La Semana Santa y Mesopotamia

La Semana Santa y Mesopotamia

Aunque muchas veces les cuento que todo empezó en Mesopotamia, algunos de ustedes —lectores descreídos— aún no acaban de admitirlo. Así que hoy, que ya se va oliendo a primavera, voy a dar una vuelta de tuerca más en mis argumentaciones y voy a demostrarles que la semana santa (sí, la semana santa) también la inventaron los habitantes de aquel lugar y, por supuesto, mucho antes del nacimiento de Cristo. Ahí es nada.

Lo primero en que tenemos que fijarnos es cuándo se celebra la semana santa. ¿Lo sabe usted? ¿No? Pues tranquilo que ahora mismo se lo explico.

Las fechas y festividades de la semana santa se fijan teniendo en cuenta el día en que se celebra el Domingo de Resurrección y ¿cómo se decide qué domingo es el Domingo de Resurrección? Pues… De la misma forma que acadios, babilonios, asirios y persas lo hacían: mirando a la luna.

Los meses no duran entre 28 y 31 días por casualidad, ni es casualidad que las semanas tengan siete días, esto es así porque en la vieja Mesopotamía los meses se computaban según el ciclo de la luna y, durante este, se distinguían cuatro momentos fundamentales, las lunas nuevas, las lunas llenas y las medias lunas de los cuartos creciente y menguante. Un ciclo de 28 días dividido en cuatro cuartos, según las fases de la luna, nos arrojan cuatro períodos de siete días (nuestras semanas) al cabo de cada una de las cuales hay una fase siginificativa del ciclo lunar (luna llena, nueva, creciente o menguante) que los mesopotámicos designaron con la palabra «Shabatu» una palabra que, traducida, significa “cesar”, “parar” o “barrer”. En esos días, necesariamente, había que dejar de trabajar pues, por razones astrológicas, no eran aptos para hacer nada.

El puebo judío, esclavizado en Babilonia del 597 al 538 AEC, hizo suya está costumbre del “Shabatu” y hasta hoy día el calendario hebreo conserva el importantísimo “Shabat” (rito básico de su fe pero copia reelaborada del viejo “shabatu”) así como el cómputo lunar de los meses.

Nosotros, ciudadanos occidentales, también celebramos el shabatu mesopotámico (nuestro Sábado, Saturday, Samedi…) y, aunque nuestros meses ya no son lunares, nuestras semanas siguen siendo esos períodos de siete días que los mesopotámicos establecieron.

¿Y por qué hay una semana santa?

Para los mesopotámicos la semana en que el año comenzaba era especial y la celebraban de formas que aún hoy día se celebran multitudinariamente en Iran, Turquía, Uzbequistán y en todas aquellas regiones que un día fueron parte de Persia: el «Nouruz» o año nuevo persa.

En el Nouruz las gentes se disfrazan para que la mala suerte no les reconozca en el año entrante, celebran fiestas, beben en abundancia, se hacen regalos y, en general, todo es motivo de fiesta y alegría. Esta celebración ha pervivido y aún en países dominados por el Islam se celebra de forma multitudinaria (si no me cree googlee «Nouruz») y, claro, como no, también por los judíos.

Vale, muy bien, pero ¿cuándo comienza el año en Mesopotamia?

Pues, cuando debe de ser: cuando todo renace, resucita y vuelve a la vida, con la primavera.

Aclaremos los conceptos: la primavera comienza cuando se produce el llamado “equinoccio de primavera” (cuando día y noche duran exactamente lo mismo) y, el primer mes del año mesopotámico, comienza con la primera luna llena de primavera. ¿Lo entiende? Es primero de año la primera luna llena de la primavera. Ahí comienza el año mesopotámico.

¿Y cuándo es domingo de resurrección?

Pues lo mismo: es Domingo de Resurrección el primer domingo después de la primera luna llena de la primavera. Si no me cree busque los decretos eclesiásticos que fijan la semana santa o compruebe usted como, este año, el equinoccio de primavera es el día 20 de marzo —Sábado— y que la primera luna llena tras él se produce el domingo 28 de marzo —Domingo de Ramos—, razón por la cual el domingo siguiente —primer domingo TRAS la primera luna llena de la primavera— es Domingo de Resurrección.

Y ¿cuándo es la pascua judía? Pues básicamente lo mismo: la primera luna llena de la primavera y esto es así simplemente porque es lo que el pueblo judío aprendió durante su cautiverio en Babilonia, asociándolo luego a la fiesta en que conmemoraban su salida de Egipto. De hecho, aunque los israelitas computan el año a partir del domingo 7 de octubre del año 3760 a. C., fecha equivalente al 1° del mes de Tishrei del año 1 (fecha del primer día de la creación) la Biblia Hebrea computa el año a partir del 1 del mes de Nisán (los nombrecitos de los meses son también mesopotámicos) que no es sino la primera luna llena de la primavera de cada año. Para la Biblia Hebrea los años comienzan el 1 de Nisán, es decir, con la primera luna llena de la primavera.

Bien, ahora que ya sabemos por qué la Pascua Judía, la Pascua Cristiana y el principio de año mesopotámico coinciden y ahora, estoy seguro, que ya sabrá usted por qué TODAS las semanas santas que usted haya vivido las ha celebrado mientras en el cielo una inmensa luna llena preside las celebraciones. No es casual, esto lo inventaron hace 5000 años en Mesopotamia (como todo) y nosotros no hacemos más que celebrar, de forma reelaborada, ese rito.

Los judíos, sin embargo, comienzan a celebrar el principio de año dos semanas antes de la luna de Nisán, es decir, los días 14 y 15 del mes de Adar (el último mes de su año mesopotámico) y lo hacen mediante una festividad llamada «Purim», donde reina la alegría. Lo malo es que esta festividad de «Purim» pues, también tiene significado mesopotámico y halla su fundamento en el controvertido “Libro de Ester”, el cual forma parte de las Biblias hebrea y cristiana.

Vaya por delante que ninguno de los nombres de los principales protagonistas del libro es hebreo, pues ni el malvadísimo Amán, ni Mordekay ni Ester son nombres judíos.

Ester no es un nombre judío, sino mesopotámico, y se corresponde con el de la diosa Istar (en las lenguas semíticad las vocales no se escriben de forma que Ester e Istar se escriben igual —STR—) al igual que el del otro protagonista del libro, el judío «Mordekay» o «Mardokeo», cuyas consonantes —MRDK— son las del supremo dios «Marduk». Curiosamente en el libro de Ester no aparece ni una sola vez la palabra Yahweh, Jehowah, o Dios y, se especula, con que el libro fuese no Yahwista sino más bien conforme con la importante comunidad de judíos adoradores de la diosa madre.

En fin que esta fiesta de Purim, que se celebra el 14 de Adar, tiene también su antecedente mesopotámico (como todo, obviamente) y es fiesta de alegría, de disfraces —recuerden Nouruz— de dar limosna, de repartir comida y de beber vino y licores.

Y en este punto (como conozco a muchos de mis lectores y sé que les gusta el pitraque) déjenme aclararles cuándo y hasta qué punto se puede consumir vino y licores.

El cuándo se responde pronto: hoy estamos a 11 de Adar, luego este Viernes será 14 de Adar, fecha de la celebración. Si quiere hacer el Mardokeo o Mordekay este fin de semana es su momento. Prepare regalos, comida y su hígado porque el punto exacto hasta el que puede beber se lo digo ahora.

El punto exacto también tiene su límite en el muy mesopotámico libro de Ester: puede consumirse vino hasta que en sus entendederas se confundan los nombres del malvado Amán y el bueno de Mordekay. Es decir que, o mucho me equivoco, o se puede coger una folloneta considerable.

Y… Hablando de vino, hoy me he gobernado para comer este vino manchego, «Canforrales», en el establecimiento del Callejón de Campos que regenta José, un contumaz manchego ejerciente. El vino es un varietal de Syrah que, como todo, también me conduce a Mesopotamia pues es esta uva la que se cultivaba allí en la época en la que el hijo de un carpintero de Nazaret celebró su última Pascua, bajo la luna llena de Nisán, poco antes de que fuese ajusticiado por los romanos.

Fue el principio de una nueva era y de un nuevo calendario: el nuestro.

En fin, a su salud, hoy la Mancha ha de devolverme sabores de hace dos mil años, casi los mismos que trece hombres saborearon una noche bajo la luna de Nisán.

Contratos de hace cuatro mil años

Llamamos historia, por oposición a prehistoria, al período de tiempo en el que la humanidad ha conocido y usado la escritura; y, como los inventores de la escritura fueron los sumerios, necesariamente habremos de admitir que la historia empieza en sumeria y también, naturalmente, que la historia del derecho empieza allí.

Hoy me he entretenido tratando de encontrar el primer contrato escrito de la historia de la humanidad y naturalmente me he dedicado a husmear entre las muchas transcripciones de tablillas mesopotámicas que la red ofrece.

La cantidad de contratos que conservamos de hace 4.000 años es tremenda, yo diría que hasta abrumadora y pareciera, tal es su número, que la escritura se hubiese inventado específicamente para documentar actos jurídicos (y quizá así sea). Esto, junto con el celo mesopotámico por clasificar y archivar minuciosamente las tablillas, ha hecho que dispongamos de una enorme cantidad de material del que tan sólo se ha traducido una pequeña parte. Hoy me he entretenido con este contrato de compraventa de inmuebles realizado por un ciudadano sumerio llamado Sini-Ishtar y que, si bien se mira, no difiere tanto de nuestras actuales escrituras. Veamos el texto (la traducción, de traducción, de traducción, es mía de forma que no me hago responsable) de circa del 2000 AC:

Sini-Ishtar, hijo de Ilu-eribu, y Apil-Ili, su hermano, han comprado un tercio de Shar de tierra con una casa construida, junto a la casa de Sini-Ishtar, y luego la casa de Minani. Un tercio de Shar de tierras de cultivo junto a la casa de Sini-Ishtar, que se enfrenta a la calle. La propiedad de Minani, el hijo de Migrat-Sin. Han pagado cuatro siclos y medio de plata, el precio acordado. Nunca se podrá reclamar por la casa de Minani.
Por su rey juraron. (A continuación, los nombres de catorce testigos y un escriba.) Mes de Tebet, año del gran muro de Karra-Shamash.

Me he sonreído pensando en el escribano de hoy día, el notario, escribiendo aquello de: «Un trozo de tierra de un Tercio de "Shar", o lo que es lo mismo un tercio de un "Nindam cuadrado" o lo que es lo mismo ocho codos cuadrados o 16 metros cuadrados de superficie. Linda con la calle donde se ubica; norte, casa de Sini-Ishtar…»

Al final juran por su rey y firman hasta 14 testigos junto con el escriba, que no pone lo de «está mi sello en tinta» como los notarios de ahora porque en sumeria los escribas y las personas de orden firmaban con los llamados «sellos rodados» que resultaban mucho más elegantes e historiados que esos sellos de goma de medio pelo que ahora usan nuestros fedatarios…

…y mientras escribo esto mi amiga Verónica del Carpio me manda por mensajería la noticia que ven en la fotografía y pienso en lo paradójico que resulta que podamos leer contratos de hace 4.000 años pero que la sinvergonzonería reinante no nos permita conocer contratos de hace menos de diez años. En Sumeria, ciertamente, cuidaban mejor sus contratos y su honra.

La boda de Mibtah

La mujer de quien quiero hablarles, Mibtah, era judía y había nacido en el Egipto del año 480 antes de Cristo, cuando regía los destinos del país del Nilo el «faraón» Artajerjes I, porque, por entonces, los persas trataban a Egipto como a una satrapía.

Mibtah, aunque judía, vivía en Egipto, concretamente en una isla situada en medio del Nilo y ubicada cerca de la primera catarata, en lo que entonces era la frontera del Alto Egipto y la Nubia Inferior y en las aguas de lo que actualmente llamamos Asuán. La isla se llamaba «Elefantina» y allí vivía una próspera y activa colonia judeo-aramáica.

Mibtah nació en el seno de una de las familias judías que prosperaban en esa comunidad y su padre, Mahseiah, se cuidó desde bien pronto de que ella dispusiese de una buena porción de tierras a pesar de las, al parecer, no pocas demandas a que hubo de hacer frente.

Son todos esos documentos legales que la rodearon los que hacen que conozcamos la vida de Mihtab con bastante exactitud. Sabemos, por ejemplo, que fue parte en juicios y que los ganó, sabemos también que tuvo varios maridos de los que se fue divorciando cual si de una Liz Taylor de la época se tratase y es, precisamente, a uno de sus matrimonios al que corresponde este contrato que la unió al arquitecto real Eshor Bar Djeho, contrato que quiero enseñarles hoy pues estoy seguro que a los juristas y no juristas les resultará sorprendente en muchos aspectos. El documento original es el que ven en la fotografía que abre este post y su traducción (no me hago responsable de nada en este punto) dice lo que sigue:

A 24 Tishri, (sexto día del mes de Epeiph), en el decimosexto año del reinado del Rey Artajerjes I [14 de octubre del 449 A.C.], Eshor Bar Djeho, arquitecto real, dijo a Mahseiah, un arameo de Asuán de la División Varyazata, lo que sigue:

He venido a tu casa para casarme con tu hija Mibtah.

Ella es mi esposa y yo su marido desde este día en adelante y para siempre.

Te he entregado como dote por tu hija Mihtab 5 siclos reales que han sido recibidos y aceptados.

Tu hija Mibtah me ha entregado personalmente monedas de plata (12 siclos reales), una prenda de lana nueva teñida y bordada a mano de unos 4 por 2,5 metros y cuyo valor es de 28 siclos reales. Un tejido nuevo de 4 por 2,5 metros que vale 8 siclos reales. Otra prenda de lana finamente tejida de 3 por 2 metros y cuyo valor es 7 siclos. Un espejo de bronce (1,5 siclos). Un cuenco de bronce (1,5 siclos). Dos copas de bronce (2 siclos). Una jarra de bronce (0,5 siclos).

La suma de la plata y el valor de las mercancías es de 65,5 siclos de Real peso que han sido recibidos y aceptados.

Una cama de caña de papiro con cuatro piedras incrustadas. Una bandeja. Dos cucharones. Una caja nueva de hoja de palma. Cuatro cucharadas de aceite de castor. Un par de sandalias.

Si Eshor muriese sin dejar hijos ni hijas durante la vida de Mihtab ella tendrá derecho lefítimo a todas las propiedades de Eshor, su casa, sus bienes, sus propiedades y todo cuanto posea.

Si Mihtab muriese sin hijos ni hijas durante la vida de Eshor, su marido, entonces él heredará todas las propiedades de ella.

Si en el futuro Mihtab va a la corte y dice que se divorcia de Eshor, su marido, ella es responsable de pagar el divorcio. Ella debe entregar a Eshor 7,5 siclos de plata pesados en la balanza.

Después de eso ella se llevará de casa todo aquello que ella haya llevado personalmente, chatarra y cualquier objeto que sea, y podrá irse donde quiera, sin necesidad de que se dicte ninguna norma que la autorice ni de presentar ninguna demanda judicial.

Si Eshor en el futuro fuese a la corte y dijese que se divorcia de Mihtab, su esposa, perderá la dote. Ella podrá llevarse de casa todo cuanto haya llevado personalmente a ella, incluso chatarra y cualquier cachivache, todo de una vez, y podrá ir donde quiera sin necesidad de norma que la autorice y sin que tenga que presentar demanda judicial.

Cualquiera que demande a Mihtab para desalojarla de la casa de Eshor o privarla de los bienes y propiedades de él deberá pagar 200 siclos de plata y estar y pasar por lo pactado en este documento.

Yo Eshor nunca diré que tengo otra esposa además de Mihtab ni otros hijos que los que tenga con Mihtab. Si en algún momento digo que tengo otra mujer u otros hijos tendré que entregar a Mihtab 200 siclos de plata de Real pesada. No podré retener en ese caso mis propiedades frente a ella y si lo hago habré de entregarle 200 siclos de plata de pesada Real.

Autorizado por Nathan bar Ananiah el cual escribió este documento a petición de Eshor. Sustestigos son…

y aparecen a continuación cuatro nombres tras los que el documento se fragmenta y nada más es legible.

Supongo que a ustedes, como a mí, el contrato les resultará sorprendente. No sólo se prevé el divorcio de ambos cónyuges sin más requisito que su propia voluntad sino que se prevén duras sanciones económicas en el caso de que a Eshor se le ocurra ser infiel (no sabemos con qué castigarían las leyes egipcias de esa época el adulterio de Mihtab).

Como vemos el matrimonio ya presenta forma de contrato y se documenta ante un protonotario o escribano (Natham Bar Ananiah) en un acto público al que asisten un buen número de testigos. A pesar de la complejidad del documento, lo que es seguro es que en este caso el derecho romano nada tuvo que ver con él, pues, por estos años, los romanos bastante tenían con las guerras en que andaban siempre liados y con redactar y pasar a limpio la Ley de las XII Tablas.Sospecho que nos estamos perdiendo interesantísimos conceptos jurídicos sumerios, acadios, babilónicos y hasta egipcios… y textos como este de la boda de Mihtab estoy seguro que nos harán mirar de otra manera a los habitantes del llamado Levante Mediterráneo. Lean el texto y luego lo comentamos y, por supuesto, si encuentran algún error en todo esto que les he contado, no tengan la menor duda: es mío.

Libertad

Caracteres cuneiformes expresando el concepto de libertad
Ocurrió hace 4.300 años en un lugar al sur del actual Irak, durante el gobierno de Urukagina de Lagash. Sobre una tableta de barro y en caracteres cuneiformes, un ser humano escribió por primera vez un concepto que -desde entonces- no ha dejado de resonar como un eco durante toda la historia de la humanidad: “Ama-gi”; es decir, Libertad. Quédense con ello.

El Primer Legislador

La estatua representa a Gudea, el más célebre de los príncipes de la ciudad-estado de LagashLos juristas solemos citar el Código de Hammurabi como el primer texto legal y al propio Hammurabi como el primer legislador pero la realidad es que esto no fue así.

La realidad es que antes de que el babilónico Hammurabi escribiese su famoso código (1728 ANE) un gobernante de Uruk llamado Ur Nammu promulgó un código (2100ANE) que se le adelantó en casi cuatrocientos años.

Aunque el Código de Ur-Nammu es el texto más antiguo que ha llegado hasta nuestros días sabemos, sin embargo, que existieron textos legales anteriores y siguiendo ese rastro llegamos al, hasta hoy, considerado como el legislador más antiguo del mundo: Urukagina, gobernador de la ciudad-estado de Lagash una de las más antiguas de sumeria.

Apenas conocemos el contenido del código de Urukagina pero, por referencias y citas encontradas, sabemos que el Código de Urukagina concedía exención de impuestos a los huérfanos y viudas; obligaba a la ciudad a pagar los gastos de los funerales; decretaba que los ricos debían pagar con plata sus compras a los pobres y prohibía obligarlos a vender. Gracias a estos conocimientos, tradicionalmente, se ha presentado a Urukagina como el primer ejemplo registrado de un reformador social que trató de lograr un mayor nivel de libertad e igualdad. Limitó el poder del sacerdocio y de los dueños de grandes propiedades, tomó medidas contra la usura y los controles onerosos, el hambre, el robo, el asesinato y ataque a la propiedad de las personas y a las personas. En los textos se lee que:

“Urukagina ha acordado con el dios Ningirsu que la viuda y el huérfano ya no estén a merced del hombre poderoso”.

Sin embargo no parece que todas las reformas de Urukagina puedan ser bien vistas con nuestra mentalidad contemporánea pues, entre las reformas que acometió, estuvo una que debió de causarle bastantes quebraderos de cabeza: la prohibición de la poliandría. Urukagina ordenó lapidar a la mujer que mantuviese la antigua costumbre de contraer matrimonio con varios varones pero… No se han encontrado, al menos todavía, referencias que permitan saber si Urukagina previó algún castigo para los hombres que contraviniesen el mismo mandato.

En todo caso hay que reconocer a Urukagina la condición, hasta el momento, de primer legislador conocido y, sobre todo, que fue en una de las tablillas de arcilla que se escribieron durante su gobierno donde apareció por primera vez en la historia y escrito en caracteres cuneiformes un concepto que, desde entonces, ha acompañado a la humanidad: Ama-gi; es decir, “Libertad”. Quédense con ello.

Libertad (concepto) escrito en caracteres cuneiformes.