Portugal no coração

Portugal no coração

Portugal —dicen— va a bajar los impuestos y muchos nómadas digitales se preparan para comer bacalhau y cantar el fado allende el Tejo o Tras os Montes.

Hay quien se toma a broma el asunto pero yo no, los de esta parte de la península debiéramos haber aprendido hace tiempo que a Portugal nunca se le debe tomar a broma pues ha sido allí donde, casi siempre, se ha marcado el destino de la península ibérica en los últimos 500 años.

Fueron los portugueses quienes se empeñaron en ir a comprar especias en barco al lejano ortiente y forjaron tantos y tan buenos navegantes que los castellanos, fichándoles a Colón y Magallanes, marcaron los dos mejores goles de su historia.

Por lo que a mí respecta mi primer recuerdo de Portugal data de 1974, cuando mis compañeras de clase llegaron un 25 de abril con claveles rojos al colegio y nos ordenaron ponérnoslos. Obviamente yo no entendía aquella petera de mis compañeras pero, como a esa edad uno siempre hace caso a las mujeres, me lo coloqué.

En 1974 en España gobernaba Franco pero en Portugal la dictadura había caído un año antes y eso lo averigüé gracias a las miradas de pánico de mis profesores y al indisimulado cabreo del profesor de FEN que me llevaron a investigar qué narices significaban aquellos claveles que nuestras compañeras de clase nos ordenaron colocarnos como si fuésemos cantantes folcklóricas.

Hoy vuelve a ser 25 de abril, fecha de aquella revolución en que Portugal acabó con la dictadura merced a un golpe de estado militar, tan cívico y poco violento que los fusiles disparaban flores y las columnas de blindados respetaban los semáforos en rojo. Dicen que la señal de comenzar el golpe la marcó la emisión radiofónica de una canción que hablaba de una tierra de fraternidad donde era el pueblo el gobernante supremo (o povo é quem mais ordena).

En el resto de la península se trató de imitar a los portugueses pero eso no ocurrió sino cinco años después y cuando Franco ya llevaba tres muerto.

No, no se tomen a broma jamás a un portugués, en el resto de la península nunca hemos hecho nada tan bien ni tan pronto como lo han hecho ellos y, cuando lo hemos hecho, lo hemos hecho con mucho menos estilo. Por eso, cuando a ellos se les hinchan las lusitanas narices y le recuerdan a sus parlamentarios que «o povo é quem mais ordena» yo me acuerdo de aquel 25 de abril de 1974 y del terror que pueden llegar a infundir unos claveles.

Españoles somos todos

La frase «falai de castelhanos e de portugueses, porque espanhóis somos todos…» (habla de castellanos y de portugueses, porque españoles somos todos…) se atribuye a Luís de Camões, el autor de «Os Lusíadas», la obra épica portuguesa por antonomasia. La wikipedia, por su parte, recoge como de Almeida Garrett (escritor portugués) la siguiente cita

«Españoles somos y de españoles nos debemos preciar cuantos habitamos la península ibérica. España y Portugal es tan absurdo como si dijéramos España y Cataluña. A tal extremo nos han traído los que llaman lengua española al castellano…»

No es pues extraño que reyes de Portugal como Alfonso V no tuviesen empacho en firmarse como «reyes de Castilla y León y Portugal… etc.» ni que se sostenga que Juan II de Portugal escribió a sus primos Isabel y Fernando censurándoles que se llamasen a sí mismos «Reyes de España» cuando no eran más que reyes de dos de sus reinos y que para español él, su señora y el porco a la alentejana.

Y mientras veo las imágenes dantescas del incendio que devora el corazón de Portugal no puedo dejar de recordar las maravillosas temporadas pasadas en ese país ni, mientras compruebo con angustia cómo crece la cifra de muertos, puedo evitar que se me haga un nudo en la garganta; porque es verdad que cuando muere un portugués el dolor tiene una intensidad especial.

Descansen en paz y ojalá esto nunca vuelva a repetirse.