Caridad

Vivo en una ciudad que esconde historias en cada rincón, muchas te pasan desapercibidas años hasta que, una noche, caes en la cuenta o alguien te saca de tu ignorancia.

Fue al principio de la guerra civil que se produjo el asalto de iglesias y la quema de imágenes. Muchas imágenes se perdieron —casi todas las de Salzillo— y, las que se salvaron, casi todas encierran una interesante historia. Una de las historias más curiosas y más llena de mitos fue la de cómo se salvó la imagen de la patrona de la ciudad: La Virgen de la Caridad.

La versión más difundida de los hechos cuenta que una madame de burdel (Caridad «La Negra») y sus muchachas se opusieron al asalto armadas con cuchillos y tijeras y que, con la ayuda posterior de algunas autoridades, hicieron desistir a los asaltantes. La historia es parcialmente cierta pues parece que Caridad La Negra nunca estuvo allí.

La iglesia de La Patrona colindaba con el barrio tolerante de la ciudad en 1936 y es verdad que, cuando la iglesia fue asaltada, un grupo de prostitutas se encerró en el templo dispuestas a hacer resistencia. Lo que normalmente no se cuenta es que por allí apareció un concejal socialista que, al frente de las mujeres, hizo retroceder a los asaltantes. Una escena se repite en casi todas las versiones de la historia: los asaltantes se acercan hasta los escalones de acceso al altar donde están el concejal socialista y las mujeres y se oye una frase desde el grupo defensor: «si vais a subir esos escalones más vale que lo hagáis con las pistolas empuñadas». Los asaltantes, fuese por la razón que fuese, no se atrevieron a subir los escalones y la imagen de la patrona se salvó.

Tres años después Cartagena era la última ciudad en capitular frente al ejército de Franco y el concejal socialista de nuestra historia aún estaba en la ciudad. Todos sabían que era «rojo» y se daba por seguro que sería represaliado, pero la historia ocurrida tres años antes disuadió a los ocupantes de hacerlo. Este concejal se dedicaba a las artes gráficas y tenía una imprenta —hoy cerrada— en la Glorieta de San Francisco en la que trabajó durante toda la dictadura.

La otra noche pasé por las ruinas de lo que fue su imprenta y alguien me señaló el nombre de la misma. Y me dejó pensando un buen rato.

Caridad «La Negra»

Mi ciudad, como todas las ciudades del Mediterráneo, tiene su panteón especial de héroes y dioses del pueblo a quienes este rinde culto a través del viejo rito de contar sus hazañas a la generación siguiente. Nuestros dioses y santos viven así en la memoria del pueblo que es, a fin de cuentas, el único altar donde se rinde verdadero culto a los dioses. Son generalmente personajes humildes —el pueblo admira la virtud y la inteligencia que se manifiesta en las personas más inesperadas— a veces incluso aparentemente malvados (en Cartagena los personajes duros pero sentidos son especialmente queridos) y, como comprobarán si siguen leyendo, la «santa» de la que les voy a hablar pertenecía a esta particular especie de personas.

A Caridad Norberta Pacheco Sánchez (Cartagena 1879) la llamaron «Caridad La Negra» por el color de su pelo y fue la “madame” del burdel de más éxito de “El Molinete”, el viejo barrio tolerante de la ciudad. Fue amante del hombre más rico de Cartagena, José Maestre, que fue también ministro en dos de los gobiernos de Alfonso XIII. No se dejó monopolizar por él y le compatibilizó con alcaldes y otros políticos. Además fue modelo para pintores y gracias a eso, un retrato de ella encarnando a la Magdalena, salido de los pinceles de Wssell de Guimbarda, adorna ahora las paredes del templo de la patrona de Cartagena, la Virgen de la Caridad, advocación que, a lo largo de la historia, dio nombre a Caridad y a decenas de miles de cartageneras.

También sirvió de modelo para fotógrafos y, una de las fotografías de ella, es la que ven más abajo. Joven y morena, con las formas que gustaban en la época, fue, afortunadamente, capturada para la historia por la cámara de Casaú.

Fue Caridad, a pesar de lo dicho y de todos los pesares, mujer devota y de buen corazón. Su ayuda económica a las familias pobres tejió una leyenda a su alrededor y, por eso, cuando el 25 de julio de 1936 ella y un grupo de prostitutas bajadas del Molinete impidieron que la patrona de la ciudad y otras imágenes fuesen quemadas, Caridad La Negra, para el pueblo, se elevó hasta la categoría de mito.

Es verdad que ellas fueron las que intervinieron decididamente en los primeros momentos aunque luego recibiesen ayuda de los guardias de asalto y los políticos de izquierdas de la ciudad, pero toda esa ayuda, en todo caso posterior, para nada cambió la imagen que el pueblo se había hecho del suceso: La Negra y sus chicas defendiendo a la patrona… ¿imaginan una historia mejor?

Pasaron los años y en 1947, concluida la guerra, Caridad mandó unas rosas negras al templo de La Caridad el día de la festividad de la Patrona.

Y hoy… Hoy sigue llegando al templo de la Caridad (la Patrona) un ramo de rosas negras todos los Viernes de Dolores… y, lo que es más importante, la historia de una mujer buena y valiente sigue pasando de generación en generación en mi ciudad.