La cisterna de Noé

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Hoy he estado repasando un viejo post mío sobre proto-lenguajes y proto-religiones. El motivo ha sido otro artículo (esta vez de ABC) sobre el mismo tema. En mi post, entre otras cosas, yo comparaba el relato bíblico del diluvio universal con el mito mesopotámico de Uta-Napistim señalando las múltiples similitudes que presentan.

Hoy he pensado que quizá, más interesantes que las similitudes, son las diferencias.

Las civilizaciones construyen sus mitos a su imagen, semejanza y necesidades, y así es interesante observar cómo, para los judíos, el paraíso era un huerto de frutales mientras que para algunos pueblos nórdicos (más carnívoros ellos) el paraíso era una especie de festín donde jamás faltaba un buen trozo de carne; para los egipcios los campos de juncias de Osiris eran lo más y para los musulmanes, bueno… les dejo que lo averigüen ustedes.

En el caso del relato bíblico del diluvio universal observo una curiosa diferencia con el relato de Uta-Napistim. En este último el dios Enlil decide destruir a la humanidad porque le resulta molesta y ruidosa. Ea advierte a Uta-na-pistim para que construya un barco que se deberá llenar de animales y también de semillas, las cuales -curiosamente- no aparecen en la Biblia en Génesis 7, que es donde se narra el diluvio y las instrucciones que Yahve dio a Noé.

Quizá esta diferencia no le parezca importante pero pudiera tener su miga. Los estudiosos de los protolenguajes reconstruyen las carácterísticas de los pueblos que los hablaban a partir de su vocabulario. Los pueblos sedentarios y agrarios tienen un léxico muy distinto de los pueblos nómadas y cazadores, por ejemplo, y los expertos, analizando el número de palabras que cada pueblo tiene para referirse a las distintas realidades de su entorno, pueden especular así con su forma de vida. Imagine usted que comienza a estudiar así el lenguaje de los esquimales, por ejemplo, sin duda podría usted comprobar que en ese idioma aparecerán muchas palabras relacionadas con la navegación, los kayak, la pesca y el hielo y muy pocas relacionadas con el cultivo del trigo si es que aparece alguna.

Pues bien, esta omisión bíblica de las semillas como algo valioso a guardar por Noé en el arca, podría indicar que el pueblo que compuso ese relato -el judío- en el momento de hacerlo era más bien un pueblo de pastores que de agricultores, como sí lo eran los habitantes de Mesopotamia. Nada importante, pero me ha llamado la atención.

Más curioso aún que esta diferencia que cito de las semillas es una omisión que se produce en ambos relatos: la de los peces.

Si con el diluvio se pretendía eliminar toda vida sobre la tierra, es obvio que los dioses o no consideraron seres vivos a los peces o no quisieron destruir la vida marina con todos los peces y mamíferos que la componen. De haber querido hacerlo el episodio del diluvio resultaría de lo más chusco, pues a la lluvia tendría que haber seguido una “sequía universal” que vaciase los océanos y asfixiase a los peces, de forma que el buen Noé (y su antecesor Uta-Napistim) hubiesen tenido que construir una cisterna enorme y llenarla con agua para alojar en ella una pareja de peces de cada especie y dar de beber a las parejas de animales que, antes, habrían salvado del diluvio. Una imagen chocante sin duda y bastante menos literaria que el relato de la gran inundación.

Dicen los expertos que los pueblos que dieron origen al idioma indoeuropeo no eran pescadores ni navegantes a juzgar por la escasez léxica que presenta ese protoidioma en estas materias; a la vista de la nula importancia que los redactores de los textos religiosos mesopotámicos dieron a los peces (en contraste con la importancia que tienen en el Nuevo Testamento) es casi seguro que fuera así.

Quizá nada de esto tenga la más mínima importancia pero hoy, que me está costando dormir, igual escribir estas cosas me ayuda a conciliar el sueño.

Déficit de vergüenza

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Darwin se quedaría estupefacto si contemplase a una parte significativa de la clase política española.

Ninguna emoción producía más intriga a Darwin que la de la vergüenza y los cambios físicos asociados a la expresión de esta emoción. Le sorprendía que el ser humano manifestase instintivamente su vergüenza, por ejemplo, ruborizándose; veía en esta reacción panhumana una amenaza para su teoría de la evolución pues ¿qué ventaja evolutiva puede aportar al ser humano el evidenciar ante el resto de la comunidad que ha obrado mal?

De la importancia de las emociones y su relación con la inteligencia no me ocuparé ahora, sólo les encareceré la lectura del libro “The emotion machine” de Marvin Minsky.

La clase política española parece coincidir con el inicial estupor de Darwin ante la vergüenza y su aparente inutilidad, pues, bien pensado, ¿para qué habría de servirle al político el que la comunidad supiese que ha obrado y obran mal? ¿Qué ganaría con ello?

Y tienen razón quienes así piensan, es verdad que ganarían poco, pues la vergüenza no es más que una de las formas en que el ser humano autorregula sus actividades en comunidad (Ruth Benedict) ajustando sus acciones a la conducta que se espera de él. La vergüenza, pues, es verdad que quizá no sea buena para el individuo, pero es indudablemente buena para la comunidad y es por eso que nuestra clase política (no toda, seamos justos) tiene razón cuando considera la vergüenza una emoción inútil y molesta, aunque, maticemos, solo es “inútil y molesta” para “ellos”.

Afirmo a menudo que el déficit de España no es de naturaleza financiera; que en España no falta dinero, que lo que falta es vergüenza y mi convicción se reafirma cuando reviso los vídeos de las declaraciones que hicieron en su día todos esos políticos que luego fueron condenados por sus abyectas acciones. No se aprecia en ellos el más mínimo rastro de vergüenza: Sin rubor, sin bajar la cabeza, con voz firme y tonante, afirmaban su inocencia y acusaban de perfidia a quienes les mostraban las pruebas de sus delitos. Habían perdido la vergüenza.

Cuentan que al “Guerra” (el torero, no el ministro) alguien le preguntó una vez cómo era posible que a un banderillero que ambos conocían le hubieran nombrado Gobernador Civil de una provincia sureña, la respuesta del maestro la suscribiría el mismo Darwin: “Degenerando”, dicen que dijo el maestro.

Porque nuestra clase política (con sus llamativas excepciones) ha logrado involucionar (degenerar) de tal forma que ha eliminado de su equipamiento biológico la emoción de la vergüenza, un complejo entramado psicosomático que la evolución tardó millones de años en diseñar e implementar. Y no sólo eso, ha logrado contaminar el cuerpo social. Así, si alguien les señala su desvergüenza le responderán que así somos todos los españoles desde tiempo inmemorial y que cualquiera de ellos que estuviese en su lugar haría lo mismo. Tal argumento es de una eficacia inmediata, el oyente lo encaja, hace examen de conciencia y descubre que él también tiene faltas, que no es perfecto, se avergüenza y desiste de tratar de cambiar las cosas.

Ni el mismo Gandhi serviría para tratar de derrocar a esta clase política degenerada, el más perfecto de los santos admitiría que él también tiene sus culpas y cedería ante este argumento falaz sin caer en la cuenta de que él se siente culpable precisamente porque tiene lo que a la clase política le falta: Vergüenza.

Podemos pedir dinero prestado al FMI, podemos exprimir al ciudadano hasta llenar las arcas del estado, podemos tratar de que Europa nos rescate… Pero todo eso no nos salvará de nuestro principal déficit, la falta de vergüenza, porque esa divisa cotiza en un mercado de valores que estos gobernantes no conocen.

Ciertamente Darwin quedaría estupefacto. Vale.

Extravagancias naturales

Pavo Real

¿Quien no se ha maravillado contemplando la cola de los pavos reales? Todo ese aparatoso plumaje no parece tener sentido alguno, aparentemente dificulta tanto el vuelo como el desplazamiento en el suelo, es costoso de mantener y consume no pocos recursos vitales del individuo portador. Y si todo esto es así como aparentemente lo es ¿qué sentido tiene que la naturaleza haya dotado al pavo real de semejante aparato escénico?

Una de las más curiosas explicaciones que se han dado a ese extravagante despliegue, frecuente no solo entre los pavos reales sino también entre los seres humanos y otras especies, es el llamado “principio de la desventaja” (handicap principle) enunciado en el año 1975 por el biólogo judío Amotz Zahavi. Sintéticamente el “handicap principle” afirma que la naturaleza puede dar lugar a señales fiables entre indivíduos que tienen motivaciones obvias para tratar de engañarse. El “principio de la desventaja” sugiere que una señal, para ser honesta o fiable, debe ser costosa para el individuo que emite la señal hasta el extremo de que dicha señal no podría ser emitida por otro individuo de su especie con menores capacidades generales o particulares.

En el caso del pavo real el enorme costo vital de generar y mantener tan aparatoso plumaje solo puede ser abordado por los sujetos más capaces; los indivíduos más débiles o menos capacitados no pueden permitirse el lujo de lucir plumajes como los de los indivíduos más capacitados. Así explicado resultaría que los indivíduos más capaces autolimitarían sus capacidades destinando parte de sus recursos a construir esa costosa señal que, precisamente por costosa, es fiable. Naturalmente tan curiosa conducta tendría como premio una mayor aptitud para reproducirse por parte de estos indivíduos que serían preferidos por los indivíduos del sexo contrario debido, precisamente, a que reciben una señal muy fiable de que el indivíduo que realiza tan caras señales está muy capacitado y es el preferible para aparearse.

Este principio, abiertamente rechazado en un primer momento por científicos de la talla de John Maynard Smith, se ha ido abriendo paso posteriormente gracias a que los experimentos que se han hecho en materia de teoría de juegos parecen confirmar las hipótesis de Amotz Zahavi.

Las hipótesis de Zahavi predicen que, en el caso de un ornato o signo sexual, debe ser costoso si lo que se desea es mandar un mensaje fiable y efectivo en un entorno de competencia. No sólo la cola del pavo real se ha señalado como una de estas señales costosas vinculadas al apareamiento sino que también se han señalado cantos de pájaros, los cenadores de las aves del paraíso… Pero, particularmente, a mí me interesa tratar de descubrir la operatividad de este principio en el ser humano.

Las extravagancias del pavo real o de las aves del paraíso parecen quedar en nada cuando las comparamos con aquellas de que somos capaces los seres humanos por sexo, poder o estatus. Las inversiones en joyas y gastos suntuarios, los regalos costosos, parecen ser generalmente utilizados por el ser humano a fin de satisfacer alguno de sus apetitos. No es difícil encontrar tras las innumerables extravagancias humanas motivos que no justifican en modo alguno el coste desmedido de la misma pero que señalan con toda fiabilidad y certidumbre que el indivíduo capaz de tales locuras dispone de recursos suficientes para afrontarlas, y a veces no sólo de recursos económicos pues las extravagancias no sólo son económicas.

No sé que puede significar esto para mi búsqueda de la justicia humana, pero lo dejo aquí, quizá en algún momento pueda unir los puntos y salga el dibujo.

Buenos como las ratas

rata

En 1959 el psicólogo norteamericano Russell Church entrenó a un grupo de ratas para que obtuviesen su alimento accionando una palanca que colocó en su jaula, palanca que, a su vez, accionaba un mecanismo que le dispensaba a la rata que lo accionaba una razonable cantidad de comida. Las ratas aprendieron pronto la técnica de accionar la palanca para obtener comida y así lo hicieron durante un cierto período de tiempo.

Posteriormente Russell Church instaló un dispositivo mediante el cual, cada vez que una rata accionaba la palanca de su jaula, no sólo recibía comida sino que, además, provocaba una dolorosa descarga eléctrica a la rata que vivía en la jaula de al lado. En efecto, el suelo de las jaulas estaba hecho de una rejilla de metal que, cuando se accionaba la palanca de la jaula de al lado, suministraba una descarga eléctrica a la ocupante de la jaula fuera cual fuera el lugar de la jaula en que estuviese. Ni que decir tiene que ambas ratas, la que accionaba la palanca y la que recibía la descarga, se veían perfectamente pues estaban en jaulas contiguas.

Lo que ocurrió a continuación fue sorprendente. Seguir leyendo “Buenos como las ratas”

La religión y la sombra del futuro | El blog de José Muelas

imageDesde un punto de vista racional resulta llamativa la presencia más o menos universal de las religiones. Sustentadas en su mayor parte sobre creencias difícilmente justificables y en buena parte inaceptables racionalmente, las religiones son, sin embargo, unos memes extraordinariamente exitosos. La búsqueda de una explicación racional del éxito de estas creencias produce no pocos quebraderos de cabeza a algunos científicos.

Alguna luz sobre éste fenómeno quizá pueda arrojarla la teoría sobre la evolución del altruismo que Robert Axelrod ofrece en su libro “The evolution of cooperation” resultando, para mí, especialmente sugerente lo contenido en la sección primera del capítulo 7 del mismo, titulada “Agrandar la sombra del futuro”, y que se enmarca dentro de una serie de estrategias tendentes a promover la cooperación.

Como sabemos, la cooperación para Axelrod y otros muchos científicos, es un fenómeno que aparece de forma espontánea en la naturaleza dadas una serie de condiciones que ya hemos enumerado parcialmente en otros posts de éste blog. Pues bien, para que la cooperación así aparecida resulte estable es absolutamente necesario que el futuro sea lo suficentemente importante en relación a la situación presente. Trataré de explicarlo con un ejemplo:

Imaginemos que, como en el caso del protagonista de la película “Esencia de Mujer”, el Coronel Slade, alguien está decidido a suicidarse; aún careciendo de dinero tal persona no tendría problema alguno en recorrer, como él,  Nueva York, alojarse en los hoteles más caros, comer en los restaurantes más exclusivos e incluso conducir, a pesar de ser ciego, un Ferrari a alta velocidad. El Coronel Slade no tiene la más mínima preocupación respecto del espinoso asunto de hacer frente a esos gastos e incluso no le preocupa en demasía el hecho de matarse conduciendo el Ferrari porque el Coronel Slade no tiene futuro, se va suicidar. El caso de los personajes sin futuro ha sido aprovechado eficazmente por la industria cinematográfica pero, incluso en situaciones donde la falta de futuro no es tan extrema, la escasez de futuro es un elemento que debilita la tendencia a cooperar.

Muchos animales y en particular el ser humano han desarrollado, gracias a la evolución, sofisticadas estrategias cooperativas pero, dichas estrategias, como dijimos antes, sólo pueden ser estables si el futuro tiene una influencia suficientemente fuerte sobre la situación presente.

El hombre, a diferencia de otros animales, es consciente de su finitud como indivíduo y la muerte, quiérase o no, es un hecho que tiene la mala cualidad de dejarnos sin futuro, lo que hace que, al igual que el Coronel Slade, podamos prescindir de nuestras innatas y complejas estrategias cooperativas.

Las estrategias que las sociedadas humanas han utilizado para atajar las tentaciones egoistas de los seres sin futuro han sido muchas, algunas de ellas muy sofisticadas pero todas buscando otorgar a los indivíduos el futuro del que carecen. Así, en épocas recientes, el ejército israelí, a fin de atajar los atentados suicidas que llevaban a cabo los palestinos, decidió castigar a la familia de los suicidas pues, si bien es cierto que el suicida carece de futuro como indivíduo, sí tiene un futuro genético ya sea a través de los genes que pasa él directamente a las generaciones posteriores (sus hijos), ya sea a través de los genes que comparte con sus hermanos y padres. El fenómeno del altruismo intrafamiliar está muy relacionado con éste tipo de futuro genético y el ejército israelí entendió que esta estrategia de castigo a los familiares podría resultar disuasoria para los suicidas.

No obstante, quizá la más sutil estrategia para dotar de futuro a las personas sin futuro, es la religión. La seguridad en la existencia de una vida futura parece verdaderamente conveniente para reforzar la cooperación, sobre todo si la calidad de esa vida futura está fuertemente anudada al carácter cooperativo y/o altruista de nuestras acciones en la vida presente. La religión, en cuanto que meme que alarga y refuerza la sombra del futuro sobre nuestros actos presentes, debería fortalecer la cooperación en las sociedades humanas. Es bien verdad que tal estrategia puede ser tanto o más peligrosa que la desesperada conducta de los hombres sin futuro pues, vinvulada la existencia futura a determinadas acciones en la vida real, también se favorece que puedan llevarse a cabo actos atroces en la realidad buscando la vida eterna.

No deseo ahondar más. permítanme acabar con una anécdota que me ocurrió en un juzgado de guardia cuando la Guardia Civil condujo detenidos a dos ladrones jóvenes que habían tratado de atracar a punta de navaja a un señor de avanzada edad. El relato de los hcchos que me hicieron los delincuentes resultaba esclarecedor: Esgrimieron sus navajas frente al anciano pero él, lejos de entregarles el dinero, esgrimió a su vez contra ellos un baston con contera metálica bastante aguzada mientras, con la mano libre, les hacía a los atracadores el típico gesto de “acercaos si tenéis huevos”. Uno de los atracadores, cuando quedamos a solas me dijo: “Cuando lo vimos aculao en la pared, con el bastón en la mano y haciendo gestos de que nos acercáramos, ¿querrá usted creer señor abogao que el puto viejo nos acojonó?”

Justicia, evolución y teoría de juegos. (I) | El blog de José Muelas

Justicia, evolución y teoría de juegos; El dilema del prisionero (I) | El blog de José Muelas. Seguir leyendo “Justicia, evolución y teoría de juegos. (I) | El blog de José Muelas”