La Quer de las 27 letras

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Hoy me ha tocado desplazarme hasta Callosa de Segura, en la Vega Baja, a causa de un episodio más de esa interminable historia que hermana a los calés y a los Guardias Civiles y que García Lorca cantó de forma insuperable.

Al llegar me ha llamado la atención descubrir que el cuartel de Callosa responde al viejo patrón arquitectónico de las casas-cuartel: Medio edificio oficial, medio fortín o blocao.

Muchas de las viejas casas-cuartel estaban construidas en lugares absolutamente despoblados donde eran objetivo fácil para bandoleros o contrabandistas y por eso, esas viejas casas cuartel, contaban con garitas aspilleradas en los cantones que permitían a los guardias hacer un eficaz fuego de flanqueo si alguien las atacaba. No dejaban ángulos muertos bajo las garitas y todo el perímetro de la casas podía ser batido y defendido usando de dos o, a lo sumo, cuatro guardias. Mi padre nació en uno de esos cuarteles (el de Cabo Tiñoso) y pasó su infancia en otro de ellos (el de Boletes) y aún recuerdo a mi abuelo contando viejas historias de carabineros y guardias civiles sobre los hombres de Juan March, un contrabandista que no dudaba en usar del soborno o la violencia para conseguir sus fines. Más adelante los azares de la política hicieron de él diputado y más adelante aún uno de los hombres fuertes del régimen de Franco; de hecho fue él quien pago el alquiler del “Dragon Rapide”, el avión que llevó a Franco de Canarias a Melilla dando comienzo a la guerra civil; como digo, viejas historias de guardias.

Hoy me ha llamado la atención que este edificio siga ostentando con toda dignidad el viejo nombre que estos puestos tenían:

“Casa cuartel de la Guardia Civil”

aunque, es justo decirlo, los calés no las llamaban así; porque en caló a esos edificios se les llamaba

“La quer de las veintisiete letras”.

“Quer”, como sin duda sabrán, significa “casa” en caló (de ahí la palabra “kely” que algunos “modernos” suelen usar para referirse a su casa) y el analfabetismo hacía el resto. Estos edificios eran las casas (“quer”) que tenían veintisiete letras en la puerta.

Como digo viejas historias y hoy, mientras hago tiempo esperando a que tomen declaración a mi cliente, me entretengo recordándolas.

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La Patrona

Si usted no ha vivido en un cuartel de la guardia civil quizá no comprenda el puntito entrañable que tiene el “día de la patrona”. En mi infancia viví 17 años en un cuartel que constituía un pequeño microcosmos: Había una escuela a la que yo iba, economato, barbería, bar, carpintería… Uno podía vivir prácticamente sin salir de allí. El cuartel, situado en un por entonces todavía pantanoso Almarjal, fue el ecosistema donde transcurrió mi infancia.

Este microbarrio también tenía sus fiestas y esas se celebraban tal día como hoy: El día de la Patrona. Cucañas, piñatas, verbena con baile y cerveza “El Azor”.

La guardia civil ha cambiado mucho de entonces a ahora, el cuartel ha sido absorbido por la ciudad y las costumbres han hecho que ya no haya cucañas ni piñatas ni verbenas el día de la Patrona. Los guardias civiles ahora son hombres mucho más cultos y leídos que los de entonces. En esos tiempos no era infrecuente que, al cantar el himno de la guardia civil y llegar a la parte que dice “por ti cultivan la tierra”, más de uno y más de dos guardias se sonrieran irónicamente, pues ellos sabían que muchos habían ingresado en el cuerpo huyendo de las duras condiciones del trabajo en el campo: “desertores del arado” se decían con la boca chica. En aquel entonces, también, si le preguntabas a un guardia qué significaban las letras “PGC” que aparecían y aparecen en las matrículas de los vehículos del cuerpo, en el 99% de los casos la respuesta era la misma: “Pocos Garbanzos Comemos”.

Eran tiempos duros para los guardias: Tenían prohibido vestir de paisano e iban incluso a la playa con tricornio y sahariana, realizaban correrías interminables a pie y pasaban infinitas horas de servicio. De la vida y la estampa de aquellos guardias de tricornio, capa verde y mosquetón mauser a la espalda a la presente de teresiana, chaleco reflectante y pistola de polímero va una vida.

Hoy he recordado todas estas cosas y otras muchas mientras me dirigía, por aquello de que soy decano y me han invitado, a la misa del día de la patrona. Porque soy hijo de ese extraño cuerpo al que llaman la Guardia Civil.

La Benemérita.

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Ha terminado la huelga de los funcionarios de Justicia.

Tras el acuerdo alcanzado entre el gobierno y la cúpula de los sindicatos ( y digo cúpula porque casi la mitad de los funcionarios estaban en contra del acuerdo) ha finalizado la huelga de funcionarios de la Administración de Justicia que duraba ya más de dos meses.

Era esta una huelga que nunca debió ocurrir pues las reivindicaciones de los funcionarios eran tan evidentemente justas, que el Gobierno debió haberlas atendido mucho antes: Por mucho que trate de justificarse la desigualdad, cuando dos trabajadores hacen el mismo trabajo, no hay forma de explicar que cobren distinto salario; pero el estado asimétrico de las autonomías ha conducido a esto. Seguir leyendo “Ha terminado la huelga de los funcionarios de Justicia.”