de libertad. Es tiempo de criptoeconomía.

PD. Este post NO ES CONSEJO PROFESIONAL ni financiero y solo representa la opinión particular de quien lo emite.