Los alienígenas invasores

No son humanos. No están hechos de la misma sustancia que nosotros, aunque se parezcan a nosotros no son como nosotros, aunque su reino parezca ser de este mundo resulta evidente que ellos pertenecen a otro, son alienígenas venidos de otra galaxia, no te quepa la menor duda.

Estos alienígenas tienen como misión gobernar a la humanidad y someterla a sus dictados para lo cual han creado una peligrosa raza de replicantes que, haciendo gala de indudables habilidades sociales, se infiltran en nuestras estructuras políticas y de poder; han tenido tal éxito en su labor de mezclarse y confundirse con nuestros gobernantes que hay expertos ufólogos que sostienen que TODA nuestra clase política está compuesta por este tipo de alienígenas replicantes.

Sólo hay una forma de distinguir a estos alienígenas de un genuino ser humano y es por su incapacidad absoluta para sentir vergüenza. Por algún error de programación estos replicantes están incapacitados para sentir ni imitar ningún rasgo que lejanamente recuerde a la tan humana sensación de vergüenza. La necesidad de disimular sus pensamientos, la inexistencia de un verdadero sentimiento de solidaridad social que dispare esa rara emoción, la inutilidad de revelar con signos externos el sentimiento íntimo del error, impidió a los programadores dotar a lo replicantes siquiera de los rasgos externos que caracterizan a la emoción de la vergüenza.

No es fácil reconocer a un replicante pero si ustedes se fijan en sus gestos pronto podrán ser unos auténticos «blade runners». Atiendan.

Cuando vean ustedes sonreír a un alto cargo en el Congreso mientras el resto de la cámara vota su reprobación no le quepa duda, con toda probabilidad sea un replicante; cuando alguien en lugar de avergonzarse por la falta y la mangancia propias se engalle y acuse a los contrarios de hacer lo mismo, no le quepa duda, es un replicante; cuando algún gobernante gobierne en contra del pueblo y a favor de la banca y con gesto afable afirme que «es por el bien de los ciudadanos», no lo dude un segundo: es también un replicante.

Quieren adueñarse de la tierra pero la desvergüenza les delata. No, no son de los nuestros, no son humanos, no están hechos de la misma sustancia que nosotros, son replicantes que quieren apropiarse del poder del estado y del patrimonio de todos.

Ahora ya sabes lo que hay, la sociedad está siendo invadida por una raza de replicantes alienígenas y es una guerra sin cuartel: es o ellos o tú. Pero ahora ya tienes una ventaja, sabes distinguirlos, les delata la desvergüenza.
PD. Hoy el presidente del CGPJ Carlos Lesmes y el ministro de justicia han sacado adelante un plan de juzgados únicos provinciales para favorecer a la banca en la tramitación de los procesos por cláusulas abusivas. Ninguno de ambos se ha sonrojado.

Yo no me fiaría de ellos

Va a comenzar 2017 y muchos españoles andan calculando lo que el banco habrá de devolverles a causa de aquel abuso industrializado que se dio en llamar “cláusulas suelo”.

Es tiempo de que se diga: si aquel abuso tiene hoy remedio no fue gracias al gobierno (que defendió la no devolución completa), ni al Banco de España (que miró para otro lado), ni a las Cortes de la Nación (que prefirieron legislar sobre otras cosas), ni al Tribunal Supremo de España (que prefirió causar daño a los ciudadanos para no causarlo a la banca)…

Si este abuso tiene remedio es porque hubo ciudadanos que, a pesar de la jurisprudencia de nuestro Tribunal Supremo, reclamaron. Y porque hubo abogados que confiaron en que el sistema debería funcionar y tramitaron esas demandas. Y porque hubo jueces de a pié (la sagrada infantería) que llevaron la injusticia al Tribunal de Justicia de la Unión Europea y allí, lejos de nuestras fronteras, se decidió algo que en España parecía imposible decidir: que nadie puede aprovecharse de los abusos que comete.

En este asunto quien ha vencido es la tropa, la infantería y quien ha perdido es el gobierno, el Tribunal Supremo, el Banco de España y la patronal bancaria. Sin embargo, no parece que ninguno de quienes estuvieron con la banca y contra los intereses de la ciudadanía vaya a dimitir. Ni siquiera se han sonrojado y, por supuesto, nadie ha pedido disculpas. Por eso, cuando ahora les oigo decir que van a intervenir para solucionar el asunto, sujeto fuertemente mi cartera. Quienes no impidieron que esto pasase, quienes toleraron que pasara, quienes no lo remediaron cuando ocurrió ¿van a encargarse ahora de solucionarlo?… ¡Quiá!. Yo que usted no me fiaría de ellos.

Pues bien; 2017 va a ser un año más feliz que 2016 aunque sólo sea por este episodio doméstico de las hipotecas. Y no va a ser más feliz por el gobierno, ni por los ministros ni por el Tribunal Supremo. Va a ser más feliz porque la gente común, una vez más, ha sabido arreglar sus problemas en contra de las inicuas maneras de los que mandan.

Va a empezar un nuevo año, esperemos que el viento nos sople de espaldas y que, como en el episodio de las cláusulas suelo, los comunes sigamos siendo capaces de solucionar los problemas a pesar de quienes nos gobiernan. Feliz 2017.