Alabí, alabá, alabín bombá

Alabí, alabá, alabín bombá

Si tienes unos años seguramente has jugado a este juego que ves en esta fotografía que tomo prestada de la Asociación de jóvenes del municipio de Abla-Almería.

El juego se llama «chinche monete», «chinchemonete» o «chichemonete» y en él podemos encontrar un buen ejemplo de cómo en los juegos infantiles se criptografiaban viejas influencias culturales de civilizaciones remotas.

La herencia humana no sólo se encierra en los genes sino también en los memes, esos fragmentos de información que pasan de generación en generación convirtiéndonos en lo que somos y, del mismo modo que en nuestro código genético conservamos, por ejemplo, la mínima aportación de vándalos o visigodos, en nuestro código memético conservamos las aportaciones de cuantas civilizaciones nos han hecho lo que somos.

Quizá el chinchemonete o el «guá» (al que seguro también has jugado) sean un buen ejemplo de esto.

Tal y como nos enseña Federico Corriente, sillón K de la Real Academia Española de la Lengua, «chinchemonete» deriva del romance andalusí ČÍNČE LOM-BÉTE (‘cíñete el lomito’) y, para quien haya jugado, creo que no necesito explicar más.

Los ejemplos son interminables: «guá» deriva del árabe zádwa, pero es que el clásico «alabí alabá alabín bombá (alla‘ibín áyya ba‘ád alla‘íb BÓN BÁD) significa exactamente en árabe»jugadores, venga ya, el juego va bien»; y si la grada contesta «Ra!, ra!, ra!» puede usted estar seguro de que no invocan a ningún dios egipcio sino que esa expresión (Ra!, ra!, ra!) lo que significa en árabe es, literalmente, «¡mira!, ¡mira!, ¡mira!».

Así pues, trate de no olvidar que los árabes, los moros, también son una parte no sólo genética sino también memética de lo que es usted.