Vermú con epojé

Vermú con epojé

Me sirvo un vermut mientras leo y el libro me habla y me dice:

«Cuando un hombre lee un libro no lee lo que el autor del libro dice, sino aquello que el propio lector piensa».

Y tiene razón.

Para Filón de Alejandría las sagradas escrituras eran un texto neoplatónico, en cambio, para el cordobés Maimónides eran un texto Aristotélico. Ni que decir tiene que el primero era neoplatónico y el segundo aristotélico.

Para comprender necesitamos olvidar todo conocimiento previo y tratar de escuchar lo que se nos dice sin juzgar. Necesitamos usar de la epojé, suspender nuestro conocimiento previo y comprender sin juzgar.

Para entender a otras culturas o a otras religiones, filosofías o formas de  pensar debemos “suspender” (epojé) nuestro conocimiento y juicio previos y escuchar y estudiar hasta comprender. Cuando hayamos comprendido ya habrá lugar a otras cosas.

Mientras no hagamos eso no leeremos el libro de nadie, sino nuestro propio libro, nunca escucharemos un discurso de nadie, sino nuestro propio discurso y nunca entenderemos nada, ni siquiera a nosotros mismos.

Hay quien se toma el vermú con una rodaja de naranja, yo lo acompaño con estas otras cosas.

#epojé #neoplatonismo #aristotelismo #vermú #vermouth #vermut #cinzano

Patatas fritas

Patatas fritas

Últimamente se me está haciendo difícil subir fotos de mi comida; algunas de mis followers son tan observadoras que, si bautizo el plato como «pollo con champiñones» y no lleva champiñones, se apresuran a desenmascararme y a denunciar la superchería.

Hoy se ve el pollo (se ve), se ven los champiñones (bajo él) y se ven… Patatas fritas, sí, patatas fritas.

Mi doctora me ha aconsejado que me guarde de los hidratos de carbono de inmediata disposición y que sea cicatero en el consumo de harinas, pastas y tubérculos como las patatas, lo que desconoce mi doctora es que las patatas fritas son como la misma vida.

Cuando te enfrentas a un plato de patatas fritas sabiendo que es una ocasión extraordinaria, atacas el plato con ansia y comes sin tasa hasta que ves que, como sin sentirlo, te has comido medio plato y las patatas que quedan comienzan a menguar. Es entonces cuando las empiezas a comer despacio, morosamente, disfrutando cada patata, masticando lento y saboreando profundo.

Sí: no hay nada como un buen plato de patatas fritas.

Con la vida pasa algo parecido, cuando ya te has comido medio plato y te quedan menos años por vivir que los ya vividos, también empiezas a masticar despacio y a saborear profundo. Ya no estás para que nadie te quite patatas dándote la tabarra con cosas que tienen importancia para ellos pero que no son importantes para ti; ya no pierdes tu tiempo compartiendo las pocas patatas que te quedan con gentes sin fondo. No, no estás para desperdiciar patatas, cada año que te queda quieres disfrutarlo —aunque venga malo, como este 2020— y vivirlo profundamente, tan profunda e intensamente como sea posible. Y no quieres que te distraigan pues a estas alturas ya solo quieres vivir cosas que te atraigan.

La fortuna, por el momento, me es favorable y aún me quedan años y patatas en la despensa, así que, con su permiso, voy a concentrarme.

Va por ustedes.

Estudia ciencias compañero

Estudia ciencias compañero

Ilya Prigogine fue Premio Nobel en 1977 si no recuerdo mal por sus trabajos sobre las estructuras disipativas. Sé que algunos cientìficos no acaban de estar del todo de acuerdo con sus teorías que, sin embargo, a mí me apasionan. Pero no es de los sistemas en desequilibrio estable como generadores de información ni de la irreversibilidad y la flecha del tiempo, lo que me impresionó vivísamente de Ilya Prigogine fue su profundìsima formación filosófica. En una larga entrevista le vi hablar con solvencia de multitud de filósofos y, al mismo tiempo, del nacimiento del tiempo y la informaciòn en el universo, Epicuro y su teoría del «clinamen» y enlazarlos lógicamente con solidez tomística.

Yo sé que quienes me siguen son mayoritariamente abogados, unos más mayores y otros más jóvenes, pero, si eres joven, permíteme que te recomiende una cosa: estudia ciencias.

Mira, ni los teólogos ni los filósofos suelen cambiar de opinión, antes al contrario, cuando alguien argumenta en su contra lo que suelen hacer instintivamente es reconvenir demostrando su maestría en justificar teorías más que en probarlas. Sólo los científicos (sólo quienes usan el método científico) están acostumbrados a reconocer su error o el fracaso de sus experimentos; es así como avanzan.

La ciencia, el método científico, es la única fuente de conocimientos más o menos válidos y universales y, sólo por eso, creo que es importante conocerlo. Lo malo es que la ciencia sólo nos explica —aunque cada vez más grande— una porción pequeñita de la realidad. Es por eso que, quienes quieren convicciones sólidas, acuden a la teologìa y los demás, los que dudamos, hemos de conformarnos con la filosofía, ese conocimiento que nos permite no quedar paralizados por la duda en un mundo de incertezas.

Por eso, si quieres experimentar el dulce entusiasmo de saber y no creer y quieres acostumbrarte a estar equivocado, estudia ciencias. Te aseguro que es bueno para entender la justicia de verdad y no meramente el derecho positivo.

#ciencias #letras #derecho

Ubuntu

Ubuntu

Somos porque son, soy porque sois, sin vosotros no soy nada y sin mí, aunque me odies, eres un poquito menos.

La ética «ubuntu» se popularizó con la llegada al poder de Nelson Mandela y con los discursos del pastor anglicano Desmond Tutu. Buena parte del éxito de la joven y nueva República Sudafricana se debe a esta particular concepción Bantú de la humanidad.

A veces pienso en nuestro ejercicio profesional en términos de esa palabra zulú, ubuntu: ¿qué razón de ser tendría nuestra profesión si no existiese una ciudadanía que ve amenazados sus derechos fundamentales? ¿Qué otro sentido podría tener nuestro ejercicio profesional sino ese?

Hay quien ve nuestra actividad como un negocio pero hay quien todavía cree que esta profesión es algo más que eso. Porque existen ciudadanos con recursos limitados y que han de enfrentarse solos a corporaciones o instituciones con contactos, influencias y capacidades económicas virtualmente ilimitadas, es por lo que existe una abogacía independiente. Somos porque son.

Si algún día ellos desaparecen no tendremos razón de existir (en un mundo sin derechos los abogados sobran) pero, si un día nosotros desaparecemos, ellos dejarán de ser ciudadanos y serán meros súbditos a merced de los poderosos.

Sí, somos porque son, pero ellos también son porque somos y, por eso, cuando defendemos nuestra particular visión de nuestra profesión también les estamos defendiendo a ellos.

Es por eso que una de las mejores formas de defenderles a ellos es defender a esta abogacía que tú yo queremos. No es egoísmo, capricho ni apetencia, es que defendernos es una de las formas más eficaces de defenderles.

Por eso espero verte en Córdoba o en cualquier otro lugar, porque tenemos un trabajo que hacer juntos y tenemos que hacerlo mucho tiempo.

Buenos días y ubuntu.


Puedes escuchar el audio de este artículo en mi podcast.

Las grandes preguntas y los marrajos

¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos? son esas preguntas a las que solemos llamar «las grandes preguntas». Si supiésemos responder a esas preguntas —pensamos— habríamos resuelto el enigma de la existencia humana.

Se me ha ocurrido formular esas tres grandes preguntas al infalible oráculo que lo sabe todo: Google; pero me he llevado un chasco. Para Google esas tres preguntas conducen indefectiblemente a una canción de «Siniestro Total» y, si preguntamos en inglés o francés, entonces Google nos conduce a un cuadro de Paul Gauguin.

«¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?» (en francés D’où venons nous? Que sommes nous? Où allons nous?) es un cuadro de Paul Gauguin hecho en diciembre de 1897 durante su segunda estancia en Tahití.

Lo que Google no es capaz de responder es a esas tres preguntas, de hecho es incapaz incluso de darnos siquiera un pista fiable.

Es para dar respuestas indemostrables a preguntas irresolubles para lo que se inventaron las religiones. A la pregunta de «¿qué somos?» nuestra religión nos responde que somos una creación de un Dios aficionado a la alfarería; si preguntamos «¿A dónde vamos?» nos dirá que, al cielo, al infierno o al purgatorio (aunque en esto hay dudas) y si, finalmenye, le preguntamos «¿De dónde venimos?» nos dirá que «de Dios», sin muchas más precisiones, porque a la religión lo que le preocupa es que te portes de una determinada manera y no de otra y para eso estableció los negociados del cielo y del infierno.

Allá por los años 70 y 80 los portapasos marrajos solían expresarse de forma ruidosa mientras, en la madrugada del Viernes Santo, llevaban en procesión al titular de su cofradía (Nuestro Padre Jesús Nazareno) desde la Lonja de Pescadores del Barrio de Santa Lucía hasta la cartagenera iglesia de Santa María.

En aquellos años —luego una pudorosa cofradía lo prohibió— solía escucharse una antífona más o menos parecida a esta:

(Solo)

—¿Quién viene?

(125 portapasos)

—¡El Jesús!

—¿De dónde venís?

—¡De la pescadería!

—¿A dónde váis?

—¡A Santa María!

A mí, ver pasar de madrugada al Nazareno con toda esa algazara debajo, me gustaba; me daba la sensación de que, lo que no habían resuelto Aristóteles, Kant o Hegel, los marrajos lo tenían resuelto durante unas horas y que, para aquellos 125 corazones, todo lo creado cobraba sentido esa noche porque ellos, en esas breves horas, no tenían la menor duda de quiénes eran, de dónde venían y a dónde iban.

La semana santa se compone no sólo de celebraciones litúrgicas sino también de ceremonias paralitúrgicas y en no pocos casos contralitúrgicas; en este caso la Cofradía Marraja, en nombre de una gris ortodoxia, decidió obligar a los portapasos del Nazareno a hacer su trabajo en silencio de forma que, hoy, ya no puedo disfrutar al ver pasar a esos hombres para quienes, una vez al año, la vida cobra sentido y pueden responder con absoluta certeza a todas y cada una de esas grandes preguntas que la humanidad lleva haciéndose siglos.

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?