El ministro incumple la ley de tasas

Vaya por delante que no soy un experto fiscalista, pero sé leer, y leyendo encuentro que el artículo 11 de la Ley de Tasas Judiciales dice lo que sigue:

Artículo 11. Vinculación de la tasa.
La tasa judicial se considerará vinculada, en el marco de las disposiciones de la Ley 1/1996, de 10 de enero, de Asistencia Jurídica Gratuita, al sistema de justicia gratuita en los términos establecidos en la Ley de Presupuestos Generales del Estado de cada ejercicio.

En 2013 el presupuesto para justicia gratuita era de 34 millones de euros, en 2014 la recaudación prevista por tasas judiciales es de 365 millones de euros y el gasto en justicia gratuita… Los mismos 34 millones.

Me basta con leer eso para saber que el Ministro incumple la ley, poco me importan las bizantinas sutilezas entre “vincular” o “afectar”, sé lo que nos dijeron, sé lo que dice la ley de tasas y sé lo que dicen los presupuestos. Ni un céntimo de lo que se vaya a recaudar por tasas va a ir a justicia gratuita y esto tiene un nombre: mentir. Si la infracción legal merece un castigo a imponer por los tribunales ellos habrán de ser quienes lo decidan, para eso hay abogados más capacitados que yo.

Jueces para la Democracia rechaza la Ley de Planta

Cada vez son más los colectivos que se oponen a la siniestra Ley de Planta que propugna Gallardón. Ahora es Jueces para la Democracia quien se posiciona. No han sido los primeros ni serán los últimos: esta Ley va contra todos los españoles. Este es el informe de @JpDemocracia

http://www.lawyerpress.com/news/2013_07/1907_13_011.html

La ciudad se muere entre banderas azules

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Hoy estoy en Vigo asistiendo en el Palacio de Congresos a una reunión de Juntas de Gobierno de los Colegios de Abogados de España. Antes de entrar a escuchar al presidente gallego Núñez Feijoo veo decenas de pesqueros amarrados, carteles de “Pescanova” en los tinglados del muelle; pienso en el tremendo golpe que el mal fin de esta empresa puede suponer para los trabajadores y los pescadores de Vigo.

Dentro del palacio los abogados claman por que, con una enloquecida Ley de Planta, el ministro de justicia va a dejar sin jueces a la primera ciudad de Galicia porque -para el ministro- los tribunales no son para las personas sino para las “capitales” de provincia.

El ministro no piensa en personas, mira a España y no ve a los españoles, ve solo un mapa de rayas y colorines.

Y así, devolviendo a Vigo al siglo XIX, quiere convencernos de que alejando la administración de justicia del drama de la injusticia es como se solucionan las cosas.

Carecen de empatía, carecen de sentido común, carecen de la mínima humanidad y carecen del más mínimo conocimiento de cómo funciona la administración de justicia. Creen que las enfermedades disminuyen con no anotarlas en las estadísticas, creen que los conflictos disminuyen si no se les deja entrar en los juzgados, solo miran las cifras, no ven a las personas y ya no entienden que la justicia es para ellas y no para una entelequia llamada provincia que solo sirve para llenar los bolsillos de los diputados provinciales y para falsear los resultados de las elecciones.

Cuando entro veo que el presidente de los gallegos, en Vigo, no habla de cómo le pueden robar la justicia a Vigo dejándola sin jueces y sin colegio de abogados. Habla de las banderas azules de las playas, de lo bonita que es Galicia y de lo bien que se está aquí.

Sí, se está bien, sin trabajo, sin juzgados, sin justicia y sin esperanza; y así, entre banderas azules, sigue su discurso hablando de naderías. Entre banderas azules entierra el futuro de Vigo y se marcha tan contento. Hablando sin decir nada.

Pienso en los pescadores de Vigo marchando a Pontevedra a reclamar sus despidos, gastando sus ahorros en cruzar Rande, en llevar hasta la “capital” a peritos y testigos y me salgo del Palacio de Congresos, a ver a la gente de verdad, harto de tanto teatro, porque es mejor ver la tragedia del vigués que la comedia azul de banderas que se representa dentro.

Y pienso en Cartagena. Pienso mucho en Cartagena. Y pienso que no podemos dejar que esto pase.

Ideas residuales y LOPJ

goya-elsueno2Nicolai V. Krogius, psicólogo y Gran Maestro soviético, en su libro “La psicología en ajedrez” identificó un fenómeno llamado “imagen residual” como una de las principales causas de errores en el juego. Es un error, normalmente estratégico, que consiste, según sus propias palabras en “la traslación íntegra del avalúo de una posición anterior a la nueva situación creada en el tablero”.

Tal error no es exclusivo del juego del ajedrez y cada vez con más insultante frecuencia lo veo producirse en las decisiones de nuestros políticos que, sin mayor reflexión, aplican ideas de hace doscientos años a los problemas actuales, cual si la evaluación de la situación actual fuese la misma que la existente hace dos siglos. Tal ocurre con una de las más persistentes ideas residuales que existen: La provincia.

La provincia, en nuestro país, fue creada en 1833 como un sistema de división territorial destinado a servir al modelo de estado existente entonces (una monarquía centralista) que tenía en cuenta los muy deficientes censos poblaciones de aquellos años (el primer censo fiable de España se confeccionó en 1857) y el estado de las comunicaciones en 1833.

No necesito aclarar que ninguno, absolutamente ninguno, de los criterios que se tuvieron en cuenta en 1833 para establecer la división provincial perdura en nuestros días. Veámoslo.

Por lo que respecta al sistema político de monarquía centralista entonces existente nada queda del mismo tras la Constitución de 1978 salvo la filiación borbónica del rey.

En cuanto a los datos demográficos tenidos en cuenta en 1833 es obvio que no guardan parecido alguno con los actuales: la población de España en 2013 poco tiene que ver con la que pudiera existir en 1833. Los fuertes movimientos migratorios internos han provocado una distribución de la población muy distinta de la entonces existente por no hablar del tremendo aumento de la misma.

Por lo que respecta a las comunicaciones es obvio que 1833 y 2013 no se parecen absolutamente en nada. En 1833 el estado de las comunicaciones en España era medieval; no existía el ferrocarril ni tampoco el telégrafo, el correo viajaba a pié o a lomos de caballerías y la división provincial se realizó procurando que la capital no estuviese a más de un día de camino del pueblo más lejano.

Como puede observarse, ninguno de los criterios que se tuvieron en cuenta al crear la división provincial subsiste en la actualidad; es más, la España de 2013 está más lejos, cultural y tecnológicamente hablando de la de 1833 que esta lo estaba de la Hispania del año 0 de nuestra era.

Y sin embargo, la división provincial subsiste como un residuo ominoso de hace doscientos años; peor aún, la división provincial subsiste en las decimonónicas estructuras mentales de nuestros gobernantes, proyectando en el presente evaluaciones que hace tiempo dejaron de existir. Krogius no tendría duda: Nuestros políticos son víctimas de una imagen residual que les lleva a tener ideas que no puedo calificar sino de “residuales”.

Lo lamentable del caso es que las provincias, residuo inútil de un mundo periclitado, no sólo ejercen su influencia en las mentes medievales de nuestra clase política, sino que, usadas como unidad de estudios estadísticos, dificultan la visión real del país y conducen a que en el siglo XXI aún se dicten disposiciones estratégicas que nacen tan muertas como la idea que les sirve de base. Es el caso, por ejemplo, del nuevo proyecto de Ley Orgánica del Poder Judicial con que nuevamente vuelve a asombrarnos nuestro más que decimonónico ministro de justicia.

El, para nuestros males, ministro, ha decidido que la planta de los partidos judiciales de España será provincial. Podría haber atendido a las necesidades de la población y establecer tribunales allá donde se concentran los asentamientos humanos y la actividad económica, podría haber atendido a los índices de litigiosidad y establecer tribunales allá donde fuesen más necesarios, podría haber atendido a una mínima racionalidad pero… El ministro ha decidido usar de una idea “residual” que ya no obedece a nada y establecer tribunales “provinciales”, una idea tan muerta como del gusto de políticos que, lejos de ser conservadores (es bueno conservar las ideas valiosas y en ese sentido soy conservador) lo que son es “momificadores” de ideas cadavéricas.

Gracias a esa idea, por ejemplo, lugares como Granollers (unos 300.000 habitantes) o Vigo (unos 340.000) quedarán sin tribunal de instancia mientras que “provincias” como Soria (93.223 habs.), Teruel (144.607 habs.) o Segovia (164.169 habs.) sí dispondrán de estos tribunales.

Quizá alguien debería explicar qué falta o delito han cometido los habitantes de Granollers, Vigo, Jerez o Gijón para no merecer el mismo trato que los habitantes de Soria, Segovia o Teruel.

Entiéndaseme bien; no es que en Soria, Segovia o Teruel no hagan falta tribunales de instancia (claro que hacen falta) es que en Vigo, Gijón o Jerez hacen MÁS falta y, por tanto, también debiera haberlos allí. Y cuando digo Vigo, Gijón, Jerez o Granollers, estoy hablando también de Santiago de Compostela, de Ferrol, de Talavera de la Reina, de Antequera, de Lucena, de Lorca, de Orihuela, de Elche, de Alcoi, de Sueca, de Alzira, de Sabadell, de Terrassa, de Manresa, de Mataró, de Vic, de Sant Feliú de Llobregat, de Figueres, de Alcalá de Henares, de Estella, de Tafalla, de Tudela, de Lanzarote, de Santa Cruz de la Palma, de Reus, de Tortosa… De todos esos lugares que, sin ser “provincias” mantienen una población y una actividad económica superior a la de muchas “provincias”.

Me duele particularmente el caso de Cartagena, mi ciudad. La Sección 5ª de la Audiencia de Murcia con sede en Cartagena extiende su jurisdicción sobre 400.000 personas (más personas que toda la comunidad autónoma de La Rioja) y, sin embargo, como en la residual mente de nuestros políticos residuales no tiene la etiqueta de “provincia”, puede sufrir la desaparición de sus tribunales de instancia.

La Justicia está para servir a las personas, no a ideas muertas de hombres muertos, pero en España cuando la Justicia señala a la población los políticos “residuales” miran a la provincia.

Sin duda Krogius tenía razón: las ideas residuales son fuente de errores (y de villanías, añado yo); esperemos que estos políticos “residuales” fruto de un sistema caduco sean como sus ideas también “residuales” y como residuos de un sistema muerto acaben pronto donde merecen.

Mentiras sin tasa sobre las tasas

Ayer el gobierno anunció que rebajaría las tasas judiciales en un 80% http://www.lavanguardia.com/politica/20130222/54367022272/gobierno-aprueba-real-decreto-reduce-80-tasas-judiciales.html Hoy la nota de prensa del Consejo de Ministros dice que la reducción de las tasas sólo supondrá una reducción del 5% en los ingresos previstos por este concepto. http://www.lamoncloa.gob.es/consejodeministros/enlaces/220213enlacejusticia.htm

O no saben calcular, o pretenden engañarnos o ambas cosas a la vez. Para llorar.