El hombre le puso nombre a los animales (in the begining)

El hombre le puso nombre a los animales (in the begining)

El hombre le puso nombre a los animales (in the begining) pero a los hombres les pusieron nombre los griegos. Por ejemplo, los egipcios jamás llamaron «Egipto» a su país ni ellos se llamaron nunca «egipcios», del mismo modo que los fenicios nunca llamaron «Fenicia» a su país ni ellos se llamaron jamás a sí mismos fenicios. Fueron los griegos los que bautizaron a Egipto y los egipcios, a Fenicia y los fenicios y a un montón de pueblos más, entre ellos y con toda probabilidad también a nuestro país.

Si un habitante del Valle del Nilo en la antigüedad le escuchase a usted llamar a su país «Egipto» se habría partido de risa. Los egipcios eran los sevillanos de la antigüedad: vivían bajo el error invencible de que vivía en el mejor lugar del mundo y el único en que merecía la pena vivir y los dioses así lo habían señalado. De sur a norte una larguísima lengua de agua, el Nilo, trazaba una linea evidente para cualquiera que tuviese ojos en la cara y de Este a Oeste, todos los días, el sol trazaba otra linea perpendicular a la anterior. Ambas lineas se cruzaban sobre un punto: Egipto. ¿Es que no está claro que los dioses habían señalado con esa cruz cósmica dónde estaba el mejor país del mundo?

Pero los egipcios no vivían en cualquier parte, vivían sólo al lado del Nilo y en esas tierras que, tras la crecida, se inundaban y se volvían fértiles en extremo. Ellos eran los habitantes de esa tierra negra que quedaba tras la inundación y, por eso, llamaron a su país «Kemet» («La Negra») la tierra rica y fertil que se contraponía a esa otra tierra estéril a la que llamaron «Deseret» («La Blanca). ¿Parece vieja la palabra «desierto», verdad?

Fueron los griegos los que, haciéndose un lío con el dios Ptah y algunas frases en egipcio que lo incluían, acabaron llamándole «Egipto», una palabra griega que los verdaderos egipcios, los habitantes de «Kemet» no habían pronunciado jamás.

A los pobres fenicios les pasó lo mismo porque, si los egipcios eran los sevillanos del 3000 antes de Cristo, lls fenicios eran los Marrajos del 1000 antes de Cristo.

Los fenicios eran unos comerciantes fabulosos uno de cuyos productos estrella era un tinte morado que fabricaban a partir de unas cañaíllas que crecían sobre todo alrededor de la Isla de Tiro (Santa Lucía, la Isla de los Marrajos aún no existía). Para publicitar el tinte los fenicios se tintaban el cabello, la barba y hasta la cara con él, y por ello no es de extrañar que los griegos les llamasen Φοίνικες (phoinikes) que es la palabra que dio lugar a la palabra con que hoy les conocemos: «fenicios». Y digo que no es de extrañar que les llamasen Φοίνικες porque phoinikes significa exactamente “los púrpura” o “los de púrpura”. Yo me imagino a los marineros de los navios fenicios de Mazarrón desembarcando en Santa Lucía con las ropas moradas, el pelo morado, las barbas moradas y la cara morada, con su dios Melkart a cuestas y creo que alguien gritaría en Ibero lo de “¿Quién viene?”. Los marrajos me entenderán.

El problemas es que los fenicios jamás se llamaron a sí mismos fenicios, ellos eran gente de 𐤊‏𐤍‏𐤏‏𐤍‏, kanaʿan y, precisamente por eso, se llamaban a sí mismos 𐤊𐤍𐤏𐤍𐤉 (kenaʿani, «canaaneos») o 𐤁‏𐤍‏ 𐤊‏𐤍‏𐤏‏𐤍‏ (bin kenaʿan, «hijos de Canaán») y coincide con el pueblo cananeo citado en la Biblia.

Como ven el hombre le puso nombre a los animales (in the begining) pero fueron los griegos los que le pusieron nombre a los hombres.

Bueno, a todos no, porque mi ciudad tiene nombre fenicio (cananeo) y se llama 𐤇𐤃𐤔𐤕 𐤒𐤓𐤕 (“Qrt Hdst”, Quart Hadast) lo que en castellano se puede traducir por “Ciudad Nueva” pues el trilítero 𐤒𐤓𐤕 quiere decir ciudad (como en Melkart “El dios de la ciudad”) y el grupo consonántico “hdst” que significa “nuevo”.

¿Y por qué les cuento yo todo esto?

No lo sé bien, seguramente porque yo soy de aquí y a los de 𐤇𐤃𐤔𐤕 𐤒𐤓𐤕 nos pasa como a los sevillanos y a los egipcios, que vivimos bajo un error invencible del que no queremos que nadie nos saque.

Hispania y Fenicia

Hispania y Fenicia

Dicen que fueron los fenicios los que pusieron nombre a España llamándola  Hispania nombre que parece derivar del término ऀ‏उ‏ऎ‏ऐ‏ऍ‏उ‏ (ʾyspny). Este se ha interpretado, ya desde antiguo como ʾy-spn-y, significando «la isla o península de los damanes» (un bicho ungulado lejanamente parecido al conejo bastante abundante en Canaán),​ por la supuesta riqueza en conejos de estas tierras, que los fenicios habrían asimilado o confundido con aquellos. La explicación deja muchos cabos sueltos: confundir un damán con un conejo es un error grave porque el damán tiene muy mala leche y ataca, aparte de tener voz poderosa y no conocer yo ninguna receta libanesocananea para comerlo.

Por su parte, según Cunchillos, en su Gramática fenicia elemental (2000), la raíz del término span es spy, que significa «forjar o batir metales». Así, ʾy-spn-ya sería la «la tierra en la que se forjan metales», lo cual, a mí, me parece más creíble dada la afición fenicia al metal tartésico o de la Sierra de Cartagena-La Unión.

Hoy, para investigar la cuestión en profundidad, me he gobernado un conejo al ajillo y estaba cojonudo; nada que ver con el damán, lo que prueba más allá de toda duda que los primeros fenicios que vinieron a España vinieron a por los metales de Tartessos, por la plata de Cartagena y por los michirones de la Bodega Lloret en La Unión.

El conejo al ajillo de hoy y los barcos cargados de lingotes de plomo de La Unión que guardamos en nuestros museos así lo atestiguan.

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