¿Qué país hemos soñado?

¿Qué país, qué región, qué municipio hemos soñado —si es que hemos soñado alguno— para nuestros hijos?

Mucho me he quejado de que estemos orientando España, mi región y mi ciudad, hacia el turismo. No me gusta pensar que el de mi patria será un futuro de camareros, restauradores y guías turísticos. Pienso que las comunidades deben siempre incorporarse a la primera linea científico-tecnológica de cada momento y pelear por su futuro, siempre, en la última frontera.

Decididamente esta primavera y el verano que viene será duros: los turistas que nos visitaban ya no nos visitarán o, al menos, nos visitarán en cantidad mucho menor y, el turismo, la primera y principal fuente de entrada de divisas del país, se resentirá. ¿Estamos preparados para enfrentarnos a la crisis del primer sector de nuestra economía? ¿Hemos siquiera empezado a vislumbrar las consecuencias de la crisis de ese sector?

Si este país ha sido algo, alguna vez, en la historia, ni ha sido por «cojones», ni por ninguna virtud moral que adorne a sus gentes por encima de los demás países, ha sido por la ciencia.

Piensen en el 12 de octubre y en la epopeya americana.

No fue una cuestión de «raza» ni de banderas ni de patrias. Disponíamos de la mejor tecnología para navegar (la carabela); nuestros conocimientos científicos sobre la geografía terrestre eran los más avanzados del momento; recibimos de los árabes todos los libros de los cosmógrafos antiguos y las mejores tecnologías matemáticas y de navegación; les cogimos prestado a los portugueses un marino formado en sus barcos…

Pero ¿qué somos ahora?

Desde hace 40 años el turismo ha tapado nuestras vergüenzas como nación. Gobernantes sabios hicieron de este un país bello a lo largo de los siglos: califas sabios de califatos opulentos nos regalaron mezquitas, flotas de indias levantaron catedrales de locura al lado de minaretes de orfebre, los mejores emperadores de Roma salieron de aquí y hasta el cielo nos regaló el mejor de los climas. ¿Quién no querría venir a España?

Desde hace 40 años vivimos de lo que nos regaló la providencia y gobernantes antiguos y sabios, pero, ¿Qué hemos hecho nosotros?

No me lo tomen a mal, no se enfaden conmigo, hemos hecho de la restauración y de la hostelería un arte pero yo, al menos, no quiero para las siguientes generaciones un futuro de camareros y restauradores siempre al albur de un cambio de modas, de clima o de una pandemia, como ahora.

Quiero un país en la primera linea de la última frontera de la ciencia y la tecnología, un país en el que las próximas generaciones puedan ganarse el futuro por sí mismas y que no dependan de esas cosas que o nos regaló la naturaleza o construyeron antepasados nuestros, al parecer mucho mejores que nosotros.

Saldremos de esta y habremos de repensar muchas cosas; mientras tanto no se conformen y sueñen, es una buena ocasión para ello.

La religión y la sombra del futuro

Desde un punto de vista racional resulta llamativa la presencia más o menos universal de las religiones. Sustentadas en su mayor parte sobre creencias difícilmente justificables y en buena parte inaceptables racionalmente, las religiones son, sin embargo, unos memes extraordinariamente exitosos. La búsqueda de una explicación racional del éxito de estas creencias produce no pocos quebraderos de cabeza a algunos científicos.

Alguna luz sobre éste fenómeno quizá pueda arrojarla la teoría sobre la evolución del altruismo que Robert Axelrod ofrece en su libro “The evolution of cooperation” resultando, para mí, especialmente sugerente lo contenido en la sección primera del capítulo 7 del mismo, titulada “Agrandar la sombra del futuro”, y que se enmarca dentro de una serie de estrategias tendentes a promover la cooperación.

Como sabemos, la cooperación para Axelrod y otros muchos científicos, es un fenómeno que aparece de forma espontánea en la naturaleza dadas una serie de condiciones que ya hemos enumerado parcialmente en otros posts de éste blog. Pues bien, para que la cooperación así aparecida resulte estable es absolutamente necesario que el futuro sea lo suficentemente importante en relación a la situación presente. Trataré de explicarlo con un ejemplo:

Imaginemos que, como en el caso del protagonista de la película “Esencia de Mujer”, el Coronel Slade, alguien está decidido a suicidarse; aún careciendo de dinero tal persona no tendría problema alguno en recorrer, como él,  Nueva York, alojarse en los hoteles más caros, comer en los restaurantes más exclusivos e incluso conducir, a pesar de ser ciego, un Ferrari a alta velocidad. El Coronel Slade no tiene la más mínima preocupación respecto del espinoso asunto de hacer frente a esos gastos e incluso no le preocupa en demasía el hecho de matarse conduciendo el Ferrari porque el Coronel Slade no tiene futuro, se va suicidar. El caso de los personajes sin futuro ha sido aprovechado eficazmente por la industria cinematográfica pero, incluso en situaciones donde la falta de futuro no es tan extrema, la escasez de futuro es un elemento que debilita la tendencia a cooperar.

Muchos animales y en particular el ser humano han desarrollado, gracias a la evolución, sofisticadas estrategias cooperativas pero, dichas estrategias, como dijimos antes, sólo pueden ser estables si el futuro tiene una influencia suficientemente fuerte sobre la situación presente.

El hombre, a diferencia de otros animales, es consciente de su finitud como indivíduo y la muerte, quiérase o no, es un hecho que tiene la mala cualidad de dejarnos sin futuro, lo que hace que, al igual que el Coronel Slade, podamos prescindir de nuestras innatas y complejas estrategias cooperativas.

Las estrategias que las sociedadas humanas han utilizado para atajar las tentaciones egoistas de los seres sin futuro han sido muchas, algunas de ellas muy sofisticadas pero todas buscando otorgar a los indivíduos el futuro del que carecen. Así, en épocas recientes, el ejército israelí, a fin de atajar los atentados suicidas que llevaban a cabo los palestinos, decidió castigar a la familia de los suicidas pues, si bien es cierto que el suicida carece de futuro como indivíduo, sí tiene un futuro genético ya sea a través de los genes que pasa él directamente a las generaciones posteriores (sus hijos), ya sea a través de los genes que comparte con sus hermanos y padres. El fenómeno del altruismo intrafamiliar está muy relacionado con éste tipo de futuro genético y el ejército israelí entendió que esta estrategia de castigo a los familiares podría resultar disuasoria para los suicidas.

No obstante, quizá la más sutil estrategia para dotar de futuro a las personas sin futuro, es la religión. La seguridad en la existencia de una vida futura parece verdaderamente conveniente para reforzar la cooperación, sobre todo si la calidad de esa vida futura está fuertemente anudada al carácter cooperativo y/o altruista de nuestras acciones en la vida presente. La religión, en cuanto que meme que alarga y refuerza la sombra del futuro sobre nuestros actos presentes, debería fortalecer la cooperación en las sociedades humanas. Es bien verdad que tal estrategia puede ser tanto o más peligrosa que la desesperada conducta de los hombres sin futuro pues, vinvulada la existencia futura a determinadas acciones en la vida real, también se favorece que puedan llevarse a cabo actos atroces en la realidad buscando la vida eterna.

No deseo ahondar más. permítanme acabar con una anécdota que me ocurrió en un juzgado de guardia cuando la Guardia Civil condujo detenidos a dos ladrones jóvenes que habían tratado de atracar a punta de navaja a un señor de avanzada edad. El relato de los hcchos que me hicieron los delincuentes resultaba esclarecedor: Esgrimieron sus navajas frente al anciano pero él, lejos de entregarles el dinero, esgrimió a su vez contra ellos un baston con contera metálica bastante aguzada mientras, con la mano libre, les hacía a los atracadores el típico gesto de “acercaos si tenéis huevos”. Uno de los atracadores, cuando quedamos a solas me dijo: “Cuando lo vimos aculao en la pared, con el bastón en la mano y haciendo gestos de que nos acercáramos, ¿querrá usted creer señor abogao que el puto viejo nos acojonó?”