Las «fake news» y el Cantón de Cartagena

Las «fake news» y el Cantón de Cartagena

Ayer publiqué en mi muro una reseña sobre el Cantón de Cartagena aprovechando el 149 aniversario de su proclamación y, como era de esperar, en los comentarios al post, aparecieron muchos conteniendo adjetivos del tipo «utópico», «payasada», «idiotez», «petardo»,  «disparate», «23-F de la anarcoizquierda…»

Confieso que lo esperaba, lo único que me sorprendió es que fuesen tan pocos, pues, entre estos calificativos han faltado muchos de los más típicos desde hace años, tales como «irreligión» o «ruptura de la unidad católica» junto con los inevitables de  «crisis de autoridad», «desorden», «anarquía», «ineducación», «tiranía de la plebe» e incluso hasta «socialismo», calificativos todos estos que son repetidos habitualmente incluso hoy, ciento cincuenta años después, por quienes no saben del Cantón más que lo que les han contado. Los tales calificativos, es bueno que lo sepan, son el producto de una de las mejores campañas de «fake news» de la historia.

Permítanme que aquí la denuncie.

La campaña de desprestigo del Cantón comenzó durante la vigencia de la propia Primera República y su autor fue el diputado Emilio Castelar.

Según josé María Jover (Académico de la Real Academia Española de la Historia) la «intensa actividad mitificadora» de lo que había sucedido fue iniciada por Emilio Castelar con el discurso que pronunció en las Cortes el 30 de julio de 1873, solo dos semanas después de que Pi y Margall fuera sustituido por Salmerón. De hecho, del discurso se hizo un folleto con doscientos mil ejemplares de tirada, una cantidad extraordinaria para la época. En él, Castelar equiparaba la rebelión cantonal al «socialismo» y a la «Comuna de París», y lo calificaba de movimiento «separatista» —«una amenaza insensata a la integridad de la Patria, al porvenir de la libertad»—, además de contraponer la condición de español y la condición de cantonal.

La posición denigratoria de Castelar nace de su propia posición política. Aunque la Primera República Española se apellidaba de «Federal» a Castelar y a muchos otros la cosa del federalismo no les gustaba ni un pelo y mucho menos eso de la construcción de España de «abajo a arriba», de forma que, verter infundios sobre el Cantón le venía muy bien.

Contrario también al federalismo fue también Manuel de la Revilla, catedrático a la sazón de literatura de la Universidad Central, quien consideraba el federalismo como algo absurdo en «naciones ya constituidas», y que respondió al libro de Pi y Margall «Las nacionalidades» alegando que la puesta en práctica del pacto federal solo traería «la ruina y la vergüenza».

Y junto a ellos se alineó también Marcelino Menéndez y Pelayo, quien en su «Historia de los heterodoxos españoles» escribió:

«…en Barcelona el ejército, indisciplinado y beodo, profanaba los templos con horribles orgías; los insurrectos de Cartagena enarbolaban bandera turca y comenzaban a ejercer la piratería por los puertos indefensos del Mediterráneo;»

Menéndez y Pelayo, M. «Historia de los heterodoxos españoles».

Como ven los detractores del federalismo iniciaron una campaña destinada a confundir el federalismo con el separatismo, la separación iglesia-estado con la antirreligión, con profanaciones e incluso con «orgías». La palabra República se identífico con anarquía y crisis de autoridad, tanto que el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua llegó a reconocer en su edición de 1970 la palabra «República» en su séptima acepción como «lugar donde reina el desorden por exceso de libertades». Si hoy lo consultan este sentido pervive en la sexta acepción. Como ven, la campaña de desprestigio de la República Federal fue todo un éxito.

Es curioso que todos estos adjetivos de entonces, repetidos acríticamente durante siglo y medio, siguen vigentes hasta nuestros días donde se admiten como verdades de fe y pueden comprobarlo simplemente con leer los comentarios a mi post de ayer.

Claro que hubo verdaderos simpatizantes del Cantón y, sin duda, Don Benito Pérez Galdós fue uno de ellos. Su relato del Cantón de Cartagena en sus episodios nacionales («La I República» y «De Cartago a Sagunto») es una lectura dulce para los oídos de los cartageneros máxime cuando Don Benito no tocaba de oído. Don Benito era visitante asiduo de Cartagena y conocía de primera mano los hechos y circunstancias en que se desarrolló el Cantón de Cartagena.

Es por todo esto que, a día de hoy y como dije ayer, son muchos los que ignoran por completo lo sucedido en el Cantón.

Y sin embargo la visión que del mismo dieron sus detractores desde sus trincheras ideológicas sigue vigente.

Es algo digno de estudio.

Políticos y terraplanistas

Políticos y terraplanistas

En 1954, un pequeño grupo de personas dirigido por una tal Dorothy Martin (una ama de casa vecina de Oak Park en los suburbios de Chicago) se convirtió a una nueva y extraña forma de fe. Según la doctrina enseñada por Dorothy Martin una serie de desastres amenazaban con acabar de inmediato con la vida en la tierra aunque, afortunadamente, una civilización extraterrestre vendría a salvarlos llevándoselos en sus platillos volantes hasta el planeta Clarion.

De acuerdo con las creencias de su extraña fe, en la Nochebuena de aquel año, los fieles de este nuevo credo se reunieron en Cuyler Avenue para cantar villancicos mientras esperaban la venida de los extraterrestres.

Aunque lo hasta aquí narrado es bastante sorprendente no es lo más interesante; lo más curioso de todo es que esta no era la primera vez que Dorothy les había anunciado la llegada de lls extraterrestres, esta era ya la cuarta vez que se reunían para subirse a las naves espaciales del planeta Clarion, como pueden imaginar las tres veces anteriores concluyeron con sendas decepciones para los fieles al credo de Dorothy. Y, sin embargo, la sucesión de fracasos proféticos de su lideresa no quebraba la confianza del grupo en sus enseñanzas: la creencia del grupo era tan fuerte que no solo llevó a muchos de los fieles a dejar sus trabajos o cónyuges para esperar a sus salvadores extraterrestres, sino también a aferrarse a sus creencias una y otra vez ante cada nueva evidencia contradictoria.

Las autoridades, lejos de ignorar a Dorothy y sus seguidores y considerarlos un grupo de locos más, decidió estudiar el fenómeno y para ello introdujeron una serie de psicólogos en el grupo de fieles a Dorothy haciéndolos pasar por nuevos fieles.

Lo que estos encontraron allí no fue sino uno de los principios básicos del comportamiento humano: a los seres humanos les causa un grandísimo malestar comportarse de una forma que no sea coherente con sus creencias. Tal situación estresa fuertemente a los seres humanos y les impulsa continuamente a buscar una forma de solucionar tal discordancia y, la realidad es que sólo hay dos formas: o cambiando de conducta o cambiando de ideas. Sucede, sin embargo, que cuando la conducta de los seres humanos es pública y notoria, resulta extremadamente difícil cambiar de conducta, como demostraban estos creyentes en Dorothy.

Esta cualidad del alma humana de estresarse ante la disparidad conducta-creencia ha sido utilizada frecuentemente —aun sin conocerla— por muchos agentes, como por ejemplo, las religiones.

Si públicamente demuestras desde niño tu adhesión a unas determinadas ideas y las proclamas a través de ritos es muy probable que te resulte mucho más difícil cambiar de creencias o, si cambias, abandonar del todo estas ideas.

También los partidos políticos y las sectas hacen esto: haciéndote demostrar públicamente tu adhesión a sus principios, aunque la realidad te diga lo contrario como a los seguidores de Dorothy, seguirás tratando de justificar las creencias que apoyas públicamente y con notoriedad.

Un negacionista de las vacunas que proclama públicamente su posición frente a ellas es muy posible que sea un ciudadano casi irrecuperable; no importará cuántas evidencias se le presenten, ante el doloroso proceso de cambiar de conducta o de ideas preferirá mantener las unas y las otras y el problema estará servido.

No son diferentes quienes en voz alta expresan «fake news» en la calle o en la carnicería, su adhesión pública a esas fakes y a la ideología política que las difunde les ata irremisiblemente a los generadores de mentiras y así, junto a los negacionistas, terraplanistas y conspiranóicos, pasan a formar parte de esa parte de la sociedad difícilmente recuperable para el discurso sensato.

Seguro que conoce usted —tanto si es de derechas o de izquierdas como si es católico, protestante o ateo— personas como estas de quien les hablo a quienes no puede usted comprender; tenga cuidado y observe primero con cuidado su propia casa, es usted un ser humano y no es ajeno a este problema.

Hablo a menudo con políticos y suelo tomar la precaución de llevar datos a tales debates; les aseguro que es inútil. A aquellas fuerzas políticas que viven de proclamar el aumento de la inseguridad ciudadana no les harás cambiar de discurso mostrándoles que las cifras indican que España es el país con menos delitos de Europa Occidental y con más policía per cápita de toda Europa excepto Chipre. Tampoco a quienes defienden la Nueva Oficina Judicial les hará la menor mella comprobar que esta se ha revelado como el sistema menos eficaz para resolver asuntos judiciales; son en esto como los seguidores de Dorothy: han forjado una carrera política y han ajustado su conducta pública a unas ideas y ni la realidad ni los datos les harán cambiar de postura.

Este procedimiento para conseguir seguidores de que les hablo lo han usado las religiones y los credos políticos desde la noche de los tiempos, lo usan incluso nuestras administraciones y poderes públicos y, les aseguro, que puede llegar a incorporar elementos y rituales tan sutiles como refinados.

Yo no sé cómo se puede combatir esta forma de adoctrinamiento, lo que sí sé es que, cada día, observo a mi alrededor más personas aparentemente atrapadas por él y que, la polarización de emociones de esta especie ennla sociedad o en la pugna política, no es buena para la convivencia y es peligrosa para ella.

Yo no sé cómo solucionarlo, sólo puedo intuir soluciones, pero de eso será mejor que hablemos otro día, este post ya se va haciendo muy largo.