Viva España

Se cumplen unos 110 años desde que el escritor y poeta catalán Joan Maragall escribiera un famoso artículo titulado como este post, pero en otra lengua española, el catalán: «Visca Espanya».

Este artículo («Visca Espanya!!», obviamente, no el mío) debiera ser lectura obligatoria para todos los políticos que estos días están enredados en la batalla del referéndum desde ambos lados de la tierra de nadie.

El artículo de Joan Maragall, con sus 110 años encima, sigue de plena actualidad, tanto que no puedo continuar leyendo sin detenerme a pensar al llegar al pasaje en que el autor proclama y pregunta:

Espanyols? sí! més que vosaltres! Visca Espanya! Però, com ha de viure Espanya?

Y es que esa es la pregunta nuclear, «Viva España», sí; «Visca Catalunya!», también, pero… ¿cómo ha de vivir España? ¿cómo ha de vivir Cataluña? ¿Qué estamos queriendo decir cuando damos esos «vivas»?

En esta península cainita más gente de la que debiera grita «Viva España» como un inri con que molestar a otros, pero también otra nada despreciable cantidad de gente grita «Visca Catalunya!» con intenciones nada venturosas para una buena parte de los habitantes de la propia Cataluña.

Déjenme que les cuente una historia.

Cuando yo era niño mis primos y yo éramos hinchas de la selección de fútbol de Brasil. Recuerdo aquellas vigilias durante el mundial de México-70 esperando a que, de madrugada, TVE nos ofreciera los partidos de la selección carioca, esa que jugaba con Félix en la puerta y que, de ahí para adelante, alineaba a diez genuinos magos del balón.
Mis primos y yo soñábamos con tener una camiseta amarilla y, en cuanto saltaba Brasil al campo, se nos pasaba el sueño, jaleábamos a gritos con infantil estupor las acciones de Pelé y nos sonaba a poesía épica aquella delantera prodigiosa que rimaba como riman los versos de Os Lusíadas: Gerson, Jairzinho, Tostao, Pelé y Rivelinho.

España no se clasificó para ese mundial y durante los cuatro años siguientes los niños españoles soñamos con las camisetas amarillas de la canarinha. Sí, en lo que al fútbol respecta, en aquel lejano año 70, los niños queríamos ser brasileños.

Ahora, cuarenta años después, tras dos eurocopas y un mundial ganados por España, uno no tiene dificultad para encontrar niños con camisetas rojas en casi cualquier parte del mundo con los nombres de Iniesta, Xabi o Villa escritos en ellas. Los niños ya no son, como éramos mis primos y yo, todos brasileños.

No ha hecho falta “españolizar” a esos niños que desean lucir una camiseta roja, no ha sido preciso hablarles de las virtudes patrias para que hayan querido formar parte de la selección española; ha bastado con ofrecerles la ilusión de un equipo que toca con la precisión de un reloj suizo, que hace que el balón parezca de su exclusiva propiedad y que, llegado el caso, tiene de su lado esa fortuna que es patrimonio de los campeones.

Viva España.

El caso de las naciones y los estados no es muy distinto: los hombres se marchan de los lugares donde no encuentran la libertad que buscan, de los países que no les ofrecen a ellos y a sus hijos el futuro que desean y se enfundan la camiseta de aquellos lugares que les ofrecen la ilusión, real o ficticia, que su país les niega.

Hemos visto venir a España seres humanos de todos los lugares del planeta huyendo de la esclavitud, la guerra y el hambre; hombres que querían ser españoles porque aquí vivía la ilusión de un futuro mejor para ellos y sus hijos, la esperanza de ser atendidos en un hospital si caían enfermos y la seguridad de que sus hijos tendrían educación y que cualquier injusticia que se les hiciese podría ser remediada gracias a leyes y jueces justos. No hubo que españolizarlos, bastó con ofrecerles un lugar donde vivir una vida casi digna. Pero era sólo una ilusión: la España de 2017, hoy, nos muestra todo aquello que la prosperidad económica no dejaba ver a esos hombres que un día vinieron. Un lugar donde no pueden, y en muchos casos ni quieren, vivir los propios españoles.

Hablan de españolizar y tratan de confundir el color de la camiseta con la calidad de los jugadores: Ni por ponerse una camiseta amarilla se es Pelé ni se es Blas de Lezo por agarrarse a una bandera española.

Si queremos españolizar hagamos de este país un lugar donde los gobiernos sean honestos, donde la riqueza y la pobreza se compartan por todos con justicia, donde los hombres vivan libres e iguales y donde la felicidad de todos sea posible. Un lugar en donde todos quieran vivir y de donde nadie quiera marcharse.

Y cuando eso pase, quienes nos gobiernan, podrán levantar con orgullo la bandera, como Blas de Lezo, como Ramón y Cajal, como Cervantes, como Don Joan Prim i Prats… Aunque para entonces ya no hará falta españolizar a nadie porque, a esas alturas, ya todos querrán jugar en este equipo.

Perdonen esta larga historia de mi infancia, lo que quisiera señalarles con ella es que la primera y más principal forma de trabajar por la unidad de España (y Cataluña) es hacer que el equipo juegue bien, que quienes lo dirigen no se lucren a costa de los dirigidos, que persigan a quienes se llevan el dinero de todos y no los amparen u oculten, que den a la justicia los medios necesarios para llevar a cabo su trabajo y que dejen a los jueces juzgar con independencia… en fin ya saben ustedes lo que hace falta, lo que llevamos muchos años echando de menos. Los patriotas no se agarran a banderas ni las hacen tremolar, quienes aman a su país son honestos con él, no cobran treses por ciento ni financian sus partidos con comisiones de empresas. Quien agarra una bandera y la hace tremolar es quien no tiene más respeto por ella que el que tendría a una muleta con que hacernos embestir.

Miren, yo soy español de religión, no soy capaz de entenderme si no es como español y por tanto un trozo de mí es catalán. No creo que ningún referéndum pueda separar estas dos partes de mí y no creo que ningún referendum pueda separar medio milenio de vida en común.

Y dicho esto, ahora, quienes van a votar el 1-0 sería bueno que cambiasen en este artículo la palabra España por Cataluña y comprobasen, se preguntasen, si el club en el que quieren jugar está dirigido por quienes no se quedan con el dinero de todos para lucrarse, por quienes son patriotas en todo menos en sus ahorros y depredaciones helvéticas, por quienes garantizan la libertad y el derecho de todos, por quienes respetan la justicia y la independencia judicial… y si quienes hacen tremolar las banderas lo que pretenden es hacer embestir a dos comunidades de seres humanos como si fuesen animales, apelando a los instintos.

Viva España, Visca Catalunya!, sí, pero… ¿de verdad queremos que vivan así?

El 1-O no habrá referéndum o habrá tan solo un conato de referéndum y llegará el 2-O y ese será el primer día de los muchísimos días en que tendremos que plantearnos y acordar cómo habremos de empezar a ganarnos el futuro de forma que, cuando gritemos Viva España o Visca Catalunya, lo hagamos a favor de todos y en contra de nadie.

Vale.

Por qué la justicia necesita software libre: el caso Toyota Camry


No hace muchos días la cuenta de tuíter del Ministerio de Justicia exhibía con indisimulado orgullo unas fotografías de una reunión del ministro Rafael Catalá con representantes de Microsoft la empresa norteamericana de software y campeona del llamado software propietario. Decidí responder a ese tuit del ministerio recordando al ministro que, en materia de software, la primera opción para la justicia debiera ser el software libre. Al hilo de este tuit se originó un interesante debate entre quienes se mostraban más y menos estrictos en cuanto a esta prioridad en el que participaron personas de sólida formación académica. Hasta aquí todo relativamente normal y hasta anodino; sin embargo, antes de dejar de leer este post, permítanme que les cuente una historia que probablemente despierte su interés en todo este asunto.

A finales de la primera década de este siglo la empresa Toyota comenzó a recibir numerosas quejas en su división de Estados Unidos. Muchos conductores se quejaban de que, en ocasiones, el modelo Camry comenzaba a acelerar de forma imprevisible y sin que su conductor pudiese hacer nada para evitarlo. Pronto se produjeron las primeras víctimas e incluso el conductor de uno de aquellos Toyota fue encarcelado tras ser declarado culpable de un accidente.

Al principio nadie creyó a quienes decían que el coche había acelerado por sí solo, de hecho se encargó un estudio a la NASA que certificó que el coche funcionaba perfectamente y ello, junto con numerosas investigaciones e interrogatorio de afectados hizo que Toyota diese el caso por jurídicamente cerrado.

Sin embargo, entre finales de 2009 y principios de 2010 Toyota había comenzado a llamar a los propietarios del modelo Camry para solucionar algunos aspectos. Toyota pensó que las alfombrillas podían interferir en el correcto funcionamiento del acelerador y atascarlo de forma que probó a cambiarlas e incluso a serruchar el pedal del acelerador pensando que podía haber un problema en la barra… pero sin éxito. Los casos de conductores que afirmaban que su Toyota había acelerado espontáneamente continuaron y los accidentes… también. Para enero de 2010 Toyota había llamado a revisión unos 7,5 millones de vehículos a causa de los problemas con el acelerador.

Sin embargo el 24 de octubre de 2013 la suerte se acabó para Toyota cuando un jurado falló contra ella y la declaró culpable de la aceleración espontánea de sus vehículos. La prueba decisiva la ofreció Michael Barr, un ingeniero de software que examinó el código que gobernaba el funcionamiento del acelerador electrónico de los Camry y declaró que el mismo era «una basura» y que estaba lleno de malas prácticas.

Michael Barr, naturalmente, sólo pudo alcanzar esta conclusión cuando logró examinar el código fuente que gobernaba el acelerador electrónico y esa es precisamente la piedra angular del debate.

Nadie, ni la NASA, puede examinar con eficacia como funciona un programa informático si el fabricante no desvela su código fuente y eso, para empresas como Microsoft y muchas otras firmes defensoras del software propietario, es casi una blasfemia. Un programa de software cuyo código fuente nos sea desconocido puede hacer cosas que nunca sabremos que hace (¿qué tal avisar a la NSA si algún juzgado español recibe una denuncia en la que esté involucrada?) o simplemente puede hacerlas mal y producir un importante número de víctimas como en el caso del Toyota Camry.

Se dice que no es preciso que el código sea abierto si el programa es eficiente; yo creo que no, que ese argumento sólo es válido en casos extremos. La seguridad de los datos contenidos en los expedientes judiciales es vital y sólo estaremos seguros de que no acceden a ellos personas distintas de las autorizadas cuando el software que maneja esos datos sea auditable, quiero decir, que los Michael Barr de España puedan tener acceso a su código fuente.

Por eso, cuando veo que se gastan ingentes cantidades de dinero en licencias de programas de código propietario, tengo la sensación de que, quien así lo hace, carece de la visión necesaria para tener una justicia verdaderamente moderna y eficaz. Lo lamento por todos nosotros.

Españoles somos todos

La frase «falai de castelhanos e de portugueses, porque espanhóis somos todos…» (habla de castellanos y de portugueses, porque españoles somos todos…) se atribuye a Luís de Camões, el autor de «Os Lusíadas», la obra épica portuguesa por antonomasia. La wikipedia, por su parte, recoge como de Almeida Garrett (escritor portugués) la siguiente cita

«Españoles somos y de españoles nos debemos preciar cuantos habitamos la península ibérica. España y Portugal es tan absurdo como si dijéramos España y Cataluña. A tal extremo nos han traído los que llaman lengua española al castellano…»

No es pues extraño que reyes de Portugal como Alfonso V no tuviesen empacho en firmarse como «reyes de Castilla y León y Portugal… etc.» ni que se sostenga que Juan II de Portugal escribió a sus primos Isabel y Fernando censurándoles que se llamasen a sí mismos «Reyes de España» cuando no eran más que reyes de dos de sus reinos y que para español él, su señora y el porco a la alentejana.

Y mientras veo las imágenes dantescas del incendio que devora el corazón de Portugal no puedo dejar de recordar las maravillosas temporadas pasadas en ese país ni, mientras compruebo con angustia cómo crece la cifra de muertos, puedo evitar que se me haga un nudo en la garganta; porque es verdad que cuando muere un portugués el dolor tiene una intensidad especial.

Descansen en paz y ojalá esto nunca vuelva a repetirse.

Me irrita

Releo las sentencias sobre las hipotecas que ha dictado el TJUE y me irrito leyendo como la posición procesal del Gobierno de España ha sido sistemáticamente de ayuda a los bancos y contraria a los intereses de los ciudadanos. Me irrita que hayan perdido y que no hayan tenido la decencia mínima exigible: felicitar al contrario por su victoria y pedir perdón por haber defendido las tesis erróneas, por haber defendido a quienes les financian en lugar de a quienes les votan, por haber defendido a los fuertes frente a los débiles y por haber permitido que durante mucho tiempo unos pocos abusaran de casi todos en su beneficio. Si quienes nos gobiernan defienden a los bancos… ¿quién nos defiende a nosotros?
Si lo piensas quizá comiences a mirar de otro modo a los abogados.

Katiusha

Hoy me he enterado de que en el accidente aéreo ocurrido ayer en aguas del Mar Negro, junto con otros noventa pasajeros, perdió la vida Vladislav Golikov, un cantante de los coros del Ejército Rojo que alcanzó notoriedad en España por su peculiar estilo de cantar la jota. Descanse en paz.

Si el afecto se mide por las obras, a la luz de estas, podríamos concluir que vivimos en un país querido y admirado para las gentes del exterior a pesar de nuestros clamorosísimos defectos. Este afecto es evidente en el caso de los rusos, y no tan solo por el desgraciadamente fallecido cantante, sino por la ingente producción musical rusa que ha tenido como fuente de inspiración las formas musicales españolas.

Ya Mikhail Glinka (1804-1857) nos dejó una jota absolutamente redonda que los más impacientes pueden escuchar aquí  a partir de los 2’50”. Y este es sólo el principio de una ubérrima producción rusa en este campo.

Compositores como Rimski Korsakov, Tchaikovski o Dimitri Shostakovich compusieron magníficas obras de sabor español de forma que la obra de “música española” más conocida en el mundo no es de Albéniz o Falla sino que está compuesta por un ruso y quizá sea el “Capricho Español” de Rimski Korsakov.

El fenómeno contrario (compositores españoles que dediquen su atención a la música rusa) no lo conozco. Quizá se deba a mi falta de erudición en materias musicales, pero, si preguntan a la población española a este respecto no creo que nadie vaya más allá de Georgie Dann y su “Kasatschok”, composición que, sobre no ser original sino copia, no parece que reciba ningún tipo de aporte beneficioso de la mano del cantor veraniego que, antes al contrario, destroza una deliciosa canción rusa -Katiusha- (inspirada en una obra de Igor Stravinski o compuesta por él mismo) que habla de una mujer que añora a su novio incorporado a filas.

¿Por qué nuestro país atrae la atención de los compositores del resto del mundo mientras que aquí del exterior tan sólo parece interesarnos la música más comercial?

Bien podría ser que seamos estupendos y no lo sepamos. Tenemos armonías propias (la escala frigia o hispano-árabe surte efectos mágicos) y los compases, ritmos y formas propios de la música española hacen de ella una fértil fuente de inspiración; además -¿a qué negarlo?- es que es bonita, pegadiza, engancha y si no vean ustedes alguna retransmisión de patinaje artístico y verán qué efecto causa la música española en el auditorio.

Pero… ¿de verdad somos tan estupendos? ¿O quizá influirá también que aquí hayamos podido tener una nómina de peores músicos? No lo creo.

España, en todo caso, mantiene una deuda de cariño con Rusia y con los muchos compositores de otros países que le han dedicado amorosas composiciones pero -¿por qué no decirlo?- probablemente la principal deuda de cariño que mantiene España es con ella misma.

Vivimos en un país que no sabe quererse y prefiere lo ajeno a lo propio sin más razón que porque es ajeno. Vivimos también en un país que, puestos en el lado contrario, cuando afirma su amor por lo propio lo hace con la inteligencia de un hincha de fútbol, sin entender qué es eso que llama “lo propio”, confundiendo la etiqueta con el producto, el símbolo con la patria y aplaudiendo cualquier “made in spain” que le pongan por delante.

En fin, no sé si tenemos arreglo o si los planes de educación han echado ya a perder toda esperanza, en cualquier caso ayer falleció un ruso que, cantando jotas, nos hizo emocionarnos y pensar que quizá este lugar donde vivimos no es el peor lugar del mundo. Descansa en paz Vladislav.

Sobre jueces, policías, cañones y mantequilla

Sobre jueces, policías, cañones y mantequilla

Introducción

España es el país con una mayor ratio policía/habitante de Europa Occidental1 sólo superado por Chipre, país cuya situación política de división entre dos naciones, no admite comparación con España.

Adicionalmente España tiene una de las ratios jueces/habitante más bajas de Europa Occidental2 y esta situación me llevó recientemente (el 5 de diciembre) a publicar un tuit con las cifras absolutas de policías3, jueces y fiscales en España4. El tuit literalmente decía:

España:

–5.000 jueces

–2.500 fiscales

–230.000 policías

¿Cañones o mantequilla?

El tuit no pareció generar demasiado interés y su actividad se saldó con apenas doce “retuits” y seis “me gusta”. Debo decir que me sorprendió, pues a mí las cifras me parecían merecedoras de una reflexión más profunda.

¿Cañones o mantequilla?

La expresión “cañones o mantequilla” (que yo entendía suficientemente provocativa para un tuit) no pareció llamar la atención de mis lectores, por más que sea un tópico archiclásico de la ciencia económica para aludir al coste de oportunidad.5

Así las cosas decidí plantear la cuestión de una forma más cruda en otro tuit y el 11 de diciembre (ayer en el momento de escribir estas líneas) me decidí a formular la pregunta de forma absolutamente explícita de la siguiente forma

España:

–5.000 jueces

–2.500 fiscales

–230.000 policías

¿Justicia o policía?

La reacción de mis lectores fue mucho más sensible, el cartel provocó 23 “retuits” y 14 “me gusta” y, sobre todo, reacciones y feedbacks muy interesantes (la red es maravillosa para aprender). De una parte estaban quienes, a la luz de los datos, concluyeron que España era un estado policial (cosa que ni dije ni pienso), de otra parte estaban quienes consideraron que comparar ambas magnitudes no tenía sentido (yo, por el contrario, opino que tiene sentido y mucho -véase guns vs. butter-), de otra más estaban quienes consideraron que faltaban jueces, fiscales y también policías (opinión esta sincera y correcta pero difícilmente asumible con recursos escasos) y, finalmente, de otra, estaban quienes captaron la intención provocadora y lo subrayaron en sus comentarios coincidiendo en la corrección de los datos y -probablemente- en la pertinencia del debate.

Un tercer tuit decididamente más provocativo obtuvo incluso mejores resultados que el anterior.

Pero vayamos al grano, dadas las cifras y “ratios” anteriores, ¿qué conclusión podríamos extraer de ellas ahora que las Cortes de la Nación han de redactar la ley de presupuestos para 2017?

Veámoslo.

¿Policías o jueces? (¿cañones o mantequilla?)

Si la única disyuntiva que se le presentase al legislador que ha de confeccionar los presupuestos de 2017 fuese la del título (jueces vs. policías) una solución racional pasaría por analizar cuales son las ratios de seguridad ciudadana6 que hay en España y compararlas con las que existen en los países de su entorno y con los ratios policía/habitante delos mismos países, así como con el porcentaje del Producto Interior Bruto que destina cada país a Justicia o a Seguridad7. De tal comparación podrían extraerse interesantes conclusiones y hasta podrían formularse algoritmos que nos auxiliasen a la hora de interpretar los datos o medir la eficacia de las partidas presupuestarias destinadas a cada sector.

Estudiando tales cifras podemos comprobar que España, por lo que a gasto en seguridad se refiere, es un país que gasta más que la media de la UE, es superado en esfuerzo económico por siete países8 y precede en esfuerzo a los 20 países restantes de Europa tomados en consideración por las tablas estadísticas.

Ratio del PIB(GDP) destinado a orden público y seguridad
Ratio del PIB(GDP) destinado a orden público y seguridad

Si analizamos la ratio policías/habitante de que dispone cada uno de estos países y la comparamos con el esfuerzo económico que veíamos en el párrafo anterior habremos de colegir que, o bien los policías españoles están mal pagados o bien en España se ha invertido mucho en capital humano y bastante menos en medios materiales. Si repasamos las tablas veremos que el Reino Unido cuenta con menos policías que España a pesar de destinar un mayor esfuerzo presupuestario a seguridad, esto dos deja ante la disyuntiva de entender que sus policías están mejor pagados o están dotados con mejores medios o ambas cosas a la vez.

Ratio policía/habitantes de los países de Europa
Ratio policía/habitantes de los países de Europa

Si las dos variables anteriores las referimos a la cantidad de seguridad producida por el esfuerzo económico y los medios destinados habremos de concluir que las cifras son verdaderamente satisfactorias para nuestras policías si las comparamos con, por ejemplo, las del Reino Unido: España es un país muy seguro y que ofrece índices bajos de criminalidad, afirmación esta que no puede realizarse con tanta seguridad en el caso del Reino Unido. Vean ustedes, por ejemplo, las cifra de muertes violentas en los diversos paises de Europa y saquen conclusiones:

Media de homicidios anuales 2007-2012
Media de homicidios anuales 2007–2012

Así las cosas podemos decir sin temor a equivocarnos que los servicios públicos (policías) tendentes a garantizar la seguridad y el orden público en España funcionan mucho más que aceptablemente y que, a la luz de los medios destinados al mantenimiento de los mismos, no parece necesario que los mismos se amplíen sin perjuicio de una mejor o más justa distribución de los mismos (desigualdades salariales, diferente o desigual dotación de medios, etc.). En suma, evidente resulta que si contásemos con más policía o mejores medios la situación mejoraría pero, comparados con los países de nuestro entorno, la situación de España en este campo parece ser francamente buena.

Naturalmente que todo esto no es más que una aproximación; un estudio en profundidad escapa de los reducidos márgenes de un post y sospecho que el mismo debe de estar realizado por los órganos ministeriales pertinentes. La ecuación que determina la cantidad de seguridad producida por los diversos medios destinados a ella (variables) supongo que debe de estar siendo refinada constantemente al igual que las curvas generadas por ella, que todo este complejo mundo de la seguridad está en las mejores manos y que todos los aspectos que le atañen son tomados en cuenta y ponderados debidamente. Por tanto entiéndaseme, lo por mí ofrecido en este post no es más que una visión general que no tiene más aspiración que resumir el planteamiento general del problema.

Dejemos a la policía y pasemos a los jueces y fiscales tratando de realizar las mismas observaciones que hemos realizado respecto de la policía. Si en materia de seguridad y orden público nos interesaba conocer cual es la «cantidad de seguridad»9 que son capaces de producir el conjunto de unos determinados medios humanos y materiales, en justicia se tratará de hacer precisamente lo mismo, determinar qué «cantidad de justicia»10 es capaz de producir un sistema judicial dado.

No quiero abrumarles con datos (este post ya va siendo demasiado largo) pero es obvio que todo esto, como en el caso anterior, no va a ser más que una mera aproximación; un estudio en profundidad escapa de los reducidos márgenes de este post y aunque me gustaría sospechar que el mismo debiera de estar realizado por los órganos ministeriales pertinentes, créanme que no logro acabar de convencerme de esto cuando veo la situación de la justicia en España y escucho las propuestas que se efectúan desde algunos órganos oficiales.

Si, en el caso de la policía, analizábamos en primer lugar cuál era el esfuerzo presupuetario en seguridad, procederá que hagamos lo mismo en Justicia y comprobaremos que las estadísticas para España, en materia de Justicia y en relación a su PIB(GDP), nos indican que, en principio, no se realiza el esfuerzo que debería realizar11

Ratio PIB/Cantidad destinada a Justicia en presupuestos
Ratio PIB/Cantidad destinada a Justicia en presupuestos

No conviene conformarse con la primera estadística que uno se encuentra porque, aunque la fuente sea fiable, les aseguro que no es difícil encontrar otras que la contradigan. En todo caso el último informe emitido por el CEPEJ (The European Commission for the Efficiency of Justice) en 2016 puede darnos una idea bastante clara sobre este punto.

Presupuesto en justicia como procentaje del presupuesto total
Presupuesto en justicia como procentaje del presupuesto total

Las cifras son bastante elocuentes en un sentido, España gasta poco en relación a Europa en Justicia y, en cambio, gasta más de la media europea en seguridad.

Podemos analizar a continuación, al igual que hicimos antes con la policía, cual es la ratio de jueces/población que tenemos y en ese punto tampoco les descubriré mucho si les digo que nuestra ratio no es nada buena.

Ratio Juez/habitantes en países europeos
Ratio Juez/habitantes en países europeos

Por lo visto hasta ahora no parece que España haga el esfuerzo que debe en Justicia, ni parece que dispongamos de los jueces suficientes pero falta la pregunta definitiva: ¿es España un país donde la justicia funcione?.

Puede usted mismo responder a esta pregunta si lo desea o puede buscar al alguien que (incluído el minsitro del ramo) sostenga sin sonrojarse que la justicia española funciona bien, si lo encuentra le agradeceré que me lo presente.

Algunas conclusiones

Obviamente, tras este recorrido necesariamente simplista sobre el estado de la seguridad y la justicia en España pocas conclusiones pueden extraerse al margen de dos que creo que no precisaban de tantos datos: España es un país seguro pero España es un país injusto. Sería necesario un estudio mucho más profundo para tomar una decisión presupuestaria entre los dos sectores contemplados. Es evidente que los medios humanos en la administración de justicia no se reducen a jueces y fiscales sino que hay que incluir necesariamente en ellos la indispensable figura de los funcionarios e incluso la de las personas ajenas a la función pública pero igualmente indispensables para la administración de justicia como son abogados y procuradores. Es evidente que en materia de seguridad el estudio no se agota en contemplar el esfuerzo presupuestario, el número de policías y las ratios de criminalidad sino que hace falta ponderar muchos otros datos.

Sin embargo, con este juego clásico de cañones o mantequilla aplicado esta vez a justicia y seguridad, puede ilustrarse la necesaria tarea de reflexión que debe llevarse a cabo antes de redactar una ley de presupuestos. Nuestros legisladores están a punto de acometer esa tarea y deben plantearse si, dada la actual situación en España, si deben destinar más medios a unas partidas que a otras. Hemos contrastado superficialmente sólo dos de ellas y harto trabajo les espera si deciden hacer bien su trabajo. En todo caso no olviden que, por encima de las consideraciones económicas, estan las razones que justifican que vivamos juntos y contribuyamos todos a una caja común y, la primera de esas razones, la pueden encontrar en las siete primeras palabras de la Constitución:

«La Nación Española, deseando establecer la Justicia…»

Espero haberles podido ofrecer algunos materiales para la reflexión, para el debate o para el estudio. Un saludo.


  1. Puedes consultar diversas fuentes aquí, aquí o aquí, para las cifras de Eurostat más actualizadas puedes mirar aquí. ↩︎
  2. La cifra de la ratio juez/habitante en España puede localizarse en muchas fuentes y ha sido citada muchas veces;tanto por la prensa como por fuentes oficiales ↩︎
  3. Una cifra aproximada se da aquí ↩︎
  4. El número exacto de jueces y fiscales puede consultarse en los servicios estadísticos del Consejo General del Poder Judicial ↩︎
  5. La expresión “cañones o mantequilla” (en inglés “guns versus butter”) plantea una disyuntiva clásica en macroeconomía: cuanto más gastemos en defensa nacional para proteger nuestras costas de los agresores extranjeros (cañones), menos podremos gastar en bienes personales para mejorar el nivel de vida en nuestro país (mantequilla) y ha sido usada hasta la saciedad para ilustrar el llamado “coste de oportunidad”, así, por sólo mencionar unos ejemplos recientes, por el diario “La Razón”, El Espectador (que además hace referencia a cómo Samuelson usaba este ejemplo), El País y muchísimos otros. La expresión “cañones o mantequilla” es un clásico tan repetido para ilustrar el coste de oportunidad que si uno busca en wikipedia “Cañones o Mantequilla” el propio sistema le redirigirá a la página que trata del coste de oportunidad. ↩︎
  6. Una buene fuente de datos es Eurostat accesible aquí ↩︎
  7. Nuevamente Eurostat es una magnífica fuente de datos ↩︎
  8. Estos siete países son: Bulgaria, Portugal, Croacia, Polonia, Rumanía, Eslovaquia, Chipre y Reino Unido. ↩︎
  9. Utilizo la expresión «cantidad de seguridad» en el mismo sentido que, hace muchos años, oí utilizar la expresión «cantidad de defensa» al entonces Teniente General Cano Hevia para referirse al ejército. El Teniente General Cano Hevia explicaba que las unidades formadas por soldados de reemplazo del ejército español de entonces (año 1988) apenas si «producían defensa» para España y que este concepto, esta magnitud, la «cantidad de defensa» producida, era el resultado final de una ecuación compuesta por numerosas variables que no es el caso enumerar ahora. ↩︎
  10. Utilizo la expresión «cantidad de justicia» en el mismo sentido que, hace muchos años, oí utilizar la expresión «cantidad de defensa» al entonces Teniente General Cano Hevia para referirse al ejército. El Teniente General Cano Hevia explicaba que las unidades formadas por soldados de reemplazo del ejército español de entonces (año 1988) apenas si «producían defensa» para España y que este concepto, esta magnitud, la «cantidad de defensa» producida, era el resultado final de una ecuación compuesta por numerosas variables que no es el caso enumerar ahora. ↩︎
  11. European Commission for the Efficiency of Justice (CEPEJ). «European judicial systems Edition 2014 (2012 data): Efficiency and quality of justiceAn overview» ↩︎

Lo siento pero no puedo ir

Acabo de recibir la invitación que ven en la fotografía y sospecho que muchos otros decanos y consejeros del CGAE también la habrán recibido.

Acabo de responder a tan amable invitación: no puedo ir.

A día de hoy el ministro invitante no ha pagado a los abogados de oficio de la llamada «Zona Ministerio»2 ninguno de los servicios que han prestado desde abril de este año; es decir, que los abogados llevan trabajado medio año sin ver ni un euro de la miserable retribución que les tendría que pagar el ministro anfitrión. Comprenderán que no pueda ir a aplaudir ni felicitar a quien es responsable de que mis compañeros y compañeras no cobren lo que se les debe. No es ningún desaire, créanme, es que no puedo.

A día de hoy, igualmente, los abogados que trabajan en el turno de oficio en la «Zona Ministerio» no son solo de los que más tarde cobran sino que, además, son los peor pagados de España. 3 Uno pensaría que un ministro que es patriota de palabra lo habría de ser también de obra y que uno de sus más intensos deseos sería sin duda demostrar por la vía de los hechos lo que predica de palabra: que, juntos, los españoles funcionamos mejor que por separado y que de la unión de todos sólo pueden desprenderse ventajas. Pues bien, el patriotismo del ministro celebrante en este punto es tan solo verbal, pues la realidad es que los abogados que dependen del gobierno central —de su gobierno— son los peor pagados de España. Tarde y mal: comprenderán que no pueda ir.

Y estas serían, tan sólo, las dos primeras de una larguísima lista de razones que me dicen que no puedo aceptar tan amable invitación y que no debo —no puedo— ir.

El ministro de justicia Rafael Catalá Polo ha invitado a la abogacía institucional a su toma de posesión, un acto protocolario donde el guión exige que los presentes feliciten y aplaudan a su anfitrión en fasto tan señalado para él. Desplazar hasta el Palacio de Parcent en Madrid a todas esas personas un día laborable no es cosa baladí pero, sin duda, su presencia dará una pátina de lustre a un acto por otra parte absolutamente huero.

Estoy dispuesto a ir a Parcent si es para hablar de la manera de pagar de forma inmediata a los abogados de oficio; estoy dipuesto a ir a Parcent si es para negociar una subida de las miserables retribuciones que ahora se pagan a los abogados de oficio; estaría dispuesto a ir a Parcent a hablar de cualquier de los problemas que aquejan a la justicia en este momento si es que al ministro le interesase —cosa que dudo— mi opinión. Lo que no voy a ir a Parcent es a aplaudirle, ministro, al menos mientras usted no pague a compañeros que, cada uno, vale lo mismo que usted y que juntos valen muchísimo más que usted. Creo que comprenderá que en estas condiciones no vaya, entiéndalo, no es que no quiera, es que no puedo ir.

Sé que muchos otros sí irán: están en su derecho. Lo que sí que agradecería infinitamente es no tener que sufrir el oprobio de ver a la abogacía institucional, convertida en el caro atrezzo4 de un prescindible acto social, aplaudiendo a quien, mientras invita a consejeros y decanos, mantiene sin cobrar a los abogados a quienes ellos deben representar. Cada uno es libre de hacer lo que quiera: entenderé todas las posturas, pero, particularmente, yo agradecería que no me hiciesen sentir ese oprobio.

Por lo demás, ministro, cuando quiera me vuelve a invitar. Si es para tratar de temas serios esté usted seguro que acudiré; no hay nada personal en esto.


  1. «CGAE» es el acrónimo del Consejo General de la Abogacía Española, corporación profesional de derecho público que agrupa a los colegios profesionales de abogados de España. ↩︎
  2. «Zona Ministerio» es la expresión con que en el argot judicial se designa a las comunidades y ciudades autónomas que no tienen transferidas las competencias en materia de justicia y que por tanto dependen del Ministerio de Justicia en este ámbito y en el del pago del turno de oficio. La «Zona Ministerio» está compuesta por los siguientes territorios: Islas Baleares, Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Ceuta y Melilla. ↩︎
  3. Para tener una idea muy aproximada de cuánto cobran los abogados de oficio de España según el territorio en que trabajan puedes consultar esta página: «Así va el turno». ↩︎
  4. «Atrezzo», del latín attrectare: manipular, manejar, torcer y retorcer… ↩︎