Nachthexen

Los alemanes las llamaron «Nachthexen» (Brujas de la noche) y sobre ellas circularon todo tipo de leyendas. Se decía que combatían bajo el efecto de drogas que les conferían visión felina, se contaba que el piloto alemán que derribaba a una de ellas recibía inmediatamente la cruz de hierro, se afirmaba —y esto era verdad— que volaban sin paracaídas para ahorrar peso…

La realidad era muchísimo más dura para las pilotos del 588º Regimiento de Bombardeo Nocturno: sus aviones eran viejísimos y ruidosos biplanos Polikarpov Po-2, capaces apenas de cargar dos bombas bajo las alas y tan lentos que, al máximo de su velocidad, un avión alemán entraría en pérdida. Sin embargo las pilotos del 588º hicieron de la necesidad virtud y suplieron la poca capacidad de carga de sus biplanos con trabajo: no era rara la noche en que hacían hasta 18 salidas; la lentitud la compensaban con un plus de maniobrabilidad y el ruidoso traqueteo de su motor simplemente lo eliminaban apagándolo, porque las brujas, cuando bombardeaban, lo hacían planeando y con el motor apagado, luego, si había suerte, encendían el motor y huían. Fue el silbido del aire entre los cables de las alas de sus biplanos el que les dio el apodo a las mujeres del 588º, los alemanes decían que ese silbido era el mismo que haría una bruja volando.

No solo eran mujeres las pilotos sino también todo el personal de tierra y murieron muchas, muchas. Sus viejos y frágiles aparatos no les brindaban demasiadas oportunidades.

Sufrieron alguna burla de sus compañeros pero los alemanes, a quienes persiguieron y bombardearon hasta el mismo Berlín, hicieron de ellas y sus aviones de tela un mito. Su líder moral, Marina Raskova, murió en acción en 1943 y esta que ven en las dos primeras fotos, Nadia Popova, fue la última de aquellas brujas de la noche: murió en 2013.

Nadia Popova fue distinguida con el título de “Héroe de la Unión Soviética” (la más alta distinción posible en la URSS) y abrumada con las más altas condecoraciones. Todavía, en una entrevista en 2010, Nadia declaró:

“A veces me quedo absorta mirando la oscuridad, cierro los ojos y puedo verme todavía como una chica joven, encaramada ahí arriba, en mi pequeño bombardero… Y entonces me pregunto: ¿Nadia, cómo pudiste hacerlo?”

Once del once a las once

Hoy es 11 de noviembre, «once del once» y, por tanto, se cumplen 99 años del final de la Primera Guerra Mundial. Fue un macabro pasatiempo de los generales de los ejércitos el fijar como fecha y hora del armisticio el once de noviembre a las once horas (11 del 11 a las 11) fecha y hora que les parecieron «memorables» a esos carniceros. Incluso durante la mañana de ese 11 de noviembre último día de la guerra, hubo mandos que ordenaron ataques de última hora tan inútiles como infames a la busca de eso que algunos criminales llaman «la gloria».

Por increíble que parezca, incluso a día de hoy, quedan todavía estúpidos que creen que hay algún tipo de gloria en la tarea de asesinar personas. Dios nos libre de esos imbéciles.

La maldita tercera persona del plural.

La maldita tercera persona del plural.

Cuando escribo sobre los aspectos innatamente altruistas y morales del hombre y de los primates superiores, mi amigo Miguel, bastante menos optimista que yo respecto a las bondades de la naturaleza humana, suele recordarme la existencia de la guerra como contraejemplo demostrativo de la maldad evidente del homo llamado sapiens. Suelo objetarle que la guerra no es sólo ejemplo de maldad y escenario de atrocidades, sino que en ella se encuentran también perfectamente ilustradas algunas de las mayores virtudes del ser humano: Heroísmo, abnegación, sacrificio, camaradería… ejemplos supremos, suelo decirle, de altruismo y generosidad. Claro es que tal argumento no me convence ni a mí pues ¿cómo pueden esas acciones borrar el horror que causan las carnicerías provocadas por las guerras?

Resulta chocante como, todo ese altruismo y voluntad de servicio que ponemos a disposición de “los nuestros” (nosotros) se convierte en salvaje instinto homicida cuando hablamos de “los otros” (ellos).

Basta con señalar a un grupo como distinto de nosotros, incluso usando los criterios más estúpidamente pueriles, para obtener el caldo de cultivo en que hacer crecer la violencia. Los políticos saben esto y lo usan eficazmente para azuzar reivindicaciones de todo tipo. Aquel capaz de establecer el criterio que determine quienes somos “nosotros” y quienes son “ellos” acabará mandándonos contra “ellos” tarde o temprano. Como reflexionaba Estanislao en mi anterior post “Homo homini lupus” cuando Plauto escribió esa frase en la “asinaria” no dijo estrictamente que el hombre fuese un lobo para el hombre, sino un lobo sólo para aquellos hombres que le eran desconocidos; es decir, era un lobo para “ellos” para los integrantes de la maldita tercera persona del plural.

La guerra ha sido una actividad común a todos los grupos humanos desde la noche de los tiempos. Es bien conocida la crueldad de algunas especies de simios (singularmente los chimpancés) para con sus congéneres, y no parece sino que la guerra hubiese acompañado al homo sapiens desde sus primeros estadios evolutivos, de tal forma que estuviese escrita en su ADN. Hoy he tenido ocasión de leer un trabajo publicado por la Universidad de Oxford que ilustra sobre la crueldad de que es capaz el ser humano incluso en los estadios más primitivos de civilización. Algunos de los datos que ofrece, por sorprendentes, merecen un capítulo aparte

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The WayBackMachine: La batalla de Santiago.

Internet contiene recursos increíbles uno de los cuales es, sin duda, waybackmachine, un motor de búsqueda que nos permite recuperar las versiones pasadas y, en muchos casos, desaparecidas, de sitios web. Con este recurso somos capaces, por ejemplo, de revisitar la página del buscador yahoo tal y como era, por ejemplo, en 1999, o leer ediciones digitales antiguas de periódicos y otros websites desde 1996 hasta nuestros días. Virtualmente, casi todo lo que ha existido en la red desde 1996 hasta ahora, está archivado e indexado por ese motor de búsqueda. Waybackmachine es parte de Internet Archive, un site mantenido por la fundación del mismo nombre  en el que se guardan recursos de valor incalculable para el internauta.

Por razones que no son de exponer esta mañana he estado navegando por the waybackmachine a la busca de mi propio pasado. Desde 1997 escribo y publico páginas web y, por diversas razones, no conservo copia de la mayor parte de ellas de forma que, hoy, he tratado de recuperar cuantas páginas antiguas escritas por mí he podido encontrar allí. Mi sorpresa ha sido enorme al comprobar que la práctica totalidad de las páginas que he escrito en los últimos 14 años están debidamente ordenadas y clasificadas en waybackmachine. He recuperado y guardado todas las que he podido pero, tras hacerlo, he caído en la cuenta de que, probablemente, volveré a perderlas en algún momento y que el único lugar seguro para ellas es precisamente esa especie de Biblioteca de Alejandría.

Una de las páginas que más me ha enternecido ha sido esta con la que ahora les dejo, escrita en 1997 para el centenario del desastre de 1998, trata del combate naval de Santiago de Cuba (también he recuperado otra sobre Cavite) y, aunque ahora me parece ingenua y mal escrita, en aquel año me obligó a consultar numerosa bibliografía y hasta me dio la oportunidad de ser invitado a dar alguna conferencia sobre la cuestión. Recuerdo también el placer que me causó la lectura de las actas de los consejos celebrados a bordo del María Teresa por los oficiales de la escuadra y sus diversos puntos de vista… En fin, aquí les dejo con este recuerdo de 1997 que había perdido y que he recuperado gracias a la filantrópica labor de Internet Archive. mariateresa

El combate naval de Santiago de Cuba (1898)

1. Introducción. La destrucción de la escuadra española en Cuba se produjo cuando ésta intentaba abandonar el puerto de Santiago, lugar donde había sidovizcaya bloqueada por la escuadra norteamericana. Durante esta tentativa de huida todos los buques españoles fueron destruidos y con ellos se hundieron las últimas esperanzas españolas en esta guerra. Esta página está dedicada a ofrecer algunas claves acerca de las causas militares que llevaron a tan gigantesco desastre.

2. Las Escuadras enfrentadas. Desde el púnto de vista numérico la US Navy contaba en el Atlántico con un total de 5 acorazados, 2 cruceros acorazados, 6 protegidos y otros 16 menores, 4 monitores y 12 torpederos. España, al menos sobre el papel, podía oponer a estos buques 3 acorazados, 8 cruceros acorazados, 2 protegidos, 6 menores, 6 destructores, 11 cañoneros torpederos y 12 torpederos. Pese a lo que se ha dicho después, los buques españoles eran modernos, la inmensa mayoría con menos de diez años y muchos con menos de cinco habiendo bastantes recien entregados. Eran buques de diseño básicamente británico lo que era, en aquel momento, la mejor garantía de éxito. Sin embargo Seguir leyendo “The WayBackMachine: La batalla de Santiago.”