Playa de Islas Menores, años ’60.

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En los ’60 poca gente tenía coche particular de forma que, los zagales que vivíamos en el Cuartel de la Guardia Civil de Cartagena, íbamos a la playa en un autobús cuyo conductor, al llegar al Algar, sometía a democrática votación la playa de destino preguntando en voz alta «¿A los Urrutias o a las Islas Menores?» La votación casi siempre la ganaba —y por mucho— la playa de Islas Menores.

Entonces no abundaban los salvavidas de diseños galácticos ni los artilugios inflables que ahora se estilan, bastaba con el balón azul de “Nivea” o este sucedáneo, también azul, que vemos en la foto del detergente para lavadoras “Elena”. Las chicas, en cuanto alcanzaban cierta edad, abandonaban el bikini y abrazaban el bañador de una pieza del cual sólo las liberaría el correr de los años 70.
Canciones en el autobús, playas sin duchas, fiambrera, nevera y toalla. Veranos de los ’60.

Playa de La Azohía, años ’60.

Playa de La Azohía, años '60
Playa de La Azohía, (Cartagena) años ’60

Ya supongo que no la reconocerán pero La Azohía era así en los años 60 y, salvo el Cuartel de la Guardia Civil (recientemente demolido), nada había allí. La playa era de piedras y la abundantísima presencia de erizos hacía que a los niños nos resultase peligroso entrar a bañarnos sin sandalias. Entonces el erizo de mar no era un manjar caro como ahora (nos los habríamos comido) y lo que los zagales capturábamos en la Azohía eran las lapas que también abundaban. Había pesca en grado sumo y sacando peces de todo tipo disfrutaban los mayores; nunca faltaba un pulpo por la noche, recién pescado, ni unos higos de pala frescos para desayunar. Allí pasé veranos enteros sin más compañía que la de los guardias civiles que vigilaban la costa y los habitantes del pueblo que pasaban unas penurias notables hasta que llegaba la época del atún, que era cuando la almadraba daba dinero a todos ellos para pagar las deudas que contraían en la única tienda del pueblo.

La Manga, años ’60

La Manga, años ’60

La Manga, años '60. Polígono del "Tiro de Pichón".
La Manga, años ’60. Polígono del “Tiro de Pichón”.
Estas intrépidas bañistas ilustran perfectamente lo que podía ser un día de playa en La Manga en los años ’60 y lucen todos los atributos propios de su cargo, a saber:

  • Bañador negro de una sola pieza (los bikinis sólo los lucían las impúdicas suecas).
  • Una damajuana conteniendo agua o vino.
  • Sandía y melón que, debidamente enterrados en la arena de la playa, adquirirían frescor aún a riesgo de olvidar el lugar en que se enterraron, cosa que pasaba con no poca frecuencia.

Los zagales, a pesar del calor, éramos sometidos a la tortura de esperar dos horas antes de bañarnos si acaso comíamos algo. El peligro de incumplir tan férrea norma era tremebundo: sufrir un “corte de digestión”. Este peligro solo se daba, al parecer, en los zagales genuinamente ibéricos, pues, los de otras nacionalidades (generalmente franceses), se bañaban en el mar cuando les venía en gana, incluso después de haberse zampado dos bocadillos. Nuestras madres jamás lograron explicarnos el por qué de nuestras frágiles digestiones.