La criptopolítica que viene.

Hace tres días el presidente de la República de El Salvador, un pequeño estado pobre de menos de 7 millones de habitantes, anunció que presentaría una proposición de ley que estableciese el Bitcoin como moneda oficial en su país.

Anteayer la presentó a las camaras, ayer fue aprobada y hoy entra en vigor.

Ayer noche, además, anunció que pondría a disposición de las empresas de minería de Bitcoin que lo deseasen las plantas eléctricas de energía geotermal que su país tiene instaladas en sus volcanes, energía 100% limpia para un bitcoin 100% verde.

Los Bitcoin Believers estadounidenses han recibido la noticia con alborozo, la agencia France Press ha colocado la aprobación de esta ley Bitcoin entre lls hitos más importantes en los doce mil años de historia del dinero, y una larga cadena de declaraciones e incluso recogidas de fondos de ayuda para El Salvador se ha puesto en marcha en los Estados Unidos.

De repente Latinoamérica envidia a El Salvador y comienza a ver el Bitcoin como la herramienta que le permita salir del círculo de deuda en que vive; no es precisa demasiada visión política para saber que en las proximas confrontaciones políticas la guerra entre los SÍcoiners y los NOcoiners va a ser enconada y creo que puedes apostar a cuál será la posición del gobierno USA en esta guerra y cuál será la posición de los Bitcoin Believers.

Si durante la guerra fría chocaron la economía de estado con el capitalismo ahora el capitalismo se enfrentará a sus propias contradicciones pues los Bitcoin Believers son férreos defensores de las economías descentralizadas y ajenas a los lobbies político-financieros.

El mundo está cambiando y lo estamos viendo.

Somos testigos de la historia y conviene que tratemos de entenderla pues no es verdad que quien no conoce su historia está condenado a repetirla. Aunque conozcas las historia, si no la entiendes, simplemente es un conocimiento inútil.

Y para entender lo que está pasando hay que volver a 2008 y a la crisis del sistema financiero y las hipotecas, el año en que la población dejó de confiar en los bancos y descubrió el auténtico rostro del sistema financiero y los políticos que lo apoyan

Esto se está poniendo muy divertido.

Cypherpunks

Muchos años antes de que existiese internet muchos hombres y mujeres la soñaron. A internet no se llegó por casualidad sino por la voluntad y el trabajo de décadas de quienes persiguieron este sueño. Sobre teorías y tecnologías construídas por hombres como Norbert Wiener (“The human use of human beings”), Alan Turing (“On computable numbers”), Claude Shannon (” The Mathematical Theory of Communication“), otras personas como Vannevar Bush (“As we should think”), Ted Nelson (Xanadu Project), Dough Engelbart (“Augmenting Human Intellect: A Conceptual Framework”) y muchísimos otros, soñaron este ciberespacio en el que nosotros vivimos ahora. Lo soñaron y lo construyeron, pero también pensaron sus consecuencias para la humanidad y los principios por los que debería de gobernarse para que fuese el principio de un futuro feliz y no el de una distopía cyberpunk.

Sin embargo, mientras todas estas personas soñaban, el dinosaurio aún estaba ahí y los viejos estados decidieron que no iban a morir, que, antes de que todos los seres humanos soñasen el sueño de esos locos, ellos tomarían el control de este nuevo espacio y le impondrían las mismas viejas normas, modos y maneras de hace cinco mil años.

Muchos se resistieron, pero la guerra fue inútil, los estados fueron poco a poco avanzando en todos los frentes: en el de la propiedad intelectual, en el del control de la libertad de expresión y, sobre todo, en el control de la privacidad donde internet, una herramienta pensada para libertad, fue convertida en una herramienta para la viglancia de todos los seres humanos, incluso en sus facetas más íntimas. No dudes de que Facebook o Amazón te conocen casi mejor de lo que tú te conoces y si, Amazón, facebook, Google o Twitter lo saben casi todo de ti, no tengas la menor duda de que los estados lo saben también. Gentes como Julian Assange o Richard Snowden lo pusieron en su día de manifiesto. Ya sabes cómo reaccionaron los estados.

Fue por eso por lo que, ya en fecha tan temprana como 1992, gentes como Eric Hughes, Timothy C. May o John Gilmore comenzaron a reunirse y a gestar lo que, con los años, se acabaría convirtiendo en el movimiento “Cypherpunk”.

Se llama cypherpunk a cualquier individuo que defiende el uso generalizado de criptografía fuerte y otras tecnologías de defensa de la privacidad en la red, como medio de conseguir el cambio político y social de la sociedad. Su ideario más extremo se recoge en un documento de 1993 llamado “A Cypherpunk’s Manifesto” redactado por Eric Hughes.

Frases como “La privacidad es necesaria para una sociedad abierta en la era electrónica … No podemos esperar que los gobiernos, las corporaciones u otras organizaciones grandes y sin rostro nos otorguen privacidad … Debemos defender nuestra propia privacidad si esperamos tener alguna. .. Los cypherpunks escriben código. Sabemos que alguien tiene que escribir software para defender la privacidad, y … nosotros lo vamos a escribir “; son sólo algunas de sus frases más características.

Era 1993 pero esos principios quedaron navegando por la red y muchos otros los abrazaron, de forma que, cuando en 2007-2008 los estados y los bancos llevaron a cabo la mayor depredación que ha visto la humanidad reciente con la crisis de las hipotecas, algunos de estos cypherpunks se entregaron a la tarea de programar para ofrecer herramientas a la sociedad con la que esta pudiese defenderse de los estados, de sus bancos centrales, de los fondos monetarios internacionales y los bancos mundiales. Unas herramientas que privasen a los estados de mayor y más fuerte herramienta de engaño y control que habían construido a lo largo de los siglos: el dinero. Es así como en 2009 nació Bitcoin.

Muchos cypherpunks están detrás de esta revolución, personas como Nick Szabo, inventor de los smart contracts; diseñador del bit gold, y precursor del Bitcoin; Hal Finney, criptógrafo, autor principal del programa de cifrado PGP y persona que fue (falleció en 2014 a los 58 años) la primera persona que, el 12 de enero de 2009, recibió la primera transacción de 10 bitcoins de Satoshi Nakamoto. Hal Finney fue un férreo defensor y pionero del Bitcoin (se sabe que fue quien descargó y ejecutó la primera versión de Bitcoin tras el propio Satoshi).

Junto a ellos, cientos de cypherpunks, esas personas que, porque comprenden los peligros de encierra el mal uso de la red para la sociedad quieren ser anónimas, pseudónimas o simplemente desean mantener su privacidad, contribuyeron al desarrollo de lo que hoy tomamos como una herramienta de inversión, de negocio o de divertimento.

Quizá ahora puedas intuir por qué no sabemos quiénes componen ese colectivo de personas que se ocultan tras el pseudónimo de Satoshi Nakamoto y quizá ahora puedas intuir por qué los estados siguen luchando contra conceptos como la libertad y la privacidad en internet. Seguramente, tras todo esto, también puedes comprender esa, de otra forma incomprensible, fe de muchas personas en las tecnologías criptográficas y seguramente podrás entender o intuir que la libertad, la democracia y la justicia se están decidiendo ahora en esa nebulosa nueva frontera a la que llamamos ciberespacio.

Tú estás viviendo en ese mundo que te cuento y, aunque no lo creas, es bueno que, en algún momento todos tomemos conciencia de ello.

Otra cosa no es más que tomarse la cómoda pastilla azul.

Corrupción política y criptomonedas

Corrupción política y criptomonedas

La moneda nacional turca se llama lira y ha perdido más del 70% (setenta por cien) de su valor en los últimos seis años. El caso de Turquía lo encontramos también en paises como Nigeria, donde su divisa, el Naira, desde que existe como unidad monetaria, se ha ido devaluando constantemente a causa de la inflación galopante que asola al país. El mismo fenómeno ocurre en países que cuentan sus experiencias en el mismo idioma que nosotros, como por ejemplo Argentina, donde el peso, con una inflación anual en 2020 del 31,6% (treinta y uno con seis por ciento), se diluye en los bolsillos de una población que, habitando uno de los países más ricos de la tierra, ha sufrido todo cuanto una nación pueda sufrir, desde dictaduras asesinas a corralitos. En España diríamos que a los argentinos se les fue la riqueza a chorros, aunque los argentinos saben que los chorros son otra cosa, muy a menudo políticis o financieros que viven estupendamente gracias al mango ajeno.

Estos tres ejemplos ilustran muy bien qué puede pasarle a los ahorros de los ciudadanos cuando unos pocos controlan el dinero de una nación; cuando unos desaprensivos controlan las imprentas donde se imprimen estampas a las que llaman dinero, donde un grupo de magnates controlan toda la economía a través de complejas herramientas construidas a base de fondos buitre, de activos y de operaciones que no entiende nadie salvo ellos, al tiempo que los estados protegen ese esquema piramidal al que llamamos sistema financiero dándole un aura de respetabilidad.

Fue por eso que cuando, tras la terrible crisis de 2008, Satoshi Nakamoto publicó su Whitepaper sobre el Bitcoin y lo diseñó de forma que no pudiese estar nunca en manos de los estados o de las corporaciones financieras, eligió el momento preciso para hacerlo.

Para un ciudadano turco, nigeriano o argentino, adquirir bitcoins (o Ethereum o Stablecoins) ha sido hasta ahora tarea fácil y, para quienes se dieron cuenta a tiempo de que esas estampitas de papel a las que llaman dinero no valían nada, el bitcoin fue una forma de preservar sus ahorros frente a los tejemanejes y mangoneos de sus gobernantes.

Con lo que les he dicho estoy seguro de que no les extrañará que, según las encuestas, Turquía lidere el ranking de países cuya población más utiliza el bitcoin y el resto de las criptomonedas, como también estoy seguro de que imaginarán que, en los primeros puestos del ranking, se situan también países como Argentina o Nigeria.

A los gobiernos de estos países pueden ustedes imaginar que no les gusta que sus ciudadanos tengan autonomía financiera y no estén presos de su sistema monetario o bancario y por eso, países como Turquía han prohibido, por ejemplo, pagar con PayPal y ahora se proponen prohibir el pago con bitcoins.

Imagínense un ciudadano con bitcoins a quien el gobierno de su cleptocracia quiera expropiar o embargar su dinero y este —el gobierno— se dé cuenta de que no puede hacerlo, que embargar criptomonedas es algo que no está a su alcance. ¿Cómo va a permitir un cleptogobierno que la población tenga herramientas que impidan que se la pueda depredar? y es entonces cuando en las mentes de los políticos aparecen ideas legislativas que, permítanme que me sintonice en argentino, tratan de dejar el país para los chorros del oro. Creo que aunque sean españoles me entenderán.

Lo que ocurre es que no es tan fácil para estos gobiernos controlar el invento de Satoshi: simplemente no pueden. Los ciudadanos pueden transferirse entre sí las criptos —solo necesitan un teléfono móvil y eso sí que no falta en ningún lado— y el gobierno nada puede hacer. El gobierno tampoco puede quitarles ni embargarles las criptos, salvo que torturen y obliguen a los ciudadanos a revelar una contraseña que seguramente ni ellos mismos recuerdan.

En Nigeria intentaron cerrar el acceso por internet a las casas de cambio (exchanges) donde adquirir bitcoins pero eso solo dio lugar a que se estableciese un mercado negro donde el bitcoin, en aquellos momentos a uno 50.000$, alcanzase en Nigeria cotizaciones astronómicas de casi 100.000$ (cien mil dólares).

Gracias a las criptomonedas un ciudano turco, argentino o nigeriano, puede guardar su dinero no solo en bitcoins, sino en dólares o euros, pues las llamadas “stablecoins” les garantizan que sus ahorros estarán respaldados en dólares o euros, y no sufrirán de los tejemanejes y componendas de quienes imprimen los cromos nacionales.

Es por eso que hay países como Canadá donde cada día se abre un nuevo fondo cotizado en bolsa (ETF) donde exponer el dinero de las empresas a las criptomonedas, donde se regulan estos activos y donde se entiende que, en ellos y bajo ellos, hay una tecnología de seguridad que está establecida en favor de la ciudadanía y como freno al control centralizado del dinero por las oligarquías de siempre. Es por eso que hay países como Estados Unidos donde, al frente de la SEC, no se coloca a un economista, sino a un experto del MIT en criptografía y criptomonedas, y es por eso que hay países como Turquía, donde el partido en el gobierno, el dueño de la impresora de los cromos, trata de contener la marea de los bitcoiners y la oposición política a su gobierno, se opone férreamente a esas limitaciones.

Es la pelea de siempre entre quienes tienen poder, dinero o riqueza y quieren conservarlo y quienes tratan de ganarse el futuro sin que se lo roben de antemano los primeros.

Es la vieja lucha entre el ser y el deber ser, entre la libertad y el interés, entre la centralización y la descentralización

Todo necio confunde valor y precio

Se atribuye comúnmente esta cita a Antonio Machado y he tenido ocasión de recordarla este principio de verano cuando, por razones largas de explicar, he vuelto a leer los capítulos iniciales de «El Capital», obra fundamental de Karl Marx y base de la ideología comunista. En ellos Marx habla de las mercancías y, muy machadianamente, distingue lo que él llama «valor de uso» del «valor de cambio». El valor de uso de una mercancía no precisa mayor explicación, las cosas sirven naturalmente para algo pues, si no sirven para nada, carecen de valor de uso; el valor de cambio, por el contrario, nos habla del intercambio de las mercancías y de las cantidades de cada una que habríamos de trocar para obtener una cantidad de la otra… es decir, cuantos pollos vale una vaca o cuántos litros de leche vale un martillo, proceso de cambio para el cual resulta muy útil el dinero, entidad que, fuera de esto, carece del más mínimo valor de uso como puso de manifiesto la archicitada frase que, entiendo yo que de forma apócrifa, se atribuye a los indios Cree.

Sólo después que el último árbol sea cortado, sólo después que el último río haya sido envenenado, sólo después que el último pez haya sido atrapado, sólo entonces nos daremos cuenta que no nos podemos comer el dinero.

Marx, en su análisis, prescinde de conceptos básicos para la formación de los precios y que son objeto fundamental de estudio para la economía clásica, como son los de demanda y oferta, y por ello ha sido criticado; sin embargo, a pesar de que comparto plenamente esa crítica negativa a la visión de Marx, su intento de tratar de comprender el «valor» de las cosas me parece loable aunque, ya que estamos en el siglo XXI y en la sociedad de la información, su visión se me antoja absolutamente obsoleta a pesar de que es, ciertamente, inspiradora en algunos momentos.

Para Marx la base del valor estaba en la cantidad de trabajo que había sido necesaria para obtener una determinada mercancía, desde la materia prima hasta el producto acabado. Así, el valor de una sartén de hierro se determinaría por la cantidad de trabajo empleado en extraer el mineral de hierro, fundirlo y dejarlo apto para ser trabajado por los herreros y, finalmente, por el trabajo del herrero que transforma el hierro en sartén. Toda la suma de este trabajo sería para Marx el valor de la sartén.

No voy a discutir el punto de vista de Marx ni su caracterización del trabajo como elemento generador de valor, sólo voy a tratar de dar un salto de la Sociedad Industrial del siglo XIX a la Sociedad de la Información del siglo XXI, salto en el que, quizá, alguna de las ideas expresadas pudieran ser de utilidad. Veámoslo.

Si pensamos la realidad con un enfoque informacional no nos costará entender que el universo está compuesto esencialmente de tres cosas: materia, energía e información, si bien, es esta última la que verdaderamente hace interesante al universo. Quizá en este punto convenga aclarar a qué me refiero cuando hablo de información y esto puedo hacerlo de dos formas: o bien remitiéndome a la teoría de la información de Claude Shannon y a los postulados de la termodinámica y demás teorías científicas o bien vulgarizando de un modo más sencillo para ahorrarles el trabajo científico que lleva aparejada la primera opción. Voy a tratar de hacerlo.

Créanme, en el universo se desarrolla una guerra eterna entre el orden y el caos, entre la información y la entropía, una guerra que sabemos de antemano que ganará el caos pues, como sin duda sabrá usted aunque no haya estudiado física, la entropía es la única magnitud que siempre crece en el universo junto con el tiempo.

Sin embargo, el que la entropía (si quiere llámele caos) crezca siempre en el universo no significa que, localmente, no haya lugares en el cosmos en los cuales el orden (la información) se manifiesta en todo su esplendor y revierte este fatal sino universal. Mire a su alrededor, las plantas y árboles engendran plantas y árboles, los animales y microbios campan por doquier y esas son realidades que contradicen el inexorable camino al caos del universo: un maravilloso orden rige aparentemente la biosfera de la Tierra. Sin embargo, créame también, este efímero triunfo del orden sobre el caos no es gratis, pues sólo puede producirse a costa de un generoso aporte de energía.

Si usted mira a su alrededor verá las mismas materias y energías que pudieron ver los dinosaurios en el Jurásico y el Cretácico… sí, mire bien, lo que usted está contemplando es el mismo hierro, el mismo granito o sílice que ya estaba en la Tierra en los períodos en que los dinosaurios imperaban en nuestro planeta. No hay ninguna materia ahora en la Tierra que no estuviese ya en ella en el Jurásico y, sin embargo, usted sabe también cuán diferente resulta nuestro mundo de aquel: aviones, rascacielos, naves espaciales, microprocesadores… La realidad es que, siendo el mismo mundo y la materia la misma, hemos logrado «informarlo» de forma muy distinta y reordenar la materia de manera que adquiera nuevas formas y propiedades. Un vaso de vidrio, en realidad, no es más que un puñado de silicio informado de una manera muy particular. Calentando el silicio se consiguió vidrio al que luego se le dio la forma precisa para que fuese un óptimo recipiente para líquidos. La metáfora es bastante exacta: el ser humano, a costa de un generoso aporte de energía, ha informado el silicio con una forma nueva aumentando el orden de manera local en este rincón del universo. Si bien lo examinamos toda la obra de la humanidad no es más que el producto de tres factores: materia, energía e información, hecho este que supone una tentación casi irresistible para tratar de elaborar sobre él una nueva teoría de la economía o incluso de la justicia. Sin embargo, mil palabras ya son suficientes por hoy, máxime si tenemos en cuenta que este post no va a interesar a nadie o casi nadie, de forma que dejaremos esas tentaciones para otras tardes de este mes de agosto.

Conocimiento o nitrato

Al comenzar el siglo XX Chile era un país ciertamente rico: su renta per capita superaba a la de países europeos como España, Suecia o Finlandia. La causa de tal riqueza se encontraba oculta bajo el suelo del desierto de Atacama: el nitrato. Indispensable para la fabricación de pólvora y magnífico como abono, Chile vendía su nitrato a todo el mundo, muchos de ustedes recordarán todavía el mosaico de azulejos que ilustra este post y que aún puede verse en muchos lugares de España.

Sin embargo, para desgracia de los chilenos, en 1909 los químicos alemanes Fritz Haber y Carl Bosch descubrieron una forma barata de producir este nitrato a partir de otros componentes y las exportaciones de nitrato de Chile comenzaron a caer, para 1958 toda la industria chilena del nitrato había desaparecido prácticamente.

La misma ciencia que hizo caer el negocio del nitrato en Chile hizo nacer en el mismo lugar otro negocio: el del cobre. Chile, un país riquísimo en cobre, vio como a principios del siglo XX los avances en la tecnología eléctrica hacían crecer la demanda de ese metal que ha seguido siendo indispensable para nuestra sociedad hasta el día de hoy.

La riqueza, la pobreza y el resurgir de Chile nacieron del conocimiento aunque, para su desgracia, ese conocimiento siempre fue ajeno.

Cuento esta historia porque ayer me detuve a repasar la situación de la economía española, sus exportaciones e importaciones y sobre todo, su crónica incapacidad para generar conocimiento. A nadie se le oculta que nuestros jóvenes mejor formados emigran a otros países de Europa y a nadie le extrañará que la propia Unión Europea certifique que España es un erial en materia de investigación.

Quizá sea el momento de plantearnos uno de esos típicos dilemas de economistas del tipo “cañones o mantequilla”; pero esta vez de una forma algo distinta: ¿Conocimiento o ignorancia?. La providencia ha dotado a España con unos recursos naturales aceptables y algunos de ellos los hemos explotado hasta la saciedad incluidos el sol y las playas; a estas alturas va siendo hora de que nos preguntemos si vamos a seguir dependiendo de ellos hasta que llenemos la costa definitivamente de hormigón o cambien los gustos de los turistas.

La respuesta de nuestros gobernantes al dilema ya se la imaginan ustedes (pongan ante ustedes la imagen del político que prefieran): “La investigación es parte fundamental de nuestro programa electoral” (firme convicción en la voz y gestos decididos) “haremos todo lo preciso para potenciarla” (nuevo gesto de visionario idealista con mirada perdida en algún lugar del cielo raso y el mentón levantado y apuntando a Sabiñánigo) “no tengan duda de ello” (silencio para dar profundidad y eco a la afirmación).

Y hasta ahí todo lo que harán nuestros líderes por la investigación porque, una vez en el gobierno ya conocen ustedes la historia también: donde dije digo ahora digo Diego y verdes las han segado y es que andamos flojos de numerario y no se puede atender a todo y, además, hay que pagar a muchos diputados provinciales y asesores de los diputados que esos sí que son necesarios al procomún y no esa plaga de científicos y catedráticos quejicas que, en el fondo, tampoco hacen tanta falta y que si no trabajan nadie lo nota.

Y un día, más cercano que lejano, nos daremos cuenta de que vivimos en un país de camareros, cocineros y hosteleros (con todos mis respetos a estas honestas profesiones) y que la principal riqueza del país se nos habrá marchado fuera y que esta riqueza sólo vendrá a que les sirvamos la mesa en verano y a ver a la familia. Igual a ustedes les parece bien este futuro, a mí no.

Pienso que es tiempo de decidir qué futuro deseamos para nuestros hijos y para nuestro país y que esa decisión no admite demora. Pienso que si en algún campo este país debe de hacer un esfuerzo es en el de la investigación.

Pero mientras tanto y mientras me llega el sueño esta noche de calor asfixiante, no me queda otra que entretenerme escribiendo este post y recordando aquellos larguísimos viajes veraniegos de toda la familia en coches sin aire acondicionado, viajes en que se circulaba por carreteras nacionales que pasaban por innumerables pueblos en los que, en alguna esquina, aparecía de vez en cuando este azulejo que hoy miro y que decía a los agricultores: “Abonad con Nitrato de Chile”.

Guerrilleros digitales

Ocurrió hace doscientos años. Un país atrasado, con un ejército derrotado, con su rey secuestrado, decidió que ninguna nación extranjera le impondría sus leyes, al menos sin su consentimiento.

Incapaces de oponer a la fuerza militar ocupante ninguna fuerza militar organizada, los habitantes de este país inventaron una forma de resistencia a la que llamaron “guerrilla” y el resultado fue espectacular: En sus combates contra los británicos, los napoleónicos – de acuerdo a los datos del historiador militar B.H. Liddle Hart- solo perdieron unos 45.000 hombres en cinco años, incluidos los prisioneros, pero el número de bajas francesas se calcula, de acuerdo a las versiones más rebajadas, en alrededor de 200.000, lo que permite deducir que en gran parte corrieron a cargo de la resistencia interior, ya que fue el ejército regular español el que llevó la peor parte en la mayoría de los enfrentamientos. Una estimación que corrobora el general francés Auguste Julián Bigarré, ayudante de campo de José I, al confesar que “durante la guerra de España las partidas han afectado a las tropas francesas mucho más que los ejércitos regulares; se ha admitido que las mismas asesinaban no menos de 100 hombres por día. Eso quiere decir que, en el espacio de cinco años, han matado a 180.000 franceses …”

El propio Napoleón, finalmente, hubo de reconocer la importancia que esta forma de lucha fue la que decidió en su contra la que el llamó “la desdichada guerra de España”.

Convendría releer las confesiones que Napoleón hace en la isla de Santa Elena a su confidente Les Cases: “los españoles desdeñaron el interés para no ocuparse más que de la injuria, …. todos corrieron a las armas. Los españoles en masa se condujeron como un hombre de honor”. O repasar la correspondencia de los militares franceses cuando describían este nuevo tipo de lucha: “Ningún español – dice el oficial francés Rocca en sus Memorias- se avenía a admitir que España estuviese vencida, y ese sentimiento, que estaba en el alma de todos, era el que hacía invencible a la nación, a pesar de tantas pérdidas y de las frecuentes derrotas de sus ejércitos”.

Impresionante ¿Verdad?; sin embargo, por raro que parezca, encuentro notables similitudes entre esta forma de actuar de los guerrilleros españoles y algunos aspectos fundamentales de la economía digital.

El economista de Harvard Yochai Benkler, en su libro “The wealth of the networks” (cuya lectura recomiendo encarecidamente) compara la economía industrial propia de la economía del siglo XX con la economía de producción social que, sobre todo en el campo de la producción de información, ha emergido en el siglo XXI con la irrupción de las nuevas tecnologías. Esta segunda forma de economía tiene una serie de rasgos básicos que, resumidamente, podrían reducirse burdamente a dos: La difusión generalizada de herramientas y tecnologías específicas susceptibles de ser compartidas o ser destinadas a fines alternativos sin apenas costo añadido para sus propietarios, en primer lugar; y un tipo de motivación especial que lleva a los propietarios de estos medios a darles unos usos determinados de forma aparentemente altruista.

Pongamos un ejemplo. Quienes leen estas lineas disponen sin duda de computadores que exceden, en la generalidad de los casos, sus necesidades de computación, de forma que, por ejemplo, podríamos aprovechar sin costo alguno para nosotros esas capacidades de computación no utilizadas para otras tareas. Así, por ejemplo, lo hace SETI.

Los primeros proyectos SETI surgieron bajo el patrocinio de la NASA durante los años 1970 -sin duda muchos de ustedes habrán visto fotografías del enorme radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico- y su misión es tratar de detectar alguna señal de inteligencia extraterrestre. Las necesidades de computación de los proyectos SETI se solventan a través de una iniciativa llamada SETI@home

SETI@home es un proyecto de computación distribuida, y alcanzó gran transcendencia al diseñar y llevar a cabo un nuevo programa que se ejecuta en el ordenador del usuario, mediante el cual es posible participar en otros proyectos que requieren grandes cantidades de proceso. En su forma más sencilla consiste en un salvapantallas que, cuando el usuario no utiliza su ordenador, permite que la capacidad de computación del mismo sea usada para proyectos de SETI.

La importancia de esta forma distribuida de computación la comprenderán si les menciono algunos proyectos que comparten la infraestructura mencionada (se mencionan los que más tiempo llevan):

Einstein@Home:Busca púlsares (estrellas de neutrones) usando los detectores de onda gravitacionales LIGO y GEO 600. Están apoyados por la Sociedad americana de Física (APS).

Climate Prediction: Tiene por objetivo realizar simulaciones meteorológicas para conseguir realizar previsiones más acertadas.

Rosetta@home: Pretende desarrollar un método para la predicción y el diseño de proteínas y sus interacciones. Un proyecto que puede contribuir a la investigación y búsqueda de solución a muchas enfermedades humanas.

LHC@home: Es un proyecto para ayudar a los científicos del CERN en las simulaciones de partículas en el interior del LHC (Large Hadron Collider).

Los usuarios pueden libremente apuntarse a los proyectos que quieran.
Hay más de 5 millones de usuarios en más de 200 países que están participando en este programa, y han contribuido con 19.000 millones de horas computadora. A día de hoy, probablemente, esta capacidad combinada de computación hace de SETI@home el computador más potente del mundo.

Y si SETI@home ilustra la tremenda potencia que resulta de combinar los recursos de computación no utilizados por el ser humano, quizá el proyecto GNU/Linux sea el mejor exponente del tipo de motivación que lleva al ser humano a generar conocimiento e información de forma distribuida, si bien, este proyecto, para su correcta explicación precisaría no de un post sino de varios volúmenes.

En ambos casos, los participantes, dedican a esos proyectos una parte de su tiempo y no porque “tengan” que hacerrlo, sino porque “quieren” hacerlo pero, en esta ley de grandes números, su potencia creativa supera a la de cualquier industria hasta el punto de que usted, hoy, ya no podría vivir sin los productos de este proyecto realizado de forma altruista por miles de personas.

Y volvamos a la guerrilla.

El guerrillero compartía con los participantes en el proyecto GNU su independencia de ningún ejército formal pre-establecido. Dedicaba a la guerrilla, en la mayor parte de los casos, el tiempo que le sobraba de las labores diarias. Tras la acción o la emboscada de turno volvía a sus ocupaciones habituales. Esto no quiere decir que el guerrillero no estuviese organizado (particularmente en Cataluña donde somatenes y migueletes tenían particular implantación) sino que su organización era distinta de la del ejército regular. Cuáles eran los motivos que llevaban a estos guerrilleros a emboscarse y matar franceses la dejo a su buen juicio.

Como en el proyecto SETI, estos guerrilleros de entonces no precisaban ser equipados con otras herramientas que las que ellos mismos ya tenían en casa: Trabucos y facas, usados con decisión, eran unas muy eficaces herramientas en manos de los guerrilleros. La capacidad de infligir daños de estos “guerreros a tiempo parcial”, siendo ellos muchos, era enorme y los datos franceses lo confirman. La guerrilla fue el primer caso de “guerra distribuida” o de una “economía social de guerra”. La palabra “guerrilla”, desde entonces, es la más internacional de las palabras en castellano y con ella se designa, incluso en inglés, esta singular forma de lucha que ejemplifica la eficacia que puede llegar a tener una tarea distribuida cuando la realizan personas suficientemente motivadas.

Ahora que Wikipedia ha jubilado al resto de las enciclopedias, cuando sus redactores guerrilleros han demostrado ser más fiables que la propia Enciclopedia Britannica, es el momento de pensar hasta dónde puede multiplicar el género humano sus potencialidades apoyándose en el mejor capital que posee: las propias personas.

No hay mayor riqueza en una nación que la de sus hombres, decían los antiguos y es verdad; a quienes gobiernan les corresponde crear las condiciones para que todo el talento y creatividad de las personas sea eficazmente aprovechado; tratar de contenerlo o confinarlo no sólo es perjudicial y contrario al interés de todos sino que, antes o después, el talento acabará echándose al monte.

Materia, forma e información

Platón y Aristóteles
Platón y Aristóteles

Probablemente mi catedrático de Derecho Romano, Jesús Burillo Loshuertos, nunca sabrá el mal que me ha hecho el que, en mi primer examen como universitario, incluyese la pregunta de a quien pertenece la escultura, si al escultor o al dueño del mármol, pregunta sobre la que ya escribí en otro post.

En el fondo de la pregunta, además de un histórico debate jurídico entre sabinianos y proculeyanos, late la vieja dualidad materia-forma de la que se ocuparon ampliamente antiguos filósofos y pensadores.

Reflexionando sobre la información en cuanto que acción de informar o dar forma a algo, viene a la mente inmediatamente la percepción de que, mientras la materia es finita y escasa (al menos dentro de las fronteras de nuestro planeta), la capacidad de informar es inagotable, al menos mientras no falte la energía.

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Gabriel Tarde

Conocí de la existencia de la obra de Gabriel Tarde a través de un artículo de Maurizio Lazzarato llamado “Tradición cultural europea y nuevas formas de producción y transmisión del saber”, de cuya lectura extraje no poco placer, pues comparto la hipótesis principal que propone: que los modos de producción, socialización y apropiación del saber y de la cultura son realmente diferentes de los modos de producción, socialización y apropiación de las riquezas.

Se ayuda M. Lazzarato en su artículo de las geniales intuiciones contenidas en el libro de Gariel Tarde “Psychologie économique“, Paris, Félix Alcan (1902).

Siguiendo la interpretación de M. Lazzarato, Tarde propone una crítica de la economía política de intrigante actualidad, invirtiendo el punto de partida del análisis económico. No comienza por la producción de los valores-utilidad, es decir por la «producción material» —la célebre fábrica de alfileres así como la Enciclopedia de las Luces, han pasado a la filosofía moral escocesa de Adam Smith convirtiéndose, de esta manera, en el ápice de la economía política—, sino por la producción de conocimientos: la producción de libros. Seguir leyendo “Gabriel Tarde”