La criptopolítica que viene.

Hace tres días el presidente de la República de El Salvador, un pequeño estado pobre de menos de 7 millones de habitantes, anunció que presentaría una proposición de ley que estableciese el Bitcoin como moneda oficial en su país.

Anteayer la presentó a las camaras, ayer fue aprobada y hoy entra en vigor.

Ayer noche, además, anunció que pondría a disposición de las empresas de minería de Bitcoin que lo deseasen las plantas eléctricas de energía geotermal que su país tiene instaladas en sus volcanes, energía 100% limpia para un bitcoin 100% verde.

Los Bitcoin Believers estadounidenses han recibido la noticia con alborozo, la agencia France Press ha colocado la aprobación de esta ley Bitcoin entre lls hitos más importantes en los doce mil años de historia del dinero, y una larga cadena de declaraciones e incluso recogidas de fondos de ayuda para El Salvador se ha puesto en marcha en los Estados Unidos.

De repente Latinoamérica envidia a El Salvador y comienza a ver el Bitcoin como la herramienta que le permita salir del círculo de deuda en que vive; no es precisa demasiada visión política para saber que en las proximas confrontaciones políticas la guerra entre los SÍcoiners y los NOcoiners va a ser enconada y creo que puedes apostar a cuál será la posición del gobierno USA en esta guerra y cuál será la posición de los Bitcoin Believers.

Si durante la guerra fría chocaron la economía de estado con el capitalismo ahora el capitalismo se enfrentará a sus propias contradicciones pues los Bitcoin Believers son férreos defensores de las economías descentralizadas y ajenas a los lobbies político-financieros.

El mundo está cambiando y lo estamos viendo.

Somos testigos de la historia y conviene que tratemos de entenderla pues no es verdad que quien no conoce su historia está condenado a repetirla. Aunque conozcas las historia, si no la entiendes, simplemente es un conocimiento inútil.

Y para entender lo que está pasando hay que volver a 2008 y a la crisis del sistema financiero y las hipotecas, el año en que la población dejó de confiar en los bancos y descubrió el auténtico rostro del sistema financiero y los políticos que lo apoyan

Esto se está poniendo muy divertido.

Bitcoin y el cambio climático

Bitcoin y el cambio climático

Se debate con ardor en las redes la cuestión de si Bitcoin —y en general las criptomonedas— suponen una amenaza para el clima del planeta debido a su consumo de energía, una pregunta que, para ser respondida debidamente, exige una explicación inicial que nos conducirá a los fundamentos mismos del universo que conocemos.

Este es el momento para que usted deje de leer y se dirija directamente al párrafo final si quiere conocer mi opinión sobre el tema aunque, en mi sentir, el viaje intelectual que iniciaremos en el párrafo siguiente es mucho más interesante que la pregunta y la respuesta mismas, así que, si tienen un ratito libre acompáñenme en el viaje.

Lo primero que hemos de saber es que no existe información sin energía. Todo proceso informacional exige una generosa inversión de energía y hemos de recordar que toda forma de vida sobre la tierra es un proceso informacional. Así pues, no hay información ni vida sin un importante derroche de energía.

Para entender lo anterior en su exacta medida podríamos definir el universo como una realidad compuesta básicamente de tres elementos: materia, energía e información. Tres elementos cuyas interacciones nos permitirían explicar algunos interesantes fenómenos.

Desde que Ludwig Boltzmann sentase lls pilares de la termodinámica sabemos que en los sistemas la información siempre disminuye o, dicho a la manera del Boltzmann, que la entropía siempre aumenta. Esta afirmación, absolutamente cierta, encuentra excepciones locales —como nuestro planeta— donde la información aumenta (observen cómo la vida se reproduce y tendrán el ejemplo más palpable) a costa de un generoso derroche de energía.

Cómo la energía puede desarrollar procesos informacionales en la materia fue una cuestión tratada por el químico Ilya Prigogine quien recibió el Premio Nobel por sus trabajos sobre las estructuras disipativas.

Las estructuras disipativas constituyen la aparición de estructuras coherentes, autoorganizadas en sistemas alejados del equilibrio. Así dicho suena un tanto raro pero déjenme que se lo ilustre con un par de ejemplos de la vida ordinaria.

Piense, por ejemplo, en un lavabo lleno de agua. Aparentemente no podemos distinguir ningún rasgo de autoorganización, de información, en el agua remansada pero, si usted quita el tapón del lavabo, la fuerza de la gravedad pondrá en movimiento el sistema y espontáneamente aparecerán en el agua las espirales que tan familiares nos resultan. El desequilibrio provocado ha generado espontáneamebte información. Lo mismo sucede cuando usted pone al fuego una olla llena de agua: el calor aplicado en una parte de la olla y no en el otro genera las clásicas corrientes de convección en el agua que apreciamos claramente cuando la olla borbollonea.

La Tierra recibe generosas aportaciones de energía del sol y sobre su superficie aparecen procesos informacionales como el clima o… la misma vida.

Créanme, no hay información sin consumo de energía por lo que pretender que exista la más mínima señal de vida sin ella es pretender un imposible.

Es por eso que la pregunta sobre cuánta energía consume bitcoin en términos absolutos está mal planteada: todo proceso informacional (y todo lo que usted valora en la vida es informacional) exige un generoso gasto de energía, de forma que, lo mejor que podemos hacer es preguntarnos sobre el origen de esa energía, su impacto sobre los demás procesos informacionales que componen la vida en nuestro planeta y compararla con otros procesos humanos.

Enmarcada así la pregunta vamos a tratar de dar algunas respuestas.

De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad de Cambridge, el consumo de energía de la minería de Bitcoin se estima que se sitúa en torno a los 120 TWh anuales. La minería del oro, por contra, se estima que consume 240,61 TWh anuales, mientras que la banca tradicional consume 263,72 TWh anuales.

Pero, mucho más importante que el consumo de energía es el origen de la misma y la huella que deja en nuestro ecosistema.

Un estudio realizado por la CCAF señala que el 39% de la energía utilizada en el minado de Bitcoin proviene de las energías renovables y que el 76% de los mineros de Bitcoin utilizan también energías renovables. Estos datos deben servir a los “hodlers” de Bitcoin a entender por qué la retirada China del negocio del minado puede ser muy positiva para Bitcoin: el argumento de que la minería del Bitcoin provenía de energía dependiente del carbón pierde fuerza y la faceta de Bitcoin como una criptomoneda limpia aumenta su vigor.

La minería de criptomonedas consume apenas un 0,58% de la energía mundial —sensiblemente menos que las consolas de videojuegos— y de ella el 40% es renovable.

La pregunta, pues, de si Bitcoin es una solución climáticamente aceptable, con estos datos que le doy queda a su buen juicio.

Nos quieren robar el sol

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Hace trece años en Cochabamba (Bolivia) una compañía multinacional (Bechtel) se hizo con la red de abastecimiento de agua de la ciudad. Poco después el agua subió de precio y, a fin de evitar que la población pudiese autoabastecerse y hubiese de consumir el agua de la compañía, se reguló y restringió incluso el consumo de agua de lluvia. Estas acciones -que el mundo contempló como uno de los más acabados ejemplos de la infamia- condujeron a violentos enfrentamientos que recibieron el nombre de “La guerra del agua”, una de cuyas manifestaciones es la que se ve en la fotografía que abre este post.

Películas como “También la lluvia” o “La Corporación” se hicieron eco de estos sucesos y -en general- el mundo reprobó las abyectas prácticas de esta multinacional que, finalmente, hubo de renunciar al control del agua y desistir de las acciones legales que había iniciado.

Ahora compruebo con estupor que en España no ya el agua, sino el sol, el viento o cualquier fenómeno natural que pueda producir energía eléctrica para el autoconsumo de las personas, va a ser indirectamente gravado por el llamado “peaje de respaldo” que el gobierno piensa imponer por decreto a todo aquel que tenga la intención de autoabastecerse con energías renovables. Gran negocio, sin duda, para las eléctricas.

El gobierno español, que no es capaz de saber lo que hacen los tesoreros de su partido, se cree con derecho a impedir que los ciudadanos conviertan el sol o el viento en electricidad sin pagar. Parecen considerarse los señores de la creación y, llegados a este punto, ya no sé si frotar un bolígrafo en la manga del jersey para atraer papelitos no estará pronto sancionado. Siguiendo el enfermo razonamiento de los redactores del decreto quizá los agricultores hayan de pagar en un futuro por el transporte de electrones durante la fotosíntesis o quizá -genial idea- pueda cobrar el gobierno una tasa a todos los que -imprudentemente- se acerquen a tomar el sol en la playa.

Recuerdo que cuando vi los sucesos de Cochabamba pensé que eran cosas que sólo podían pasar en países subdesarrollados sometidos a la vileza de empresas criminales. Ahora que puede ocurrir en España ya no sé qué pensar. Pero nada bueno, se lo aseguro.

Materia, forma e información

Platón y Aristóteles
Platón y Aristóteles

Probablemente mi catedrático de Derecho Romano, Jesús Burillo Loshuertos, nunca sabrá el mal que me ha hecho el que, en mi primer examen como universitario, incluyese la pregunta de a quien pertenece la escultura, si al escultor o al dueño del mármol, pregunta sobre la que ya escribí en otro post.

En el fondo de la pregunta, además de un histórico debate jurídico entre sabinianos y proculeyanos, late la vieja dualidad materia-forma de la que se ocuparon ampliamente antiguos filósofos y pensadores.

Reflexionando sobre la información en cuanto que acción de informar o dar forma a algo, viene a la mente inmediatamente la percepción de que, mientras la materia es finita y escasa (al menos dentro de las fronteras de nuestro planeta), la capacidad de informar es inagotable, al menos mientras no falte la energía.

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