¿Tienen los animales sentido de la justicia?

chimpancé

El 26 de mayo pasado la versión electrónica del Daily Mail publicaba un artículo sobre las investigaciones del doctor Marc Bekoff, doctor en etología y experto en conducta animal que trabaja actualmente en la Universidad de Colorado. Sus investigaciones versaban sobre la existencia de conductas morales en los animales. No me resisto a traducirles el artículo aunque, si lo desean, pueden consultarlo en su versión original aquí.

El texto de la noticia dice, más o menos, lo que sigue:

Según nuevas investigaciones realizadas los animales tienen sentido de la moral y pueden distinguir lo correcto de lo incorrecto. Especies que van desde los ratones a los lobos se rigen por códigos de conducta similares a los de los seres humanos, dicen estos etólogos.

Hasta hace poco se creía que los seres humanos eran la única especie capaz de experimentar emociones complejas. Sin embargo, el profesor Marc Bekoff, de la Universidad de Colorado, considera que la moralidad «equipa» el cerebro de todos los mamíferos. Esta moralidad suministra el «pegamento social» que permite a animales a menudo agresivos y competitivos vivir juntos en grupos, dijo. Seguir leyendo «¿Tienen los animales sentido de la justicia?»

¿Los pobres son honestos y los ricos son tramposos?

Richard Dawkins en su libro «El Gen Egoista«, (Salvat Editores, S.A., Barcelona, 1993) plantea a menudo interesantes juegos destinados a explicar cómo el altruismo puede emerger en ambientes absolutamente ajenos al mismo, cuestión esta de la que nos hemos ocupado en otros post de éste blog. Entre estos juegos me resulta particularmente sugerente el que se contiene en la página 210 y siguientes de la edición reseñada y que, por no contar yo lo que él cuenta mejor, dice así: Seguir leyendo «¿Los pobres son honestos y los ricos son tramposos?»

Juegos de microbios.

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Los comportamientos altruistas han sido una de las cuestiones más intrigantes para los estudiosos de la teoría de la evolución; explicar cómo en un entorno egoísta podían resultar exitosos los comportamientos altruistas, no deja de resultar paradójico.

El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha publicado recientemente los resultados de un estudio llevado a cabo por un grupo de científicos con levaduras, aprovechando que en estas, a diferencia de los humanos, al ser unicelulares, su “comportamiento” no está determinado por un sistema nervioso  o un código cultural o racional de conducta:  La conducta de las levaduras es meramente genética.

Estos científicos desarrollaron un experimento que empleaba a las ya citadas levaduras y el metabolismo de la sacarosa, o azúcar común. Seguir leyendo «Juegos de microbios.»

Dicrocoelium dendriticum

Éste parásito de nombre terrorífico vive habitualmente, como muchos otros, en el estómago de los mamíferos; sin embargo, lo que resulta verdaderamente fascinante de él es la forma en que se reproduce y coloniza nuevos estómagos de mamíferos.

En principio el Dicrocoelium dendriticum pone sus huevos en el interior del sistema digestivo de un mamífero, una vaca muy frecuentemente, de donde salen al exterior mezclados junto con las heces. Una vez en el exterior los huevos son comidos por caracoles que, a su vez, tras ciertas transformaciones, también los expulsan al exterior donde suelen ser ingeridos por las hormigas. Hasta aquí quizá normal, pero es en el interior de la hormiga donde se produce un fenómeno fascinante.

El parásito una vez ingerido, toma el control de las acciones de la hormiga mediante la manipulación de sus nervios. Conforme la noche cae y el aire se enfría, la hormiga infectada es llevada lejos de los otros miembros de la colonia por el parásito y obligada a subirse encima de una brizna de hierba, donde permanecerá hasta el amanecer. Después, la dejarán volver a su actividad normal en la colonia de hormigas pues, si la hormiga se somete al calor del sol morirá y, junto con ella, el parásito. Noche tras noche, la hormiga será conducida a la cima de una brizna de hierba hasta que un animal de pastoreo se coma la hoja.

La ingestión acabará con la vida de la hormiga, pero el Dicrocoelium dendriticum habrá alcanzado el estómago del mamífero que será su anfitrión para el resto de su vida.

La forma en que un parásito puede tomar el control de las acciones de un ser vivo e inducirle a una conducta suicida resulta particularmente espeluznante si no fuese porque en el caso de los seres humanos, ideas parásitas y potencialmente suicidas son introducidas en nuestras mentes a tarvés de los más diversos medios. ¿Hablamos de religión? ¿quizá de nacionalismo?

Les dejo con éste video de una conferencia de Daniel Dennet que es una de las disertaciones más lúcidas que he escuchado últimamente.