Guindos, Catalá & The Dejudicializers

Son lo último, la caña de España, lo más trendy y molón que hay en el mercado, los apóstoles de la nueva religión de la paz y el amor financiero: la desjudicialización, uséase.

Ellos han descubierto que eso de acudir a los tribunales a pedir justicia es una antigualla propia de palurdos pasados de moda. Lo guay es buscar soluciones extraprocesales que el gobierno amantísimo preparará “ad hoc” para cada caso. La administración de justicia (esa vieja estantigua) quedará arrumbada sólo para casos sin glamour financiero alguno.

Por ejemplo: si usted, pedazo de sinvergüenza, no paga la hipoteca porque no tiene dinero no nos venga con tonterías, lo suyo es un caso de tiñalpas y piojosos; usted, en caso tan evidente y odioso, sí irá al juzgado a que le quiten su casa, a que le arrojen de ella y a que además no le cancelen la deuda sino que quede usted endeudado de por vida. La ley ha de ser inflexible con sujetos de su ralea. ¿No lo entiende?

Claro que si es el banco el que ha abusado de usted, le ha cobrado lo que no debe, incluso ha manipulado el euribor, entonces… hombre de dios ¿no se da usted cuenta de que acudir al juzgado a pedir justicia es algo malísimo y muy poco moderno? ¿No entiende usted que es mejor acudir al chiringuito administrativobancariogubernamental que le hemos preparado aquí los bancos amigos y nosotros? Sea usted moderno, viaje con nosotros…

Yo, que me dedico a este trabajo antiguo -y a lo que se ve pasado de moda- de pedir justicia, cuando he oído hablar de “desjudicialización”, he observado que quien habla de ella suele ser siempre aquel genares que teme a la justicia, que sabe que la tiene hecha, que no le cabe duda de que un juez justo le va a dar la del pulpo en su sentencia y que aún conserva la cara dura precisa para aconsejarnos que no acudamos a él.

Otra cosa que me llama la atención es que solo he oído hablar de “desjudicialización” a los políticos respecto de los asuntos que a ellos les son propios sin que pidan idéntico trato para quienes no son de su clase. Hay que desjudicializar los asuntos políticos -dicen los acusados de corrupción- mientras que la sociedad asiste atónita al espectáculo.

Se me ocurre, ingenuamente, que no sólo los políticos podrían beneficiarse de tan moderna doctrina desjudicializadora pues tengo para mí que estafadores, ladrones, falsificadores y trileros se contarían, sin duda, entre los principales partidarios de la “desjudicialización” y quienes recibirían con mayor alborozo que fuesen ellos los destinatarios de tan moderna innovación; pero no, a lo que parece las cosas “moelnas” como la desjudicialización no están hechas para tiñalpas, hay que tener clase para ello, y si la clase es político/financiera mejor que mejor.

Ahora que, con el asunto de las cláusulas suelo, el ministro de economía quiere hacerle un traje a medida a los bancos y que el ministro de justicia nos pide que no pidamos justicia (la cosa tiene bemoles) quizá sea bueno recordar que quienes ahora no quieren ir al juzgado son los mismos que antes nos llevaron implacablemente a él; que quienes ahora hablan de desjudicialización antes judicializaron sin misericordia a millones de españoles; que, en fin, son esos mismos quienes ahora tratan de convencerle a usted para que no haga con ellos lo que ellos hicieron con usted.

Por eso, cuando Guindos, Catalá o cualquiera de los del grupo de “The Dejudicializers” le cante a usted las bondades de no ir a los tribunales, tiéntese usted la ropa bien no sea que vayan a engañarle por partida doble: antes para abusar de usted y sacarle el dinero con las cláusulas de su hipoteca y ahora para no devolvérselas por completo. Avisados quedan.

Yo no me fiaría de ellos

Va a comenzar 2017 y muchos españoles andan calculando lo que el banco habrá de devolverles a causa de aquel abuso industrializado que se dio en llamar “cláusulas suelo”.

Es tiempo de que se diga: si aquel abuso tiene hoy remedio no fue gracias al gobierno (que defendió la no devolución completa), ni al Banco de España (que miró para otro lado), ni a las Cortes de la Nación (que prefirieron legislar sobre otras cosas), ni al Tribunal Supremo de España (que prefirió causar daño a los ciudadanos para no causarlo a la banca)…

Si este abuso tiene remedio es porque hubo ciudadanos que, a pesar de la jurisprudencia de nuestro Tribunal Supremo, reclamaron. Y porque hubo abogados que confiaron en que el sistema debería funcionar y tramitaron esas demandas. Y porque hubo jueces de a pié (la sagrada infantería) que llevaron la injusticia al Tribunal de Justicia de la Unión Europea y allí, lejos de nuestras fronteras, se decidió algo que en España parecía imposible decidir: que nadie puede aprovecharse de los abusos que comete.

En este asunto quien ha vencido es la tropa, la infantería y quien ha perdido es el gobierno, el Tribunal Supremo, el Banco de España y la patronal bancaria. Sin embargo, no parece que ninguno de quienes estuvieron con la banca y contra los intereses de la ciudadanía vaya a dimitir. Ni siquiera se han sonrojado y, por supuesto, nadie ha pedido disculpas. Por eso, cuando ahora les oigo decir que van a intervenir para solucionar el asunto, sujeto fuertemente mi cartera. Quienes no impidieron que esto pasase, quienes toleraron que pasara, quienes no lo remediaron cuando ocurrió ¿van a encargarse ahora de solucionarlo?… ¡Quiá!. Yo que usted no me fiaría de ellos.

Pues bien; 2017 va a ser un año más feliz que 2016 aunque sólo sea por este episodio doméstico de las hipotecas. Y no va a ser más feliz por el gobierno, ni por los ministros ni por el Tribunal Supremo. Va a ser más feliz porque la gente común, una vez más, ha sabido arreglar sus problemas en contra de las inicuas maneras de los que mandan.

Va a empezar un nuevo año, esperemos que el viento nos sople de espaldas y que, como en el episodio de las cláusulas suelo, los comunes sigamos siendo capaces de solucionar los problemas a pesar de quienes nos gobiernan. Feliz 2017.

Poderoso caballero

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), por fin y tras ardua pelea, ha llegado hoy a una conclusión para la cual no parece que hicieran falta especiales conocimientos jurídicos: que quien ha cobrado indebidamente ha de devolver TODO lo cobrado indebidamente. Total nada.

Tal afirmación es una obviedad que no debiera levantar expectación alguna entre la población, lo que ocurre es que en este caso quienes han de devolver lo indebidamente cobrado son los bancos y eso, ¡ay amigo!, no es algo a lo que estemos acostumbrados.

Los ciudadanos saben de sobra que bancos y cajas les han cobrado cantidades indebidas por sus hipotecas, pero la experiencia les ha enseñado -a los ciudadanos- que la justicia no suele tratar con dureza a los dueños del dinero y esto lo han visto confirmado en multitud de ocasiones. Cuando el gobierno cobró indebidamente tasas judiciales el Tribunal Constitucional dijo que mejor no devolviesen lo injustamente cobrado, básicamente porque era mucho dinero y eso a la administración le causaba un importante perjuicio. Que ese mismo perjuicio lo hubiesen sufrido antes los ciudadanos no pareció importarle en la misma medida al Tribunal Constitucional para quien el cuidado de la hacienda pública estuvo por encima del cuidado de las haciendas del público. Los españoles fueron tomando nota.

Cuando las cláusulas suelo fueron declaradas nulas al Tribunal Supremo tampoco le pareció bien que todo lo injustamente cobrado se hubiese de devolver; básicamente por los mismos motivos que en el caso anterior: porque era mucho dinero y el perjuicio [para los bancos y cajas obviamente] podía ser muy grande. El perjuicio de los ciudadanos no pareció importarle tanto. Y los ciudadanos de nuevo tomaron nota.

En España los ciudadanos saben que, si tienes el suficiente dinero y la lías lo suficientemente gorda, las consecuencias de tus acciones pueden incluso quedar impunes.

Algunos bancos alteraron maliciosamente el euribor que regulaba el importe de las mensualidades de su hipoteca y nadie ha ido a prisión. Fueron miles de millones de euros los que sacaron de los bolsillos ajenos, pero no pruebe usted a llevarse un salchichón del supermercado porque las pasará peor que ellos si le pillan. Y este es solo un ejemplo.

Hoy el TJUE ha proclamado con aparato y estrépito que, lo que los bancos le “levantaron” a sus clientes con motivo de las ilegales cláusulas suelo, debe ser devuelto, no desde 2013 -como decía el Tribunal Supremo español- sino desde el primer euro mal cobrado.

A esto se lo podría calificar como un ejercicio de “solemnizar lo obvio” pero lo cierto es que someter a los bancos a la justicia no es tarea fácil sino difícil, tan difícil que, hasta para proclamar lo obvio, hay que recurrir a las más altas instituciones europeas.

Hoy es un buen día para los ciudadanos; consulten a su abogado de confianza, reclamen lo que es suyo y recen porque bancos y cajas no movilicen a tiempo los recursos políticos de que aún disponen. Lo van a intentar, se lo aseguro, y no hay víscera más sensible en los ámbitos del poder que el bolsillo. Guárdense de los idus de marzo, el dinero es un poderoso caballero y no le gusta que le ganen la partida unos tiñalpas.