El Auxiliar 2⁰ de Máquinas

Fue por ese detalle por el que, muchos años después, la familia del Auxiliar 2⁰ de Máquinas, sabría que él llevaba el práctico a bordo.

El B-6 había sido diez años antes el orgullo del Arma Submarina española pues, el ahora viejo pero entonces joven sumergible, había batido el récord mundial de permanencia en inmersión al mantenerse sumergido tres días, una hazaña increíble para la época.

En aquellos años los marineros del B-6 paseaban orgullosamente por Cartagena luciendo en la cinta del lepanto el distintivo de su sumergible; ahora, sin embargo, la dotación del B-6 esperaba la muerte entre los muros del Arsenal de El Ferrol y uno de ellos, el Auxiliar 2⁰ de Máquinas, se ocupaba en plantearse y resolver difíciles operaciones aritméticas.

Esperar la muerte no es algo para lo que nadie está preparado. El Auxiliar 2⁰ de Máquinas había oído hablar de personas que habían logrado no perder la cordura en trances como ese ocupando su mente en tareas complejas como analizar partidas de ajedrez, pero él no sabía jugar a ese ni a ningún otro juego parecido y por eso, ahora, ocupaba su mente en resolver difíciles operaciones aritméticas.

Las razones por las que los marineros del B-6 esperaban allí la muerte eran de esa especie que sólo se encuentra en las guerras civiles.

Cuando el B-6 zarpó de su base de Cartagena con una carga de 25 toneladas de munición para el ejército del norte era ya un submarino viejo. Sus tubos lanzatorpedos era dudoso que pudiesen o quisiesen disparar, los 60 metros nominales de profundidad que podía alcanzar en inmersión cuando fue construido se habían reducido a 30 y las 25 toneladas de carga que acarreaba no ayudaban tampoco a que un navío de equilibrio tan delicado como un submarino estuviese en las mejores condiciones de navegar.

Todos en Cartagena sabían, además, que el comandante del submarino era un traidor. Sospechoso de ser partidario del ejército rebelde, desde Madrid se cometió la insensatez de darle el mando del B-6 para aquella misión, pues a la República no le quedaban ya oficiales del Cuerpo General capaces de mandar este tipo de navíos.

El destino del B-6 estaba escrito desde el mismo momento que zarpó de Cartagena con destino a Bilbao y el desenlace sobrevino cuatro días después de su partida, cuando el sumergible se hallaba a la altura del Cabo de Peñas —frente a la costa asturiana— y fue avistado, navegando en superficie, por el destructor «Velasco» de la escuadra golpista.

En un primer momento el destructor se lanzó a por el sumergible pero el B-6, al divisarle, hizo inmersión perdiéndose de la vista del destructor el cual, sin dispositivos de rastreo submarino, no pudo sino dar la noticia a otros dos barcos rebeldes que navegaban por la zona, el remolcador artillado «Galicia» y el bou armado «Ciriza» para que extremasen la vigilancia y ahí vio el comandante del B-6 su oportunidad.

Dispuesto a entregar el submarino al enemigo, el comandante ordenó superficie una vez pasado el peligro y permaneció así hasta que el «Galicia» y el «Ciriza» les avistaron de nuevo, momento en el que volvió a ordenar inmersión pero no sin antes sabotear la válvula del acústico. Iniciada la inmersión la tripulación observó como penetraba agua por la vela del submarino y ante el riesgo de hundirse hubieron de volver a salir a superficie donde el comandante contaba con entregar el submarino a la escuadra enemiga.

Sin embargo, la tripulación, ya había decidido que ese no sería el destino del B-6.

Con el «Galicia» disparando sus cañones a una milla por la proa y acercándose a toda máquina, el B-6 hizo su última inmersión mientras el «Galicia» le pasaba por encima lanzando cargas de profundidad. El submarino volvió inmediatamente a superficie y a 1500 metros la tripulación se aprestó a defenderse con el único cañón de cubierta del submarino.

Porque, aunque el comandante traidor siguió ordenando absurdas maniobras para que el submarino quedase a merced de los barcos adversarios, los marineros del B-6 no estaban dispuestos a que eso sucediese y, sordos a las órdenes del comandante, comenzaron a disparar frenéticamente el cañón del submarino contra los barcos adversarios. Y lo hicieron admirablemente.

Tras alcanzar varias veces al «Galicia» causándole daños y la muerte de 9 desgraciados marineros, el submarino forzó máquinas tratando de escapar pero, avisado del combate, el destructor «Velasco» comenzó a cañonear al submarino desde 5000 metros de distancia. Fue cuestión de tiempo que las salvas del Velasco alcanzasen al B6 destrozándole una de ellas la máquina, de forma que, viéndose perdidos y sin gobierno, los marineros del B6 abandonaron el barco no sin que antes el Auxiliar 2⁰ de Electricidad y el Cabo Artillero bajasen al interior del buque para abrir los grifos de fondo y hundirse con su barco: el submarino no combatiría bajo bandera rebelde.

Rescatados por el Velasco, los supervivientes del B6 fueron sometidos a un simulacro de Consejo de Guerra y ahora esperaban en el Arsenal del Ferrol su ejecución. Por eso, ahora, el Auxiliar 2⁰ de Máquinas del B-6 realizaba complejos cálculos mientras esperaba que le sacaran de la prisión para conducirlo frente al pelotón de fusilamiento en el paredón de la Punta del Martillo.

Y así se fueron sucediendo los días para los marineros del B-6, viendo salir y no volver a viejos compañeros, Maquinistas, Auxiliares de Torpedos y de Radio, Cabos de Artillería y Electricidad… y esperando que al día siguiente les tocase a ellos.

Cuando se espera la muerte no hay mucho que hacer, si acaso tratar de no volverse loco y eso era lo que hacía el Auxiliar 2⁰ de Máquinas con sus cálculos y operaciones.

Y fue por ese detalle por el que —muchos años después— los familiares del Auxiliar 2⁰ de Máquinas, supieron que el viejo marinero llevaba el práctico a bordo y esperaba la muerte.

Porque el viejo Auxiliar 2⁰ de Máquinas, el mismo que había esquivado la muerte muchos años antes en el Arsenal de El Ferrol, yacía en la cama de un hospital de Cartagena y se le oía musitar, débilmente, complejos cálculos aritméticos.

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Quizá deba dar una explicación a quienes lean esto y no sean de Cartagena. «Llevar el práctico a bordo» es en el habla de aquí —al menos en el habla de hace unos años— sinónimo de llevar la muerte encima. Una expresión del tipo «ese lleva el práctico a bordo» viene a significar algo así como «la enfermedad de ese es incurable», o «ese ya está condenado».

Y otro dato. Toda la tripulación del B-6 fue condenada a muerte salvo —obviamente— el comandante que les traicionó quien se incorporó inmediatamente al ejército rebelde. Quienes no fueron ejecutados vieron conmutada su condena por la de 30 años de prisión.

La presente historia está fundada en hechos reales aunque, creo, que suficientemente deformados en algunos detalles.

The WayBackMachine: La batalla de Santiago.

Internet contiene recursos increíbles uno de los cuales es, sin duda, waybackmachine, un motor de búsqueda que nos permite recuperar las versiones pasadas y, en muchos casos, desaparecidas, de sitios web. Con este recurso somos capaces, por ejemplo, de revisitar la página del buscador yahoo tal y como era, por ejemplo, en 1999, o leer ediciones digitales antiguas de periódicos y otros websites desde 1996 hasta nuestros días. Virtualmente, casi todo lo que ha existido en la red desde 1996 hasta ahora, está archivado e indexado por ese motor de búsqueda. Waybackmachine es parte de Internet Archive, un site mantenido por la fundación del mismo nombre  en el que se guardan recursos de valor incalculable para el internauta.

Por razones que no son de exponer esta mañana he estado navegando por the waybackmachine a la busca de mi propio pasado. Desde 1997 escribo y publico páginas web y, por diversas razones, no conservo copia de la mayor parte de ellas de forma que, hoy, he tratado de recuperar cuantas páginas antiguas escritas por mí he podido encontrar allí. Mi sorpresa ha sido enorme al comprobar que la práctica totalidad de las páginas que he escrito en los últimos 14 años están debidamente ordenadas y clasificadas en waybackmachine. He recuperado y guardado todas las que he podido pero, tras hacerlo, he caído en la cuenta de que, probablemente, volveré a perderlas en algún momento y que el único lugar seguro para ellas es precisamente esa especie de Biblioteca de Alejandría.

Una de las páginas que más me ha enternecido ha sido esta con la que ahora les dejo, escrita en 1997 para el centenario del desastre de 1998, trata del combate naval de Santiago de Cuba (también he recuperado otra sobre Cavite) y, aunque ahora me parece ingenua y mal escrita, en aquel año me obligó a consultar numerosa bibliografía y hasta me dio la oportunidad de ser invitado a dar alguna conferencia sobre la cuestión. Recuerdo también el placer que me causó la lectura de las actas de los consejos celebrados a bordo del María Teresa por los oficiales de la escuadra y sus diversos puntos de vista… En fin, aquí les dejo con este recuerdo de 1997 que había perdido y que he recuperado gracias a la filantrópica labor de Internet Archive. mariateresa

El combate naval de Santiago de Cuba (1898)

1. Introducción. La destrucción de la escuadra española en Cuba se produjo cuando ésta intentaba abandonar el puerto de Santiago, lugar donde había sidovizcaya bloqueada por la escuadra norteamericana. Durante esta tentativa de huida todos los buques españoles fueron destruidos y con ellos se hundieron las últimas esperanzas españolas en esta guerra. Esta página está dedicada a ofrecer algunas claves acerca de las causas militares que llevaron a tan gigantesco desastre.

2. Las Escuadras enfrentadas. Desde el púnto de vista numérico la US Navy contaba en el Atlántico con un total de 5 acorazados, 2 cruceros acorazados, 6 protegidos y otros 16 menores, 4 monitores y 12 torpederos. España, al menos sobre el papel, podía oponer a estos buques 3 acorazados, 8 cruceros acorazados, 2 protegidos, 6 menores, 6 destructores, 11 cañoneros torpederos y 12 torpederos. Pese a lo que se ha dicho después, los buques españoles eran modernos, la inmensa mayoría con menos de diez años y muchos con menos de cinco habiendo bastantes recien entregados. Eran buques de diseño básicamente británico lo que era, en aquel momento, la mejor garantía de éxito. Sin embargo Seguir leyendo «The WayBackMachine: La batalla de Santiago.»