La revolución de Urukagina

Los libros de historia del derecho en que solemos estudiar los juristas suelen despachar rápidamente el derecho de Mesopotamia con un par de alusiones a Hammurabbi y su código; con eso y poco más dan el asunto por resuelto. No sabemos lo que nos perdemos. Nos perdemos, nada menos, que el momento inaugural de la civilización humana.

Los sumerios fueron los primeros en todo porque la historia empieza con ellos, ellos inventaron la escritura y ellos, gracias a millones de tablillas de barro, nos legaron un sorprendente cúmulo de conocimientos que, el olvido de su lengua y la superior atracción que parece haber ejercido el mundo egipcio sobre nuestra civilización, han hecho que no la hayamos aprovechado debidamente.

Nuestra civilización se siente heredera de Grecia pero los griegos no fueron sino aventajados alumnos de los sabios de aquella tierra que se encontraba entre dos ríos: Mesopotamia. Hoy sabemos, gracias a recientes traducciones de tablillas en escritura cuneiforme, que el teorema de Pitágoras no era de él, sino de los matemáticos mesopotámicos y que fue en Mesopotamia donde lo aprendió el sabio de Samos; que Euclides y sus «Fundamentos» son deudores de los mismos sabios y que, en general, toda nuestra civilización, de la religión al derecho, hunde sus raíces en lo que aquellos hombres inventaron y dejaron escrito para los siglos venideros. No necesito recordar que aún hoy nuestras horas tienen sesenta minutos y estos sesenta segundos a su vez porque así es como contaban en Mesopotamia. No necesito recordar tampoco que las primeras observaciones astronómicas son debidas a ellos ni que, incluso los mitos que contiene la Biblia en el Antiguo Testamento, son en buena parte tomados de los mitos de las religiones mesopotámicas.

Sin embargo hoy quiero hablar de derecho, política y Mesopotamia o —para ser más exactos— de Sumeria. Los habitantes de la tierra situada entre los ríos Tigris y Eúfrates llamaban a esta tierra la «Tierra de los Grandes Dioses» (Ki-En-Gir), no fueron sino los griegos quienes la bautizaron como Mesopotamia (Meso- «enmedio» -potamos ríos), y es sobre esta tierra «de los grandes dioses» o «entre los ríos», sobre la que se desarrollaron civilizaciones y culturas distintas y sucesivas: sumerios, acadios, babilonios… Culturas distintas y lenguas distintas pero todas con un mismo sistema de escritura: el cuneiforme, gracias al cual hoy podemos saber quiénes fueron y qué hicieron estos hombres que inauguraron la historia de todo el género humano.

Quizá si nuestros conocimientos de escritura cuneiforme no se hubiesen perdido la historia de la humanidad hubiese podido ser otra, pues no fue sino hasta 1857 que los trabajos de Henry Rawlison, Edward Hincks, Julius Oppert y William Henry Fox Talbot se reconocieron y se comenzó a tener por descifrado el «persa antiguo». Para esa época nuestra cultura mediterránea llevaba 19 siglos leyendo obras en griego clásico y en latín, todo el caudal de cultura sumeria, acadia o babilonia apenas si empezaba a emerger.

Se dice que los griegos inventaron la política y que su primera forma de gobierno fue la monarquía, un sistema en el que gobierna un solo líder pero que, pronto, comienza a no poder ejercer un poder omnímodo pues, sobre todo en tiempo de guerra, precisa de la ayuda de notables cuando no del apoyo de cualquier persona capaz de empuñar armas, apareciendo así asambleas. A la monarquía, decían, solía sucederle una oligarquía; es decir, el gobierno de unos pocos. Los abusos de esta oligarquía solían exasperar a su vez al pueblo que, llevado al límite, se rebelaba y buscaba un jefe que colocar al frente del gobierno desbancando a la oligarquía establecida y, a este tercer régimen, le llamaron «tiranía»; si bien es cierto que tal palabra no tenía para ellos el sentido peyorativo que ahora tiene, pues su traducción más exacta sería «jefe» o «patrón».

Todas estas formas de gobierno fueron conocidas por los sumerios y todas estas formas de degeneración de los sistemas de gobiernos fueron por ellos experimentadas y es de uno de estos «patrones» o «jefes» de quien me gustaría hablarles: Urukagina de Lagash, el primer legislador conocido.

Urukagina accedió al poder con toda probabilidad como «jefe» o «patrón» de una revuelta del pueblo exasperado y sus medidas legislativas dejan muy claro cuáles eran sus objetivos al llegar al cargo de sumo regidor de la ciudad-estado de Lagash, en Sumeria. Corría el año 2.380 antes de nuestra era.

Urukagina trató de reducir las diferencias entre las clases sociales, disminuyó los impuestos, trató de anular prerrogativas que se habían atribuido el monarca y su familia, redujo los abusos por parte de los funcionarios, prohibió la explotación de las capas sociales inferiores, condonó deudas, combatió la corrupción y expidió el primer código legal registrado por la historia. Aunque aún no se conoce su texto, se sabe por referencias y citas encontradas, que el Código de Urukagina concedía exención de impuestos a los huérfanos y viudas; obligaba a la ciudad a pagar los gastos de los funerales; decretaba que los ricos debían pagar con plata sus compras a los pobres y prohibía obligarlos a vender.

Fue durante el gobierno de Urukagina de Lagash que se dio libertad a un gran número de esclavos y es en uno de los documentos redactados para certificar uno de aquellos hechos donde, por primera vez en la historia de la humanidad, aparece escrito el concepto, la palabra, «Libertad» (Ama-Gi, véase la ilustración que encabeza el post). Bastaría con esto para que el recuerdo de Urukagina fuese imborrable; su política de defensa de los desfavorecidos podría ser un estímulo para gobernantes pero su fama se vio empañada por… las mujeres y la moral.

A pesar de que protegió a viudas y pobres Urukagina al parecer cometió el grave error de prohibir la poliandría. Sí, en aquella época las mujeres de Lagash parece que podían casarse con varios hombres sin problema, cosa que, al parecer, no le parecía bien a Urukagina. Sus leyes prohibiendo la poliandria han dado lugar a que, desde ópticas actuales, se considere a Urukagina el primer represor de los derechos de la mujer (no se tiene noticia de que hiciese lo mismo con los hombres) y que su figura, lejos de ser aplaudida, esté puesta en cuarentena.

No tengo nada que decir en este punto salvo que son ustedes quienes tienen la última palabra en este caso: ¿fue Urukagina un defensor de los desfavorecidos, un opresor de la mujer o ambas cosas al mismo tiempo? ¿Qué opinión les merecen las reformas de Urukagina?

Me encantará leer sus opiniones, porque, al final, cada uno puede sostener su propia opinión sobre Urukagina y eso no es más que una consecuencia directa de un concepto que los sumerios legaron al mundo durante su gobierno: Ama-Gi («Libertad»).

Contratos de hace cuatro mil años

Llamamos historia, por oposición a prehistoria, al período de tiempo en el que la humanidad ha conocido y usado la escritura; y, como los inventores de la escritura fueron los sumerios, necesariamente habremos de admitir que la historia empieza en sumeria y también, naturalmente, que la historia del derecho empieza allí.

Hoy me he entretenido tratando de encontrar el primer contrato escrito de la historia de la humanidad y naturalmente me he dedicado a husmear entre las muchas transcripciones de tablillas mesopotámicas que la red ofrece.

La cantidad de contratos que conservamos de hace 4.000 años es tremenda, yo diría que hasta abrumadora y pareciera, tal es su número, que la escritura se hubiese inventado específicamente para documentar actos jurídicos (y quizá así sea). Esto, junto con el celo mesopotámico por clasificar y archivar minuciosamente las tablillas, ha hecho que dispongamos de una enorme cantidad de material del que tan sólo se ha traducido una pequeña parte. Hoy me he entretenido con este contrato de compraventa de inmuebles realizado por un ciudadano sumerio llamado Sini-Ishtar y que, si bien se mira, no difiere tanto de nuestras actuales escrituras. Veamos el texto (la traducción, de traducción, de traducción, es mía de forma que no me hago responsable) de circa del 2000 AC:

Sini-Ishtar, hijo de Ilu-eribu, y Apil-Ili, su hermano, han comprado un tercio de Shar de tierra con una casa construida, junto a la casa de Sini-Ishtar, y luego la casa de Minani. Un tercio de Shar de tierras de cultivo junto a la casa de Sini-Ishtar, que se enfrenta a la calle. La propiedad de Minani, el hijo de Migrat-Sin. Han pagado cuatro siclos y medio de plata, el precio acordado. Nunca se podrá reclamar por la casa de Minani.
Por su rey juraron. (A continuación, los nombres de catorce testigos y un escriba.) Mes de Tebet, año del gran muro de Karra-Shamash.

Me he sonreído pensando en el escribano de hoy día, el notario, escribiendo aquello de: «Un trozo de tierra de un Tercio de "Shar", o lo que es lo mismo un tercio de un "Nindam cuadrado" o lo que es lo mismo ocho codos cuadrados o 16 metros cuadrados de superficie. Linda con la calle donde se ubica; norte, casa de Sini-Ishtar…»

Al final juran por su rey y firman hasta 14 testigos junto con el escriba, que no pone lo de «está mi sello en tinta» como los notarios de ahora porque en sumeria los escribas y las personas de orden firmaban con los llamados «sellos rodados» que resultaban mucho más elegantes e historiados que esos sellos de goma de medio pelo que ahora usan nuestros fedatarios…

…y mientras escribo esto mi amiga Verónica del Carpio me manda por mensajería la noticia que ven en la fotografía y pienso en lo paradójico que resulta que podamos leer contratos de hace 4.000 años pero que la sinvergonzonería reinante no nos permita conocer contratos de hace menos de diez años. En Sumeria, ciertamente, cuidaban mejor sus contratos y su honra.

La boda de Mibtah

La mujer de quien quiero hablarles, Mibtah, era judía y había nacido en el Egipto del año 480 antes de Cristo, cuando regía los destinos del país del Nilo el «faraón» Artajerjes I, porque, por entonces, los persas trataban a Egipto como a una satrapía.

Mibtah, aunque judía, vivía en Egipto, concretamente en una isla situada en medio del Nilo y ubicada cerca de la primera catarata, en lo que entonces era la frontera del Alto Egipto y la Nubia Inferior y en las aguas de lo que actualmente llamamos Asuán. La isla se llamaba «Elefantina» y allí vivía una próspera y activa colonia judeo-aramáica.

Mibtah nació en el seno de una de las familias judías que prosperaban en esa comunidad y su padre, Mahseiah, se cuidó desde bien pronto de que ella dispusiese de una buena porción de tierras a pesar de las, al parecer, no pocas demandas a que hubo de hacer frente.

Son todos esos documentos legales que la rodearon los que hacen que conozcamos la vida de Mihtab con bastante exactitud. Sabemos, por ejemplo, que fue parte en juicios y que los ganó, sabemos también que tuvo varios maridos de los que se fue divorciando cual si de una Liz Taylor de la época se tratase y es, precisamente, a uno de sus matrimonios al que corresponde este contrato que la unió al arquitecto real Eshor Bar Djeho, contrato que quiero enseñarles hoy pues estoy seguro que a los juristas y no juristas les resultará sorprendente en muchos aspectos. El documento original es el que ven en la fotografía que abre este post y su traducción (no me hago responsable de nada en este punto) dice lo que sigue:

A 24 Tishri, (sexto día del mes de Epeiph), en el decimosexto año del reinado del Rey Artajerjes I [14 de octubre del 449 A.C.], Eshor Bar Djeho, arquitecto real, dijo a Mahseiah, un arameo de Asuán de la División Varyazata, lo que sigue:

He venido a tu casa para casarme con tu hija Mibtah.

Ella es mi esposa y yo su marido desde este día en adelante y para siempre.

Te he entregado como dote por tu hija Mihtab 5 siclos reales que han sido recibidos y aceptados.

Tu hija Mibtah me ha entregado personalmente monedas de plata (12 siclos reales), una prenda de lana nueva teñida y bordada a mano de unos 4 por 2,5 metros y cuyo valor es de 28 siclos reales. Un tejido nuevo de 4 por 2,5 metros que vale 8 siclos reales. Otra prenda de lana finamente tejida de 3 por 2 metros y cuyo valor es 7 siclos. Un espejo de bronce (1,5 siclos). Un cuenco de bronce (1,5 siclos). Dos copas de bronce (2 siclos). Una jarra de bronce (0,5 siclos).

La suma de la plata y el valor de las mercancías es de 65,5 siclos de Real peso que han sido recibidos y aceptados.

Una cama de caña de papiro con cuatro piedras incrustadas. Una bandeja. Dos cucharones. Una caja nueva de hoja de palma. Cuatro cucharadas de aceite de castor. Un par de sandalias.

Si Eshor muriese sin dejar hijos ni hijas durante la vida de Mihtab ella tendrá derecho lefítimo a todas las propiedades de Eshor, su casa, sus bienes, sus propiedades y todo cuanto posea.

Si Mihtab muriese sin hijos ni hijas durante la vida de Eshor, su marido, entonces él heredará todas las propiedades de ella.

Si en el futuro Mihtab va a la corte y dice que se divorcia de Eshor, su marido, ella es responsable de pagar el divorcio. Ella debe entregar a Eshor 7,5 siclos de plata pesados en la balanza.

Después de eso ella se llevará de casa todo aquello que ella haya llevado personalmente, chatarra y cualquier objeto que sea, y podrá irse donde quiera, sin necesidad de que se dicte ninguna norma que la autorice ni de presentar ninguna demanda judicial.

Si Eshor en el futuro fuese a la corte y dijese que se divorcia de Mihtab, su esposa, perderá la dote. Ella podrá llevarse de casa todo cuanto haya llevado personalmente a ella, incluso chatarra y cualquier cachivache, todo de una vez, y podrá ir donde quiera sin necesidad de norma que la autorice y sin que tenga que presentar demanda judicial.

Cualquiera que demande a Mihtab para desalojarla de la casa de Eshor o privarla de los bienes y propiedades de él deberá pagar 200 siclos de plata y estar y pasar por lo pactado en este documento.

Yo Eshor nunca diré que tengo otra esposa además de Mihtab ni otros hijos que los que tenga con Mihtab. Si en algún momento digo que tengo otra mujer u otros hijos tendré que entregar a Mihtab 200 siclos de plata de Real pesada. No podré retener en ese caso mis propiedades frente a ella y si lo hago habré de entregarle 200 siclos de plata de pesada Real.

Autorizado por Nathan bar Ananiah el cual escribió este documento a petición de Eshor. Sustestigos son…

y aparecen a continuación cuatro nombres tras los que el documento se fragmenta y nada más es legible.

Supongo que a ustedes, como a mí, el contrato les resultará sorprendente. No sólo se prevé el divorcio de ambos cónyuges sin más requisito que su propia voluntad sino que se prevén duras sanciones económicas en el caso de que a Eshor se le ocurra ser infiel (no sabemos con qué castigarían las leyes egipcias de esa época el adulterio de Mihtab).

Como vemos el matrimonio ya presenta forma de contrato y se documenta ante un protonotario o escribano (Natham Bar Ananiah) en un acto público al que asisten un buen número de testigos. A pesar de la complejidad del documento, lo que es seguro es que en este caso el derecho romano nada tuvo que ver con él, pues, por estos años, los romanos bastante tenían con las guerras en que andaban siempre liados y con redactar y pasar a limpio la Ley de las XII Tablas.Sospecho que nos estamos perdiendo interesantísimos conceptos jurídicos sumerios, acadios, babilónicos y hasta egipcios… y textos como este de la boda de Mihtab estoy seguro que nos harán mirar de otra manera a los habitantes del llamado Levante Mediterráneo. Lean el texto y luego lo comentamos y, por supuesto, si encuentran algún error en todo esto que les he contado, no tengan la menor duda: es mío.

Libertad

Caracteres cuneiformes expresando el concepto de libertad
Ocurrió hace 4.300 años en un lugar al sur del actual Irak, durante el gobierno de Urukagina de Lagash. Sobre una tableta de barro y en caracteres cuneiformes, un ser humano escribió por primera vez un concepto que -desde entonces- no ha dejado de resonar como un eco durante toda la historia de la humanidad: “Ama-gi”; es decir, Libertad. Quédense con ello.