La verdad es que no dan una

Una de las formas de evaluar la credibilidad de quienes formulan pronósticos es verificar el grado de aciertos que han tenido previamente, de forma que, ahora que la industria del entretenimiento amenaza con horribles cataclismos económicos si no se lleva a la práctica la Ley SINDE en España o SOPA en Estados Unidos, quizá sea bueno comprobar qué nivel de aciertos han tenido estos profetas en casos anteriores. Comprobémoslo.

En los años 20 la industria del disco predijo que la radio acabaría con ellos si no se tomaban medidas. El argumento era que, dado que la radio era gratis, nadie querría comprar sus discos. No necesito decirles que la radio, finalmente, lo que hizo fue aumentar la venta de discos.

En los años 40 las grandes compañías cinematográficas hubieron de prescindir de su principal canal de distribución -poseían el 50% de los cines en Estados Unidos-. Las cinematográficas predijeron que el fin estaba cercano, sin embargo el número de salas de cine creció en los Estados Unidos de 17.000 en 1948. 38.000 en la actualidad.

Cuando apareció la televisión que, como la radio, era gratuita también se afirmó que era el fin del cine. Ya conocen el resultado.

En los 70 aparecieron los Videos que permitían grabar directamente de la televisión. Los empresarios del sector del cine clamaron que ese era el final de su industria. La publicidad de los lobbys del sector en aquella época fue tremenda en USA. La realidad demostró que la aparición del video hizo que los beneficios del sector se multiplicaran exponencialmente. Gracias al nuevo canal de distribución los ingresos por alquiler de videos superaron los de las salas de proyección.

Con este currículum como profetas quizá no sería malo que tuviesen un poquito más de cuidado a la hora de emitir pronósticos y, sobre todo, algo más de respeto con esas personas de las que viven y a quienes llaman “piratas”.

Las redes P2P no vulneran la Ley de Propiedad Intelectual

Era evidente, pero era bueno y muy necesario que un juez lo dijera. Así lo ha hecho el Juez del Juzgado de lo Mercantil número 7 de Barcelona en el caso del rincondejesus.com al denegar las medias cautelares solicitadas por SGAE. Éste es el texto de la resolución.

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Manta blues

Serían, según el atestado policial, las tres y media de la tarde de un día de enero de este año, cuando una pareja de la policía observó a un indocumentado con una manta en el suelo y diversos efectos sobre ella.

El indocumentado, según consta en el atestado, estaba llamando la atención de los viandantes con “la clara intención de dar salida a la mercancía referida”.

A la vista de tales hechos -y de que probablemente no había nada mejor que hacer- los policías actuantes se acercaron al indocumentado de autos que, enfrascado como estaba en su tarea de “llamar la atención de los viandantes con la clara intención de dar salida a la mercancía referida”, no se percató de la subrepticia llegada de los agentes hasta que los tuvo prácticamente encima.

Tras evaluar sumariamente la situación y a la vista de lo delicado de la misma, el indocumentado, olvidando el ánimo de lucro, abandonó la manta y los efectos que en ella portaba y optó por usar la estrategia que, en términos científico-policiales, suele denominarse como “salir de naja” o “najarse” y que, traducida al lenguaje vulgar, significa literalmente “apretar a correr” o, más precisamente, “salir cagando leches”.

La fuerza actuante, movida por el celo en el cumplimiento de su deber, salió en persecución del indocumentado pero dos circunstancias frustraron inicialmente su intención: La primera que el indocumentado resultó ser un negro de unos dos metros de altura; la segunda que el negro corría a una velocidad tal que habría hecho palidecer de envidia al mismísimo Usain Bolt.

Los agentes, conscientes de la velocidad que desarrollaba el negro a pesar de estar indocumentado y carecer de permiso de residencia, optaron por llevar a cabo una maniobra envolvente aprovechando su superioridad numérica y así, mientras uno le perseguía sin demasiadas posibilidades de alcanzarlo, el otro solicitaba refuerzos y trataba de cerrarle el paso aprovechando la disposición de las calles y callejones por las que estaba escapando el interfecto.

Pero un interfecto como el de autos no es un interfecto cualquiera; el interfecto de nuestra historia no es un interfecto de chicha y nabo, no, el interfecto de nuestra historia es, como todos los interfectos que protgonizan estas historias, un interfecto de élite.

Para que se hagan una idea: Nuestro interfecto salió de Senegal andando para buscar trabajo y una vida mejor, atravesó tres o cuatro paises, un par de selvas y un desierto; apostó la vida a cara o cruz en una patera, jugó al ratón y al gato con la Guardia Civil en una playa de Almería y, finalmente, como hay que comer y más cornás da el hambre, acabó vendiendo los CD’s de unos sinvergüenzas por los mercadillos; para comer, mire usted señor abogado, porque cuando eres ilegal no puedes trabajar y si no puedes trabajar entonces ya todo da lo mismo; hagas lo que hagas, siempre, es ilegal; hasta trabajar, hasta vivir.

Por eso, esa tarde de enero, el interfecto de nuestra historia decidió que no le apetecía pasar el fin de semana en los calabozos de la comisaría de policía (y quien sabe si algunos meses más en la prisión) y, en lugar de entregarse, apretó a correr.

La persecución se desarrolló como en las mejores películas, con el interfecto trepando a los techos de las casas y tratando de huir por los tejados; pero en esta ocasión no tuvo suerte. Finalmente fue alcanzado por dos policías que afirman que el interfecto opuso fuerte resistencia consistente en empujones, agarrones y hasta puñetazos en el costado de uno de ellos. La resistencia acabó cuando nuestro interfecto fue derribado, engrilletado y detenido. Según la policía, claro.

Ahora el fiscal pide para el interfecto 3 años y 8 meses de prisión, multa de 15 meses (que seran siete meses y medio más de prisión si, como parece, el acusado no la puede pagar) y accesorias por dos delitos, uno contra la propiedad intelectual y otro de atentado.

En fin…

La nota simpática en todo éste asunto la ponen asociaciones defensoras de la justicia y el bien común como la SGAE que,como no podía ser menos, ha reclamado que el interfecto pague los dinerillos que pudieran corresponderle.

Piratas y corsarios (II): Cómo atacan los corsarios. | José Muelas

Piratas y corsarios (II): Cómo atacan los corsarios. | José Muelas.

Ya comenté hace algún tiempo que si copiar archivos sin autorización permitía a la industria llamar a los ciudadanos “piratas”, nada obstaba entonces a que los ciudadanos llamasen a las entidades de gestión “corsarios” (ver “piratas y corsarios“) al dedicarse ellos a la misma actividad salvo que con la debida autorización legal.

Hoy me gustaría hablarles de las estrategias que desarrollan estos “corsarios” para perseguir a quienes ellos denominan “piratas” y, para ello, nada mejor que empezar enumerando los efectivos que componen la marina “corsaria” y su despliegue estratégico. Seguir leyendo “Piratas y corsarios (II): Cómo atacan los corsarios. | José Muelas”