Felicitaciones hipócritas

Felicitaciones hipócritas

Cuentan que en los hospitales, cuando te reaniman de la anestesia, te llaman por tu nombre «¿Qué tal José?».

Nombrar a las personas, pronunciar su nombre, es un acto parecido a una caricia y es un acto que, desgraciadamente, cada vez practicamos menos. Estos días se llenará tu timeline de whatsapp de felicitaciones estándar en las que aparecerán todos los motivos navideños imaginables pero en las que no aparecerá tu nombre.

Esa repugnante costumbre de mandar felicitaciones masivas a todo el mundo es, seguramente, la mejor forma de decirte que le importas un carajo al remitente, que no va a gastar ni un segundo de su tiempo en escribir las tres letras de Ana, las cuatro de José o las cinco de María.

Llama a los que quieres por su nombre y deséales feliz navidad si es que se la deseas, pero no inundes las redes sociales de bienquedismo hipócrita.

Aunque, bien mirado, es bueno recibir estas felicitaciones anónimas siquiera sea para saber a quién no importas nada, a quien le da exactamente igual si tu navidad es feliz o no.

Hoy me han mandado una felicitación sin trampa y con buen cartón, manuscrita, como debe ser y llena de fondo en las formas. Y me ha hecho una ilusión enorme, hay algo en la palabra escrita que hace de estas felicitaciones una forma de arte, arte pequeño, arte sano.

Lo bueno de estas felicitaciones no es que te deseen felicidad es que ellas, por sí mismas, te la proporcionan. No hace falta que me deseen felicidad, con recibirla ya lo soy.

Hoy es un día feliz, ahora me toca dar las gracias, por supuesto, también de forma manuscrita.